Fundación Amén Comunicaciones2025-01-212025-01-212025-01-13http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/810https://drive.google.com/file/d/1fvNkC3F0vyqheChK36ACoIPj-lQTV2u2/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Hemos dejado atrás el tiempo de la Navidad y comenzamos en firme el llamado tiempo litúrgico ordinario de la Iglesia, que se extenderá por 34 semanas hasta finales del año justamente, y será interrumpido sólo el Miércoles de Ceniza para iniciar la Cuaresma y luego la Gran Semana Santa y la Pascua del Señor. Pero hablemos de este inicio del año litúrgico y del comienzo de la carta a los hebreos, texto sacerdotal por excelencia, que nos habla de cómo en el plan providente de Dios, en el principio de los siglos, Él, el Padre de los cielos, habló en muchas ocasiones y de muchas maneras, sobre todo a través de los profetas, a quienes de manera fragmentada les iba descubriendo para que comunicaran al pueblo elegido el proyecto de Dios sobre ellos. Pero afirmará a renglón seguido este comienzo de la carta a los hebreos: “Que en esta etapa final de la historia ya no serán más los profetas o enviados del Padre Dios, quienes, de manera parcelada o fragmentaria, irán anunciando el misterio del amor salvador de Dios, sino que será el Hijo al que ha nombrado heredero de todo y por medio del cual ha realizado la historia, el universo, Él nos hablará de una manera completa. La revelación plena y total del proyecto amoroso y liberador de Dios sobre nuestras vidas se manifiesta de forma completa en la Persona divina de Jesús”. Y decimos Persona divina de Jesús, porque como muy bien señala esta carta a los hebreos: “Jesús, el Cristo, es el reflejo de la gloria, impronta del ser de Dios, Él sostiene el universo con su palabra poderosa y habiendo realizado la purificación de nuestros pecados en el altar de la cruz, ahora está sentado de manera gloriosa a la diestra, a la derecha de la majestad de Dios Padre, recordándonos también una promesa, Yo seré para Él un Padre, y Él será para mí un Hijo”. Y nos invita a todos a adorarlo junto con los ángeles del cielo. Con razón el salmo que hoy nos propone la liturgia nos invita a responder como asamblea creyente y celebrante: “Adoren a Dios todos sus ángeles y a reconocer que Él reina, que la tierra goza; la justicia y el derecho sostienen su trono. Los cielos pregonan su justicia y los pueblos contemplan su gloria”. Pero pasemos al evangelio de hoy, también muy al inicio de san Marcos, cuando nos habla del comienzo del ministerio público de Jesús en la región de Galilea, recordando los evangelios precedentes, donde Jesús empieza el anuncio, la proclamación de la Buena Noticia de Dios, señalando: “Que el tiempo para la realización de las promesas se ha cumplido, que se acerca el reinar de Dios” y nos invita a dos actitudes fundamentales. La primera: “Convertirnos a Cristo, dejando atrás el pecado que nos esclaviza, nos engaña y nos entristece, y a creer en el evangelio viviente que es el mismo Jesús”. Dos palabras que hoy resuenan 21 siglos después en nuestra vida, y el Señor, si estuviera en carne y hueso, alma y espíritu hablándonos, nos diría iguales palabras: “El Reino de Dios se acerca, conviertan sus vidas, aléjense, abandonen el pecado y crean en el evangelio que es la Persona divina de Jesús, crean en sus palabras, créanle a su mensaje, crean que, por el poder de su Muerte, Pasión, Muerte y Resurrección, nos ha alcanzado el perdón de los pecados”. Y a renglón seguido nos dirá Marcos: “Que Jesús entendió que su misión no la podía realizar Él solo, sino que necesitaba un grupo de colaboradores, de cercanos, porque Él partiría prontamente tres años después de iniciar su vida pública, pero dejaría una comunidad de creyentes, discípulos, luego harían el apostolado, luego serían apóstoles anunciando una nueva manera de vivir, una realidad muy bella que los hombres de su tiempo y de muchas épocas nunca han conocido”. Por eso hace un llamado a dos parejas de hermanos a Simón y su hermano Andrés, a Santiago y a su hermano Juan, y llamándolos en la cotidianidad de sus vidas, cuando estaban echando las redes al mar, cuando estaban también Santiago y Juan restaurando las mismas redes de pescadores, Jesús les llama: “Para ser ya no pescadores de peces, sino pescadores de hombres, pescadores de almas, anunciadores de una vida nueva y revolucionaria que cambiaría para siempre la historia de la humanidad”. Llama poderosamente la atención en un momento final: “Que tanto Simón como su hermano Andrés, dejando las redes, su trabajo, sus familias, lo siguieron. E igual pasa con Santiago y Juan (hijos del Zebedeo), que dejando a su padre en la barca con los trabajadores, inmediatamente se marcharon en pos de Jesús, siguiéndolo a Él”. Hoy, en un evangelio que primero nos anuncia la vida nueva de Jesús, que en un segundo momento nos invita a la conversión y a creer en Jesús. En un tercer momento es un evangelio vocacional, hace un llamado hace 2000 años a Simón Pedro y Andrés, a Juan y Santiago, pero hoy podríamos decir, llama a Lucía, a Marta, a Carlos y Álvaro, a cada uno de nosotros en el siglo XXI, y nos dice, deja, relativiza los tesoros, los apegos, las dependencias afectivas, los miedos que tienes en el presente, conoce el Reino de los cielos que anunció y sígueme. Y nos pide una respuesta con prontitud, sin dilación, sin demora. Hoy te pregunto: ¿eres capaz de relativizar tu oficina, tu familia?, ¿eres capaz de relativizar tus proyectos para este año?, ¿eres capaz de darle el primer lugar a Cristo?, ¿crees en su mensaje?, ¿le crees a Él como persona?, ¿eres capaz de relativizarlo todo para como hicieron Santiago y Juan, Andrés y Simón Pedro seguirlo inmediatamente?, para esto necesitas la fuerza de la fe. Cuánto necesita nuestro mundo pescador de almas, hombres y mujeres llenos y transformados por el Espíritu de Dios, que fascinados fascinen a otros, que enamorados de Cristo enamoren a otros, que conquistados por Cristo conquisten a otros. ¡Hoy el Señor, a ti y a mí nos llama a ser pescadores de almas! Que el buen Dios bendiga tu vida en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Marcos 1, 14-20 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Hebreos 1, 1-6 En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros padres, por boca de los profetas. Ahora, en estos tiempos, nos ha hablado por medio de su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por medio del cual hizo el universo. El Hijo es el resplandor de la gloria de Dios, la imagen fiel de su ser y el sostén de todas las cosas con su palabra poderosa. Él mismo, después de efectuar la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la majestad de Dios, en las alturas, tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más excelso es el nombre que, como herencia, le corresponde. Porque, ¿a cuál de los ángeles le dijo Dios: Tú eres mi Hijo; yo te he engendrado hoy? ¿O de qué ángel dijo Dios: Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo? Además, en otro pasaje, cuando introduce en el mundo a su primogénito, dice: Adórenlo todos los ángeles de Dios. Palabra del Señor. Te alabamos Señor Salmo de Hoy: Salmo 96, 1 y 2b. 6 y 7c. 9 Ángeles de Señor, adórenlo. Reina el Señor, alégrese la tierra; cante de regocijo el mundo entero. El trono del Señor se asienta en la justicia y el derecho. Ángeles de Señor, adórenlo. Los cielos pregonan su justicia, Su inmensa gloria ven todos los pueblos. Que caigan ante Dios todos los dioses. Ángeles de Señor, adórenlo. Tú, Señor altísimo, estás muy por encima de la tierra y mucho más en alto que los dioses. Ángeles de Señor, adórenlo. Evangelio del día de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 1, 14-20 Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio”. Caminaba Jesús por la orilla del lago de Galilea, cuando vio a Simón y a su hermano, Andrés, echando las redes en el lago, pues eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante, vio a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que estaban en una barca, remendando sus redes. Los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre con los trabajadores, se fueron con Jesús. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.Anuncio del evangelioConversiónHacer la voluntad de DiosReplantear la vidaSan MarcosVida nuevaVocaciónBibliaEvangelio¡Pescadores de almas!Seguir a Jesús y ser pescadores de almas