¡También matamos a otro, desde el corazón!
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REFERENCIA BIBLICA DEL EVANGELIO
Mateo 5, 20-26
Lectura del día de hoy
Lectura de la profecía de Ezequiel 18, 21-28
Esto dice el Señor Dios: «Si el malvado se convierte de todos los pecados cometidos y observa todos mis preceptos, practica el derecho y la justicia, ciertamente vivirá y no morirá. No se tendrán en cuenta los delitos cometidos; por la justicia que ha practicado, vivirá. ¿Acaso quiero yo la muerte del malvado ─oráculo del Señor Dios─, y no que se convierta de su conducta y viva? Si el inocente se aparta de su inocencia y comete maldades, como las acciones detestables del malvado, ¿acaso podrá vivir? No se le tendrán en cuenta sus obras justas. Por el mal que hizo y por el pecado cometido, morirá. Ustedes insisten: “No es justo el proceder del Señor”. Escucha, casa de Israel: ¿Es injusto mi proceder? ¿No es más bien su proceder el que es injusto? Cuando el inocente se aparta de su inocencia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él salva su propia vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá». V/. «Palabra de Dios». R/. «Te alabamos Señor».
Salmo del día de hoy
Salmo 130 (129), 1-2. 3-4. 5-6ab. 6c-8
R/. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?
Desde lo hondo a Ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica.
R/. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?
Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de Ti procede el perdón, y así infundes temor.
R/. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?
Mi alma espera en el Señor, espera en su Palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora. Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora.
R/. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?
Porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa; y Él redimirá a Israel de todos sus delitos.
R/. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?
Evangelio del día de hoy
Lectura del santo Evangelio según San Mateo 5, 20-26
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos. Han oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio. Pero yo les digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego. Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras van todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo». V/. «Palabra del Señor». R/. «Gloria a ti Señor Jesús»
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
Entrando en firme en este tiempo de gracia que es la Cuaresma, camino a la Pascua del Señor, el profeta Ezequiel en la primera lectura, nos presenta un mensaje central, Dios quiere que el hombre pecador se convierta y viva, y hay verdadera alegría en el cielo, por el pecador que es capaz de convertirse, pero esa conversión depende de cada uno de nosotros, aquí, en este lugar y ahora en este tiempo, para Dios no cuenta lo pasado, ni el pasado propio, ni el pasado ajeno de otros, sino la conducta personal, actual.
Para Dios es muy importante la responsabilidad personal, como camino de una auténtica penitencia personal, y no hablamos entonces de una salvación colectiva por ser el pueblo de Israel, por pertenecer a la Iglesia, por ir a la Eucaristía, sino que habla de una conversión individual. Pero puntualizamos sobre algo que es bien importante y que lo he visto en estos casi 30 años de vida sacerdotal, descubro, que en algunas personas hay un proceso maravilloso y bendito de conversión, salir del mundo, de sus vicios, de las esclavitudes que aprisionan y apasionan y hay una verdadera conversión a Cristo, a los valores y principios que Él enuncia y a la vida en amor, en libertad y en paz que Él propone.
Pero también con preocupación, en estos años de sacerdocio, he descubierto en almas buenas, dolorosos procesos de desconversión, cuando después de haber conocido a Dios, (como dirá también el profeta), es como el perro que después de vomitar, regresa al lugar donde precisamente vomitó y vuelve a comerse su propio vómito, su propio pecado. Lo dirá el profeta Ezequiel de manera puntual cuando dice: “Si el hombre justo se aparta de su justicia y comete maldad imitando las abominaciones que cometía el malvado, Dios no recordará las obras justas que hizo y por la iniquidad que perpetró, por el pecado que cometió morirá”. Esto nos tiene que poner en alerta para entender, que todos los días es un llamado a la conversión, a buscar el rostro de Dios en Jesucristo, pero que también puede haber en nosotros por distracciones, por confusiones, por dejarnos deleitar por el mundo, puede haber también procesos de desconversión en nuestra vida.
Pero pasemos al evangelio de hoy, tomado de San Mateo capítulo 5, cuando Jesús invita a una justicia más alta a sus discípulos de la justicia o el aparente cumplimiento de la ley, que realizaban los letrados y los fariseos, y Jesús formula una advertencia: “Si no somos mejores en nuestro actuar y en la rectitud de nuestro corazón que los fariseos y los letrados, sencillamente no accederemos, no entraremos en el reino de Dios, en el Reino de los cielos”. Y coloco un ejemplo puntual que ha sido siempre típico a lo largo de la historia humana, afirmará Jesús que desde antiguo se decía: “No matarás y el que mate será procesado”; pero Jesús quiere ir más allá de la ley que decían cumplir fariseos y escribas y afirmará a sus seguidores, a sus discípulos: “Yo quiero superar esa ley y decirles, no se trata solo de matar, sino que todo el que esté peleado con su hermano será procesado”
Hoy, más allá de prácticas de piedad: la Coronilla de la Divina Misericordia, el Santo Rosario, una novena de devoción, un altar que tienes en tu casa; la ofrenda espiritual que más agrada a Dios es precisamente esta, que te reconcilies, que perdones, que sanes la relación deteriorada y enferma con una persona cercana a ti. Creo no mentir si afirmo, que a lo largo de mi vida sacerdotal he escuchado casi todos los días, la gran dificultad que tenemos los seres humanos para perdonar ofensas, máxime cuando se trata de personas muy cercanas por vínculos de sangre o de familia.
Y Jesús concluirá diciendo, por lo tanto, si cuando vas a ofrendar en el altar en ese caso del templo de Jerusalén, te acuerdas allí mismo de que tu hermano, tu hermana, tu familiar, tu cercano tiene algo contra ti, tiene quejas contra ti, propone Jesús a sus discípulos, deja allí tu ofrenda ante el altar y antes de presentarla ve primero a reconciliarte con tu hermana, con tu hermano y solo así volverás a presentar tu ofrenda a Dios para que resulte agradable, aceptable ante sus ojos. Sé que lo que te pido no es fácil, sé que los seres humanos somos tremendamente sensibles a una palabra mal dicha, a una actitud negativa, a un silencio que nos parece orgulloso, pero no hay otro camino sino el perdón y la reconciliación con los demás.
Recordarlo, estamos en cuaresma caminando hacia la Pascua y todos estos evangelios y estas lecturas de los profetas, nos invitan a tomarnos en serio nuestra conversión, no se trata como los fariseos de mucho cumplimiento (cumplo y miento) con ritos externos, con oraciones que salen de los labios, pero no del corazón, sino que se trata de una verdadera conversión, cambio de vida desde lo más profundo del ser. ¿Te cuesta? no te preocupes, pídele a Dios y Él te dará la humildad, la misericordia, la capacidad para perdonar aquél con el que te has peleado.
Que el Señor que es rico en misericordia, bendiga en abundancia tu vida, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.