¡El amor se hizo perdón!

Abstract

REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 7, 36-50 Lectura del día de hoy 1Co 15,1-11: Esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído. Hermanos: Os recuerdo el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha malogrado nuestra adhesión a la fe. Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los Apóstoles; por último, como a un aborto, se me apareció también a mí. Porque yo soy el menor de los Apóstoles, y no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy y su gracia no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Pues bien; tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído. Salmo del día de hoy Salmo 118/ 117, 1-2.16ab-17.28: Dad gracias al Señor porque es bueno. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa. No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. Tú eres mi Dios, te doy gracias, Dios mío, yo te ensalzo. Evangelio del día de hoy Lc 7, 36-50: Sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor. En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume, y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado, se dijo: Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora. Jesús tomó la palabra y le dijo: Simón, tengo algo que decirte. El respondió: Dímelo, maestro. Jesús le dijo: Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más? Simón contestó: -Supongo que aquel a quien le perdonó más. Jesús le dijo: Has juzgado rectamente. Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella en cambio me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella en cambio desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella en cambio me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo, sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor: pero al que poco se le perdona, poco ama. Y a ella le dijo: Tus pecados están perdonados. Los demás convidados empezaron a decir entre sí: -¿Quién es éste, que hasta perdona pecados? Pero Jesús dijo a la mujer: -Tu fe te ha salvado, vete en paz. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.

Description

TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La primera lectura tomada de la carta del apóstol Pablo a los Corintios, nos habla de la quinta esencia del mensaje cristiano, el corazón del anuncio evangélico, que hemos llamado un poco el kerigma o primer anuncio que recibió la comunidad primitiva, la Iglesia naciente, y que consiste en hablar del poder de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, que es capaz de renovar y transformar totalmente nuestra vida, hasta el punto de hacernos hombres y mujeres nuevos y permitirnos conocer y evidenciar más allá de la muerte, la vida definitiva con Dios. En efecto dirá Pablo: “Yo les transmití a la comunidad de Corinto, lo que también recibí en mi momento, uno, que Cristo murió por nuestros pecados según estaba profetizado en las Escrituras, dos, que fue sepultado y que resucitó al tercer día según también lo anunciado en los textos sagrados, tres, que se apareció a Pedro, al grupo de los 12, y luego a más de 500 hermanos, muchos de los cuales vivían todavía en vida de Pablo, otros han muerto. Cuatro, después se apareció al apóstol Santiago, luego a los apóstoles, y finalmente Pablo reconoce que Jesús se le manifiesta a él, aunque él se siente como un aborto y no se siente digno de ser llamado apóstol, porque fue primero perseguidor. Se descubre el menor de los apóstoles, indigno de tal nombre, porque él tiene conciencia de haber sido perseguidor de la Iglesia de Dios; pero al final, con gran libertad interior dice, pero la gracia de Dios y por esa gracia de Dios, soy lo que soy, y la gracia de la Muerte, de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, no se ha frustrado en mí”. Hoy te digo cuando celebras en cada Eucaristía en tu parroquia, la Pasión, la Muerte y la Resurrección de Cristo, te pregunto, ¿la gracia de Dios no se ha frustrado en ti como no se frustró en el apóstol Pablo? o ¿tú vas a la Eucaristía por cumplimiento (cumplo y miento)? ¿La oración, la lectura de la Palabra de Dios y el movimiento apostólico donde estás, el grupo parroquial al que perteneces, te ha hecho un mejor ser humano? o ¿la gracia de Dios no ha obrado plenamente en ti, y por el contrario, se ha frustrado? Nos tiene que interrogar esa última expresión del apóstol Pablo cuando dice: “Aunque fui malo, una porquería (perdónenme la expresión), aunque fui un perseguidor, me he encontrado con Cristo como un aborto”, (aunque no lo dice, imaginamos que habla de su camino a Damasco persiguiendo cristianos) y la gracia de Dios lo transformó, y la gracia del Cristo padecido, ejecutado, crucificado y Resucitado, renovó y transformó para siempre, para siempre la vida de Saulo ahora Pablo, apóstol de los gentiles. Pero pasemos al evangelio de hoy y descubramos como Jesús, comiendo en la casa de un fariseo y recostado a la mesa, irrumpe allí una mujer reconocida pecadora, que trayendo un frasco de alabastro lleno de perfume costoso y colocándolo detrás junto a los pies de Jesús, llorando y con sus lágrimas humedece los pies del Maestro, se los enjuga o se los seca con los cabellos de su cabeza y en un gesto de profunda acogida y amor humilde, cubre de besos los pies del rabino de Nazaret, y los unge con el perfume costoso de alabastro. El fariseo, lejos de alegrarse por la acogida de esta mujer pecadora a Jesús, murmura en su corazón: “Si este fuera profeta, sabría que clase de mujerzuela, de sinvergüenza es la que le está lavando los pies”. Jesús, entendiendo tal vez la mirada, leyendo los pensamientos del fariseo, le dice: “Tengo algo que decirte, Simón”, y le habla de manera parabólica sobre un prestamista que tenía dos deudores, uno con una gran deuda de 500 denarios y otra con una pequeña deuda de 50 denarios. A los dos los perdonó el prestamista y pregunta Jesús, ¿cuál de los dos mostrará más amor a quién les perdono? Responderá el fariseo: “Pues supongo que aquel a quien se le perdonó más”. Jesús le responde: “Has juzgado rectamente”. En seguida, esa recriminación mental que había hecho el fariseo Simón, se la devuelve Jesús cuando le dice: “Mira a esta mujer, Yo he entrado en tu casa, y tú no me has lavado los pies, ella me ha regado los pies con sus lágrimas y me ha secado los pies con sus cabellos. Tú no me has dado el beso de la paz, ella me ha cubierto con besos en mis pies, en signo de acogida. Tú no me has ungido con ungüento en la cabeza, ella me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo,” y lanza Jesús esta frase lapidaria que retumba a lo largo de los siglos. “Por eso te digo Simón (y nos lo puede decir a cualquiera de nosotros), los muchos pecados de esta mujer han quedado perdonados, porque ha amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco”. Hoy descubramos verdades fundamentales. Esta mujer era la humildad, la indigencia personificada y su amor por Jesús lavando sus pies, suplió con creces todos los caminos penitenciales que nos podríamos imaginar, amó porque ella se sintió amada y el amor se hizo perdón. Pero el amor de esta mujer, en un segundo momento causa del perdón, está producido por la gratitud y el arrepentimiento que hay en su corazón. Ella sabe que lo que tiene no es algo que ella ha conquistado, ella es consciente de su pecado y que su nueva situación como perdonada, sólo se debe al don de Cristo que puede perdonar los pecados. Concluiríamos nuestra reflexión diciendo, que, si sólo Dios puede perdonar, pues sólo Él tiene corazón suficientemente grande para amar sin esperar respuesta a cambio, ¿nosotros quiénes somos para juzgar? Es que es muy curioso, a veces los que menos amor dan son los que más juzgan de por qué se les perdona a otros, los que nunca perdonaron critican a Jesús, que es el que perdona. La vida como hombre, como cristiano, como sacerdote, me ha mostrado diciéndolo en palabras muy llanas, muy sencillas, que la gente verdaderamente buena no juzga de nadie, es la persona sin vergüenza, hipócrita, de doble vida, de patio trasero, de solar en su alma, la que de manera farisaica se rasga las vestiduras y de alguna manera se escandaliza por el pecado de los demás. Cristo, el Santo por excelencia, no se escandaliza del pecado de esta mujer y, por el contrario, el amor por ella se transforma en perdón de sus pecados, y al sentirse ella perdonada, vuelve su perdón amor por Cristo, y al contrario, el fariseo Simón, que tendría muchas cuentas para dar en su vida, sí se escandaliza de que una mujer sea perdonada siendo una pecadora pública, y de que Jesús la ame, la acoja y la acepte. Ten este termómetro en la vida, créeme y no me equivoco, las personas más severas, más psicorrígidas, más duras en los juicios frente a los demás, las personas más faltas de misericordia, son probablemente las que tienen más miserias personales, más dobleces en su corazón, y por el contrario, las personas más tranquilas que no juzgan de los demás, que no condenan a nadie, que no están mirando el sucio en el ojo ajeno, créeme, créeme, son personas de buen vivir. Hoy, cuando hay personas expertas en acusar permanentemente en la prensa, en artículos de opinión, en portales digitales, en X o en redes sociales, sabe uno de la manera menos pensada de los pecados profundos y graves que hay en sus vidas y que a veces quieren disimular o encontrarle alivio psicológico, mirando los pecados ajenos. Eso es hipocresía pura y dura. Que el Señor nos dé un corazón limpio, y te bendigo en este día, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Citation