Si Dios esta comigo ¿Quién contra mi?

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 13, 31-35 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Romanos 8, 31b-39 Hermanos: Si Dios está a nuestro favor, ¿quién estará en contra nuestra? El que no nos escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no va a estar dispuesto a dárnoslo todo, junto con su Hijo? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Si Dios mismo es quien los perdona, ¿quién será el que los condene? ¿Acaso Jesucristo, que murió, resucitó y está a la derecha de Dios para interceder por nosotros? ¿Qué cosa podrá apartarnos del amor con que nos ama Cristo? ¿Las tribulaciones? ¿Las angustias? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La espada? Ciertamente de todo esto salimos más que victoriosos, gracias a aquel que nos ha amado; pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni el presente ni el futuro, ni los poderes de este mundo, ni lo alto ni lo bajo, ni creatura alguna podrá apartarnos del amor que nos ha manifestado Dios en Cristo Jesús. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Sal 109(108), 21-22.26-27.30-31 (R. 26b) Sálvame, Señor, por tu bondad. Trátame bien, Señor, por ser quien eres Y por ser grande tu misericordia, porque yo soy un pobre miserable, que lleva el corazón atribulado. Sálvame, Señor, por tu bondad. Ayúdame, Señor, Dios mío sálvame por tu bondad. Que reconozcan aquí tu mano y que tú, Señor, lo has hecho. Sálvame, Señor, por tu bondad. Mi boca le dará muchas gracias al Señor, lo alabará en medio de la multitud. porque se puso en favor del pobre, para salvarle la vida de sus jueces. Sálvame, Señor, por tu bondad. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 13, 31-35 En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le dijeron: "Vete de aquí, porque Herodes quiere matarte". Él les contestó: "Vayan a decirle a ese zorro que seguiré expulsando demonios y haciendo curaciones hoy y mañana, y que al tercer día terminaré mi obra. Sin embargo, hoy, mañana y pasado mañana tengo que seguir mi camino, porque no conviene que un profeta muera fuera de Jerusalén. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas y apedreas a los profetas que Dios te envía! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus pollitos bajo las alas, pero tú no has querido! Así púes, la casa de ustedes quedará abandonada. Yo les digo que no me volverán a ver hasta el día en que digan: '¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!' " Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Si Dios está conmigo!, ¿quién contra mí? Sin lugar a dudas uno de los puntos más altos en toda la teología del apóstol Pablo lo encontramos en este capítulo 8 de la Carta del apóstol a la comunidad de Roma. En un acto de madurez en la fe, de crecimiento personal, probado por sufrimientos, adversidades y traiciones. Pablo ha entendido “que lo esencial en la vida es solamente Cristo y que teniendo a Cristo lo tenemos todo”. Recordando lo que luego entendió muy bien la mística española Teresa de Jesús cuando afirmaba: “Quién a Dios tiene, nada le falta, sólo Dios basta”. Pero centrémonos en esa primera lectura cuando Pablo a los de Roma, a los destinatarios de la carta les dice: “Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” Reconoce “la omnipotencia y el poder de Dios y la pequeñez de los hombres, de sus adversarios, de sus perseguidores, de sus enemigos, que no son más que pequeñas y rastreras criaturas. Ruidosas, tal vez hacen alharaca, pero no pueden hacer nada más”. Y empezará Pablo una reflexión que podríamos decir alcanza un tono de sublimidad cuando afirma: “Dios el que no reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó en la cruz por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo el Reino con Él?” Y se hace una pregunta ¿quién puede acusar a los elegidos de Dios? Porque en el fondo él se siente un claro elegido, más allá de que al comienzo de su vida haya sido un enconado perseguidor y un hombre que había mirado con sospecha y suspicacia a los primeros cristianos. Afirmará Pablo. En efecto, ¿quién puede acusar a los elegidos de Dios?, ¿acaso Dios no es el que justifica quien puede condenar a los cristianos? Y nos hace recordar otro texto cuando él dice: “No me importa, no me importa lo que juzguen o señalen los demás hombres, ni yo mismo me juzgo a mí mismo. Sé que soy lo que soy de cara solamente a Dios”. Y en este momento, repito en un tiempo de arrobamiento, afirmará ¿quién nos separará del amor de Cristo? “Entendiendo que la más sublime y alta experiencia religiosa es experimentar el amor de Dios en la Persona Divina de su Hijo Jesucristo”. Y hará un elenco de todas las situaciones humanas por las que ha pasado el apóstol Pablo, pero ninguna le ha separado del amor de Cristo. Y dirá ¿quién nos separará del amor de Cristo?, ¿las tribulaciones, las angustias, las persecuciones humanas, el hambre padecida, la desnudez y el frío soportados? ¿El peligro en que nos hemos visto envueltos?, ¿la amenaza con la espada? Y afirmará Pablo “que todo eso lo debía de vivir o padecer, porque estaba escrito: por tu causa nos degüellan cada día, como las ovejas que van al sacrificio ritual, como corderos llevados al matadero de animales”. Hoy, cuando sientas en tu historia y en tu vida personal que has vivido tribulación, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro, espada. Reconoce que nada de esto si en verdad has apuntado a lo esencial, puede separarte del amor de Cristo. Lo digo muy a propósito de personas que cuando son separadas de un grupo pastoral o parroquial, cuando no son atendidas por un sacerdote, se resienten, se alejan de Dios y de la fe. No permitas que situaciones de injusticia, que situaciones de adversidad, que sufrimientos extremos te alejen de la única y gran experiencia de todo verdadero creyente, el amor de Dios, revelado, manifestado, experimentado en la Persona Divina de Jesús. De hecho, frente a estos interrogantes, el mismo apóstol se responde cuando dice: “En todas estas situaciones de adversidad vencemos, triunfamos fácilmente gracias a aquel que nos ha amado”. (Está hablando de Cristo). Y continuará casi en un éxtasis místico: “Pues estoy convencido, (dirá el apóstol Pablo) que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, (una de las jerarquías angélicas), ni el presente, ni el futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarme del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Nuestro Señor”. Esta es la clave de los santos, esta es la clave de los mártires, de aquellos gigantes de la fe que desafiaron mil peligros, se enfrentaron a reyes y gobernantes. Porque la certeza profunda en sus almas del Corazón de Cristo y del amor de Cristo en sus corazones, les sostuvo, les cuidó, les inspiró, les alentó a avanzar, a avanzar en sus vidas. Hoy, en un mundo de tibios, en una cultura pagana, cómo tenemos que leer y releer una y otra vez la experiencia del apóstol Pablo narrada en este capítulo 8 de la Carta a los Romanos, cuando no se dejó amilanar, desanimar, desbordar por las tribulaciones y adversidades de la vida. Y perseveró, y permaneció en el amor de Dios, manifestado en la Persona Divina de su Hijo. Siéntete amado profundamente en las distintas pruebas de la vida y más allá de calamidades económicas, soledades afectivas, cuestionamientos existenciales, depresiones emocionales. Siente el amor de Dios, que es la gran fuerza de todos los creyentes a lo largo de los siglos, y el secreto de los grandes santos. Con razón el salmo litúrgico de este día nos invita a clamar al Señor: “Sálvame según tu misericordia. Líbrame de los males por tu bondad, porque yo soy humilde y pobre, y mi corazón ha sido traspasado. Ayúdame, Señor, Dios mío, sálvame según tu misericordia. Daré gracias al Señor a boca llena y en medio de la muchedumbre lo alabaré. Porque Él se pone a la derecha del pobre para salvar su vida de aquellos que lo quieren condenar”. Pero pasemos brevemente a mirar el evangelio de hoy, cuando unos fariseos le dicen a Jesús, “que tenga cuidado porque Herodes le busca para matarle”. Y en la única expresión en el Nuevo Testamento, donde Jesús habla de Herodes como un “zorro”, un astuto, un sagaz en los criterios del mundo, dirá: “Vaya, vayan y díganle a ese zorro, yo arrojo demonios y realizo curaciones hoy y mañana. Pero es necesario que no muera un profeta fuera de Jerusalén, iré pasado mañana a Jerusalén”. (Y allá Él de alguna manera enfrentará el poder del mal de Herodes). Jesús se lamentará por la ciudad santa que rechaza sus hijos, que reniega de sus profetas, y dirá: “Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían, cuántas veces he querido reunir a tus hijos, tus habitantes, como una gallina reúne tiernamente a sus polluelos bajo sus alas. Pero ustedes no han querido, por eso mi casa va a ser abandonada”. Es la suerte del profeta. Pero cuando estamos seguros del amor de Dios, como lo vivió Pablo, como lo vivió el mismo Cristo Jesús en su Pasión, sintiendo la certeza del amor de Dios, da el paso firme hacia Jerusalén para ir a entregar su vida, a derramar su sangre, a vivir su Pasión, a experimentar su éxodo, su salida de este mundo, a vivir la Pascua, principio fundante de la transformación humana. La Muerte redentora y la Resurrección gloriosa de Cristo nos ha alcanzado la vida nueva por el perdón de nuestros pecados y la apertura del Reino de la paz, el Reino del amor que llamamos el Reino de Dios. Hoy no te amilanes, no te acobardes frente a las dificultades. Aliméntate, ten la certeza del amor de Dios y avanza, avanza en la misión de tu vida más allá de que, como Pablo, como Cristo, estamos llamados a entregar la vida porque tenemos la certeza más allá de dificultades. Tenemos la seguridad de que el amor de Dios no nos falla, nos acompaña y ¡Si Dios está con nosotros!, ¿qué hombre del mundo puede estar contra nosotros? Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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