Fundación Amén Comunicaciones2026-04-272026-04-272026-04-25https://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1302TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡León Rugiente! En la celebración de la fiesta litúrgica de san Marcos Evangelista, las lecturas tienen un tono misionero, pero también de advertencia y de preparación de lo propio de un evangelizador. Y cómo debe de cuidarse y estar lleno de Jesús en su tarea, en su carrera, en su misión por anunciar la vida nueva que Jesús nos da a todos La primera lectura tomada de la carta del apóstol san Pedro en el capítulo 5, nos habla en un primer momento “de cómo todo evangelizador debe revestirse de humildad en el trato mutuo con los otros hermanos. Porque Dios resiste al hombre de corazón soberbio, más da su gracia al humilde”. Por eso nos dice “que sólo los humildes que se colocan bajo la poderosa mano de Dios recibirán todas las gracias divinas y serán ensalzados, glorificados en su momento, por más que a lo largo de su misión sufran vejámenes, desprecios, humillaciones”. Pero en un segundo momento, Jesús, a través del texto de Pedro, nos invita “a descargar en Él, en Cristo, todos los agobios, todas las preocupaciones, todas las angustias interiores, porque Jesús no deja de cuidar por los suyos”. Hoy te pregunto ¿cuánto desgaste emocional y mental hay en tu vida, en tu corazón, en tu imaginación, en tus recuerdos porque estás pensando ansiosa y angustiosamente sobre tu pasado, los recuerdos?, ¿sobre tu futuro, la imaginación, pensando mil cosas absurdas, olvidando que satanás trabaja sobre nuestra psicología, sobre nuestra mente, sobre nuestros pensamientos para agobiarnos, desanimarnos, desesperanzarnos? No seas un ingenuo, no seas un idiota útil del maligno. Pero en un tercer momento, en esta lectura, Pedro nos invita “a ser sobrios, a estar en vigilancia, a dejar de dormir”. Y de manera muy expresiva hablará de satanás como el adversario. Pero, sobre todo, utilizará una expresión que ha sido muy conocida por los siglos de los siglos en la Iglesia. Y dirá “su adversario el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar”. No puede ser una imagen más expresiva que el rey de los animales salvajes, de las fieras más carniceras, el león sea presentado así por el apóstol Pedro, el diablo, como un león rugiente. Y pensamos cuando de niños íbamos al zoológico de la ciudad y encontrábamos el rugido a distancia del león en el zoológico que hacía estremecer todos los animales que allí estaban para la exhibición. Cómo es impresionante la imagen de un león rugiente. Pero Pedro no se queda solamente allí y advertirá: “El demonio es como un león rugiente que ronda, camina, da vueltas buscando a quien devorar”. Parecemos corderos mansos, presas fáciles, víctimas inocuas e indefensas que no sabemos cómo resistir la ferocidad del león. Pero a renglón seguido, el apóstol Pedro nos da una de las claves más potentes para rechazar, reprimir, resistir las insidias en la imaginación, en los pensamientos, en los sentimientos que el demonio suscita en nosotros. Y dirá Pedro: “Resístanle, resístanle, firmes en la fe”. Es la fe en Jesucristo. Es la fe en su Palabra. Es la fe alimentada por el Bautismo, la Eucaristía, los sacramentos en general. La fe vivida en comunidad, que no solos. La fe practicada en la caridad con los demás la que hace que formemos una comunidad fraternal y que entendamos “que muchos en el mundo (como dirá Pedro), están pasando, padeciendo los mismos sufrimientos; pero la fe en Cristo es superior a los ladridos del perro bravo o a los rugidos del león enfurecido”. Culminará esta hermosa carta del apóstol Pedro, haciendo un llamado a todos, porque Dios da su gracia a todos los que son fieles a su palabra. Y aunque de momento tengamos que sufrir un poco en el anuncio del Evangelio y en medio de incomprensiones humanas, nos hace una promesa el Señor que hoy recapitula el apóstol Pedro cuando dice: “El Señor los restablecerá, los afianzará, los robustecerá, los consolidará”. Y culminará diciendo: “Por más que nos parezca satanás un león rugiente, el poder es de Cristo, y el poder de Cristo es absoluto, y por los siglos de los siglos”. Amén. Nunca temas al mal que es especialista en hacer ruido, pero siempre la victoria final es de Dios en Jesucristo. La victoria final es del Todopoderoso, como lo llamamos en la Coronilla a la Divina Misericordia: ¡Santo Dios, Santo fuerte, Santo inmortal, el que no perece y el que es fuerte en todos los momentos de la vida! Con razón el salmo litúrgico de hoy nos invita a cantar como asamblea celebrante: “Cantaré eternamente tus misericordias, Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dijiste la misericordia es un edificio eterno; más que el cielo has afianzado tu fidelidad. Dichoso el pueblo que sabe aclamarte; caminará, oh, Señor, a la luz de tu rostro. Tu nombre es su gozo cada día, tu justicia es su orgullo”. Pero pasemos al Evangelio de hoy claramente con un acento misionero, a propósito de la fiesta litúrgica de san Marcos, cuando Jesús, al grupo de los 11 (entendamos ya Judas, se había ahorcado). Dirá en un envío claramente a la misión: “Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio a toda criatura, a toda la creación”. Y afirmará Jesús de manera tajante: “El que crea, el que tenga fe, el que reciba verdaderamente a Jesús en su corazón y lo acoja en su vida y sea bautizado, ése salvará su alma. Y, por el contrario, el que no crea, no reciba, no acoja a Jesús en su corazón, será condenado”. Es una promesa y es un juicio. Es una esperanza y es un tema de preocupación. Y en nuestra libertad decidimos si creer o no creer, acoger o no acoger a la Persona divina de Jesús. En un segundo momento, el evangelista Marcos nos presenta como Jesús señala: “Que a aquellos creyentes los acompañarán grandes signos. Liberar del demonio, hablar lenguas nuevas, superar el veneno de las serpientes que no nos hará daño, imponer las manos sobre los enfermos para que queden curados”. Culminará preciosamente el Evangelio de hoy diciendo “que los discípulos se fueron a predicar por todas partes y el Señor cooperaba confirmando la palabra de ellos con las señales y grandes prodigios que les acompañaban”. Hoy no hay más milagros, porque nos falta fe. Hoy no hay más signos prodigiosos, porque nuestra convicción de que Jesús obra a través de nuestra voz, nuestras manos, nuestro corazón, es débil. Hoy no hay más sanación de enfermos, porque nuestra oración pidiendo al Padre Dios en Jesucristo por el Espíritu, le falta hondura, convicción y una fe más profunda. Señor, como Marcos, estoy llamado a la misión, pero como Marcos estoy llamado a creer profundamente que Tú eres el Señor de la historia, el Señor de mi vida. Y que siendo instrumento en tus manos puedo liberar del mal, sanar de enfermedades y sufrimientos y comunicar una vida distinta, una vida maravillosa, que mientras estemos sólo en el mundo no seremos capaces de conocer. Que el buen Dios te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Marcos 16, 15-20 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: 1P 5, 5b-14: Queridos hermanos: Tened sentimientos de humildad unos con otros, porque Dios resiste a los soberbios, pero da su gracia a los humildes. Inclinaos, pues, bajo la mano poderosa de Dios, para que, a su tiempo, os ensalce. Descargad en él todo vuestro agobio, que él se interesa por vosotros. Sed sobrios, estad alerta, que vuestro enemigo, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quién devorar. Resistidle firmes en la fe, sabiendo que vuestros hermanos en el mundo entero pasan por los mismos sufrimientos. Tras un breve padecer, el mismo Dios de toda gracia, que os ha llamado en Cristo a su eterna gloria, os restablecerá, os afianzará, os robustecerá. Suyo es el poder por los siglos. Amén. Os he escrito esta breve carta por mano de Silvano, al que tengo por hermano fiel, para exhortaros y atestiguaros que ésta es la verdadera gracia de Dios. Manteneos en ella. Os saluda la comunidad de Babilonia, y también Marcos, mi hijo. Saludaos entre vosotros con el beso del amor fraterno. Paz a todos vosotros, los cristianos. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 89(88), 2-3.6-7.16-17: Cantaré eternamente tus misericordias, Señor. Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno, más que el cielo has afianzado tu fidelidad.» Cantaré eternamente tus misericordias, Señor. El cielo proclama tus maravillas, Señor, y tu fidelidad, en la asamblea de los ángeles. ¿Quién sobre las nubes se compara a Dios? ¿Quién como el Señor entre los seres divinos? Cantaré eternamente tus misericordias, Señor. Dichoso el pueblo que sabe aclamarte: caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro; tu nombre es su gozo cada día, tu justicia es su orgullo. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según san Marcoa 16, 15-20: En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: «ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos.» Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.¡León Rugiente!Tentación