Fundación Amén Comunicaciones2025-09-112025-09-112025-08-24http://168.231.65.82:4000/handle/123456789/1038https://drive.google.com/file/d/1ESqidv-kwXKGf7hvE1AU1EZgwQsI4uDM/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¿Cuál es la puerta estrecha? La segunda Carta que la liturgia de este día nos presenta, tomada de la Carta a los Hebreos en el capítulo 12, nos habla de la reprensión y cómo el buen Dios exhorta y reprende a los que ama. En efecto, dirá el autor de la Carta: “Hijo mío, no rechaces la corrección del Señor, ni te desanimes por su reprensión, porque el Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos”. Qué expresión tan diciente a nuestra vida cuando en algunos momentos o situaciones particulares pensamos que Dios se ha olvidado de nosotros, que no nos tiene en su Corazón, que nos han venido malos momentos y hasta dudamos del amor de Dios en nuestra vida. Pero esta expresión nos invita a entender que más allá de las pruebas de la vida, allí, misteriosa y maravillosamente, está el amor bondadoso de Dios, que nos corrige a la manera en que un árbol es talado para que pueda dar frutos más abundantes. Y continuará esta Carta a los Hebreos diciendo: “Ustedes soportan la prueba para su corrección, porque Dios los trata como a hijos, pues ¿qué padre no corrige a sus hijos? Ninguna corrección resulta agradable en el momento, sino que duele, pero luego produce fruto apacible de justicia a los ejercitados en ella”. Entendamos entonces, como dice muy bien esta Carta a los Hebreos: “Toda corrección duele, pero si la miramos en perspectiva de futuro y de tiempo, sabremos que el Señor la ha permitido para nuestro bien”. Pero pasemos al evangelio de hoy, donde un espontáneo le pregunta a Jesús, indagándole sobre ¿cuál será el número de los que se salven? Y Jesús sin eludir la pregunta, pero tampoco sin precisar el número o la cantidad de los salvados, si son pocos o muchos, simplemente nos invita “a entrar por la puerta estrecha”. Y colocará la imagen “como de una multitud donde muchos intentan entrar y no pueden hacerlo”. Pero dejemos que sea la Biblia la que nos hable y nos permita discernir el sentido de la palabra puerta. En Génesis 4, 7 se nos dice: “El pecado está a la puerta”. En la Carta de Santiago, capítulo 5, versículo 9, se nos dice: “El juez está a la puerta”. En Hechos de los Apóstoles 14, 27 se nos dice: “Dios abre la puerta de la fe”. En Hechos 16, 26 se nos habla “de cómo Pablo en el calabozo dejó abierta la puerta de liberación”. En Juan 10, 7 “Cristo se presenta como la puerta d el rebaño”. En Apocalipsis 3, 20, “Cristo llama a la puerta para entrar”. Y en Mateo 7, 13 y en Lucas 13, 24, el evangelio de hoy “se nos habla precisamente de la puerta que es estrecha”. Sobre esta pregunta ¿serán pocos o muchos los que se salven? Repetimos no se trata del número de la cantidad de salvados, sino del camino a seguir para la salvación. Y se distinguirán dos tipos de caminos, o podríamos decir de puertas: un camino amplio que lleva a la perdición y a la muerte. Y un camino puerta angosta que lleva a la salvación y a la vida. Pero ¿cómo entrar?, ¿cómo traspasar esa puerta angosta? Y descubrimos que Cristo nos habla de la puerta de la humildad, de la pequeñez, de la simpleza de corazón y sólo así podremos franquear, atravesar esa misteriosa puerta. Aprendamos una ley de física. Cuando hay una multitud que quiere entrar o salir de un estadio de fútbol, si se pone de lado, entiéndase si se adelgaza un poco, pasará más rápidamente que si se pone de frente con toda la masa corporal. Recuerdo simplemente como anécdota, que una vez estando en la Tierra Santa, para llegar a la iglesia de Belén hay que abajar el cuerpo, hay que agacharse un poco, porque esta puerta con no más de 1,50, - 1,55 metros de altura, exige que el peregrino se agache para poder ingresar al templo de la Navidad, la Natividad del Señor. Los padres de la Iglesia entendieron esto en un sentido místico y hablaran “que sólo el hombre vacío de sí mismo, no inflado, no engordado por su ego, sino adelgazado por la humildad, será aquel que pueda atravesar e ingresar la puerta angosta”. Pero siguiendo esa idea de los llamados padres de la Iglesia, ¿cómo ganar en humildad?, ¿cómo vencer el orgullo, el ego que llevó a satanás a rebelarse contra Dios? Y tendremos que proponer varios caminos para humillarnos y ser humildes. El primero, aceptar y aceptarme en mi realidad. A veces no comunicamos sentimientos porque nos sentimos vulnerables y frágiles. De hecho, decimos “el que se enamora, pierde”. A veces no aceptamos realidades de la vida personal, de la vida biológica, de la vida familiar, de la vida socioeconómica, porque nos sentimos humillados; pero parte de una de las grandes sabidurías en todas las tradiciones religiosas del mundo, es la de aceptar con paz, sin angustia, sin amargura, sin dolor, la realidad que la vida nos va presentando. Aceptar y aceptarme que a veces somos amados, que a veces no, que a veces tenemos cualidades, que a veces no las poseemos, que a veces somos dotados de carismas especiales y a veces no. Pero hay un segundo camino para ganar en humildad y estrecharnos para poder ingresar en esa puerta que nos llevará a la vida eterna, esa puerta angosta y es agradecer. Sólo agradece el humilde, el soberbio, nunca lo hará, sólo agradece quien reconoce que sólo nada puede, que se descubre necesitada, necesitado de apoyo, de ayuda. No sacamos nada de la prepotencia, de la autosuficiencia que hemos construido pensando que yo soy todo, que yo lo puedo todo, que yo lo tengo todo. Hay que aprender a aceptar ayuda de los demás y agradecerla, porque nadie tiene obligación con nosotros. Pero un tercer camino de humildad y de adelgazamiento espiritual para ingresar por la puerta angosta es perdonar y perdonarme. He visto a lo largo de los años de mi vida que la raíz de muchos conflictos que terminaron en separación está el no perdón, porque nuestro orgullo nos impidió, nuestro ego herido nos bloqueó para perdonar de corazón a un familiar, a un cónyuge y terminamos solos, separados y humillados. En un cuarto camino, reconozcamos que la obediencia, aunque no lo parezca, es de las cosas que más cuesta en la vida. Obedecer a un superior, a un jefe, a los papás, a los maestros, a la autoridad religiosa de un sacerdote. En último término, es la obediencia a Dios en ellos. Sin embargo, nos pasamos la vida obedeciéndonos a nosotros mismos, nuestra autonomía, nuestra independencia, nuestro capricho, nuestro criterio, nuestro parecer personal. No hay sumisión, no hay obediencia en nosotros. En un quinto camino para alcanzar la humildad hay que pedirla en oración. Es un don precioso, es una gracia de Dios. Nos dirá el apóstol Santiago: “Humíllense ante el Señor y Él los exaltará”. Reconocer nuestra verdad de criaturas, aceptar con paz las humillaciones de la vida, es un camino seguro de humildad, y nunca olvides que Dios resiste al hombre de corazón soberbio, pero da su gracia al humilde. Dios no es invencible, Dios lo vence un corazón humilde. Pero también recuerda que la falsa humildad es el orgullo del hipócrita. Y los abuelos decían con gran sabiduría “que demasiada humildad de una persona era orgullo disfrazado”. “Complazcámonos en los menosprecios y humillaciones”, decía san Francisco de Sales. Entendamos, como afirmaba santo Tomás, “que la soberbia, además de llevarnos a grandes equivocaciones en la vida y a sufrimientos inenarrables, es un amor inútil, porque es un amor desordenado a la propia excelencia, que nos lleva a un seguro fracaso”. En un sexto camino de adelgazamiento para traspasar esa puerta estrecha que nos lleva al Reino de los cielos, conoce los grados de humildad, conócete, acéptate, olvídate de ti mismo. Es difícil conocernos a nosotros mismos, es más difícil aceptar lo que no hemos podido cambiar en nosotros. Es más difícil todavía no pensar tanto en nosotros y darnos a los demás y descubrir la alegría de servir y de donarnos a los otros, a la manera en que una madre se dona a sus hijos. En un séptimo camino y final, aprendamos de Cristo el humilde, de María la sierva, de los santos que se hicieron pequeños como niños y confiados y meditando en la Pasión de Cristo, meditando en la humildad de la sierva del Señor María y meditando en la vida de los santos que fueron humillados por mil adversidades. Ellos, todos traspasaron la puerta hacia la vida eterna, la puerta angosta, porque adelgazaron su alma y fueron humildes, humildes hasta el extremo. La gran sabiduría de la vida es la humildad. Como lo decía santa Teresa de Jesús: “La humildad es la reina de las virtudes, porque el que camina en la humildad, camina en la verdad”. Terminaré diciendo la máxima evangélica: ¡El que se ensalza será humillado, y sólo el que se humilla será ensalzado y será enaltecido por Dios! No te engañes llenándote de orgullo. El orgulloso termina solo y conviene que ames la soledad. Si no quieres terminar solo, conviene que ames la soledad, porque el orgulloso siempre termina solo en su vida. Que el buen Dios te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 13, 22-30 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Is 66, 18-21: De todos los países traerán a todos vuestros hermanos. Esto dice el Señor: Yo vendré para reunir a las naciones de toda lengua: vendrán para ver mi gloria, les daré una señal, y de entre ellos despacharé supervivientes a las naciones: a Tarsis, Etiopía, Libia, Masac, Tubal y Grecia; a las costas lejanas que nunca oyeron mi fama ni vieron mi gloria: y anunciarán mi gloria a las naciones. Y de todos los países, como ofrenda al Señor, traerán a todos vuestros hermanos a caballo y en carros y en literas, en mulos y dromedarios, hasta mi Monte Santo de Jerusalén -dice el Señor-, como los israelitas, en vasijas puras, traen ofrendas al templo del Señor. De entre ellos escogeré sacerdotes y levitas -dice el Señor-. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo (117)116, 1.2: Id al mundo entero y proclamad el Evangelio. Alabad al Señor, todas las naciones, aclamadlo, todos los pueblos. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio. Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio. Segunda Lectura: Hb 12, 5-7.11-13: Hermanos: Habéis olvidado la exhortación paternal que os dieron: - «Hijo mío, no rechaces el castigo del Señor, no te enfades por su reprensión; porque el Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos.» Aceptad la corrección, porque Dios os trata como a hijos, pues, ¿qué padre no corrige a sus hijos? Ningún castigo nos gusta cuando lo recibimos, sino que nos duele; pero después de pasar por él, nos da como fruto una vida honrada y en paz. Por eso, fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, y caminad por una senda llana: así el pie cojo, en vez de retorcerse, se curará. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 13, 22-30: En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: -Señor, ¿serán pocos los que se salven? Jesús les dijo: -Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta diciendo: «Señor, ábrenos» y él os replicará: «No sé quiénes sois». Entonces comenzaréis a decir: «Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas». Pero él os replicará: «No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados». Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos. Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.Puerta del EvangelioPuerta de la humildadPuerta de la pequeñezPuerta que conduce a DiosSan MateoSimpleza de corazónBibliaEvangelio¿Cuál es la puerta estrecha?Puerta estrecha