Fundación Amén Comunicaciones2024-11-082024-11-082024-11-04http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/734https://drive.google.com/file/d/1eHNaaTwdgLZWM5Y96oDaZmSdWbRgSTpE/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La primera lectura tomada de la carta del apóstol san Pablo a los filipenses, nos muestra el espíritu profundamente humano del llamado apóstol de los gentiles, cuando dirigiéndose a los habitantes de Filipo, les pide: “Que le otorguen ellos una gran alegría a su corazón, manteniéndose unánimes y con cordes en el amor y en un mismo sentir fraterno”. Y los advierte de: “Que en la vida no obren por vanidad, por vanaglorias humanas, por rivalidades, competencias o emulaciones de unos con otros, sino que, considerándose por la humildad pequeños, reconozcan a los demás como superiores a ellos mismos”. Finalmente, el apóstol Pablo, en una bella instrucción les invita a los habitantes de Filipo: “A no encerrarse en sus propios intereses, sino al contrario y sin egoísmo, a buscar el interés de los demás, atendiendo la necesidad de los otros”. Luego nos presenta la liturgia el bello salmo responsorial cuando decimos como asamblea litúrgica: “Guarda mi alma en la paz junto a ti, Señor”, y la estrofa es preciosa del salmo 130 en la liturgia cuando dice: “Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros, no pretendo grandezas que superan mi capacidad, sino que acallo y modero mis deseos como un niño pequeño en brazos de su madre, como un niño saciado, así está mi alma dentro de mí”. Qué bella expresión de este salmo, cuando el alma humana se siente pequeña y le dice a Dios en tono orante: “No soy ambicioso, ni pretendo grandezas humanas”, que ha sido la tragedia y el gran drama para muchos seres humanos carcomidos por la codicia y el afán de dominar. Pero luego nos presenta el evangelio de Lucas una imagen bellísima dirigiendo esta historia a los fariseos y exhortándolos: “A que cuando den una gran cena, la comida más importante del día (o mejor de la tarde en la comunidad y en la cultura judía), no invitemos sólo a los vecinos ricos, a los amigos, a la familia, porque ellos corresponderán invitándonos de nuevo y quedaremos pagados; no hagamos un favor esperando que nos lo devuelvan, o no demos una gran cena esperando vanidosamente ser felicitados, mirados y admirados, conocidos y reconocidos por nuestros familiares y amigos”. Al contrario, Jesús, en la línea del salmo que ahora meditábamos, nos invita a la humildad y nos dice: “Que cuando demos un banquete invitemos a los pobres, a los ciegos, cojos, lisiados y sólo así seremos bienaventurados, porque estos pequeños de la sociedad y de Dios no podrán pagarnos, y sólo nos pagará Dios en la vida eterna con la resurrección de los justos”. Este evangelio y las lecturas de hoy nos hablan, de un tema siempre actual como es la vanidad y como vivimos en la vida y obramos movidos por vanidad. La palabra vanidad viene de vano, es aquello que no tiene peso de realidad, no tiene peso existencial en sí mismo. Pero ¿por qué somos vanidosos, nos preguntamos? y me atrevo a dar tres respuestas sin que sean las únicas en la vida. La primera, la vanidad es una expresión de la egolatría o adoración del yo personal, es cuando nos ponemos en el centro de la vida, en el centro de la comunidad, en el centro de nuestra existencia, y pensamos por un falso camino de autoendiosamiento que nos tienen que rendir pleitesía, admiración, reconocimiento, importancia. Esto es una verdadera esclavitud y es una torpeza del entendimiento, de la inteligencia y una insensatez en nuestro actuar espiritual. No vale la pena autoendiosarnos que no somos dioses, nacemos todos de la misma manera, nos enfermamos como cualquiera y todos morimos o vamos a morir, no somos dioses. Que tontería es la egolatría, adoración del propio yo. Pero hay una segunda razón o argumento de por qué somos vanidosos y en el fondo es descubrir que cuando no hay peso existencial interno, ponemos el acento de la vida en lo externo: el cuerpo al que le rendimos culto, la moda que lucimos, vestimos y aparentamos ante los demás, los likes que buscamos en redes sociales, la imagen que cuidamos exquisitamente, olvidando que todo lo de imagen ante los hombres es tontería, porque no valemos por nuestro carro, por nuestra casa, por nuestra finca, por nuestros estudios, por nuestra vida social; valemos lo que valemos solo ante la mirada de Dios, que no ante la mirada de otros hombres que son vanos, cambiantes, de barro como nosotros. Finalmente, un tercer argumento de por qué somos vanidosos más allá del autoendiosamiento o egolatría, más allá de faltarnos peso existencial en el alma y lo buscamos en las cosas exteriores, encuentro que somos vanidosos por un deseo profundo, a veces inconsciente, pero casi universal, de gloria humana. Buscamos honores sociales, salir en las revistas del corazón, en las revistas de farándula, buscamos honores eclesiásticos, títulos de monseñoratos y reverencias cada vez se ve esto de manera más extraña, la sensibilidad de la sociedad moderna. Buscamos honores políticos y el poder para ser reconocidos y enriquecernos, se buscan honores empresariales y hay intrigas para ascender a la presidencia o a ser CEO de una importante organización o a tener un gran emprendimiento. Buscamos honores artísticos, deportivos a veces entre la familia, honores académicos, reconocimientos por un doctorado, por un posgrado, por una maestría, y Jesús pide en el evangelio de hoy, no vivir en el arribismo, los de arriba, los vecinos ricos, sino buscar, no el arribismo, sino el abajismo: los pobres, los de abajo, los ciegos, los tullidos. Y nos hace una promesa que siempre vale tener en cuenta: “Como no pueden pagarnos los de abajo, dichosos seremos nosotros, porque Dios nos pagará el día de la resurrección de los hombres justos. No vale la pena gastar tu vida en clubes sociales, en eventos donde está la prensa, donde te toman fotos, no vale la pena hacer un matrimonio solamente por aparentar en la ceremonia, no vale la pena endeudarte hasta el cuello por tener un carro que quieres ostentar ante los demás. Cuántas decisiones equivocadas en la vida hemos tomado, movidos, motivados por la vanidad y cuánto sufrimiento y esclavitud nos han generado. Que el Señor nos libre de este dragón de siete cabezas, la vanidad y que nos bendiga a todos en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 14, 12-14 Lecturas del día de hoy Primera Lectura; Flp 2, 1-4: Hermanos: Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría: Manteneos unánimes y concordes, con un mismo amor y un mismo sentir. No obréis por envidia ni por ostentación, dejaos guiar por la humildad y considerad siempre superiores a los demás. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo del día de hoy Salmo (131)130, 1.2.3: Guarda mi alma en la paz junto a tí, Señor. Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad. Guarda mi alma en la paz junto a tí, Señor. Sino que acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su madre. Guarda mi alma en la paz junto a tí, Señor. Espere Israel en el Señor ahora y por siempre. Guarda mi alma en la paz junto a tí, Señor. Evangelio del día de hoy: Lc 14, 12-14: En aquel tiempo, decía Jesús a uno de los principales fariseos que le había invitado: -Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos ni a tus hermanos ni a tus parientes ni a los vecinos ricos: porque corresponderán invitándote y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.Acento de la vidaAdoración del yo personalDeseo inconscienteDeseo profundoDeseo universalExpresión de egolatríaExterioridadGloria humanaLo esencialLo externoPeso existencial internoSan LucasBibliaEvangelio¡No obres por vanidad!Vanidad