¿Qué te pide Dios?

Abstract

REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Marcos 12, 28b-34 Lectura del día de hoy Lectura del libro de Tobías 6, 10-11; 7,1.9-17; 8,4-9a: Cuando entraron en Media, y estando ya cerca de Ecbátana, dijo Rafael al joven: «Hermano Tobías.» Le respondió: «¿Qué deseas?» Contestó él: «Pararemos esta noche en casa de Ragüel; es pariente tuyo y tiene una hija que se llama Sara; Cuando entraron en Ecbátana dijo Tobías: «Hermano Azarías, guíame en derechura a casa de Ragüel, nuestro hermano.» Le condujo, pues a casa de Ragüel y le encontraron sentado a la puerta del patio. Le saludaron ellos primero y él les contestó: «Mucha dicha os deseo, hermanos, y en buena salud vengáis.» Los llevó a su casa Después de lavarse y bañarse, se pusieron a comer. Tobías dijo entonces a Rafael: «Hermano Azarías, di a Ragüel que me dé por mujer a mi hermana Sara.» Al oír Ragüel estas palabras dijo al joven: «Come, bebe y disfruta esta noche, porque ningún hombre hay, fuera de ti, que tenga derecho a tomar a mi hija Sara, de modo que ni yo mismo estoy facultado para darla a otro, si no es a ti, que eres mi pariente más próximo. Pero voy a hablarte con franqueza, muchacho. Ya la he dado a siete maridos, de nuestros hermanos, y todos murieron la misma noche que entraron donde ella. Así que, muchacho, ahora come y bebe y el Señor os dará su gracia y su paz.» Pero Tobías replicó: «No comeré ni beberé hasta que no hayas tomado una decisión acerca de lo que te he pedido.» Ragüel le dijo: «¡Está bien! A ti se te debe dar, según la sentencia del libro de Moisés, y el Cielo decreta que te sea dada. Recibe a tu hermana. A partir de ahora, tú eres su hermano y ella es tu hermana. Tuya es desde hoy por siempre. Que el Señor del Cielo os guíe a buen fin esta noche, hijo, y os dé su gracia y su paz.» Llamó Ragüel a su hija Sara, y cuando ella se presentó, la tomó de la mano y se la entregó a Tobías, diciendo: «Recíbela, pues se te da por mujer, según la ley y la sentencia escrita en el libro de Moisés. Tómala y llévala con bien a la casa de tu padre. Y que el Dios del Cielo os guíe en paz por el buen camino.» Llamó luego a la madre, mandó traer una hoja de papiro y escribió el contrato matrimonial, con lo cual se la entregó por mujer, conforme a la sentencia de la ley de Moisés. Y acabado esto, empezaron a comer y beber. Ragüel llamó a su mujer Edna y le dijo: «Hermana, prepara la otra habitación y lleva allí a Sara.» Ella fue y preparó un lecho en la habitación, tal como se lo había ordenado, y llevó allí a Sara. Lloró ella y luego, secándose las lágrimas, le dijo: «Ten confianza, hija: que el Señor del Cielo te dé alegría en vez de esta tristeza. Ten confianza, hija.» Y salió. Los padres salieron y cerraron la puerta de la habitación. Entonces Tobías se levantó del lecho y le dijo: «Levántate, hermana, y oremos y pidamos a nuestro Señor que se apiade de nosotros y nos salve.» Ella se levantó y empezaron a suplicar y a pedir el poder quedar a salvo. Comenzó él diciendo: ¡Bendito seas tú, Dios de nuestros padres, y bendito sea tu Nombre por todos los siglos de los siglos! Bendígante los cielos, y tu creación entera, por los siglos todos. Tú creaste a Adán, y para él creaste a Eva, su mujer, para sostén y ayuda, y para que de ambos proviniera la raza de los hombres. Tú mismo dijiste: «No es bueno que el hombre se halle solo; hagámosle una ayuda semejante a él.» Yo no tomo a esta mi hermana con deseo impuro, mas con recta intención. Ten piedad de mí y de ella y podamos llegar juntos a nuestra ancianidad. Y dijeron a coro: «Amén, amén.» Y se acostaron para pasar la noche. Se levantó Ragüel y, llamando a los criados que tenía en casa, fueron a cavar una tumba, Salmo del día de hoy Salmo 127,1-5: Dichosos los que temen al Señor. Canción de las subidas. Dichosos todos los que temen a Yahveh, los que van por sus caminos. Del trabajo de tus manos comerás, ¡dichoso tú, que todo te irá bien! Tu esposa será como parra fecunda en el secreto de tu casa. Tus hijos, como brotes de olivo en torno a tu mesa. Así será bendito el hombre que teme a Yahveh. ¡Bendígate Yahveh desde Sión, que veas en ventura a Jerusalén todos los días de tu vida. Evangelio del día de hoy Lectura del Evangelio según san Marcos 12, 28b-34: En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: – «¿Qué mandamiento es el primero de todos?» Respondió Jesús: – «El primero es: «Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.» El segundo es éste: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» No hay mandamiento mayor que éstos.» El escriba replicó: – «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.» Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: – «No estás lejos del reino de Dios.» Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES A la pregunta del escriba o experto en la ley, experto en teología en la época, que formula a Jesús, sobre ¿cuál es el mandamiento más importante?, (en medio del maremágnum de normas que existían en la época 613 en total). Jesús responde y ni siquiera refiriéndose al decálogo entregado por Dios a Moisés en el Sinaí, sino con el llamado credo judío, contenido en el Deuteronomio capítulo 6, 4: “Amar a Dios, entregarnos a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, es el primero y más grande mandamiento que un judío religioso debe de observar”. Pero atención, Jesús no desliga esta parte del credo judío que siempre habían conocido los israelitas piadosos, no lo desliga del amor al hombre. En efecto, citando al Levítico 19, 18, Jesús presenta que el amor no es solamente a Dios en abstracto, de manera genérica, sino que ese amor se concretiza en el hombre, en el hombre que sufre, en el hombre que necesita ser amado. De alguna forma podemos concluir, que Jesús enseña como la gran síntesis de la ley judía: “Que el amar a Dios sobre todas las cosas y sobre todas las personas, es el centro de la fe de un verdadero hombre religioso”, y de paso nos indica, que, si le damos a Dios el primer lugar, probablemente nos evitaremos grandes problemas y sufrimientos en la vida. Hoy querido amigo, amiga, descubre, que buena parte de tus sufrimientos en este día, se han dado porque le diste el primer lugar en tu corazón, le diste el lugar de Dios a quien sencillamente no es Dios: un hijo, un esposo, una empresa, un trabajo, un dinero; cuando uno idolatra, cuando uno endiosa, cuando uno deifica personas, cosas, empleo, bienes, aún la propia imagen; de alguna manera se expone a terribles sufrimientos, porque ninguna de esta realidad es absoluta. Por el contrario, todas estas realidades del mundo son caducas, efímeras y cambiantes; el único que siempre está, el único que nunca pasa, el que siempre nos va a sustentar, el que siempre nos va a amar es Dios, por eso nos pide darle el primer lugar en nuestro corazón. Pero viene la segunda afirmación que es todavía más luminosa y la podemos sintetizar de esta manera, ¡no hay verdadero amor a Dios que no pase por el amor al prójimo! Jesús de alguna manera quiere suprimir una religión en abstracto, de idealismo, de espiritualizaciones innecesarias, todo el amor a Dios pasa por el amor, servicio y entrega a los demás, especialmente a los más cercanos y también a los más sufrientes. Decimos ¡qué hermoso es amar! y, sin embargo, qué difícil es amar, y Dios nos pide no amar a la manera humana que es tan limitada y tan imperfecta, no, nos pide amar a la manera de Cristo, un amor sin medida, un amor sin fronteras, un amor capaz de perdonarlo todo, un amor que no pone condiciones. Es bello el mensaje que hoy se nos plantea y más bella la luz que Jesús da no solamente al escriba que le pregunta, sino a todos nosotros. Aprendamos esta sabiduría, darle a Dios el primer lugar en nuestra viday con seguridad sufriremos menos, viviremos mejor. Que el Señor te bendiga en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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