Fundación Amén Comunicaciones2025-09-112025-09-112025-08-27http://168.231.65.82:4000/handle/123456789/1041https://drive.google.com/file/d/1q_3flEy-goeYy6MaJ7vIhqtATRyZAPbz/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Sepulcros blanqueados! La primera lectura tomada de Pablo a los Tesalonicenses, el apóstol continúa su defensa como anunciador, como predicador del evangelio entre los cristianos de Tesalónica. Nos muestra “cómo su actuación ha sido la de un padre abnegado y generoso que nada ha querido gravar a sus hijos; por el contrario, ha cubierto sus necesidades materiales con el trabajo de sus propias manos, como siempre fue costumbre en él, y esto a pesar de su derecho como misionero a exigir el sustento diario necesario para su vida”. Pero de este modo, Pablo entiende “que sustentándose él a sí mismo, predica el evangelio con más libertad y urgencia, como un padre que ama a cada uno de sus hijos de manera personal y les va exhortando de forma individual a aceptar el evangelio de Cristo, que es fuerza de salvación”. Reconocerá el apóstol Pablo “que su trabajo no ha sido estéril” y distingue tres momentos en la salvación evangélica. Primero, “la escucha de la Palabra de Dios”. En un segundo momento, “la aceptación de la misma Palabra”. En un tercer momento, “la fructificación de la Palabra como viva y eficaz en el alma de cada uno”. Hoy pregunta si has vivido estas tres etapas: escuchar la Palabra, aceptarla en tu corazón y permitir que ella fructifique y que renueve tu vida. Por eso escuchas este evangelio cada día, por eso escuchas esta reflexión y quieres ser confrontado, cuestionado, interpelado por la Palabra de Dios. Pero pasemos al evangelio, donde continuamos meditando el capítulo 23 de san Mateo, donde se lanzan siete grandes invectivas, lamentaciones, acusaciones, “ayes”, ¡ay!, contra los fariseos, contra su hipocresía, contra su manera de mirar la vida. Quizás una de las expresiones más duras que encontramos en toda la Sagrada Escritura a propósito de que el Hijo de Dios descalifica a los fariseos, es cuando los llama “sepulcros blanqueados, tumbas decoradas”. A los fariseos, en efecto, les dirá Jesús “pregonan su bondad exterior, mientras en su interior abunda la malignidad, la malicia, la perversión”. Así, los fariseos lamentan el comportamiento de sus antepasados, que persiguieron a los profetas siglos atrás y aun mataron a algunos de ellos, y supuestamente proclaman su disconformidad, incluso pretenden reparar esta ignominia restaurando los sepulcros de sus víctimas. Pero el Señor Jesús, que en principio aprueba este afán de rectificación, les hace anotar o mejor, les hace reconocer “que su actitud es idéntica a la de sus antepasados, puesto que intentan hacer lo mismo con Él, que es el Mesías, anularlo, acabarlo”. Por eso no solamente son descendencia física, sino espiritual, también de los fariseos del pasado, de aquellos que mataron a los profetas en nombre del cumplimiento de la ley. Este rechazo a Cristo y a sus planes delatan una línea de continuidad en sucesivas generaciones, y resulta que la hipocresía de los fariseos en tiempos de Jesús es una verdadera paradoja, ironía o como decía el Papa Francisco mientras estuvo vivo: “El diablo utiliza a los hipócritas para atacar a los hombres buenos”. Me ha impresionado siempre esa frase: “El diablo utiliza los hipócritas aún dentro de la iglesia, para atacar a las almas buenas, a los buenos evangelizadores”. Pero detengámonos un poco en ¿cómo nosotros limpiar el corazón de hipocresías?, ¿cómo no ser un sepulcro encalado, decorado, blanqueado?, ¿cómo no ser una tumba acicalada, pero por dentro, llena de malicia, de perversión, de muerte, de suciedad? Jesús nunca pudo aceptar la falsa religiosidad y el estilo de vida de estos sepulcros blanqueados, los escribas y fariseos. Fue misericordioso con todos, pero de alguna manera fue muy fuerte con los fariseos a quienes les exigía una conversión del corazón y denunciaba a los suyos: “Cumplan la doctrina que ellos les enseñan, pero no vivan como ellos actúan. Porque colocan pesadas cargas a los demás, pero no están dispuestos a llevarlas sobre sus hombros. Todo lo hacen por vanidad, para que la gente los vea. Sus mantos lujosos, los primeros puestos en los banquetes, los asientos de honor en las sinagogas, las reverencias públicas cuando van caminando por las calles y el título de rabinos o maestros o de padres espirituales”. Siempre será una tentación universal de todos los tiempos buscar el reconocimiento vanidoso de los demás a partir de un cumplimiento exterior y mentiroso de la ley. ¿Cómo purificar entonces el corazón? Te daré tres reglas universales. La primera, recuerda que vales lo que eres ante Dios más que lo que eres ante los hombres. Por eso, en tu examen de conciencia diario y de espíritu de autorreflexión, conoce si tienes una conciencia laxa o demasiada amplia, si tienes una conciencia escrupulosa o demasiado estrecha y busca el recto obrar en todo lo que hagas. La vida me ha enseñado que los hombres más justos son misericordiosos con los demás y, por el contrario, los hombres de vida más desordenada moralmente son los jueces más severos y rigoristas a la hora de evaluar la vida de los otros. En una segunda regla de oro te invito, a que ilumines y confrontes tu vida en meditación y en oración con la vida de Jesús. Como dice Pablo en la Carta a los Efesios “Jesús tiene la estatura del hombre perfecto”. Te invito a que guardes la Palabra de Dios en tu corazón, que a su tiempo dará fruto en su momento cuando la hayas mascullado, madurado haya sido trabajada en tu alma. Te invito para que, en tus palabras, en tus decisiones, en tus acciones, siempre pienses ¿qué haría Jesús en mi lugar?, ¿cómo actuaría Jesús? La Palabra de Dios, la que meditamos cada día, nos acerca progresivamente a la verdad y nos recuerda a nuestro orgullo por allá escondido. Y nos recuerda la máxima evangélica “el que se enaltece será humillado, y sólo el que se humilla será reconocido, será enaltecido”. Finalmente, en una tercera regla de oro te invito a que busques acompañamiento y orientación espiritual. En tus padres pueden estar ya mayores, pero son sabios porque han pasado por la universidad de la vida. En maestros que te han llegado al corazón. En amigos. En buenos sacerdotes, buenas consagradas o consagrados, busca en personas mayores que tú, la prudencia, la sabiduría, la guía para que tu espíritu sea conducido por el camino de la verdad, de la sinceridad y no de la apariencia. Recuerda que, si en las leyes humanas nadie puede ser juez y parte, menos en el camino del seguimiento de Jesús. Por eso necesitamos un orientador espiritual que nos diga qué estamos haciendo bien, qué estamos haciendo mal, en qué tenemos que mejorar y sin endiosar a nadie, dejémonos acompañar. Cuando vayas a tu Eucaristía, cuando hagas oración ante Jesús Sacramentado, pide al Señor obrar siempre con sinceridad de corazón y no vivir como la sociedad y el mundo de hoy, que parecen sepulcros adornados, por fuera tantas palabras bonitas que pueden decir de un influenciador en redes sociales, de un líder político, de un líder deportivo, de un líder artístico. Pero tal vez su vida personal, entregada a los vicios, la mentira, el poder, la esclavitud de la fama, nos muestran la perversión del corazón y que, aunque por fuera parecemos que estamos vivos y damos vida, por dentro estamos muertos y somos muerte para los demás, porque nuestro corazón necrosado es incapaz de dar vida a nadie. Señor, sánanos de nuestro fariseísmo, libéranos de nuestras hipocresías. Danos vivir siempre con sinceridad de corazón.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 23, 27-32 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 2, 9-13: Recordad, hermanos, nuestros esfuerzos y fatigas; trabajando día y noche para no serle gravoso a nadie, proclamamos entre vosotros el Evangelio de Dios. Vosotros sois testigos, y Dios también, de lo leal, recto e irreprochable que fue nuestro proceder con vosotros los creyentes; sabéis perfectamente que tratamos con cada uno de vosotros personalmente, como un padre con sus hijos, animando con tono suave o enérgico a vivir como se merece Dios, que os ha llamado a su reino y gloria. También, por nuestra parte, no cesamos de dar gracias a Dios, porque al recibir la palabra de Dios, que os predicamos, la acogisteis no como palabra de hombre, sino, cual es en verdad, como palabra de Dios, que permanece operante en vosotros los creyentes. Palabra de Dios, Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo (139)138, 7-8.9-10.11-12ab: Señor, tú me sondeas y me conoces. ¿A dónde iré lejos de tu aliento, a dónde escaparé de tu mirada? Si escalo el cielo, allí estás tú; sí me acuesto en el abismo, allí te encuentro. Señor, tú me sondeas y me conoces. Si vuelo hasta el margen de la aurora, si emigro hasta el confín del mar, allí me alcanzará tu izquierda, me agarrará tu derecha. Señor, tú me sondeas y me conoces. Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra, que la luz se haga noche en torno a mí», ni la tiniebla es oscura para ti, la noche es clara como el día. Señor, tú me sondeas y me conoces. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 23, 27-32 En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: –¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros encalados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crímenes. ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos, diciendo: «Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, ¡no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas! » Con esto atestiguáis en contra vuestra, que sois hijos de los que asesinaron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres! Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.Acompañamiento espiritualCambioCaminos hacia DiosConversiónCorazónCrecer en humildadCrecer en obedienciaConfrontar la vidaFariseosOraciónOrientación espiritualSan MateoVida de JesúsBibliaEvangelio¡Sepulcros blanqueados!Pureza de corazón