Fundación Amén Comunicaciones2025-10-222025-10-222025-10-11https://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1099https://drive.google.com/file/d/1ArKmIjn9RajrdTEFbTfWZGK11FB8iU8a/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Acepta y acoge a Cristo! La primera lectura tomada de la profecía de Joel de alguna manera nos muestra una imagen de lo que es el valle de Josafat, que significa precisamente “que el Señor juzga”. Y nos hace una representación del día final, “donde contemplaremos dos escenas centrales: el juicio de Dios sobre el hombre y la batalla aniquiladora del mal significada en la cosecha que es segada y que es triturada. Entendemos que este día del justo juicio de Dios, allí se destruirá al malvado y se salvará al hombre justo”. Por eso el salmo litúrgico de este día nos invita: “Alégrense justos con el Señor. El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables; tiniebla y nube lo rodean. Justicia y derecho sostienen su trono”. Es la alegría por el justo juicio de Dios que todos de alguna manera esperamos. De hecho, concluirá con la estrofa: “Amanece la luz para el justo y la alegría para los rectos de corazón. Alégrense justos con el Señor, celebren su santo nombre”. Pero pasemos al breve evangelio de hoy, sólo dos versículos del capítulo 11 de san Lucas, donde una mujer espontánea con alguna admiración habla de Jesús y concretamente de la Madre de Jesús, diciendo: “Bienaventurado ese vientre maternal y esos pechos de Madre que te amamantaron”. La mujer lo hace en un gesto de profunda admiración porque reconoce la tarea de la maternidad según la visión del mundo oriental antiguo, donde eran sagrados dos espacios del cuerpo de la mujer: el vientre que gesta la vida y los pechos que alimentan la vida naciente. En una mirada distinta en el occidente moderno, hoy en vastos sectores de la cultura y la sociedad, no se mira la importancia de la mujer como engendradora de vida desde su vientre y los pechos que amamantan. Sino que se mira la mujer como un símbolo sexual para atraer la concupiscencia, o mejor responder a los apetitos y concupiscencias del hombre. Ambas miradas de alguna manera son recortadas, tanto la del mundo oriental antiguo, donde una mujer era valorada por su vientre abierto a la vida y los pechos que amamantan esa vida. Como en el occidente moderno, nuestro mundo, donde la mujer es cosificada simplemente como un objeto de placer sexual. Y he aquí que viene una respuesta de Jesús donde muestra a María como la mujer total y por eso la Bienaventurada. Y es mujer total, no solamente por su vientre, por sus pechos que alimentan la vida, ni mucho menos por esa mirada occidental moderna, por el sexo. Sino que María es mirada como la mujer completa que acepta y acoge, que cree por la escucha y el cumplimiento de la Palabra de Dios, siendo fiel a esta Palabra que realiza la nueva vida de Dios en Ella. Con razón los llamados padres de la Iglesia, aquellos santos que construyeron los fundamentos, las columnas de la fe cristiana primitiva hablaban de la Santísima Virgen María: “Como aquella que primero engendró a Jesús en su corazón y luego lo engendró en su vientre”. Y esto no es del todo una idea descabellada, por el contrario, es todo un camino de fe. María concibe a Jesús, permítanme la expresión “por la acogida de la Palabra del arcángel en su corazón. Y luego se engendra la nueva vida que empieza a gestarse en un proceso natural de nueve meses, dando a luz al Hijo de Dios”. Pero ya no es solamente María, sino tú y yo, cada uno de nosotros, cuando sabemos aceptar, acoger y obedecer la Palabra de Dios en nuestro corazón y vivirla con fidelidad, en el fondo a ejemplo de María, estamos haciendo brotar la vida divina en nosotros. Esto no es una expresión simbólica, esto no es simplemente una metáfora. Es una realidad profunda, la vida nueva de Dios. La vida divina se gesta en nosotros cuando por la fe escuchamos y aceptamos la Palabra del Señor. “El justo vivirá por la fe” (nos dicen diferentes textos de pasajes bíblicos). Y aprendimos también con el apóstol san Pablo cuando por su fe en Jesús afirmará: “Estoy crucificado en esta carne, en este cuerpo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí. Y mientras vivo en esta carne, vivo por la fe en aquel que me amó y se entregó por mí”. Hoy, este texto precioso de Pablo a los Gálatas en el capítulo 2, versículos 19 y 20, es la más hermosa pedagogía de cómo la vida divina se va gestando, se va formando, se va construyendo, se va realizando, va aconteciendo en nuestra vida diaria cuando nos dejamos moldear por la Palabra Divina, que, a diferencia de la palabra humana, hoy tiene vigencia y mañana no. La Palabra Divina, por el contrario, es una Palabra eterna, una Palabra sabia, una Palabra llena de fuego, una Palabra llena de vida. Recordamos el precioso pasaje de Lucas 24 Los peregrinos camino de Emaús, cuando cariacontecidos, melancólicos, entristecidos, se devolvían del centro de la fe, la ciudad de Jerusalén a su natal pueblo Emaús, pensando que la Crucifixión y Muerte de Jesús habían terminado con su vida. Pero aquel forastero, desconocido en principio que era el mismo Cristo Resucitado, les habla. Y ellos, aunque, de entrada, no reconocen su presencia, luego reflexionan y dicen ¿acaso no ardía nuestro corazón cuando nos explicaba la Palabra, las profecías, el mensaje de Moisés y el mensaje de los profetas? Así también, cuando tú y yo leemos la Palabra de Dios, la meditamos, nos confrontamos en nuestra vida con ella vamos formando, vamos gestando, ya no la meramente vida en carne, la vida biológica, la vida en materia que todos conocemos. Sino que empieza a formarse dentro de nosotros una nueva experiencia de libertad, de vida pletórica de paz, de alegría profunda en el alma, de una esperanza que nadie nos puede arrebatar, de un gozo profundo, de un amor que parece que es un fuego que no se puede apagar. Es la experiencia de la vida divina que vamos gestando a ejemplo de María, cuando somos bienaventurados porque acogemos y cumplimos la Palabra de Dios. Y entonces entendemos que María, como mujer y como Madre no es importante simplemente por un vientre que gestó a Jesús o por unos pechos que le amamantaron con leche materna. Sino que María es importante porque por la Palabra creída, asumida, aceptada con fidelidad, va gestando la vida divina de Dios Niño en su vientre; pero sobre todo en lo profundo de su ser, en lo más hondo de su corazón. Hoy en este texto profundamente mariano, escuchemos que Jesús nos dice a todos nosotros, a la humanidad en general: “No sólo bienaventurado el vientre que me formó y el pecho que me dio leche materna. Más bien es bienaventurado, es bendito o bendita el hombre y la mujer que escuchan con corazón abierto la Palabra Divina y la hacen vida en su corazón, y así van formando la vida del Padre Dios en cada uno de nosotros”. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 11, 27-28 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: de la profecía de Joel 4, 12-21 Así dice el Señor: «Alerta, vengan las naciones al valle de Josafat: allí me sentaré a juzgar a las naciones vecinas. Mano a la hoz, madura está la mies; venid y pisad, lleno está el lagar. Rebosan las cubas, porque abunda su maldad. Turbas y turbas en el valle de la Decisión, se acerca el día del Señor en el valle de la Decisión. El sol y la luna se oscurecen, las estrellas retiran su resplandor. El Señor ruge desde Sión, desde Jerusalén alza la voz, tiemblan cielo y tierra. El Señor protege a su pueblo, auxilia a los hijos de Israel. Sabréis que yo soy el Señor, vuestro Dios, que habita en Sión, mi monte santo. Jerusalén será santa, y no pasarán por ella extranjeros. Aquel día, los montes manarán vino, los collados se desharán en leche, las acequias de Judá irán llenas de agua, brotará un manantial del templo del Señor, y engrosará el torrente de las Acacias. Egipto será un desierto, Edom se volverá árida estepa, porque oprimieron a los judíos, derramaron sangre inocente en su país. Pero Judá estará habitada por siempre, Jerusalén, de generación en generación. Vengaré su sangre, no quedará impune, y el Señor habitará en Sión.» Palabra de Dios, te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo (97)96, 1-2.5-6.11-12: Alegraos, justos, con el Señor. El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables. Tiniebla y nube lo rodean, justicia y derecho sostienen su trono. Alegraos, justos, con el Señor. Los montes se derriten como cera ante el dueño de toda la tierra; los cielos pregonan su justicia, y todos los pueblos contemplan su gloria. Alegraos, justos, con el Señor. Amanece la luz para el justo, y la alegría para los rectos de corazón. Alegraos, justos, con el Señor, celebrad su santo nombre. Alegraos, justos, con el Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del santo Evangelio según san Lucas 11, 27-28 En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las turbas, una mujer de entre el gentío levantó la voz diciendo: - ¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron! Pero Él repuso: -Mejor: ¡Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen! Palabra del Señor, gloria a ti Señor Jesús.Aceptar la palabraAcoger la PalabraAtesorar la PalabraCitas bíblicasObedecer la PalabraPalabra de DiosSan LucasBibliaEvangelio¡Acepta y acoge a Cristo!La Palabra de Dios