Fundación Amén Comunicaciones2024-08-152024-08-152024-08-09http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/647https://drive.google.com/file/d/1lPUSMmSFdzSkjqXwD3IWXZAA1n5hPvf0/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Sin lugar a dudas, uno de los evangelios más exigentes, más paradójicos y más difíciles de asumir y de cumplir en la vida, es el que nos presenta hoy san Mateo en el capítulo 16. Estas afirmaciones sobre las que vamos a meditar enseguida, nos muestran la exigencia de la vida cristiana. Saquemos tres enseñanzas universales para nuestra existencia. La primera, Jesús sube a la cruz para morir en ella. No es simplemente una expresión que nos habla del final de la vida de Jesús, en ese viernes, que la Iglesia universal e históricamente ha llamado el Viernes Santo, hablamos de las condiciones para el seguimiento de un verdadero discípulo, alumno de Jesús, que, tras sus huellas, imitando su vida, no lo puede hacer sino desde dos condiciones: negarse a sí mismo, morir a sí mismo y cargar la cruz. Pero conjugando estas dos expresiones podríamos decir, para aquellas personas que hablan ¿qué es la cruz exactamente?, que tantas veces se cita en los sagrados textos en el nuevo testamento, y podríamos afirmar una expresión central, cruz es toda realidad de vida que me lleva a morir a mí mismo. Es que es el ego, el yo propio exaltado, esa obsesión permanente por autoafirmarnos, la que nos trae grandes sufrimientos en la vida y sobre todo en las relaciones interpersonales, porque batallando con el propio yo, con el egoísmo, el orgullo, los criterios personales, y los puntos de vista propios, a veces somos incapaces de ceder, repetimos, en las relaciones interpersonales frente a los demás y por eso se rompen los matrimonios con el divorcio, se dividen las familias, se distancian, dejan de comunicarse y de hablarse, porque ese yo personal, ese ego herido tan acentuado en el ser humano, donde se dice a sí mismo que él es el centro del universo, que él tiene la verdad, que él tiene la razón, nos impide abrirnos a los demás. Jesús, conducido dócilmente por las autoridades judías y romanas, sube a la cruz a morir a su vida. Pero de manera metafórica podríamos decir, que nosotros, cuando encontramos cruces en la vida, por más que humanamente nos escandalicen y sean motivo para renegar de ellas, incluso para sentir el abandono de Dios, es un espacio, una experiencia, una acción privilegiada, una situación única que nos lleva al mayor crecimiento personal, por la vía del morir a nuestro pecado, morir a nuestro ego. No es otro el sentido cuando Pablo el apóstol afirma: “Predicamos a un Mesías crucificado, escándalo para los judíos, locura para ellos y escándalo para los griegos, pero fuerza de Dios y salvación de Dios, y poder de Dios para el hombre que cree”. Pero en un segundo momento encontramos una frase todavía más fuerte, que podríamos decirla de manera positiva, es la gran clave, el gran secreto para una vida feliz, y sin embargo es tan incomprensible para la lógica de los hombres, que hace que el evangelio y el mensaje de Jesucristo, sea completamente contradictorio con los pareceres y los criterios humanos y del mundo. En efecto, en una segunda enseñanza encontramos, cómo Jesús de manera tajante y si se quiere, llevando su mensaje hasta el extremo de la radicalidad, afirmará o mejor, se preguntará: ¿para qué ganar la vida?, ¿para qué ganar el mundo, si en el fondo estamos perdiendo la salvación del alma?, literalmente dirá: “Quien quiera salvar su vida la debe entregar, pero quien entregue su vida por Jesús, la encontrará, la salvará”. Hoy nos parece que es una dinámica que nunca alcanzaremos a entender plenamente, pero dando, entregando la vida, es como la ganamos, como la recuperamos y, por el contrario, cuidando y atesorando la vida, es como la perdemos. Quizás es una de las más profundas y paradójicas enseñanzas de toda la Sagrada Biblia, está en la quinta esencia del mensaje evangélico, sólo hay plenitud de vida, cuando se da la vida. Lo entiende una madre, una buena madre cuando gasta y da la vida por sus hijos y encuentra el sentido y la plenitud de su vida, en dar la vida por los demás, lo entendieron perfectamente los santos que vivieron para donarse, para darse a los demás. Repito contra toda lógica psicológica, psicoanalítica y aun desde los parámetros de la sociología y la antropología, Jesús nos pide entregar la vida para ganarla, y por el contrario nos advierte severamente, el que busque cuidar, conservar, atesorar su vida en demasía, la perderá por lo menos el sentido profundo de su existencia, y nunca será feliz. El mundo, y tú y yo lo entendemos claramente te dice: cuídate, date gusto, tú te lo mereces, estás llamado al triunfo, al éxito, a la exaltación, a la fama, el prestigio, el reconocimiento, el aplauso, las glorias humanas; estás llamado al bienestar, la satisfacción, la gratificación, el bien estar personal, y al final descubres que teniendo todo eso, hay un vacío profundo en tu corazón, que no sabes como llenar. Las abuelas decían con sabiduría: “Que el dulce, cuando hay mucho dulce en la vida, nos empalagamos, el dulce empalaga”, aún lo bueno de la vida cansa, porque creemos que es dándonos gusto y viviendo lo que el mundo llama, momentos, experiencias: en la comida, en playas paradisíacas, en el mundo de los placeres humanos como vamos a encontrar la felicidad, y al final, misteriosa y dolorosamente descubrimos, que estamos llenos de nada y vacíos de todo, del todo que es Dios. En una tercera enseñanza y final, encontramos la expresión más paradójica de toda la Biblia, ¿para qué ganar el mundo entero que pasa, si se pierde la salvación del alma, que no pasa, que es eterna? Todo lo de esta tierra, los aplausos humanos, las alegrías, los goces de los sentidos, todo tiene el sello de la finitud, la temporalidad, la caducidad, lo pasajero, lo efímero, lo contingente; sólo Dios tiene el sello de la eternidad, lo absoluto, lo definitivo, lo trascendente. Hoy, tan preocupados por alcanzar metas humanas, éxitos ante los demás, olvidamos que lo único importante que no podemos perder en la vida, es la salvación definitiva de nuestra alma, de nuestra vida interior, la vida definitiva con Dios. Muy preocupados por la pensión y la jubilación humana, olvidamos que hay una pensión y una jubilación eterna en el cielo. No te equivoques, juega bien tu vida, valora tu existencia, decide con inteligencia que la vida se pasa más pronto de lo que a veces pensamos y creemos, y cuando descubrimos la verdad profunda y el sentido último y gran horizonte de la existencia, quizás ya estamos muy cerca de la muerte y nunca nos preparamos para el encuentro definitivo con Dios. Que sabiduría tan alta, tan contradictoria con los criterios humanos, pero Jesús, en quien no hay engaño, en quien solo hay verdad, nos propone estas metas tan altas: ¿Quieres salvar tu vida?, entrégala, ¿quieres perder tu vida?, guárdate y busca con egoísmo salvar tu yo personal, no tomes esa decisión equivocada. Que el Señor te bendiga y te de sabiduría en este día, iluminación interior, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Mateo 16, 24-28 Lectura del día de hoy Lectura de la profecía de Nahún 2. 1.3: 3,1-3. 6-7 He aquí sobre los montes los pies del mensajero que proclama la paz. Celebra tus fiestas, Judá, cumple tus votos, que no pasará más por ti el perverso; se acabó la destrucción. Pues restaura el Señor la dignidad de Jacob y de Israel: los desoladores los habían asolado habían destrozado sus sarmientos. ¡Ay de la ciudad sanguinaria, toda ella mentira, llena de rapiña, insaciable de botín! Ruido de látigo, estrépito de ruedas, galope de caballos, brincos de carros, asalto de caballería, brillo de espadas, fulgor de lanzas, heridos sin cuento, montones de muertos, cadáveres sin fin, tropiezan en cadáveres. Echaré sobre ti inmundicias, te deshonraré públicamente. Todo el que te vea huirá de ti diciendo: «¡Nínive está devastada! ¿Quién se compadecerá? ¿Dónde encontraré quien te consuele?». V/. «Palabra de Dios». R/. «Te alabamos Señor». Salmo del día de hoy Salmo Dt 32, 35cd-36ab. 39abcd. 41 R/. Yo doy la muerte y la vida. El día de su ruina se acerca, y se precipita su destino. El Señor hará justicia a su pueblo, y tendrá piedad de sus siervos. R/. Pero ahora miren: soy yo, solo yo, y no hay dios fuera de mí. Yo doy la muerte y la vida, yo hiero y yo curo. R/. Cuando afile el rayo de mi espada, y empuñe en mi mano el juicio, tomaré venganza de mis enemigos y daré su paga a los que me aborrecen. R/. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Evangelio del día de hoy Lectura del santo Evangelio según San Mateo 16, 24-28 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta. En verdad les digo que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre en su Reino». Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.AmorCargar la cruzEntregar la vida por JesúsFeMorir a sí mismoNegarse a sí mismoPanVidaBibliaEvangelio¿Para que ganar el mundo, si se pierde el alma?Vida eterna