¡El mundo pasa, Dios no pasa!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Lucas 21, 29-33
Lecturas del día de hoy:
Primera lectura: De la profecía de Daniel 7, 2-14
Tuve una visión nocturna: Los cuatro vientos del cielo agitaban el océano. Cuatro fieras gigantescas salieron del mar, las cuatro distintas.
La primera era como un león con alas de águila; la estaba mirando, cuando le arrancaron las alas, la alzaron del suelo, la pusieron de pie como un hombre y le dieron una mente humana.
La segunda era como un oso medio erguido, con tres costillas en la boca, entre los dientes. Le dijeron: «¡Arriba! Come carne en abundancia».
Después vi otra fiera como un leopardo, con cuatro alas de ave en el lomo y cuatro cabezas. Y le dieron el poder.
Después tuve otra visión nocturna: una cuarta fiera terrible, espantosa, fortísima; tenía grandes dientes de hierro, con los que comía y descuartizaba; y las sobras las pateaba con las pezuñas. Era diversa de las fieras anteriores, porque tenía diez cuernos. Miré atentamente los cuernos, y vi que entre ellos salía otro cuerno pequeño; para hacerle sitio, arrancaron tres de los cuernos precedentes. Aquel cuerno tenía ojos humanos, y una boca que profería insolencias.
Durante la visión miré y vi que colocaban unos tronos.
Un anciano se sentó.
Su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas; un río impetuoso de fuego brotaba delante de él.
Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros.
Yo seguí mirando, atraído por las insolencias que profería aquel cuerno; hasta que mataron a la fiera, la descuartizaron y la echaron al fuego.
A las otras fieras les quitaron el poder, dejándolas vivas una temporada.
Seguí mirando.
Y en mi visión nocturna vi venir una especie de hombre entre las nubes del cielo. Avanzó hacia el anciano venerable y llegó hasta su presencia.
A él se le dio poder, honor y reino.
Y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron.
Su poder es eterno, no cesará.
Su reino no acabará.
Palabra de Dios. Te alabamos Señor
Salmo del día de hoy:
Salmo Dn 3, 75.76.77.78.79.80.81
Ensalzadlo con himnos por los siglos.
Montes y cumbres: bendecid al Señor.
Ensalzadlo con himnos por los siglos.
Cuanto germina en la tierra: bendiga al Señor.
Ensalzadlo con himnos por los siglos.
Manantiales: bendecid al Señor.
Ensalzadlo con himnos por los siglos.
Mares y ríos: bendecid al Señor.
Ensalzadlo con himnos por los siglos.
Cetáceos y peces: bendecid al Señor.
Ensalzadlo con himnos por los siglos.
Aves del cielo: bendecid al Señor.
Ensalzadlo con himnos por los siglos.
Fieras y ganados: bendecid al Señor.
Ensalzadlo con himnos por los siglos.
Evangelio del día de hoy:
Del santo Evangelio según san Lucas 21, 29-33
En aquel tiempo, puso Jesús una comparación a sus discípulos:
-Fijaos en la higuera o en cualquier árbol: cuando echan brotes, os basta verlos para saber que la primavera está cerca.
Pues cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el Reino de Dios.
Os aseguro que antes que pase esta generación, todo eso se cumplirá.
El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán.
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús
Description
TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
Estamos en la recta final del llamado año litúrgico, de hecho, pasado mañana iniciamos el llamado tiempo del Adviento, el nuevo año litúrgico y con el Adviento la preparación espiritual y litúrgica, a la celebración del nacimiento, la Navidad de Jesús en el corazón de los hombres, de las familias y en el corazón del mundo en el siglo XXI.
Pero detengámonos a mirar la primera lectura de hoy, tomada del capítulo 7 del libro de Daniel, que pertenece al llamado género de la apocalíptica y que nos habla un poco de lo que será el final de los tiempos. Daniel presenta la imagen de cuatro animales, que en el fondo es la descripción de cuatro grandes imperios en el mundo antiguo, el imperio de Babilonia, el imperio de los Medos, el imperio de los Persas y finalmente el imperio Griego. Y más allá de la crueldad de algunos de sus reyes y emperadores, con mucha fuerza, Antíoco, que fue especialmente cruel, Daniel el profeta quiere mostrar, que más allá de la ferocidad repetimos de estos imperios, hay una clara visión, y es la llegada del reino de Dios, del trono de los cielos, de miles y miles de seres que lo aclaman, y finalmente la aparición como de una especie de hombre, que viene entre las nubes del cielo, hablando de Cristo y a Él se le da el poder, el honor y el Reino. Y se hace una precisión fundamental que aparecerá luego en el evangelio de hoy, su reino no desaparecerá, su reino no acabará.
Por eso el salmo responsorial de este día nos invita, a ensalzar con himnos de alegría al Dios de los cielos, por los siglos de los siglos, y que los montes, el mar, los manantiales, toda la fauna del océano y la fauna terrestre, bendigan al Señor, en sintonía con Dios Creador.
Toda esta primera lectura de Daniel nos prepara para entender mejor el evangelio de hoy, tomado de san Lucas en el capítulo 21, del cual podemos extraer, tres grandes enseñanzas para nuestra vida.
La primera, así como un hombre del campo, un ingeniero agrónomo, sabe reconocer los signos del clima, sabe reconocer precisamente por los brotes de las plantas, de los árboles, de las higueras, que se acerca ya la temporada del verano; así aprendamos a reconocer no solamente los signos de la obra creada por Dios la naturaleza, sino aprendamos a entender los signos como Dios actúa en nuestro mundo, esto es, entender los tiempos de Dios y la lógica de Dios.
Hoy te invito para que con una mirada de fe y espiritual, reconozcas los signos y señales, las huellas y mensajes, que Dios coloca no solamente en la vida del mundo, sino en tu vida familiar y en tu vida personal: ¿te invita a la paciencia?, ¿te invita a la vigilancia?, ¿te invita al perdón?, ¿te invita a poner todo en orden en tu casa interior o en la casa de tu hogar?, reconoce la acción de Dios en tu vida.
Pero en un segundo momento nos dice el evangelio de Lucas, que así como reconocemos la pronta llegada del verano por los brotes de las plantas de higo, así también reconozcamos la próxima llegada, la cercanía del Reino de los Cielos, y en consecuencia, preparemos, dispongamos nuestro corazón. Es que cuando uno está joven uno piensa que va a vivir para toda la vida y sin darnos cuenta, a medida que van pasando los años en nuestra historia, sentimos que el ritmo de la vida aprieta, que los años corren más rápido y que el final de nuestra historia de alguna manera, aunque no podemos determinar una fecha exacta, sí podemos intuir que se acerca, se aproxima a nuestra vida. Reconozcamos esta actitud de vigilancia que nos pide Jesús sobre nosotros, de ordenar nuestra existencia de cara al final de la propia historia, que será el día de la muerte personal, allí nos presentaremos ante el Señor y daremos cuenta de todas nuestras obras hechas con amor o hechas desde el pecado.
Pero quizás la enseñanza más interesante de todas es la tercera y última, consignada en la frase final del evangelio de hoy, cuando Jesús nos dirá en la persona de los discípulos: “En verdad les digo”, (y cuando empieza una afirmación con esta frase, en verdad les digo, sabemos que es algo importante para nuestra vida) y nos dirá: “Que el cielo y la tierra pasarán, pero que sus palabras y su mensaje, la verdad y la sabiduría profunda que vino a anunciar a los hombres y mujeres de su tiempo, no pasará”.
Hoy reconozcamos que el mundo es pasajero, que el mundo es efímero, que por más que estemos atados a vanidades, placeres, deleites, aferramientos a las cosas y personas de esta tierra, todo pasa y nos espera una nueva vida con Cristo, Él la promete. Y empezar esa nueva vida reconociendo la perennidad de su mensaje, la eternidad de sus palabras, ellas, a diferencia de la realidad creada del mundo, la Palabra de Jesús es eterna, la Palabra de Jesús no pasa.
Hoy, aunque veamos signos de guerras, de pestes que han venido y pueden venir hacia el futuro, epidemias, aunque veamos signos de hambres o hambrunas probablemente por el cambio climático, tengamos la certeza, de que sobre las ruinas de la humanidad, brilla con esperanza la vida gloriosa de Cristo, quien, a partir desde su entrega en una cruz, entrega a la muerte y su resurrección, nos abre las puertas de un hombre nuevo, de una vida nueva, de cielos y de tierra nueva.
No pierdas la esperanza más allá de signos desalentadores en el mundo de hoy, y ten la confianza, de que si bien el mundo pasa, Dios y sus promesas de bendición y de amor, no pasan ni pasarán jamás.
Que el Señor te bendiga en abundancia en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.