Fundación Amén Comunicaciones2025-09-082025-09-082025-08-06http://168.231.65.82:4000/handle/123456789/1020https://drive.google.com/file/d/1gY5T9St2qM1e4zYfZZctha_K4hs86oUE/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Solo somos fuertes en Dios! La impresionante profecía del Libro de Daniel, contenida en el capítulo 7, nos habla de una visión del final de los tiempos y del juicio universal que el profeta Daniel narra de esta manera. “En una visión nocturna, vi que colocaban unos tronos y que un anciano tomó asiento. Su vestidura era blanca como la nieve, su cabellera como lana purísima, su trono era de llamas ardientes con ruedas de fuego encendido, y un río de fuego brotaba delante de Él”. (Hablándonos de la gloria de Dios). Señalará Daniel: “Miles y miles lo servían, millones estaban a sus órdenes, y así comenzó el juicio. Y se abrieron los libros y seguí mirando, y en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo la figura de un hombre que se acercó al anciano”. (La figura, sabemos nosotros de Jesucristo, cuando en el Credo decimos “Creo que vendrá con poder y gloria sobre las nubes del cielo”). Y dice: “Que, al Hombre, al Hijo del Hombre lo presentaron ante el anciano y recibió el poder, el honor y la dignidad real, para que todos los pueblos y naciones lo sirvieran”. Y concluirá esta profecía de Daniel, diciendo: “Su poder es eterno, no se acabará jamás, y Él nunca dejará de ser el Rey de reyes, el Señor de señores”. Pero esta profecía de Daniel nos prepara para entender el enigmático, misterioso y fascinante pasaje evangélico de la Transfiguración del Señor en la montaña del Tabor (y siempre la altura de la montaña es el lugar de la Epifanía, manifestación gloriosa de Dios). Estas teofanías o epifanías se dan precisamente en lo alto del monte Tabor. En este caso, como se dio en el Antiguo Testamento, en la altura del Monte Sinaí. Pero más allá de este movimiento ascensional de Jesús y sus tres discípulos, Pedro, Santiago y Juan que suben a la montaña y allí Jesús oraba. Y más allá de contemplar la gloria, la majestad, la grandeza de Dios frente al escándalo de la Pasión, la Crucifixión y Muerte que le esperan a Jesús. Más allá de la plenitud de vida que experimenta Pedro cuando dice: “Qué bien se está aquí”. Y más allá de que es una verdadera teofanía o manifestación o revelación divina, cuando se oye desde el cielo una voz misteriosa que dice: “Este es mi Hijo, el elegido, el amado, escúchenlo”. ¿Qué podemos sacar como enseñanzas para nuestra vida a partir de este Jesús transfigurado, glorificado, que ilumina en retrospectiva, nuestro caminar en la vida, que nos anuncia proféticamente el futuro glorioso que nos espera? Y cómo, más allá de ser caminantes en el desierto de la vida, estamos todos llamados a subir a la Montaña Santa, bien al Sinaí en el Antiguo Testamento, bien en el Tabor, en el Nuevo Testamento. Que esta luz de la Transfiguración, esta teofanía de la montaña, la nube, la luminosidad, la voz del cielo, el temor reverencial de Pedro, Santiago y Juan, la postración de ellos en el suelo ante la gloria de Dios, el éxtasis de Pedro y la presencia simbólica de Elías y Moisés y el rostro iluminado de Jesús ¿qué iluminaciones generan en nuestra vida? La primera, descubre que, en fe, Dios siempre ha estado con nosotros, Dios siempre estuvo con nosotros y Dios siempre estará con nosotros. Más allá de sufrimientos, preocupaciones, angustias, muchas de ellas sin necesidad, mira tú historia en retrospectiva y descubre hacia el pasado que Dios nunca te ha abandonado. Que tu historia hasta el día de hoy es la prueba más evidente de que el amor de Dios, la protección de Dios y la bendición de Dios siempre ha estado contigo. Pero una segunda iluminación o enseñanza de este pasaje enigmático de la transfiguración del Señor es descubrir que el hombre, la mujer, tú y yo, sólo somos fuertes en Dios. Sólo nos sostenemos en Dios. Cuando vivimos de seguridades materiales, afectivas, de salud, vivimos de fantasías, vivimos de relativismos, porque toda seguridad material, afectiva o de salud, son seguridades engañosas, deleznables que pueden fallar. La única fuerza que no falla porque no proviene de lo terrenal, que es caduco y limitado, es la fuerza divina, la fuerza espiritual que nos viene sólo de Dios. En una tercera iluminación o enseñanza de este pasaje evangélico, reconoce que Jesús oraba cuando fue transfigurado, iluminado su rostro, sus vestiduras y aprende a descubrir ¡que quien ora más, sufre menos, vive mejor y su vida es transfigurada! Reconoce que el tiempo de la vida que pasas con el Señor en oración personal, en la Eucaristía frecuente, en la lectura de la Palabra, en fraternidad con los hermanos, en servicio caritativo con el sufriente, son los momentos más bonitos de la vida. Y descubre que esa oración de Jesús le transfiguró para hacer la voluntad del Padre. Y cuando tú y yo oramos estamos llamados a ser transformados, transfigurados, para pedir: “No se haga mi voluntad, sino la tuya”. En una cuarta iluminación o enseñanza, reconozcamos que sólo por la fidelidad a Dios alcanzamos una auténtica prosperidad. Sólo cuando guardamos, obedecemos los mandatos y preceptos divinos hay plenitud, paz, alegría para nuestra vida. Reconoce que cuando te acercas a Dios, todo fluye, y por el contrario, cuando te entregas a lo mundano, a los hombres y te alejas de Dios, todo se enreda, todo se estanca y paraliza. Pide un corazón recto para alcanzar las bendiciones de Dios, que un corazón torcido y malicioso pierde toda bendición de lo alto. En una quinta iluminación o enseñanza para nuestra vida. Reconoce a partir de la montaña del Tabor: “Que no hay gloria sin cruz, que no hay Tabor sin Gólgota, que no hay tierra prometida sin desierto, que no hay rosa sin espina”. Y aunque el dolor nos escandalice, nos desanime, el triunfo lo tiene la paz y la esperanza sólo en el Señor. Y tal vez Pedro, Santiago y Juan necesitaron primero vivir ese momento de plenitud en el Tabor para superar y estar preparados ante la terrible prueba de la Pasión y Muerte injusta de Jesucristo. En una sexta y penúltima iluminación o enseñanza, reconoce que solo la fe salva, sólo la fe da verdadera vida. La fe de Abrahán permitió que su hijo Isaac no fuera sacrificado. La fe en Jesús permitió la sanación de tantísimos enfermos, ciegos, sordos, leprosos, paralíticos, tullidos. Podríamos decir que la fe es el gran pararrayos en la tormenta y que sólo confiando en Dios, cualquier problema puede ser superado y siguiendo a Cristo, la victoria en las pruebas de la vida está asegurada, porque con Él, más allá del dolor del mal y de la muerte en Cristo, todas estas realidades, dolor, mal y muerte son vencidos, son derrotados. Termino con una séptima y última iluminación o enseñanza, a partir de este pasaje magnífico de la Transfiguración, y reconocemos que sólo el amor hace grande la vida. Si no amo, soy pequeño y miserable, porque Dios me ha creado para amar. ¡Para ser más no se trata en la vida de tener más, sino de amar más! Te repito esta expresión, cuando tus padres te dicen “estudie para que sea alguien en la vida”. Se equivocan si ese “ser alguien en la vida” es conseguir un éxito profesional y unos bienes materiales. No, para Jesús ser más se trata de amar más, por encima de tener más en cosas o en dinero. Que Cristo transfigurado, camino a la vida plena, nos enseñe a todos a escuchar, acoger, adorar a ese Hijo amado, a contemplar su gloria y a entender que no debemos de temer los fracasos y las pruebas. Porque si bien los triunfos en la vida se disfrutan y los fracasos se sufren, se padecen. Ellos son los grandes maestros de sabiduría. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Lucas 9, 28b-36 Lecturas del Día de Hoy: Primera Lectura: Dn 7, 9-10.13-14: Su vestido era blanco como la nieve. Miré y vi que colocaban unos tronos. Un anciano se sentó. Su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego, sus ruedas, llamaradas; un río impetuoso de fuego brotaba delante de él. Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros. Yo vi, en una visión nocturna, venir una especie de hombre entre las nubes del cielo. Avanzó hacia el anciano venerable y llegó hasta su presencia. A él le dio poder, honor y reino. Y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su poder es eterno, no cesará. Su reino no acabará. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo (97)96, 1-2.5-6.9: El Señor reina, altísimo sobre toda la tierra. El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables. Tiniebla y nube lo rodean, justicia y derecho sostienen su trono. El Señor reina, altísimo sobre toda la tierra. Los montes se derriten como cera ante el dueño de toda la tierra; los cielos pregonan su justicia, y todos los pueblos contemplan su gloria. El Señor reina, altísimo sobre toda la tierra. Porque tú eres, Señor, altísimo sobre toda la tierra, encumbrado sobre todos los dioses. El Señor reina, altísimo sobre toda la tierra. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 9, 28b-36: En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Juan y a Santiago a lo alto de una montaña, para orar. Y mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos. De repente dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecieron con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y espabilándose vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con Él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús: -Maestro, qué hermoso es estar aquí. Haremos tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. No sabía lo que decía. Todavía estaba hablando cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía: -Este es mi Hijo, el escogido, escuchadle. Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto. Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.Confiar la vida en DiosFidelidadFortalezaSan LucasSeguridades afectivasSeguridades de saludSeguridades caducasSeguridades engañosasSeguridades limitadasSeguridades materialesBibliaEvangelio¡Solo somos fuertes en Dios!Somos fuertes en Dios