Fundación Amén Cominicaciones2024-01-112024-01-112024-01-10http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/242https://drive.google.com/file/d/1VJLcD2KeJbSPEfrkTwlE7jUrcm1YzRWG/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES El evangelista Marcos nos presenta un día típico, en la actividad pastoral de Jesucristo. Estaba Jesús con Santiago y Juan en la casa de Simón Pedro y Andrés, la suegra del apóstol Pedro estaba enferma y en cama con fiebre, Jesús la toma de la mano y la sana, ella enseguida con alegría y prontitud, se pone a servirles. Pero allí no se detiene la acción salvadora de Jesús, al anochecer al ponerse el sol, le llevan enfermos y endemoniados; es tal la cantidad de personas que llevan a presencia de Jesús, que nos dice el evangelista que la población entera, se agolpa a la puerta de la casa de la suegra de Simón Pedro. Allí curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios, aún aquellos que no se atrevían siquiera hablar. Nos dice luego que pasada esa noche se levanta de madrugada y como era su costumbre, va a un lugar descampado, a cielo abierto, mirando el maravilloso firmamento, la esfera celeste cargada de estrellas, y allí, en comunión con la naturaleza se pone a orar. Sus compañeros, los discípulos, le dicen: “Todos Maestro te buscan, para que los sanes”, pero Él responde: “Vamos a otros lugares, aldeas cercanas para predicar, que para eso, he sido enviado por mi Padre Dios”. Descubrimos que Jesús, no hace nada distinto, sino de uno, orar, dos, sanar, curar enfermos, tres, exorcizar, liberar del mal, cuatro, anunciar como caminante, anunciar como itinerante en las sinagogas de Galilea, el reino de Dios, el mensaje de amor y misericordia, y las relaciones de perdón y servicio, que debemos de tener los seres humanos entre nosotros. Este evangelio es simplemente una extensión, del llamado que en su momento hace Dios al niño Samuel, cuando servía siglos atrás (antiguo testamento), en el templo de Jerusalén, al lado del sacerdote Elí. Encontramos sin embargo, algo muy especial en este relato de la primera lectura. Dios llama durante la noche, no una, sino tres veces al niño Samuel, pero el niño que no conocía de Dios, ni había sido instruido en su palabra, siempre y de manera diligente, se despierta, se levanta y se dirige hacia donde está, el guardián del templo, el sacerdote Elí, y le dice: “Aquí estoy, porque me has llamado”. En las tres ocasiones Elí le responde que él no ha sido, que se vuelva a acostar, pero le advierte en la tercera ocasión: “Si vuelves a sentir un llamado, no soy yo, es Dios que te habla, es Dios que te convoca, es Dios que te llama; dile que aquí estás para hacer la voluntad de Él, que tú te presentas a escuchar su voz”. Efectivamente, ocurre un cuarto llamado al niño Samuel y él dócilmente le dice al Señor: “Aquí estoy, habla Señor que tu siervo escucha”. Este pasaje de la primera lectura del primer libro de Samuel nos muestra, como Dios no deja de llamarnos a cada uno de nosotros a lo largo de la vida, y como lo hizo con Samuel, no una, ni dos, ni tres, sino 4 veces, lo hace con nosotros de manera continua y como aconteció con Samuel, a veces tenemos dificultades, para escuchar la voz de Dios, para discernir la voz de Dios, interpretarla y sobre todo, para obedecer la voz de Dios. ¿En qué nos habla Dios?, me puedes preguntar. Dios te habla en los acontecimientos de tu vida, lo bonito que ocurre en cada día de tu existencia y también en aquellos acontecimientos dolorosos que se constituyen en verdaderas pruebas. Por ejemplo: pruebas a tu salud, pruebas familiares, pruebas en tu trabajo, en tu estudio, pruebas personales. Dios nos habla constantemente en el hoy, en las situaciones, circunstancias de nuestra vida, pero nos habla también a través de personas, papás, sacerdotes, buenos amigos; hoy mismo Dios te está hablando a través de este mensaje, que escuchas en redes sociales o te llega a través de WhatsApp. Hoy te invito, para que te preguntes ¿Dios, qué quieres de mi vida en este día?: los talentos, los dones, las personas con las que vivo, las cualidades que me has dado, la palabra de Dios que escucho cada día con este evangelio, ¿a qué me invitas?, ¿a qué me preparas?, ¿cuál es mi tarea?, ¿cuál es mi misión en esta tierra?. Eso es escuchar, eso es discernir, clarificar, interpretar, eso es obedecer a Dios; no es fácil siempre pero se puede, y si aún tienes dificultades recuerda, que puedes buscar un director o acompañante espiritual, una persona sabia, a la que le hables sobre lo que sientes en tu vida y le pidas que te oriente sobre cuál es la voluntad de Dios para ti, porque tú no tienes el discernimiento, la madurez, como no la tenía en su momento el niño Samuel, para clarificar lo que Dios quiere de ti. Finalmente entiende, que Dios nos pide planes que a veces rompen radicalmente con nuestros proyectos humanos, que desafían nuestra lógica, nuestros pareceres y sobre todo, desafían nuestra voluntad personal; es más, muchas veces hacer la voluntad de Dios, implica cruz e implica ir en contravía de nuestra voluntad personal. Lo vivió Jesús en el Huerto de Getsemaní cuando le dice al Padre de los cielos: “Aparta de Mí este destino de muerte, de sufrimiento, este cáliz de amargura”; pero en obediencia dice: “No se haga mi voluntad, sino la tuya”. Por eso terminemos con este precioso salmo responsorial, que es un modelo de respuesta para todo verdadero discípulo de Jesús, cuando con el salmista se nos invita a decir: “Aquí estoy Señor, para hacer tu voluntad”. Oremos con el salmo. “Yo esperaba con ansia al Señor, Él se inclinó y escuchó mi grito. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor y no acude a los idólatras que se extravían con engaños, Tú no quieres sacrificios ni ofrendas rituales; en cambio, me abriste el oído, no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo, aquí estoy, como está escrito en el libro de la vida, para hacer tu voluntad. Dios mío lo quiero y llevo tu ley en las entrañas, he proclamado tu salvación ante la gran asamblea, no he cerrado los labios, Señor, tú lo sabes, aquí estoy, ¡oh Dios!, para hacer tu voluntad. Que el buen Dios, te dé la gracia de hacer, lo más grande que puede hacer un ser humano en su vida, la voluntad santa y perfecta de Dios, en cada uno de nosotros. Y te bendigo en este día, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Marcos 1, 29-39 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: 1S 3,1-10.19-20 En aquellos días, el pequeño Samuel servía en el templo del Señor bajo la vigilancia de Elí. Por aquellos días las palabras del Señor eran raras y no eran frecuentes las visiones. Un día estaba Elí acostado en su habitación; se le iba apagando la vista y casi no podía ver. Aún ardía la lámpara de Dios, y Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde estaba el arca de Dios. El Señor llamó a Samuel y él respondió: «Aquí estoy». Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo: -Aquí estoy; vengo porque me has llamado. Respondió Elí: -No te he llamado; vuelve a acostarte. Samuel volvió a acostarse. Volvió a llamar el Señor a Samuel. El se levantó y fue a donde estaba Elí y le dijo: -Aquí estoy, vengo porque me has llamado. Respondió Elí: -No te he llamado, hijo mío; vuelve a acostarte. Aún no conocía Samuel al Señor, pues no le había sido revelada la palabra del Señor. Por tercera vez llamó el Señor a Samuel y él se fue a donde estaba Elí y le dijo: -Aquí estoy; vengo porque me has llamado. Elí comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho y dijo a Samuel: -Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: «Habla, Señor, que tu siervo te escucha». Samuel fue y se acostó en su sitio. El Señor se presentó y le llamó como antes: -¡Samuel, Samuel! Él respondió: -Habla, Señor, que tu siervo te escucha. Samuel crecía, Dios estaba con él, y ninguna de sus palabras dejó de cumplirse; y todo Israel, desde Dan hasta Berseba, supo que Samuel era profeta acreditado ante el Señor. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo (40) 39, 2.5.7-8a.8b-9.10. Aquí, estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Yo esperaba con ansia al Señor: él se inclinó y escuchó mi grito. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor, y no acude a los idólatras que se extravían con engaños. Aquí, estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y en cambio me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: «Aquí estoy.» Aquí, estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Como está escrito en mi libro: «Para hacer tu voluntad.» Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas. Aquí, estoy, Señor, para hacer tu voluntad. He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes. Aquí, estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Evangelio de hoy: Lectura del Santo Evangelio según san Marcos 1, 29-39: En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Símón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: -«Todo el mundo te busca.» Él les respondió: -«Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.» Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.AnunciarCurar enfermosLiberarOración de JesúsOrarReino de DiosSan MarcosSanarBibliaEvangelio¡Habla Señor que tu siervo escucha!La vida de Jesús