Fundación Amén Comunicaciones2024-04-022024-04-022023-04-07http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/335https://drive.google.com/file/d/1s400BtCqRxWH7zBXtbHQ5k3Sn0qn5Aql/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES En uno de los días más grandes del año católico, al comienzo del llamado, Solemne Triduo de Pascua, la Pascua del Señor, en este jueves Santo recordamos en la última Cena de Jesús con sus discípulos, la institución del sacramento del Orden Sacerdotal y de la Eucaristía y el gran mandamiento de la caridad fraterna, del amor que debe practicarse de manera humilde y entregada a los demás, como Jesús lo hizo lavando los pies de sus discípulos. Hoy, la primera lectura nos muestra en el libro del Éxodo, como se celebraba la Pascua judía; recordamos que la pascua era una cena, que empezaba en aquella noche decisiva, que recordaba la historia de cuando Moisés con la ayuda de Dios, sacó y liberó a su pueblo de la esclavitud de los egipcios, al pueblo judío. Esta cena histórica es descrita con una serie de ritos puntuales: la reunión de familia, el sacrificio del cordero de pascua, el pan ácimo (esto es sin levadura), todos de pies, las hierbas amargas; el sentido es hacerlo prontamente y de no quedar nada del cordero de pascua, repartido con familiares o con hogares vecinos. Esta celebración judía, que es la gran celebración de la libertad para el pueblo de Israel, Jesús la toma para mostrar, que la Cena o en la pascua cristiana, se dará la gran libertad de los cristianos, de la nueva Iglesia, del nuevo pueblo de Dios, pero ya no de la esclavitud de los egipcios, sino del Egipto interior que todos llevamos dentro (el pecado que nos controla, nos enceguece, nos encadena, nos roba la alegría y la verdad para vivir). Esto es sabio y vemos la profunda continuidad entre la pascua judía antes de Cristo y la pascua cristiana, una misma fiesta, una misma celebración donde ya no tomamos un animal un cordero; sino que Cristo es el nuevo cordero, el cordero inocente, indefenso de Dios, que quita el pecado del mundo. Por su parte, en la segunda lectura de hoy el apóstol san Pablo, nos hace recuerdo, memoria de la primera narración que hay sobre la institución de la Eucaristía y nos invita a que celebremos siempre la Eucaristía en un ambiente de fraternidad, de comunión porque es la Eucaristía por excelencia, el sacramento del amor. Pero esta primera y segunda lectura, nos invitan o nos preparan, para comprender mejor el evangelio de hoy de san Juan capítulo 13, cuando nos muestra, como Jesús es consciente del final de su vida y los actos últimos que va a realizar, se constituyen en un verdadero testamento espiritual, de hecho, dirá el evangelista, “que Jesús, nos amó hasta el extremo”, nos preguntamos ¿qué significa esta expresión?, y entendemos que Jesús nos amó hasta el final, hasta el último latido, hasta la última exhalación del aire que tomaba en sus pulmones, nos amó hasta la muerte; solo un muerto ya no puede amar más. Este acto supremo de la cruz, no es ni mucho menos el fracaso de la misión de Jesús, sino como hemos dicho en otras oportunidades, la refrendación, la ratificación de un amor coherente a lo largo de la vida de Jesús, que se da hasta el final de la existencia y que refrenda precisamente en esa última Cena, lavando los pies de los discípulos, un gesto que hacían solamente los esclavos de la época, una acción que parecía humillante y Jesús se sirve precisamente de este signo, para mostrar que la entrega y el amor por los otros debe hacerse con generosidad, pero sobre todo como un servicio humilde. El amor no puede quedarse en poemas, en canciones, en emoticones, en simples palabras que escribimos en un mensaje de texto en el teléfono celular; sino que el amor tiene que concretarse en un servicio humilde y sacrificado. A veces tenemos dificultad para entender esto y eso ocurrió al mismo apóstol Pedro, que no entendía porque Jesús tenía que lavarle el cuerpo o lavarle los pies, y solo cuando Jesús le dice: “Si no te dejas lavar los pies, no tienes que ver conmigo, ni con el seguimiento que yo propongo a los míos”. A partir de estos signos, agradezcamos hoy jueves santo, la institución de tantos buenos sacerdotes. La prensa secular como siempre lo ha hecho en la mentalidad del mundo, solo hablará del sacerdote que se ha equivocado o que suponen si ser cierto necesariamente que se haya equivocado, pero para los creyentes, para los hombres de fe, hoy agradezcamos tantos buenos sacerdotes en nuestra vida, sacerdotes en tierras de misión, sacerdotes en barrios pobres, sacerdotes gastando su vida, sacerdotes perdiendo su salud, sacerdotes encarnados en lugares donde a veces ni el mismo estado puede llegar. Hoy agradezcamos al sacerdote que nos predicó la palabra de Dios, que nos hizo hijos de Dios por el bautismo, que nos devolvió tantas veces la paz del corazón en el sacramento de la confesión, que nos alimentó con el pan de la vida en la Eucaristía, que bendijo nuestro amor humano en el sacramento matrimonial, que acompañó a nuestros padres y abuelos con la unción de enfermos, que nos quitó el hambre dándonos un mercado, que nos liberó de una angustia pagándonos unos servicios públicos o ayudándonos con unos medicamentos; aquel sacerdote que ha ayudado en procesos de paz en sociedades en guerra, aquellos sacerdotes que tienen obras sociales con ancianos, con enfermos o fundaciones para predicar el evangelio en un mundo nuevo, el mundo digital donde hay auténticos misioneros digitales. Hoy agradezcamos al sacerdote que consagra la Eucaristía y que hace que la Iglesia no sea simplemente una estructura humana, sino a partir de la Eucaristía de cada día, que la Iglesia sea el cuerpo vivo de Cristo, el cuerpo místico, del cual Él es la cabeza. Finalmente agradezcamos, cada que comulgamos porque nos cristificamos, somos Cristo en el mundo y Él nos da la fortaleza, la paz, la luz interior para vivir con sabiduría, para vivir a la manera de Jesús. Terminemos agradeciendo y nunca dejando de lado, el gran precepto de Jesús cuando nos dice: “Ámense, los unos a los otros, solo en esto conocerán que son mis discípulos, si se aman de corazón” y el amor implica en sus distintos rostros, perdonar, comprender, tolerar, tener paciencia, acompañar, sacrificarnos, sacar tiempo para los demás. Que hermoso jueves santo, que grandes lecciones para nuestra vida en el regalo de los sacerdotes, de lo que ellos consagran la Eucaristía y en el gran y nuevo mandamiento del amor. Que el Señor, en este inicio del Triduo Sacro de Pascua, bendiga tu vida, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Juan 18, 1-19,42 Primera lectura del día de hoy Lectura del libro de Isaías 52, 13-53, 12 Miren, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho. Como muchos se espantaron de él porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchos pueblos, ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y comprender algo inaudito. ¿Quién creyó nuestro anuncio?; ¿a quién se reveló el brazo del Señor? Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultaban los rostros, despreciado y desestimado. Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado; pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron. Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca: como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron, ¿quién se preocupará de su estirpe? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron. Le dieron sepultura con los malvados y una tumba con los malhechores, aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca. El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación: verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano. Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento. Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos. Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre. Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores, él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo del día de hoy Salmo 31 R/. Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu. A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado; tú, que eres justo, ponme a salvo. A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás. R/. Soy la burla de todos mis enemigos, la irrisión de mis vecinos, el espanto de mis conocidos: me ven por la calle y escapan de mí. Me han olvidado como a un muerto, me han desechado como a un cacharro inútil. R/. Pero yo confío en ti, Señor; te digo: tú eres mi Dios. En tus manos están mis azares: líbrame de mis enemigos que me persiguen. R/. Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame por tu misericordia. Sean fuertes y valientes de corazón los que esperan en el Señor. R/. Segunda lectura del día de hoy Lectura de la carta a los Hebreos 4, 14-16; 5, 7-9 Hermanos: ya que tenemos un sumo sacerdote grande que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios, mantengamos firme la confesión de fe. No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo, como nosotros, menos en el pecado. Por eso, compadezcamos confiados ante trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia para un auxilio oportuno. Cristo, en efecto, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, siendo escuchado por su piedad filial y , aun, siendo hijo aprendió sufriendo a obedecer y llevado a la consumación, se convirtió para todos los que lo obedecen, en autor de la salvación eterna. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Lectura de la pasión de Nuestros Señor Jesucristo Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según san Juan 18, 1 ─ 19, 42 C. De donde Caifás se llevaron a Jesús al pretorio. Ya había amanecido. Pero los que lo llevaron no entraron al pretorio para no quedar impuros y poder así comer el cordero pascual. Pilato salió a donde estaban ellos y les preguntó: S. ¿Qué acusación tienen contra ese hombre? C. Ellos le respondieron: S. Si no fuera un criminal, no te lo hubiéramos entregado. C. Pilato les dijo: S. Llévenselo ustedes y júzguenlo según su ley. C. Los judíos le contestaron: S. Nosotros no tenemos autoridad para dar muerte a nadie. C. Así debía cumplirse lo que Jesús había dicho para indicar la manera como iba a morir. Entró de nuevo Pilato al pretorio, llamó a Jesús y le preguntó: S. ¿Eres tú el rey de los judíos? C. Jesús le respondió: † ¿Dices tú esto por tu propia cuenta, o porque otros te lo dijeron de mí? C. Pilato respondió: S. ¡Yo no soy judío! Gente de tu propio pueblo y los sumos sacerdotes vinieron aquí a entregarte. ¿Qué fue lo que hiciste? C. Jesús respondió: †No es el mundo el que me ha hecho rey. Si el título de rey me viniera de este mundo, tendría gente a mi servicio que peleara para que yo no cayera en manos de las autoridades judías. Pero mi título de rey no viene de aquí abajo. C. Pilato le dijo: S. Entonces, ¿sí eres rey? C. Jesús respondió: † Eres tú quien lo dices. Yo he nacido y venido al mundo para esto: para dar testimonio a favor de la verdad. Todo el que está por la verdad escucha mi voz. C. Pilato le preguntó: S. ¿Y qué es la verdad? C. Pero al decir esto salió de nuevo a hablar con los judíos y les dijo: S. Yo no encuentro en Él razón alguna para condenarlo. Pero es costumbre entre ustedes que yo les deje libre a alguien con ocasión de la Pascua. ¿Quieren que les deje libre al rey de los judíos? C. Ellos gritaron otra vez y dijeron: S. ¡A ese hombre no! ¡Suéltanos a Barrabás! C. El tal Barrabás era un bandido. Entonces Pilato se llevó a Jesús y lo hizo azotar. Además los soldados trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza, y lo vistieron con un manto rojo. Y se le acercaban y le decían: S. ¡Viva el rey de los judíos! C. Y le daban bofetadas. Entonces salió Pilato otra vez y les dijo a los judíos: S. Miren: aquí se lo traigo. Quiero que se den cuenta de que no encuentro en Él razón para condenarlo. C. Y salió Jesús con la corona de espinas y el manto rojo. Pilato les dijo: S. ¡Ahí tienen al hombre! C. Apenas lo vieron los sumos sacerdotes y los sirvientes, gritaron: S. ¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo! C. Pilato les dijo: S. Llévenselo ustedes y crucifíquenlo. Porque yo no encuentro en Él razón para condenarlo. C. Los judíos le replicaron: S. Nosotros tenemos una Ley, y según esa Ley tiene que morir, porque se declaró Hijo de Dios. C. Cuando oyó Pilato estas palabras, se fue atemorizando más y más; y entró de nuevo al pretorio y le preguntó a Jesús: S. ¿De dónde eres? C. Pero Jesús no le respondió. Entonces Pilato le dijo: S. ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para dejarte libre y también para crucificarte? C. Jesús le respondió: † No tendrías autoridad sobre mí si Dios no te lo permitiera. Por eso, más culpable es el que me entregó a ti. C. Al oír esto, Pilato trató de dejarlo libre. Pero los judíos gritaron: S. Si dejas libre a este, no eres amigo del emperador, porque todo el que se proclama rey se pone en contra del emperador. C. Cuando Pilato oyó estas palabras, sacó a Jesús y se sentó en el tribunal, en el sitio que llamaban “El Empedrado”, en hebreo Gabatá. Era la víspera de la Pascua, alrededor del mediodía. Entonces les dijo a los judíos: S. ¡Ahí tienen a su rey! C. Ellos gritaron: S. ¡Que muera! ¡Que muera! ¡Crucifícalo! C. Pilato les dijo: S. ¿Quieren que crucifique a su rey? C. Los sumos sacerdotes respondieron: S. ¡No tenemos más rey que al emperador! C. Entonces Pilato se lo entregó para que lo crucificaran. Se llevaron, pues, a Jesús. Y cargado con la cruz, salió de la ciudad hacia el llamado Lugar de la Calavera, o en hebreo Gólgota. Allí lo crucificaron, y con Él a otros dos: uno a cada lado, y Jesús en el centro. Pilato además mandó escribir un letrero para ponerlo encima de la cruz. Lo que estaba escrito era: “Jesús de Nazaret, rey de los judíos”. Como el sitio donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad y el letrero estaba escrito en hebreo, latín y griego, muchos judíos lo leyeron. Pero los sumos sacerdotes de los judíos le dijeron a Pilato: S. No debieras haber escrito “El rey de los judíos”, sino “Dijo que era el rey de los judíos”. C. Pilato respondió: S. Lo que escribí, escrito queda. C. Los soldados, después de que crucificaron a Jesús, se apoderaron de su ropa y la dividieron en cuatro partes, una para cada soldado, y se quedaron también con su túnica. Y como no tenía costuras, sino que estaba tejida de una sola pieza, se dijeron: S. No la rasguemos; más bien echémosla a suerte, para ver a quién le toca. C. Así debía cumplirse lo que dice la Escritura: “Se repartieron mi ropa y echaron a suerte mi túnica”. Esto fue lo que hicieron los soldados. Junto a la cruz de Jesús estaban también su madre, la hermana de su madre, María de Cleofás y María Magdalena. Al ver a su madre y cerca de ella al discípulo que Él tanto amaba, Jesús le dijo: † Mujer, este es tu hijo. C. Luego dijo al discípulo. † Esta es tu madre. C. Y desde aquel momento el discípulo la recibió como su propia madre. Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para que la Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo: † Tengo sed. C. Había allí una vasija llena de vinagre; empaparon, pues, una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. Después de beber el vinagre, dijo Jesús: † Todo está cumplido. C. E inclinando la cabeza, entregó su espíritu. Todos se arrodillan y se hace una pausa. C. Como era víspera del sábado, los judíos le pidieron a Pilato que mandara quebrar las piernas de los crucificados y retirar sus cuerpos, para que no quedaran en la cruz hasta el día siguiente, que era un sábado muy solemne. Los soldados fueron y quebraron las piernas a los dos que habían sido crucificados con Jesús. Pero cuando llegaron a Él, al ver que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó sangre y agua. El que lo vio lo atestigua: su testimonio es verdadero, y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. Porque todo esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: “No le quebrarán ningún hueso”. Y otro pasaje de la Escritura dice: “Mirarán al que traspasaron”. Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero a escondidas por miedo a las autoridades judías, le pidió a Pilato permiso para llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato se lo concedió. Entonces fue y se llevó el cuerpo. También fue Nicodemo, aquel que la primera vez había ido de noche a ver a Jesús, y llevó una mezcla de mirra y áloe, como unos treinta kilos. Entonces tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos, embalsamándolo con las sustancias aromáticas, según la costumbre que tienen los judíos para enterrar. En el lugar en que Jesús fue crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro recién excavado, en el que todavía no habían enterrado a nadie. Así, pues, como ese día era víspera del sábado judío, y ese sepulcro estaba cerca, en él sepultaron a Jesús. Palabra del Señor. Gloria ti, Señor Jesús.Amor hasta el extremoCrecimiento humanoCristoCruzEncuentroMuerte en la cruzNo hay cielo sin cruzBibliaEvangelio¡Viernes Santo!Viernes Santo