Fundación Amén Comunicaciones2024-10-262024-10-262024-10-25http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/724https://drive.google.com/file/d/1zHcKScZ3eYfRqnnz-jEai3nFJB1vR9t4/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La primera lectura tomada de la carta del apóstol san Pablo a los efesios, nos muestra cómo el llamado apóstol de los gentiles, Pablo, apela a las fibras más íntimas del corazón humano, cuando dirigiendo su carta a la comunidad de la ciudad o del puerto de Éfeso, se presenta como el prisionero, el encarcelado por el Señor y les pide vivir a los habitantes de Éfeso y a los destinatarios de su carta, vivir la unidad cristiana. En un proceso dramático, seguramente notaba divisiones entre los suyos, los invita a la unidad que sólo es obra del Espíritu de Dios, del Espíritu Santo. No hay unidad verdadera en un matrimonio, en una familia, en la sociedad, si no estamos todos vinculados misteriosa y maravillosamente por el Espíritu del Resucitado, y esa unidad se expresa en actitudes concretas, la humildad del corazón, porque Dios puede trabajar cómodamente en aquellos que se descubren pequeños, simples, desnudos de alma; por el contrario en los autosuficientes, los llenos de sí mismos, los que creen que no necesitan aprender nada de nadie y que no necesitan de Dios, el Señor no puede actuar, obrar, renovar, transformar sus vidas. Pero, además en este proceso de la unidad en la comunidad de Éfeso, además del corazón humilde, se pide la amabilidad, de que sean comprensivos unos con otros y, sobre todo, que se sobrelleven mutuamente con amor. En nuestra sociedad, marcada por la individualidad, la independencia, la autonomía, cuánta falta hace escuchar estas palabras: ser humildes de corazón, practicar la amabilidad recordando el apotegma evangélico ¡Trata a los demás como quieres que ellos te traten a ti!, ser comprensivos, esto es, empáticamente ponernos en el lugar del otro y esforzarnos en mantener la unidad por la fuerza del amor recíproco de unos con otros. Pero pasemos al evangelio de hoy, cuando Jesús dice a la gente de manera espontánea: “Que todos han aprendido a leer los signos climáticos, cuando ven subir una nube por el poniente por donde se pone el sol, saben enseguida que va a llover, va a caer aguacero. También descubren que cuando sopla del sur, (según la región donde se encontraban), es porque va a ser bochorno, va a ser calor”. Y después de esta breve descripción, Jesús les cuestiona y les dice: “Cómo en su hipocresía si saben leer los signos de la naturaleza, los signos del clima”, ¿por qué no saben leer los signos de la historia como la acción, la intervención de Dios para realizar su proyecto salvífico en la vida de cada uno de nosotros?, ¿por qué somos tan eruditos, tan claros, tan entendidos para leer los signos climáticos, pero somos tan tontos para no descubrir el tiempo de Dios en nuestra vida? “Pareciera que no quisiéramos interpretar estas señales, esta presencia de Dios en el mundo, porque tal vez esto nos compromete a cambiar de vida, a convertir nuestra conducta, y preferimos disimular, ignorar el tiempo presente para no tomar decisiones renovadoras en nuestra vida”. Hoy el Señor nos pregunta a partir de esta palabra, si nosotros queremos seguir por estos caminos tortuosos de la vida sin Dios, una existencia egoísta o por el contrario, somos capaces de entender, que en el tipo de familia, de sociedad, de humanidad que estamos construyendo, no hay futuro, porque en nombre de una falsa libertad, de una llamada autonomía personal o individual, de alguna manera el ser humano se ha encerrado en su pequeño castillo de comodidades, de bienestar y es incapaz de reconocer el kairós, el tiempo de salvación de Dios, que quiere hacerlo coincidir con nuestro propio tiempo de salvación. Siempre y lo digo de manera anecdótica, me llamó profundamente la atención una expresión, una frase del gran santo Juan Pablo II, Papa, cuando afirmaba: “Que todo proyecto político o social que se construye en el mundo de espaldas a Dios, esto es, ignorando a Dios, es un proyecto político, social, económico, que termina por irse contra el mismo ser humano, por destruir al hombre”. Aquellas palabras proféticas pronunciadas hacia el final del siglo XX y cuando ya ha transcurrido casi un cuarto de siglo, del XXI, nos hace descubrir y preguntarnos ¿nuestra sociedad tan desarrollada, tan tecnológica, con tantos avances científicos y materiales de los que presumimos en la gran prensa, es una sociedad mejor que la de hace 25 años?, ¿que la de hace 50 años donde no había tanto desarrollo material, no había tanto bienestar humano, ni tanto desarrollo tecnológico? Y la respuesta crudamente es, no, hoy hay más soledad que hace 25 o 50 años, hoy hay más depresión que hace un cuarto de siglo o medio siglo, hoy hay más individualismo, más desconfianza para amar, hoy nos da más miedo relaciones profundas, sentimos más temor a los compromisos duraderos, en nombre repetimos de una libertad que nos hace llamarnos ciudadanos del mundo, porque todos queremos viajar, conocer, nadie quiere relaciones afectivas estables, una pareja para toda la vida, nadie quiere un empleo para toda la vida, nadie quiere un lugar de enraizamiento, por decir algo, una casa de habitación para pagar. Pregunto ¿si este desarraigo familiar, desarraigo de amistades, desarraigo de nación, nos hace seres más felices?, ¿nos hace personas más realizadas? El evangelio de hoy nos pone a pensar, que así como leemos y conocemos un poco más del espacio exterior, de la Luna, de Marte, del universo a través del famoso telescopio James Webb, hoy preguntémonos ¿si conociendo más del espacio exterior, estamos conociendo más de nuestro espacio y nuestro universo interior? Pablo nos recuerda: “Vivan en humildad que es la gran sabiduría de la vida, sean amables por oposición a la indiferencia, la indolencia en la que hoy podemos vivir, seamos comprensivos para no romper relaciones de pareja, de familia, de amistad, y sobre todo, sobrellevémonos mutuamente con amor, para mantener el vínculo profundo de la comunión y la unidad humana”. Que el Señor te bendiga en abundancia, ilumine tu camino en la vida, te conceda su paz, y te bendigo en este día, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 12, 54-59 Lecturas del día de hoy Primera Lectura : Ef 4, 1-6. Un solo cuerpo, un Señor, una fe, un bautismo. Hermanos: Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor, esforzándoos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todos, que está sobre todos, actúa por medio de todos y está en todos. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo del día de hoy Salmo 23, 1-2.3-4ab.5-6 Esta es la generación que busca tu rostro, Señor. Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos. Esta es la generación que busca tu rostro, Señor. ¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos. Esta es la generación que busca tu rostro, Señor. Ese recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. Esta es la generación que busca al Señor, que busca tu rostro, Dios de Jacob. Esta es la generación que busca tu rostro, Señor. Evangelio del día de hoy Lc 12, 54-59. Sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, pues ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? En aquel tiempo, decía Jesús a la gente: «Cuando veis subir una nube por el poniente, decís enseguida: «Va a caer un aguacero», y así sucede. Cuando sopla el sur decís: «Va a hacer bochorno», y sucede. Hipócritas: sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, pues ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que es justo? Por ello, mientras vas con tu adversario al magistrado, haz lo posible en el camino por llegar a un acuerdo con él, no sea que te lleve a la fuerza ante el juez y el juez te entregue al guardia y el guardia te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues la última monedilla». Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.AperturaCambio de conductaConversiónDecisiones sabiasEntendimeintoEsperanzaSan LucasSignos de DiosBibliaEvangelio¡En el tiempo de Dios!Signos de Dios