Fundación Amén Comunicaciones2025-11-132025-11-132025-11-14https://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1133https://drive.google.com/file/d/1RdG_OrCFsJ7cT7wFIeLNfatYvndB7-GW/view?usp=drive_linkTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¿Cómo será el Final de los Tiempos? La primera lectura tomada del Libro de la Sabiduría en el capítulo 13, nos habla de “cómo son ignorantes los hombres que desconocen a Dios, sin reconocerlo en la obra de la creación, en los bienes visibles que todos vemos cada día”. Y reconoce, o mejor denuncia “cómo los hombres de nuestro tiempo endiosan el fuego, el firmamento, el viento, las aguas, los astros, regidores del mundo”. Y se pregunta el autor del Libro de la Sabiduría: “Si los deslumbra la hermosura de la obra creada”, ¡cuánto más será la hermosura del Creador, de Dios! “Si los cautiva el poder y la energía de todo el mundo que conocemos”, ¡cuánto más será el poder y la grandeza del Creador! Hoy podemos hacer una afirmación que tiene tanto de verdadero como de paradójico. El ser humano en su ignorancia y en vivir de espaldas a Dios, podríamos decir que hoy no es que no crea en nada. El ser humano del siglo XXI cree en todo menos en Dios. Endiosa a todo menos a Dios, absolutiza a todo menos a Dios. Es un nivel alto de ignorancia. Paradójicamente, en el mundo de la ciencia y la tecnología, y nos parece que un poco de conocimiento científico y tecnológico nos hace pequeños dioses y con soberbia desconocemos al autor de todo, empezando por nuestra propia inteligencia humana. Hoy, por ejemplo, hay un endiosamiento de la llamada inteligencia artificial en desmedro de la inteligencia natural de los hombres y más en desmedro o en desprecio de la inteligencia divina. Si me preguntas entre inteligencia artificial creada con decenas de miles de variables, ingeniería prompts y la inteligencia natural del hombre, la inteligencia divina o de Dios. Me quedo con esta última, porque lo demás es creación y Dios es creador. Por qué somos, pregunta finalmente el Libro de la Sabiduría, ¿por qué somos tan sabios y capaces para escudriñar y estudiar el universo, pero como no encontramos al que es Señor y Creador de ese universo que ahora escudriñamos? Con razón el salmo litúrgico de este día 18 nos invita a responder como asamblea celebrante: “El cielo proclama la gloria de Dios”. Y podríamos decir: “El universo entero proclama la gloria de Dios, y la Vía Láctea proclama la gloria de Dios, y la galaxia entera proclama la gloria de Dios. El misterio de un universo que parece infinito y que está a millones de años luz de distancia proclama la gloria de Dios”. ¿Por qué somos tan diligentes para maravillarnos con el cosmos, pero nos cuesta tanto maravillarnos con el Creador del cosmos? Pero pasemos al evangelio de Lucas en el capítulo 17, cuando, hablándonos ya un poco del final del mundo (lecturas propias de este final del tiempo litúrgico ordinario), nos muestra el día de la manifestación de Jesucristo. A partir de este evangelio saquemos claras enseñanzas para nuestra vida, tres, de manera puntual. La primera, la vida que tú y yo vivimos, que tú y yo conocemos, es una vida caduca, y el mundo tal cual, como tú y yo lo percibimos, es un mundo temporal, también caduco. Con Noé que comía la gente, bebía, compraban, vendían. Con Lot que se casaban y llevaban una vida ordinaria y de comercio. Tanto en uno Noé el diluvio como con Lot, la erupción de fuego y azufre, (una erupción volcánica con toda probabilidad) llegó la destrucción para todo. ¿Qué quedó de Sodoma cuando llovió fuego y azufre?, ¿qué quedó del mundo cuando diluvió por 40 días y 40 noches?, (una expresión simbólica para hablar de un tiempo largo de invierno). ¿Qué quedó de la realidad del mundo? Parecía que todo pasaba y que llegaba una nueva creación. Hoy, no endioses, no absolutices, no te aferres demasiado ni a tu vida, ni a las cosas, bienes, tierras, propiedades que acompañan y sirven a tu vida, porque todo tiene el sello de la temporalidad, de la finitud así no te parezca. Cuando recuerdo una erupción volcánica acabando con casas vacacionales en una isla española. Cuando pienso en un terremoto que destruye una gran ciudad construida con orgullo por el talento de miles de arquitectos, ingenieros, constructores y con un gran esfuerzo patrimonial o económico. Pienso, que tontería y que insensatez apegarnos, absolutizar lo que en algún momento pasará porque termina o simplemente porque nuestra vida llega al final. Pero continuará en esta primera idea sobre la caducidad del mundo, una segunda afirmación para nuestra vida. Y es que, así como sucedió en los días de Noé el diluvio y en los días de Lot la erupción volcánica que llovió fuego y azufre así sucederá cuando venga el final de la historia el Hijo del Hombre. Y nos da unas pistas a propósito de aquellos curiosos que se preguntan ¿qué dice la Biblia sobre el final de los tiempos? Y nos habla “de que la llegada de Jesucristo para el juicio definitivo será una llegada repentina, intempestiva”. Así lo afirma cuando dice: “El que esté en la azotea, no baje a recoger las cosas en casa; y el que esté en el campo no vaya al pueblo”. La llegada de Jesús será tan repentina como la imagen que nos han presentado evangelios precedentes del fulgor o el resplandor del relámpago, que es casi inmediato, pero ilumina todo el horizonte que contemplan nuestros ojos. Nos habla también “de un arrebato selectivo”. “Dos mujeres estarán moliendo juntas; a una se la llevarán, a otra la dejarán. Dos estarán juntos (pensamos en un matrimonio en una cama). A uno se lo llevarán a la otra o al otro lo dejarán”. Nos señala también el evangelio “además de ser repentino y de un arrebato selectivo”. Nos habla “de que ya no habrá tiempo para cuidar la vida”. Porque, en efecto, dirá el evangelio de hoy: “El que pretenda cuidar y guardar su vida la va a perder; pero sólo aquel que la entregue y la pierda la va a recobrar, la va a recuperar”. Así será el final de la historia, así será el final de los tiempos. Así lo afirma la Palabra, de manera intempestiva, selectiva. Y ya no habrá tiempo de arrepentimiento, ya no habrá tiempo de reconstruir aquellos daños o resarcir aquellos daños y dolores que hemos causado a otros. Y pretender cuidar la vida, pretender una nueva embarcación gigante como la de Noé ya no será posible. En una tercera y final enseñanza. Se nos habla de ese proverbio judío misterioso por demás, que indica: “Todo sucederá en su tiempo”. Cuando le preguntan a Jesús ¿cuándo se dará esto? Y Él les responde: “Allí donde está el cadáver se reúnen los buitres”. Y tú lo has visto. Cuando hay el cadáver de un animal, de una vaca, pronto aparecen los chulos, los gallinazos (les decimos en Colombia), los buitres (le dicen en otro país). En el fondo, todo llegará en su momento, en el proyecto de Dios todo está calculado. Concluyo simplemente invitándote a no vivir tan distraído, tan entretenido, tan disperso, tan desconectado de Dios. Te invito a que el mundo tecnológico que nos ha robado el tiempo para nosotros mismos, el tiempo para la familia, el tiempo para la oración con Dios. No te encuentre tan entretenido y distraído viviendo vidas ajenas, averiguando chismes ajenos en redes sociales, porque tú vas a responder por tu vida y por el bien o por el mal que hayas hecho en tu vida. Vigilemos nuestros sentidos, lo que vemos, lo que escuchamos, lo que hablamos. Vigilemos sobre el tiempo de cada día ¿en qué lo gastamos, de manera constructiva? ¿Cada día hemos hecho una obra, o dos, o tres o más de bien y de bondad sobre los demás? Vigilemos sobre las amistades y relaciones que tenemos ¿nos construyen o nos destruyen?, ¿nos hacen mejores seres humanos o nos hacen personas tibias? ¿Las amistades que tenemos nos acercan o nos alejan de Dios? No llames amiga, amigo a alguien que te ha alejado de Dios, no lo es. Vigilemos finalmente sobre nuestra pureza de corazón y la rectitud de nuestras intenciones personales. Y recuerda que ese final intempestivo, repentino y rápido no nos dará capacidad para reaccionar y para convertir la vida a Cristo. El tiempo de conversión es hoy, el tiempo de volver a Dios es hoy. Quizás mañana ya no tengas la vida para ser el bien que hoy debías de haber hecho. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 17, 26-37 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: del libro de la Sabiduría 13, 1-9 Eran naturalmente vanos todos los hombres que ignoraban a Dios y fueron incapaces de conocer al que es partiendo de las cosas buenas que están a la vista, y no reconocieron al Artífice, fijándose en sus obras, sino que tuvieron por dioses al fuego, al viento, al aire leve, a la bóveda estrellada, al agua impetuosa, a las lumbreras celestes, regidoras del mundo. Si, fascinados por su hermosura, los creyeron dioses, sepan cuánto los aventaja su Señor, pues los creó el autor de la belleza. Y si los asombró su poder y actividad, calculen cuánto más poderoso es quien los hizo. Pues por la magnitud y belleza de las criaturas, se percibe por analogía el que les dio el ser. Con todo, a éstos poco se les puede echar en cara, pues tal vez andan extraviados buscando a Dios y queriéndolo encontrar; en efecto, dan vueltas a sus obras, las exploran, y su apariencia los subyuga, porque es bueno lo que ven. Pero ni siquiera éstos son perdonables, pues, si lograron saber tanto, que fueron capaces de desvelar el cosmos, ¿cómo no descubrieron antes a su Señor? Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 19(18), 2-3.4-5 (R. 2a) El cielo proclama la gloria de Dios. El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos: el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra. El cielo proclama la gloria de Dios. Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje. El cielo proclama la gloria de Dios. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 17, 26-37 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del Hombre: comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca entonces llegó el diluvio y acabó con todos. Lo mismo sucedió en tiempos de Lot: comían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos. Así sucederá el día que se manifieste el Hijo del Hombre. Aquel día, si uno está en la azotea y tiene sus cosas en casa que no baje por ellas, si uno está en el campo, que no vuelva. Acordaos de la mujer de Lot. El que pretenda guardarse su vida, la perderá; y el que la pierda, la recobrará. Os digo esto: aquella noche estarán dos en una cama: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán; estarán dos en el campo: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán. Ellos le preguntaron: ¿Dónde, Señor? Él contestó: Donde está el cadáver se reunirán los buitres. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.Conexión con DiosEntrega a DiosFinal de los tiemposSan LucasNo vivir distraídoNo vivir entretenidoVivir preparadoVivir sirviendoBiblia¿Cómo será el final de los tiempos?Vida eterna