Fundación Amén Comunicaciones2024-04-222024-04-222023-07-03http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/469https://drive.google.com/file/d/1uUm5NEgf5Z9QDgucKGx88BD8b65b2nsl/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La Iglesia celebra hoy con el nivel o el rango de fiesta litúrgica, al apóstol santo Tomás. Todos conocemos su historia de incredulidad, narrada precisamente en el capítulo 20 del evangelista san Juan. Y a veces nos parece extraño o aún nos escandaliza, cuando en el fondo muchos de nosotros tenemos, a la manera de santo Tomás, una fe que pide pruebas, que no se entrega de manera simple, confiada y si se quiere desnuda a creer en el Señor. Sabemos por el relato evangélico, que Jesús se había aparecido al grupo de sus discípulos sin Tomás y ante la expresión admirada de todos los apóstoles de haber visto a Jesús resucitado, la respuesta testaruda, cerrada de corazón de Tomás, nos pone a todos a pensar: “No lo creo”, y pone de presente una prueba, “Tengo que meter mi mano en la llaga del costado de Cristo, y tengo que introducir mis dedos en las llagas de las manos abiertas de Cristo”. Así somos los seres humanos, pidiendo permanentemente pruebas para creer. Hoy a veces por el racionalismo al cual queremos endiosar y decimos, si mi razón no lo acepta, no puede existir esta verdad de fe, no puede existir la evidencia de Dios. Es absurdo, pero la verdad es que si Dios se pudiera entender por la razón, sencillamente no sería Dios, porque Dios, que es el absolutamente trascendente, supera una de las instancias más importantes de conocimiento humano como es la razón. Pero en un segundo argumento afirmamos, que cuando colocamos a la razón como la última instancia de conocimiento del hombre, la estamos endiosado y no deja de ser una realidad creada por Dios, una creación, una criatura, y por tanto la razón no es Dios; es ahí cuando nos equivocamos los seres humanos y olvidamos que se conoce también por la experiencia, por la intuición, y se conoce sobre todo por la fe. Pero avancemos en nuestra reflexión, Jesús en un segundo momento se aparece resucitado al grupo de los discípulos en esta ocasión con Tomás y de manera directa increpa su testarudez, su incredulidad y le invita a meter sus dedos en las llagas de sus manos y a introducir su mano en la herida de su costado; inmediatamente le dice que no sea incrédulo, sino creyente. Esto abre el camino a una verdad profunda, Tomás es el primer apóstol que manifiesta el señorío y la divinidad de Jesús cuando afirma: “Señor mío y Dios mío”, en el fondo, aparentemente a partir de su terquedad, de su obcecación, el Señor se sirve de este pobre instrumento humano, para permitir de cara a los demás discípulos, que Tomás haga profesión de fe, del señorío y la divinidad de Jesús. Hoy uno descubre que muchas personas que tercamente sobre todo en años de juventud han negado a Dios, han renegado de la Iglesia, han cuestionado la fe cristiana y los mandatos del evangelio, luego con ocasión de una crisis personal, de un sufrimiento profundo, de un serio revés o desbarajuste de su vida que les pone en situación de inestabilidad, hacen una confesión de Jesús, tan grande o mucho más grande que muchos creyentes tradicionales. Es impresionante, pero es verdad, muchas personas que han trasegado por los caminos del nihilismo (la nada), del escepticismo, de cuestionar cualquier expresión de fe, cuando con ocasión repetimos de unas crisis se encuentran con Dios, hacen una afirmación ejemplar y única de su fe en Dios y su amor, en Dios y su poder, en Dios y su fuerza sanadora, liberadora, restauradora para la vida. Terminamos nuestra reflexión con la magnífica expresión de Jesucristo, cuando después de reprochar a Tomás, y decirle: “Porque me has visto, has creído”, lanza esta hermosa bienaventuranza: “Dichosos los que creen sin haber visto”. A ese grupo pertenecemos nosotros, porque no conocimos el brillo de los ojos de Jesús, no escuchamos la cadencia y el timbre de su voz, no alcanzamos a percibir el ritmo de su caminar sereno, amoroso, por todos los villorrios y pueblos de la Galilea y de Judea. Hoy tú y yo, estamos llamados a creer por ese don inmenso que nos da el buen Dios, virtud teologal de la fe, que nos acerca a la experiencia profunda y más grande que puede tener un ser humano en la vida; por la fe, experimentar la nueva vida, el más grande amor, la más profunda transformación, que sólo Jesucristo manifestación de Dios, puede comunicarnos, puede darnos. Hoy, pidamos al Señor: yo quiero creer, perdona mis racionalismos, perdona mi agnosticismo, perdona mi incredulidad, perdona a veces mi cuestionamiento permanente, mirando todo desde la perspectiva de lo empírico, lo verificable, lo que me ha enseñado el mundo. Señor, desde el ámbito y desde el camino maravilloso de la fe, que es un don del cielo, ayúdame a creer, y abrir mi vida a tu amor, a tu misterio, para renovar plenamente mi existencia. El Señor te bendiga abundantemente en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Juan 20, 24-29 Lectura del día de hoy Efesios 2, 19-22: Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles. Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu. Salmo del día de hoy Salmo 117/ 116, 1-2: Id al mundo entero y proclamad el Evangelio. Alabad al Señor, todas las naciones, aclamadlo, todos los pueblos. Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre. Evangelio del día de hoy Juan 20, 24-29: Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: -«Hemos visto al Señor.» Pero él les contestó: -«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.» A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: -«Paz a vosotros.» Luego dijo a Tomás: -«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.» Contestó Tomás: -«¡Señor mío y Dios mío!» Jesús le dijo: -«¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.» Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.CreerCreer sin haber vistoConfianzaFe confiadaFe plena en el SeñorFe sin pruebasBibliaEvangelio¡Dichosos los que creen sin haber visto!Fe