Fundación Amén Comunicaciones2024-04-222024-04-222023-07-02http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/468https://drive.google.com/file/d/1Z-wL2eUrD0vg2nj8AxnGXE0AX21lF8Up/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES El evangelio de hoy nos habla claramente en clave de seguimiento de Jesús. En la vida cotidiana, seguimos en redes sociales, artistas, políticos, deportistas, personas que de alguna manera admiramos por su estilo de vida, y sin embargo, no son capaces de iluminar y de dar respuestas totales a nuestra vida; es más, es paradójico, mientras más seguimos y conocemos de cerca a una persona, quizás más nos desencantamos de ella; y al contrario, mientras más conocemos de cerca el misterio de la Persona divina de Jesús, más nos fascina, más nos seduce su identidad como persona y su misión como salvador. Hoy el evangelio nos presenta en el seguimiento de Jesús, dos exigencias y una promesa. La primera exigencia, Jesús nos invita a tomar la cruz de cada día, a no arrastrarla y a relativizar los más grandes amores humanos, detalladamente los amores de familia. No se trata de no amar la familia, sino de no darle el primer lugar por encima de Dios, porque entonces no eres un discípulo digno de Jesús. Es que la libertad interior del discípulo es demasiado grande y ella no es sólo frente a los afectos humanos de familia, sino también una libertad interior frente a los bienes materiales y a nosotros mismos. Pero hay una segunda exigencia que nos plantea, el evangelio de hoy, y ya no es solamente cargar la cruz, y relativizar grandes amores humanos, sino morir a nosotros mismos; esta expresión evangélica es la que más conversiones ha suscitado en la historia de la Iglesia, cuando se afirma claramente: “El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará”. En otros términos, ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma? Jesús nos invita en este juego de palabras del evangelista Mateo, a entregar un poco la vida material, para encontrar la verdadera vida, la vida interior, la vida de Dios en nosotros. Es un poco morir al egoísmo innato de nuestra condición de hombres, para vivir la vida de Cristo en mí, es morir un poco al yo, al orgullo, para vivir en donación y en amor humilde para los demás. Es un poco también la dinámica cristiana que nos señala la segunda lectura de hoy, de la Carta a los Romanos: “Hay que morir para que la vida de Cristo viva en nosotros”. Pero hay una tercera reflexión en este evangelio a manera de promesa, Jesús dice que tendrá su recompensa el discípulo, el que lo siga fielmente. Encontramos hoy en la primera lectura del libro de los Reyes, como una mujer del pequeño pueblo de Sunem acoge al profeta Elíseo y por acogerlo a él recibe la bendición de un hijo, un futuro hijo, más allá de la esterilidad de esta mujer. Nos dirá igualmente el evangelio, el acoger a un profeta, a un justo o a un pobre dándole un vaso de agua, no se quedará sin su recompensa en el Reino de los Cielos. En esta línea, está el precioso salmo responsorial de este domingo cuando dice: “Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades”. Es que la promesa de Jesús y la imagen de la mujer de Sunem, es en el fondo la imagen de la comunidad que sabe acoger la Palabra de Dios y es capaz de salir de su esterilidad, para alcanzar nueva vida. Ese hijo en la mujer de Sunem, es simplemente la nueva vida de Cristo en nosotros, cuando somos capaces de acoger, de ser hospitalarios, de recibir al profeta, la Palabra de Dios en nosotros. Señor, qué exigente es tu seguimiento, pero qué hermosa tu promesa, ciertamente nos toca cargar con la cruz de cada día, morir a nosotros mismos, pero ciertamente nos prometes: “No se quedarán sin su recompensa en el Reino de los cielos, si obran en rectitud, en amor y en fidelidad a tus enseñanzas”. Que el Señor te bendiga en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 10, 37-42 Primera lectura del día de hoy 2 Romanos 4,8-11.14-16a: Un día pasó Eliseo por Sunem; había allí una mujer principal y le hizo fuerza para que se quedara a comer, y después, siempre que pasaba, iba allí a comer. Dijo ella a su marido: «Mira, sé que es un santo hombre de Dios que siempre viene por casa. Vamos a hacerle una pequeña alcoba de fábrica en la terraza y le pondremos en ella una cama, una mesa, una silla y una lámpara, y cuando venga por casa, que se retire allí.» Vino él en su día, se retiró a la habitación de arriba, y se acostó en ella. Dijo él: «¿Qué podemos hacer por ella?» Respondió Guejazí: «Por desgracia ella no tiene hijos y su marido es viejo.» Dijo él: «Llámala.» La llamó y ella se detuvo a la entrada. Dijo él: «Al año próximo, por este mismo tiempo, abrazarás un hijo.» Dijo ella: «No, mi señor, hombre de Dios, no engañes a tu sierva.» Salmo del día de hoy Salmo 89/ 88: Cantaré eternamente las misericordias del Señor. Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno, más que el cielo has afianzado tu fidelidad.» Dichoso el pueblo que sabe aclamarte: caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro; tu nombre es su gozo cada día, tu justicia es su orgullo. Porque tú eres su honor y su fuerza, y con tu favor realzas nuestro poder. Porque el Señor es nuestro escudo, y el Santo de Israel nuestro rey. Segunda lectura del día de hoy Romanos 6, 3-4.8-11: Hermanos: ¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva. Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él, sabiendo que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, y que la muerte no tiene ya señorío sobre él. Su muerte fue un morir al pecado, de una vez para siempre; mas su vida, es un vivir para Dios. Así también vosotros, consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús. Evangelio del día de hoy Evangelio según san Mateo 10, 37-42: «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. «Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. «Quien reciba a un profeta por ser profeta, recompensa de profeta recibirá, y quien reciba a un justo por ser justo, recompensa de justo recibirá. «Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa.» Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.Confiar fielmente en el SeñorCruzDiscípuloGenerosidadLibertad interiorMuere a ti mismoRecompensaSeguir fielmente al SeñorServir fielmente al SeñorServicioBibliaEvangelio¡Libertad frente a todo!¡El que entregue su vida por mi la encontrara!