Fundación Amén Comunicaciones2023-03-102023-03-102023-02-03http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/43https://drive.google.com/file/d/18K6gF3vqVGdR5GM3RVOLtfwd_ksIWG89/view?usp=share_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Continuamos con la lectura de la carta a los hebreos en el capítulo 13 versículos 1 al 8, donde el Señor nos invita a conservar el amor fraterno y a no olvidar el ser hospitalarios, acogedores con los demás. Pero nos previene, para que vivamos sin ansias de dinero, contentándonos con lo que la vida nos da bajo la promesa de Dios: “Nunca te dejaré, nunca te abandonaré”. Cuántas realidades de violencia hay en nuestras ciudades, por la ambición desmedida del dinero, por querer quitarle a lo que el otro ha trabajado honradamente, nosotros poseerlo por el camino de la violencia. El Señor nos invita a que lo sintamos como el auxilio de nuestra vida, y a decir con Él: “Nada temo, ¿que podrá hacerme el hombre si estoy con Dios?” Pero ahora ocupémonos del Evangelio que nos presenta precisamente San Marcos, cuando nos habla de la gran dificultad que tenían los hombres para entender el misterio de la persona divina de Jesús. En efecto, unos lo confunden con Juan el Bautista, que ha resucitado después de su martirio, otros piensan que es el gran profeta Elías del antiguo testamento fallecido siglos atrás, u otros piensan que es un gran profeta que ha enviado Dios a su pueblo. Juan el Bautista, de alguna manera, quiere presentarse como la voz que anuncia al que es la verdadera palabra sabia, iluminada y revelada de Dios, y Juan en su testimonio, nos muestra tres actitudes que hoy en la vida ojalá pudiéramos tener. La primera: Juan es capaz de denunciar con coraje, el mal, la mentira, la corrupción que hay entre los suyos. Nada menos se mete con el poderoso Herodes, y denuncia el adulterio por vivir con su cuñada, la mujer de su hermano Filipo. Muchas veces en la vida, en las empresas, muchas veces por comodidad, por conveniencia, callamos la corrupción que encontramos en otras personas, y dejamos que vaya creciendo esa corrupción. El Señor nos invita a ser hombres valientes, hombres y mujeres con coraje, capaces de denunciar el mal, las infecciones que hay en el corazón humano, para buscar precisamente, sacarnos de la impunidad en la que podemos vivir, y así purificar la familia, las empresas, las sociedades, de la corrupción. Pero Juan el Bautista es también presentado, como el hombre honrado y santo, así lo tenía el malvado Herodes, esa era la opinión que tenía sobre él. Nosotros no podemos denunciar a otros, si no brillamos con nuestro testimonio de vida, porque lo contrario, sería sencillamente fariseísmo, “al alcalde quién lo ronda, médico cúrate a ti mismo”, son expresiones de la sabiduría popular que indican: tú no puedes denunciar corrupción en otros, cuando hay corrupción en tu corazón. Y se te pide, se me pide, se nos pide, un testimonio de santidad, de honradez, de rectitud. Voy a decir algo, ustedes, tómenlo amigos en el mejor de los sentidos: solo seremos luz para los demás, en la medida en que haya coherencia y santidad personal. Finalmente, Juan es el hombre coherente hasta el final de su vida, aún a costa del martirio. He visto personas honradas, personas luchadoras por el bien, denuncian el mal por unos pocos momentos, pero luego se acomodan en la sociedad y en las mentiras que nos vende el mundo, no. Hay que ser fieles, hay que ser honrados, hay que ser rectos hasta el final de la vida. Que el Señor te bendiga en este día, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Marcos 6,14-29 Lectura del día de hoy Lectura de la Carta a los hebreos 13,1-8: Conservad el amor fraterno y no olvidéis la hospitalidad; por ella algunos recibieron sin saberlo la visita de unos ángeles. Acordaos de los que están presos, como si estuvierais presos con ellos; de los que son maltratados, como si estuvierais en su carne. Que todos respeten el matrimonio, el lecho nupcial que nadie lo mancille, porque a los libertinos y adúlteros Dios los juzgará. Vivid sin ansia de dinero, contentándoos con lo que tengáis, pues él mismo dijo: «Nunca te dejaré ni te abandonaré»; así tendremos valor para decir: «El Señor es mi auxilio: nada temo; ¿qué podrá hacerme el hombre?» Acordaos de vuestros dirigentes, que os anunciaron la palabra de Dios; fijaos en el desenlace de su vida e imitad su fe. Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre. Palabra de Dios, te alabamos Señor. Salmo del día de hoy Salmo 26/27 El Señor es mi luz y mi salvación El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? R/. El Señor es mi luz y mi salvación Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla; si me declaran la guerra, me siento tranquilo. R/. El Señor es mi luz y mi salvación Él me protegerá en su tienda el día del peligro; me esconderá en lo escondido de su morada, me alzará sobre la roca. R/. El Señor es mi luz y mi salvación Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro. No rechaces con ira a tu siervo, que tú eres mi auxilio; no me deseches. R/. El Señor es mi luz y mi salvación Evangelio del día de hoy Del santo Evangelio según San Marcos 6,14-29: En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido, el rey Herodes oyó hablar de él. Unos decían: «Juan Bautista ha resucitado, y por eso los poderes actúan en él.» Otros decían: «Es Elías.» Otros: «Es un profeta como los antiguos.» Herodes, al oírlo, decía: «Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado.» Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel, encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano. Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. Cuando lo escuchaba, quedaba desconcertado, y lo escuchaba con gusto. La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras, que te lo doy.» Y le juró: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.» Ella salió a preguntarle a su madre: «¿Qué le pido?» La madre le contestó: «La cabeza de Juan, el Bautista.» Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: «Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista.» El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados, no quiso desairarla. En seguida le mandó a un verdugo que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y lo enterraron. Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.Juan BautistaSan MarcosBibliaConsagración a DiosMuerte de San Juan BautistaEvangelio¡No te silencies frente al mal!La cabeza de Juan Bautista