¿Quién eres Jesús?
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2024-08-15T00:43:43Z | |
| dc.date.available | 2024-08-15T00:43:43Z | |
| dc.date.issued | 2024-08-08 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES El evangelio de san Mateo en el capítulo 16, nos presenta un diálogo espontáneo entre Jesús y sus discípulos, en donde Él les interroga acerca de la percepción que tiene el común de la gente sobre el misterio de su ser. Los discípulos de manera natural, le responden a Jesús: “Que la comunidad de escuchadores y de creyentes, entienden de Jesús que es como un gran profeta a la manera de Elías o de Juan el Bautista, o alguno de los antiguos profetas del antiguo testamento, voces potentes de Dios”. Pero Jesús no queda contento con esta respuesta que le dan sus discípulos, y ahora los interroga a ellos de manera directa: “Y ustedes ¿cómo me ven a mí?, ¿quién dicen que soy yo?”. Pedro, siempre espontáneo y si se quiere un poco primario para reaccionar, toma la palabra y el liderazgo del grupo y afirmará de manera enfática: “Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo”. Contextualicemos esta expresión, para nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, quizá la expresión mesías nos dice poco, pero para un judío del siglo primero, en la palabra mesías está colmada todas las expectativas, deseos y anhelos, que por años y años, décadas y décadas, siglos y siglos, había pedido el pueblo de Israel a Dios enviarles un Mesías, un especie de líder o rey poderoso en lo político, en lo militar, para sacar adelante su pueblo frente a numerosas humillaciones, expatriaciones, destierros, opresiones, guerras que habían vivido con pueblos vecinos a lo largo de muchísimos siglos. Por eso, decir de Jesús que es el Mesías, el Hijo del Dios vivo, es decirlo todo de Jesús; no habría una expresión más afortunada, más grande, más potente que se pudiera decir de un hombre, de ser humano alguno, como la que espontáneamente pronunció el apóstol Pedro. Jesús le llama a Pedro: “Bienaventurado, lleno del Espíritu, porque lo que él ha dicho no es obra de su razonamiento como hombre, sino que es la acción del Espíritu del Padre de los cielos, que ha permitido este reconocimiento de Jesús como el enviado de Dios”. Y a renglón seguido, a Pedro lo constituye la piedra, el basamento, el fundamento, la roca firme, sólida y segura, sobre la cual va a constituir Jesús la comunidad de creyentes, que luego llamaremos la Iglesia, y hará tres promesas a partir de constituir a Pedro este basamento, este fundamento. La primera, como lo hemos dicho, él será la piedra sólida, segura, donde la doctrina apostólica sobre la vida de Jesús se conservará, es la gran afirmación, ¡Pedro es la piedra firme de la Iglesia! Una segunda promesa, el poder del mal, el poder de las intrigas, las mentiras, el imperio de la maldad, del engaño, del infierno, no derrotará la Iglesia y ella será como una nave que por más que navegue en los mares y océanos embravecidos y tormentosos de la historia, siempre saldrá adelante. Esta promesa se ha cumplido a lo largo de 2000 años y la Iglesia Católica perseguida exteriormente y con pecado interiormente, ha pervivido 20 siglos y se ha expandido a todas las naciones, culturas y razas de nuestro planeta. Finalmente viene una tercera promesa que hace Jesús al apóstol Pedro, y es darle la autoridad para permitir o prohibir, para atar o desatar; le dará las llaves del Reino de los cielos y afirmará: “Todo lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”. En Pedro y en los suyos, está el poder, las llaves, la autoridad que Jesús ha delegado, para mostrar dónde está la verdad o la mentira y para denunciar al mundo sus engaños, pero también para anunciar la fuerza de la verdad luminosa de Cristo, el evangelio encarnado. Sin embargo, Jesús, paradójicamente, más allá de llenarse de vanidad o de orgullo personal, al ser proclamado por Pedro como el Mesías, responde de una manera desconcertante diciendo: “Que Él debe de subir a Jerusalén, adelantar allí su Pasión, sufrir y padecer a manos de los ancianos, los importantes de la sociedad de Jerusalén, ser sacrificado por los escribas y sumos sacerdotes, ser miserablemente ejecutado en una cruz, pero al tercer día resucitar”. Es uno de los tres anuncios que Jesús hace sobre su propia Pasión, Muerte y Resurrección; y resulta paradójico que mientras Pedro lo llama: “Mesías, enviado del Dios vivo, el todopoderoso”, Jesús se presente a sí mismo, como el siervo sufriente que no alcanzará la gloria definitiva de la resurrección, sino por el camino tortuoso y estrecho del dolor, del rechazo, de la injusticia, del aparente fracaso humano, en un juicio totalmente cruel e injusto, como el que lo lleva a la crucifixión. Pero desconcierta aún más, ya no, Pedro, el hombre lleno del Espíritu, que dice de Jesús que es el Mesías, sino que ahora saca a relucir no el oro, sino que pela el cobre, su pobre humanidad ciega, y llevándose aparte a Jesús, lo cuestiona y le dice: “Tú no puedes padecer, tú no puedes sufrir, tú no puedes vivir la crucifixión. Te hemos visto multiplicar el pan y el pescado a miles de personas, sanar a ciegos, sordos, leprosos, paralíticos, liberar a posesos por el mal, ¿cómo dices que vas a morir de manera semejante, con tal grado de humillación y desprecio humano?, eso no te puede pasar”. Como sale la humanidad de Pedro a relucir, como no entiende que el plan de Dios pasa por la cruz y la humillación de la misma y la muerte, para alcanzar la gloriosa resurrección y exaltación por el Padre Dios. Por eso culmina el evangelio con un tremendo regaño y reprensión de Jesús a Pedro, cuando le dice: “Ponte detrás de mí, satanás, (en otra traducción, apártate de mí, satanás, que tu forma de pensar es piedra de tropiezo, me escandaliza)”. Skandalon en griego es la piedra que nos hace caer, me hace escandalizar, es piedra de tropiezo, y la razón es clara, le dirá Jesús a Pedro: “Tú piensas como los hombres, no como Dios”. Hoy te pregunto, ¿tú piensas como Jesús, que hay que cargar la cruz, hay que vivir la pasión para alcanzar la gloria de la resurrección?, o ¿piensas simplemente como un hombre a la manera de Pedro, que no podemos sufrir, que no nos puede pasar nada, que viva la sociedad del bienestar, arriba el placer y el hedonismo, que comamos y bebamos que mañana moriremos? Si piensas así, no eres cristiano, no eres católico, no eres creyente, sencillamente no eres nada porque no has entendido el evangelio. Que impresionante el texto de Mateo 16, que hoy nos trae la liturgia de la Iglesia; piénsalo cuando tengas cruces en tu vida y agradécelas, porque como decía Teresa de Jesús (la mística española): ¿tienes cruz en tu vida?, “no te preocupes, es señal de que vas por buen camino”. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Mateo 16, 13-23 Lectura del día de hoy Jr 31, 31-34: Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. No como la que hice con vuestros padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto: Ellos, aunque yo era su Señor, quebrantaron mi alianza; -Oráculo del Señor-. Sino que así será la alianza que haré con ellos, después de aquellos días -oráculo del Señor-. Meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Y no tendrá que enseñar uno a su prójimo, el otro a su hermano, diciendo: Reconoce al Señor. Porque todos me conocerán, desde el pequeño al grande -oráculo del Señor-, cuando perdone sus crímenes y no recuerde sus pecados. Salmo del día de hoy Salmo (51) 50, 12-13.14-15.18-19: Oh Dios, crea en mí un corazón puro. Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu. Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso. Enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti. Los sacrificios no te satisfacen; si te ofrecieran un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado, un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias. Evangelio del día de hoy Mt 16, 13-23: En aquel tiempo llegó Jesús a la región de Cesarea de Felipo y preguntaba a sus discípulos: -¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre? Ellos contestaron: -Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas. El les preguntó: -Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Simón Pedro tomó la palabra y dijo: -Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Jesús le respondió: -¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: -Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del Reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo. Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías. Desde entonces empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los senadores, sumos sacerdotes y letrados, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: -¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte. Jesús se volvió y dijo a Pedro: -Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús. | |
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| dc.subject | Atar | |
| dc.subject | Cielo | |
| dc.subject | Cruz | |
| dc.subject | Desatar | |
| dc.subject | Iglesia | |
| dc.subject | Pedro, piedra firme | |
| dc.subject | Piedra | |
| dc.subject | Poder de la salvación | |
| dc.subject | Poder del mal | |
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