¡Denles ustedes de comer!

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Mateo 14, 13-21 Lectura del día de hoy Jr 28, 1-17: El mismo año, el año cuarto de Sedecías, rey de Judá, el quinto mes, me dijo Ananías, hijo de Azur, profeta de Gabaón, en el templo, en presencia de los sacerdotes y de todo el pueblo: Así dice el Señor de los Ejércitos, Dios de Israel: -Rompo el yugo del rey de Babilonia. Antes de dos años devolveré a este lugar el ajuar del templo, que Nabucodonosor, rey de Babilonia, tomó de este lugar para llevárselo a Babilonia. A Jeconías, hijo de Joaquín, rey de Judá, y a todos los desterrados de Judá que marcharon a Babilonia, yo mismo los haré volver a este lugar -oráculo del Señor- cuando rompa el yugo del rey de Babilonia. Respondió Jeremías profeta al profeta Ananías, delante de los sacerdotes y del pueblo que estaba en el templo. Dijo Jeremías profeta: -¡Amén, así lo haga el Señor! Cumpla el Señor tu palabra, que tú has profetizado, devolviendo a este lugar el ajuar del templo y todos los desterrados de Babilonia. Pero escucha esta palabra que yo pronuncio en presencia tuya y de todo el pueblo: -Los profetas que vinieron antes de mí y antes de ti, desde tiempos antiguos, profetizaron a países numerosos y a reyes poderosos, guerras, calamidades y pestes. El profeta que profetizaba prosperidad, sólo al cumplirse su palabra era reconocido como profeta auténtico, enviado por el Señor. Entonces Ananías agarró el yugo del cuello de Jeremías profeta y lo rompió. Y dijo Ananías en presencia de todo el pueblo: -Así dice el Señor: De este modo romperé del cuello de todas las naciones el yugo de Nabucodonosor, antes de dos años. El profeta Jeremías se marchó por su camino. Después que Ananías rompió el yugo del cuello del profeta Jeremías, vino la palabra del Señor a Jeremías: Ve y dile a Ananías: Así dice el Señor: -Tú has roto un yugo de madera, yo haré un yugo de hierro. Porque así dice el Señor de los Ejércitos, Dios de Israel: Pondré yugo de hierro al cuello de todas estas naciones, para que sirvan a Nabucodonosor, rey de Babilonia; y se le someterán, y hasta las bestias del campo le entregaré. El profeta Jeremías dijo a Ananías profeta: -Escúchame, Ananías.; el Señor no te ha enviado, y tú has inducido a este pueblo a una falsa confianza. Por eso, así dice el Señor: -Mira: yo te echaré de la superficie de la tierra este año morirás, porque has predicado rebelión contra el Señor. Y el profeta Ananías murió aquel mismo año, el séptimo mes. Salmo del día de hoy Salmo 118, 29.43.79.80.95.102: Instrúyeme, Señor, en tus leyes. Apártame del camino falso, y dame la gracia de tu voluntad. No quites de mi boca las palabras sinceras, porque yo espero en tus mandamientos. Vuelvan a mí tus fieles que hacen caso de tus preceptos. Sea mi corazón perfecto en tus leyes, así no quedaré avergonzado. Los malvados me esperaban para perderme, pero yo meditaba tus preceptos. No me aparto de tus mandamientos, porque tú me has instruido. Evangelio del día de hoy Mt 14, 13-21: En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, se marchó de allí en barca a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: -Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer. Jesús les replicó: -No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer. Ellos le replicaron: -Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces. Les dijo: -Traédmelos. Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES El evangelio de hoy que todos conocemos de la multiplicación de los panes y los peces, como en otras oportunidades se ha comentado, impresionó profundamente a la generación, a los contemporáneos de Jesucristo. Esto lo decimos porque está narrada esta actuación taumatúrgica o milagrosa de Jesús, seis veces en los cuatro evangelios. En efecto, dos veces en Mateo, dos veces en Marcos, una en Lucas, y una vez en Juan con un acento y una interpretación distinta en el llamado discurso del Pan de Vida; pero en seis ocasiones a lo largo de los cuatro evangelios, se documenta este milagro portentoso que repetimos, impactó, impresionó profundamente a los contemporáneos de Jesucristo. De este evangelio, narrado en esta ocasión por san Mateo, saquemos tres grandes enseñanzas para nuestra vida. La primera, Jesús siente compasión de la multitud, y es un sentimiento más allá de ser profundamente humano, es profundamente evangélico, profundamente cristiano. La compasión es un sentimiento común a todas las grandes religiones del mundo entero, y podríamos afirmar sin temor a equivocarnos, que el nivel de espiritualidad no solamente de mera religiosidad exterior o formal de una persona, se mide por su capacidad de compadecerse, de sentir el dolor de los demás y de moverse a solidaridad, a justicia, a fraternidad con los necesitados. Es lo que hace Jesús con la multitud hambrienta, siente compasión y en el fondo es probable según dicen los estudiosos de la escritura o escrituristas, que llevar alguna ración de alimento, alguna provisión de comida, Él y sus discípulos y que tal vez en un primer gesto de solidaridad, compartirían con los demás, y esto abrió inmediatamente el corazón de la multitud que lo llevaría también a la justicia, a la fraternidad y a ser solidarios con los demás. No de otra manera por lo menos desde el punto de vista humano, se explica que, desde la precariedad, la necesidad de la gente, llegue la abundancia total, y aun sobre compartiendo pan y pescado para miles de personas de hombres sin contar mujeres y niños, familias enteras. Descubramos una primera enseñanza, que cuando tu corazón se abre a la solidaridad y a la justicia, inconscientemente despiertas en los que comparten contigo y conocen tu vida, también una motivación a ser solidarios, generosos, a compartir de sus bienes, de sus talentos, de sus posesiones, de su riqueza, compartir con los demás. En sentido contrario podríamos decir, que cuando con egoísmo, con cálculo humano, con mezquindad, nos reservamos y nos guardamos todo para nosotros, quizás con este mal testimonio, con este mal ejemplo, infundimos en los demás, la idea también de guardarse, de no compartir, de no ser solidarios, de no ser generosos con los demás. Hoy una gran manera quizás no la única, pero una manera paradigmática de romper el egoísmo y las relaciones individualistas de indiferencia frente a los demás, es empezar nosotros a dar testimonio de generosidad, de justicia y de solidaridad, una palabra que nos hace profundamente humanos y que es premiada por Dios, porque lo he visto en la vida de muchísimas personas, en la propia, que cuando uno es generoso, aunque parezca que se va a quedar sin una seguridad material, Dios duplica en bienes y en bendiciones, lo que generosamente hemos compartido con los demás. Pero hay una segunda enseñanza, y es que los escrituristas dicen que también el milagro de hoy, se puede entender como un anticipo o una prefiguración del gran milagro de la Eucaristía. Cuando se habla de la fracción del pan, en el fondo reconocemos cómo se le llamaba a la Eucaristía en las primeras décadas del cristianismo naciente, se decían unos cristianos a otros, vamos a participar de la fracción del pan, un pan partido, bendecido, repartido y compartido. Es un anticipo dirán algunos estudiosos de la sagrada escritura, de lo que sería luego la Eucaristía, el gran sacramento de Cristo para la Iglesia, el gran sacramento que hace que nuestra Iglesia, más allá de una ONG mundial, sea sobre todo el cuerpo vivo de Cristo. Ese pan partido hasta quedar saciados, es el pan de vida como dirá Juan, capítulo 6, y “El que coma de este pan nunca más volverá a tener hambre”. Finalmente, en una tercera enseñanza, Jesús se presenta como el nuevo Moisés y anticipa lo que es el Reino de los cielos en el futuro: "Sí con Moisés recibió el pueblo de Israel el pan del cielo, Jesús como el nuevo Moisés, es capaz de entregar el verdadero pan del cielo que es su presencia sacramental en la simplicidad de un poco de pan, darla a los hombres y mujeres, a las familias, a todas las generaciones y llenar la vida, plenificar la existencia, saciar la historia personal, como nada, ni nadie más es capaz de saciarnos, de plenificarnos, de darle sentido, horizonte y totalidad a nuestra vida. Es un milagro pues especialísimo el de hoy, que nos habla claro, de solidaridad, de generosidad, compartir con los demás fraternalmente, pero que nos habla del gran don de Cristo a la Iglesia, la Eucaristía, aquella que a veces no valoramos, aquella que nos parece que es rutinaria, aquella que por ignorancia religiosa, por soberbia personal, nos parece que nada tiene que decirnos a la vida y que ha pasado de moda, y lo único que te podré decir es que, los que pasan de moda son los hombres, las mujeres, los imperios, las costumbres y las prácticas humanas, pero la ley de Dios y el gran don de Dios a la humanidad y a la Iglesia, dándose Él mismo en su Hijo a través de la Eucaristía, Él nunca, Él nunca pasa de moda. Que hoy amemos más la misa, que no la veamos simplemente en redes sociales, que compartamos como asamblea litúrgica, asamblea celebrante con los hermanos, que volvamos a abrazarnos y a darnos la paz, que nos miremos a los ojos, que sintamos que Cristo se ofrece en la elevación del pan y el vino eucaristizados, y que Él allí se presenta como Salvador y Redentor para nuestra vida, y que finalmente lo comamos como hermanos y nos cristifiquemos. En verdad, que no vamos a la misa porque somos ignorantes, en la vida eterna lloraremos, nos lamentaremos, haber tenido la posibilidad de celebrar la Eucaristía en mi parroquia, en tu parroquia, y no haber vivido el gran don de Cristo a su Iglesia. Concluyo con una sencilla frase que siempre me pone a pensar, a propósito de aquellos que dicen que la Eucaristía es larga y tediosa, y yo te diré, no hay misas largas, hay amores cortos. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día, en el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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