Fundación Amén Comunicaciones2025-10-222025-10-222025-10-08https://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1096https://drive.google.com/file/d/1l_GM6gv06uEX1r1vXi4Q7Sj5vay01ivU/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Padre Nuestro! La primera lectura tomada de la profecía de Jonás en el capítulo 4, nos presenta la gran indignación del profeta cuando Dios, después de enviar a Jonás a profetizar la destrucción de Nínive, se arrepiente de destruir la ciudad, viendo el arrepentimiento y la conversión de todos sus habitantes. Jonás, lejos de alegrarse, se siente indignado y fastidiado porque Dios no ha cumplido su promesa y porque él ha quedado en evidencia ante los habitantes, al ver que su profecía de la destrucción de Nínive, no se ha cumplido. En efecto, nos dirá la primera lectura del día de hoy “que Jonás se disgustó y se indignó profundamente”. Y Dios le dice ¿por qué tienes ese disgusto tan grande?, ¿por qué tienes un disgusto que te lleva a fastidiarte, porque he hecho el bien? Y Jonás, bajo un árbol de ricino, nos dice el texto: “Experimenta un disgusto de muerte”. El Señor le responde: “Tú te compadeces del ricino que he mandado secar, que tú no cuidaste y me ayudaste a crecer. Que en una noche surgió y en otra desapareció. ¿Pero no te compadeces de Nínive como lo hago Yo? ¿La gran ciudad donde había más de 120.000 personas que no distinguían derecha de izquierda y que han convertido su corazón? En el fondo el Señor quiere llamar la atención de Jonás y decirle: “No te fastidies, porque has quedado como un falso profeta al no cumplirse el mensaje de la destrucción de Nínive, sino que debes de alegrarte, porque Yo me he arrepentido (dirá el Señor), al ver la conversión y el cambio de vida de todos sus habitantes”. Siguiendo esta línea sapiencial encontramos el salmo litúrgico 85 cuando repetimos como asamblea celebrante: “Tú, Señor, eres lento a la cólera y rico en piedad”. Y en sus estrofas afirmará: “Piedad de mí, Señor, que a ti te estoy llamando todo el día, alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti, Señor. Porque Tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia con los que te invocan. Señor, escucha mi oración, atiende a la voz de mi súplica. Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor. Bendecirán tu nombre y dirán, grande eres Tú y haces maravillas. Tú eres el único Dios”. En el fondo, el salmo está cantando la bondad, la misericordia, la compasión del Señor por todo hombre, por toda mujer de buena voluntad que se arrepiente sinceramente de sus pecados. Pero pasemos al evangelio de hoy, tomado del capítulo 11 de san Lucas, cuando Jesús en oración (y Lucas es el evangelista que más reseña esta dimensión de Jesús orante). Al terminar de hacerlo, algo notaron los discípulos del Maestro cuando le dicen de manera espontánea quizás viendo la placidez de su rostro, la serenidad de sus pasos, la voz cadenciosa y rítmica que les hablaba cuando ellos espontáneamente le dicen: “Señor Jesús, Maestro Jesús, enséñanos a orar como Juan enseñó a sus discípulos”. Y a renglón seguido, Jesús dirige la famosa y universal plegaria llamada ¡La oración del Señor!, (Pater Noster por su expresión en latín, (Padre Nuestro por su expresión en castellano). Los escrituristas afirman: “Que la palabra más importante es la primera, porque Jesús nos enseña en la persona de los discípulos a sentirnos a todos hijos y a experimentar a Dios Padre amoroso, Padre cercano, Padre querido, Padre que escucha, atiende nuestras plegarias”. Luego se dirigen de manera concreta unas suplicas a Dios: “Que sea santificado su nombre, que venga al mundo su Reino de justicia, de amor, de paz, de vida y de verdad”. Y aunque no lo dice de manera explícita, otros textos paralelos nos hablan “de que se haga la voluntad de Dios en el mundo como ya se hace en el cielo”. Qué hermoso es hacer la voluntad de Dios y qué difícil hacerla porque nos pasamos buena parte de la vida haciendo nuestra personal, caprichosa y a veces rebelde voluntad frente a la voluntad sabia, providente y amorosa de Dios. Como aprendiz de un santo y sabio sacerdote ya fallecido, el gran milagro en la vida no es que Dios haga mi voluntad, sino que yo haga la voluntad de Dios. Te lo diré de otra manera, todo el tiempo nos pasamos pidiéndole a Dios que se cumpla mi sueño de vida, mis deseos personales. Pero pocos preguntan a Dios ¿cuál es el sueño o el deseo divino sobre nuestra vida? No se trata de cumplir mi sueño en la vida, sino de cumplir el sueño de Dios sobre mi existencia, sobre mi historia. Solo así no nos equivocaremos. Pero después de estas súplicas iniciales dirigidas al Padre Dios, donde pedimos “que sea su nombre santificado y bendito, que venga su Reino de justicia, de amor, de paz, de libertad y de que se haga su voluntad providente sobre cada uno de nosotros”. Entramos a súplicas más humanas, más terrenales, más cercanas a nuestra precariedad y necesidad personal, “pedimos el pan cotidiano”. Llama la atención que no decimos “dame, Señor, el mercado para el mes, sino el pan para cada día”. Quizás porque Dios conoce nuestra pobre condición humana, y si nos hubieran enseñado a orar pidiendo el mercado del mes, tal vez lo buscaríamos cada 30 días al final del mes y no nos acordaríamos de Él. Pero al pedir el pan diario, esto nos obliga a acordarnos, a hablar y a suplicar diariamente al Dios Padre, al Dios providente, al Dios que nos da el sustento de cada día. Pero pedimos también “el ser perdonados en nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. No hay otra alternativa, y así cada día, en la oración del Pater Noster u Oración del Señor, pedimos no solamente perdón por nuestras ofensas, si no tener la capacidad para perdonar de corazón a aquellos que nos han lastimado, que nos han ofendido en la vida. Concluirá la oración del Señor “pidiendo que no caigamos en tentación”. Esto presupone que seremos tentados, inducidos al mal, tratados de ser apartados del amor de Dios. Pero nos pide o mejor pedimos la inteligencia espiritual para no caer, no incurrir en la tentación, no ser engañados en la tentación del maligno. Y aunque no lo diga el texto de hoy, los textos paralelos nos invitan “a ser librados del maligno, de la violencia, de las insidias, las intrigas de aquel que hemos conocido como el príncipe de este mundo. A ser liberados del mal”. Esta es la oración de oraciones, la plegaria de plegarias, la más perfecta de todas las súplicas al buen Dios, porque no la ha enseñado hombre alguno sobre esta tierra, sino el Dios hecho hombre, que sabe qué es lo esencial, lo que necesitamos en nuestra vida. Hoy, hazte un propósito, nunca, nunca, al levantarte, al despertarte en tu cama, en la madrugada, dejes de orar el Padre Nuestro, porque así lo sugirió el Señor para toda la humanidad. Y nunca al acostarte dejes de rezar de manera meditativa y reflexiva la oración del Señor. En la mañana, orando y pidiendo por el día que empieza. En la noche, agradeciendo la jornada que ha terminado. Señor, que no dejemos de orar, que nos sintamos cercanos y unidos profunda, existencial y espiritualmente unidos a ti por el poder de la oración. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 11, 1-4 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: del libro del profeta Jonás 4, 1-11: Jonás sintió un disgusto enorme y estaba irritado. Oró al Señor en estos términos: - «Señor, ¿no es esto lo que me temía yo en mi tierra? Por eso me adelanté a huir a Tarsis, porque sé que eres compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad, que te arrepientes de las amenazas. Ahora, Señor, quítame la vida; más vale morir que vivir.» Respondióle el Señor: -«¿Y tienes tú derecho a irritarte?» Jonás había salido de la ciudad, y estaba sentado al oriente. Allí se habla hecho una choza y se sentaba a la sombra, esperando el destino de la ciudad. Entonces hizo crecer el Señor un ricino, alzándose por encima de Jonás para darle sombra y resguardarle del ardor del sol. Jonás se alegró mucho de aquel ricino. Pero el Señor envió un gusano, cuando el sol salía al día siguiente, el cual dañó al ricino, que se secó. Y, cuando el sol apretaba, envió el Señor un viento solano bochornoso; el sol hería la cabeza de Jonás, haciéndole desfallecer. Deseó Jonás morir, y dijo: - «Más me vale morir que vivir.» Respondió el Señor a Jonás: - «¿Crees que tienes derecho a irritarte por el ricino?» Contestó él: - «Con razón siento un disgusto mortal.» Respondióle el Señor: - «Tú te lamentas por el ricino, que no cultivaste con tu trabajo, y que brota una noche y perece la otra. Y yo, ¿no voy a sentir la suerte de Nínive, la gran ciudad, que habitan más de ciento veinte mil hombres, que no distinguen la derecha de la izquierda, y gran cantidad de ganado?» Palabra de Dios, te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo (86)85, 3-4.5-6.9-10: Tú, Señor, eres lento a la cólera, rico en piedad. Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor, que a ti te estoy llamando todo el día; alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti. Tú, Señor, eres lento a la cólera, rico en piedad. Porque tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia con los que te invocan. Señor, escucha mi oración, atiende a la voz de mi súplica. Tú, Señor, eres lento a la cólera, rico en piedad. Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor; bendecirán tu nombre: «Grande eres tú, y haces maravillas; tú eres el único Dios.» Tú, Señor, eres lento a la cólera, rico en piedad. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 11, 1-4: Señor, enséñanos a orar. Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: -Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos. Él les dijo: Cuando oréis, decid: «Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación». Palabra del Señor, gloria a ti Señor Jesús.Gracias de la oraciónMalignoOraciónOrar con conscienciaPedir perdónPeticiónPerdonarSan LucasSúplicaTentaciónVoluntad de DiosBibliaEvangelio¡Padre Nuestro!Oración