Fundación Amén Comunicaciones2025-01-212025-01-212025-01-07http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/804https://drive.google.com/file/d/1LssNYNSBX_C-cHYzBWQAp_OAB9TPLceG/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Sería un verdadero pecado de omisión, no comentar la preciosa primera carta del apóstol amado san Juan, a propósito de que la liturgia nos la trae en estos días finales de la Navidad y comienzo del año nuevo. Destaquemos tres mensajes centrales de esta primera carta. El primero, la invitación de san Juan: “Amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y llega a conocerlo”. Es la profunda conjunción que coloca el apóstol san Juan entre creer en Dios, vivir a Dios y amarnos como hermanos con toda la exigencia y el sacrificio que implica el amor, sobre todo sostenido en el tiempo. No puede haber un verdadero seguidor de Jesús, si no tiene amor en su corazón; nadie puede decir que ha vivido el misterio de Dios en su vida, y la gran donación de Él por nosotros, si no ha amado primero. Y en esa misma línea está el segundo mensaje, cuando afirmará: “El que no ama, no sabe quién es Dios, pues Dios es amor”. Filósofos, poetas, pensadores, compositores se han devanado los sesos en sus reflexiones, en su filosofía, en sus cantos, en su poesía, tratando de entender y, sobre todo, de definir a Dios. Pero no hay texto más hermoso a lo largo y ancho de las páginas de la Sagrada Escritura que esta Palabra cuando san Juan dice: “Dios es un misterio de amor, y el que ama sabe quién es Dios”. Hoy, cuando se nos habla de Dios como un principio universal y ordenador del universo, como una energía un poco etérea y abstracta, Juan aterriza todas esas abstracciones que manejamos en nuestra mente y nos dice: “Dios es la experiencia del amor transformante, del amor que es capaz de renovar nuestra vida”. Pero viene finalmente el tercer mensaje de esta primera lectura y nos dice el apóstol amado por Jesús: “Vean cómo Dios manifiesta su amor y nos lo manifiesta de dos maneras”: La primera, “tomando la iniciativa en amarnos, Él nos amó primero”. Y la segunda, “enviándonos a su Hijo único para que recibamos vida nueva por medio de Él, porque Él se ofrece como víctima propiciatoria por nuestros pecados”. El Papa Francisco en sus modismos de un hombre de Argentina dice: “Dios te primerea, está de primero, toma la iniciativa, no deja de buscarte. Y en eso consiste el amor, en que Dios nos ama primero”. Es el motor que enciende la chispa del amor en nuestra vida y nos envía a su Hijo como regalo, como modelo de vida; pero, sobre todo, como camino de expiación, como ofrenda expiatoria por nuestros pecados y puertas por donde podemos acceder seguramente a la libertad y a la salvación personal. Ahora pasemos al evangelio y descubramos como ese amor de Dios se concreta en la persona de Jesús, que, compartiendo con la multitud, nos muestra, según señala el evangelista Marcos, un sentimiento muy humano. Siente compasión por la multitud, porque andaba como ovejas sin pastor, se había hecho tarde, estaban en un lugar despoblado, eran más de 5000 hombres. Y nos dice palabras claves Jesús a propósito de darles algo de comer precisamente a estos hambrientos que escuchaban sus mensajes. Los discípulos con una mirada muy humana dicen: “No hay con qué atender a más de 5000 hombres, apenas hay cinco panes y un par de pescados”. Pero Jesús, en un gesto profundamente espiritual, eucarístico, y si se quiere místico y solidario, toma el pan y el pescado, alza la mirada al cielo invocando a Dios, bendice ese pan y pescado, parte ese pan lo comparte y lo reparte a través de sus discípulos. Y la respuesta no puede ser más extraordinaria, todos comieron, todos quedaron satisfechos, todos quedaron saciados y aún recogieron 12 canastillas llenas de lo que había sobrado. Hoy reconocemos en ese pan multiplicado que se nos ofrece cada día en la Eucaristía, en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Es que Jesús desde siempre ya sabía que nuestro caminar en la vida, que no iba a ser fácil, el cansancio, el hambre y la sed, nos iban a acusar. Pero Él quiso ser nuestro alimento, Él mismo quiso ser nuestro nutriente. El Señor Resucitado se identifica con este pan y este vino que llevamos al altar en cada Eucaristía y se convierte en pan de vida y en vino de salvación para nosotros. Por eso, agradezcamos esta maravilla en estos últimos días de Navidad y primeros días del nuevo año, como en la Eucaristía tenemos el alimento de vida eterna y el regalo más grande para caminar sin fatigas, sin desánimos, los días de este nuevo año que el buen Dios nos regala. Él sacia nuestra hambre, Él mitiga nuestra sed, Él es alimento de vida eterna. Que el Señor te bendiga abundantemente en este día. En el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Marcos 6, 34-44 Lecturas del día de Hoy Primera Lectura: de la primera carta del apóstol San Juan 4, 7-10 Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Unigénito, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación para nuestros pecados. Palabra de Dios. Te alabamos Señor Salmo de hoy: Salmo (72)71, 1-2.3-4ab. 7-8 Se postrarán ante ti Señor, todos los pueblos de la tierra. Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud. Se postrarán ante ti Señor, todos los pueblos de la tierra. Que los montes traigan paz, y los collados justicia; defienda a los humildes del pueblo, socorra a los hijos del pobre. Se postrarán ante ti Señor, todos los pueblos de la tierra. En sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna; domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra. Se postrarán ante ti Señor, todos los pueblos de la tierra. Evangelio del día de Hoy: Lectura del santo Evangelio según San Marcos 6, 34-44 En aquel tiempo, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas. Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle: «Estamos en despoblado, y ya es muy tarde. Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer.» Él les replicó: «Denles ustedes de comer.» Ellos preguntaron: «¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?» Él les dijo: «¿Cuántos panes tienen? Vayan a ver.» Cuando lo averiguaron le dijeron: «Cinco, y dos peces.» Él les mandó que la gente se recostara sobre la hierba verde en grupos. Ellos se acomodaron por grupos de cien y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran. Y repartió entre todos los dos peces. Comieron todos y se saciaron, y recogieron las sobras: doce cestos de pan y de peces. Los que comieron eran cinco mil hombres. Palabra del Señor. Gloria a ti Señor JesúsAmar como Dios amaAmor de DiosAmor del SeñorDios es amorDios misterio de amorHijo únicoSaber quién es DiosSan MarcosVida nuevaVerdaderos seguidores del SeñorBibliaEvangelio¡Dios es amor transformante!Dios es amor