Fundación Amén Comunicaciones2025-11-202025-11-202025-11-17https://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1136https://drive.google.com/file/d/1arooXGz1PN5wX9OEIb4VYd884r60DBD5/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Señor da luz a mi vida! La primera lectura tomada del primer Libro de los Macabeos nos muestra la entrada en escena de un terrible personaje, el rey Antíoco Epífanes, hijo del antiguo rey Antíoco, un hombre despreciable que llegará al trono real por la vía de la intriga. Estamos hablando del siglo II antes de Cristo, un período de tiempo relativamente cercano a la llegada del Mesías Jesús. Y ese período se va a caracterizar por la persecución y la lucha como una de las últimas purificaciones del pueblo de Israel para disponer el alma nacional del pueblo judío para recibir a Cristo. La historia se enmarca en que el rey Antíoco Epífanes, un nombre difícil de pronunciar e insostenible para bautizar un niño hoy en día con ese nombre, se empeña en imponer las costumbres helénicas o griegas al pueblo de Israel. Y se encontrará un grupo que aceptará por conveniencia la ley pagana del rey Antíoco, y otro grupo que, fiel a Dios, se opondrá a ello. Es la lucha eterna entre los fieles a Dios, los fieles a la verdad de la ley religiosa; y los fieles, por conveniencia al gobernante o al todopoderoso de turno. Hemos visto en nuestro tiempo, en las modernas tiranías latinoamericanas, algunos que se oponen con firmeza y por amor a la verdad y a la libertad y a la democracia cómo resisten la dictadura, la tiranía de los grandes de esta tierra. Y como otros, algunos le llaman enchufados o acomodados, simplemente se silencian y disfrutan de las mieles y las dulzuras del poder, aún al precio de traicionar sus propios principios éticos, morales, religiosos y aún al precio de traicionar y perseguir a sus propios compatriotas o connacionales. Esta no es la historia solamente de los judíos que traicionaron a Dios por ser fieles a la ley pagana de Antíoco Epífanes, sino la historia de todos los tiempos. Pero siempre se van a encontrar hombres fieles que prefirieron la muerte antes que contaminarse con las costumbres paganas y violar la santa alianza de Dios. El texto de la primera lectura del Libro de Macabeos termina con esta expresión: “Una cólera terrible se abatió sobre Israel”. Por eso, en esta misma línea de pensamiento teológico y sapiencial encontramos el salmo litúrgico 118, que nos invita a reconocer: “Dame vida, Señor, para que observe tus preceptos. Sentí indignación ante los malvados que abandonaron tu ley. Los malvados y sus lazos me envuelven, pero no me olvido de tus mandatos. Líbrame de la opresión de los hombres y guardaré tus mandamientos. Ya se acercan mis inicuos perseguidores, están lejos de tu ley. Pero la salvación está lejos de los malvados que no saben buscar los decretos de Dios”. Ahora pasemos al evangelio de Lucas en el capítulo 18, cuando encontramos al ciego que camino a Jericó, Jesús encuentra sentado al borde del camino pidiendo limosna. Y al oír que pasaba la gente y Jesús en medio de ellos, él empieza a gritar: “Jesús, descendiente del rey David, ten compasión de mí”. Y aunque algunos en la multitud le pedían a regaños “que se callara para no molestar al Maestro, al rabino Jesús”. Él con más fuerza gritaba y lejos de desanimarse, hablaba: “Jesús, descendiente del rey David, ten compasión de mí”. Los fuertes gritos del ciego, sentado al borde del camino pidiendo limosna, llamaron la atención de Jesús. Y cuando estuvo cerca del pobre hombre, le pregunta Jesús ¿qué quieres que haga por ti? Él dice “que recobre la vista”. Y Jesús le dice: “Tu fe te ha salvado”. Es sanado y sigue por el camino alabando a Dios. Extraigamos enseñanzas de este texto para nuestra vida en el siglo XXI. La primera afirmación, es que tú y yo de alguna manera podemos ser como el ciego de Jericó que nos pasamos la vida no como protagonistas de la misma, sino sentados al borde del camino pidiendo limosna de los demás. Limosna afectiva, limosna económica, limosna existencial. A veces no nos tomamos la vida en serio, a veces somos meros espectadores de nuestra existencia. O, como decía el Papa Francisco en su momento: “Nos paseamos balconeando la vida” (y tenemos en nuestra mente la imagen de una persona en el balcón que ve durante las horas del día, ve pasar gente y ve pasar su vida). Una invitación al protagonismo y a no quedarnos al borde de nuestro camino existencial. Y menos mendigando amores, esperando de los demás, sino tomando el destino dentro de nuestras propias manos. En una segunda enseñanza encontramos cómo el ciego Bartimeo grita: “Jesús, ten compasión de mí, ten compasión de mí”. Como lo había dicho en otro evangelio reciente: “la llave que abre el corazón de Dios es clamar su misericordia, pedir su compasión”. No busques bendiciones, no busques favores divinos, sino por el camino de la compasión, como hizo el ciego de Jericó, diciendo: “Señor Jesús, ten compasión de mí”. Pero ocurre en un tercer momento que la multitud de personas que acompañaban a Jesús, lejos de tener compasión del ciego de Jericó y de ayudarlo, lo desaniman, lo desesperanzan, es más, lo mandan callarse. Le dicen “que no moleste al Maestro”. Mira a veces cuántas personas en tu vida, quizás dentro de tu propia familia te habrán dicho ¿qué ganas con ir diario a la Eucaristía?, ¿qué ganas con escuchar diario esa palabra de vida en el canal de YouTube?, ¿qué has ganado con buscar de Dios?, mira cómo tu vida está llena de problemas. Y hacen de idiotas útiles, de satanás esos familiares o supuestos amigos que quieren desanimarte en tu búsqueda sincera de Dios. Hoy, como el ciego de Jericó, lejos de desanimarnos, desesperanzarnos, por más que algunos nos digan “cállate, no sigas buscando de Dios”. Nos dice que por segunda vez gritó más fuertemente para llamar la atención de Jesús ¡Jesús, descendiente del rey David, ten compasión de mí! Y frente a la multitud atónita, Jesús pide que traigan al ciego ante su presencia. Ya no es una sino en dos ocasiones, y sobreponiéndose al desánimo de la gente que grita: “No molestes al Maestro”. Y Jesús, cara a cara con el enfermo, le dice ¿qué quieres que haga por ti? Hoy en esta cuarta enseñanza el Señor te dice ¿qué quieres que haga por tu vida hoy?, ¿qué quieres que haga por tu matrimonio hoy?, ¿qué quieres que haga por tu familia hoy?, ¿qué quieres que haga por tu empresa hoy?, ¿qué quieres que haga por tu salud hoy?, ¿qué quieres que haga por tu destino hoy? Siente que estas palabras se clavan en tu corazón. Y tú, como el ciego, podrás pedir dinero como lo hacen algunos mendigos o pordioseros, puedes pedir comida. Pero el ciego del evangelio de hoy no pidió dinero, no pidió comida, sino que en una quinta enseñanza nos dice: “Sólo quiero ver, sólo quiero recuperar la vista”. No pidió comida, no pidió dinero, no pidió para sus necesidades primarias. Entendió que había algo más grande y más importante, y era la luz de su corazón. Por eso hoy te invito, para que sientas esa fuerza de Dios que te dice que hoy el Señor te puede devolver la luz de la fe, la luz divina en tu corazón y ver la vida de otra manera. En una sexta enseñanza, Jesús le dice: “Por tu fe has quedado curado, recobra tu visión”. Y nos dice “que el ciego pudo ver y emocionado y agradecido, había alcanzado lo más grande que podía tener en su vida la luz de Dios en su corazón”. Y había insistido no una, sino dos veces, y más allá de los gritos de la gente para que se callara (el desánimo humano). Este hombre perseveró y te invita a ti y a mí a que perseveremos más allá de personas que nos digan ¿qué has ganado en tu vida con buscar a Dios si no has conseguido nada? Concluiremos con una séptima enseñanza cuando se nos dice “que el ciego recobrando la vista, hace seguimiento de Jesús por el camino”, entiéndase hace discipulado con su vida personal y sigue a Dios y glorifica a Dios. Y todo el pueblo al ver esta realidad alaba a Dios. Siete Enseñanzas: Mendigos en el camino de la vida. Uno. Dos. Gritamos a Jesús su misericordia. Tres. A veces los hombres nos desaniman y nos dicen callémonos. Cuatro. Volvemos a insistir y el Maestro nos dice ¿qué quieres que haga por ti? Cinco. Pedimos la luz de la fe para ver. Seis. Somos sanados en nuestra ceguera interior. Siete. Glorificando a Dios hacemos discipulado, seguimiento de Jesús porque Él nos ha hecho hombres y mujeres nuevos. ¡Qué maravilla! ¡Qué bendición leer este texto magnífico! Hoy dile al Señor con toda la fuerza de tu corazón: ¡Señor, que yo vea qué es lo esencial para mi vida! Que el buen Dios te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 18, 35-43 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura del primer libro de los Macabeos 1, 10-15.41-43.54-57.62.64: En aquellos días, brotó un renuevo pecador, Antíoco Epífanes, hijo del rey Antíoco, que estuvo como rehén en Roma. Subió al trono el año ciento treinta y siete del imperio de los griegos. Por entonces hubo unos israelitas sin conciencia que convencieron a muchos: -Vamos a hacer un pacto con las naciones vecinas, pues desde que nos hemos aislado nos han venido muchas desgracias. Gustó la propuesta, y algunos del pueblo se decidieron a ir al rey. El rey los autorizó a adoptar la legislación gentil; y entonces, acomodándose a las costumbres de los gentiles, construyeron en Jerusalén un gimnasio, disimularon la circuncisión, apostataron de la alianza santa, se juntaron a los gentiles y se vendieron para hacer el mal. El rey decretó la unidad nacional para todos sus súbditos, obligando a todos a abandonar su legislación particular. Todas las naciones acataron la orden del rey e incluso muchos israelitas adoptaron la religión oficial: ofrecieron sacrificios a los ídolos y profanaron el sábado. El día quince de diciembre del año ciento cuarenta y cinco, el rey Antíoco mandó poner sobre el altar una ara sacrílega; y fueron poniendo aras por todas las poblaciones judías del contorno. Quemaban incienso ante las puertas de las casas y en las plazas. Los libros de la Ley que encontraban, los rasgaban y los echaban al fuego; al que le encontraban en casa un libro de la Alianza, y al que vivía de acuerdo con la Ley, lo ajusticiaban según el decreto real. Pero hubo muchos israelitas que resistieron, haciendo el firme propósito de no comer alimentos impuros. Prefirieron la muerte antes que contaminarse con aquellos alimentos y profanar la alianza santa. Y murieron. Una cólera terrible se abatió sobre Israel. Palabra de Dios, te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 119(118), 53.61.134.150.155. 158 (R. cf. 88) Dame vida, Señor, para que observe sus decretos. Sentí indignación ante los malvados, que abandonan tu voluntad. Dame vida, Señor, para que observe sus decretos. Los lazos de los malvados me envuelven, pero no olvido tu voluntad. Dame vida, Señor, para que observe sus decretos. Líbrame de la opresión de los hombres y guardaré tus decretos. Dame vida, Señor, para que observe sus decretos. Ya se acercan mis inicuos perseguidores, están lejos de tu voluntad. Dame vida, Señor, para que observe sus decretos. La justicia está lejos de los malvados, que no buscan tus leyes. Dame vida, Señor, para que observe sus decretos. Viendo a los renegados sentía asco, porque no guardan tus mandatos. Dame vida, Señor, para que observe sus decretos. Evangelio de Hoy: Lectura del santo Evangelio según san Lucas 18, 35-43 En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le explicaron: -Pasa, Jesús Nazareno. Entonces gritó: – ¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí! Los que iban delante le regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: – ¡Hijo de David, ten compasión de mí! Jesús, se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: – ¿Qué quieres que haga por ti? él dijo: -Señor, que vea otra vez. Jesús le contestó: -Recobra la vista, tu fe te ha curado. Enseguida recobró la vista y lo siguió glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.Dios da luz al corazónDios da luz a la feDios ilumina el caminoFaroGuíaLuzSan LucasBibliaEvangelio¡Señor da luz a mi vida!Luz de Dios