¡El gran regalo para la humanidad!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Juan 6, 51-58
Primer lectura del día de hoy
Deuteronomio 8, 2-3.14b-16a:
Moisés habló al pueblo, diciendo: -«Recuerda el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto; para afligirte, para ponerte a prueba y conocer tus intenciones: si guardas sus preceptos o no. Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para enseñarte que no sólo vive el hombre de pan, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios. No te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto, de la esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con dragones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres.»
Salmo del día de hoy
Salmo 147, 12-13.14-15.19-20:
Glorifica al Señor, Jerusalén.
Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión: que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti; ha puesto paz en tus fronteras, te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz; manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza; hace caer el hielo como migajas y con el frío congela las aguas; envía una orden, y se derriten; sopla su aliento, y corren.
Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.
Segunda lectura del día de hoy
1 Corintios 10, 16-17:
El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? ¿y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan.
Evangelio del día de hoy
Lectura del Evangelio san Juan 6, 51-58:
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»
Disputaban los judíos entre sí:
«¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
Entonces Jesús les dijo:
«Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
Hoy en la solemnidad litúrgica del Cuerpo y la Sangre de Cristo, reconocemos que más allá de una reflexión sobre la Eucaristía, estamos hablando del más grande milagro de amor que Dios ha dado a la Iglesia y en la Iglesia a la humanidad. Estamos hablando de esa promesa cumplida por Jesús al decirnos: “Yo siempre estaré con ustedes”. Y es que eso es la Eucaristía en primer lugar, la presencia del amigo que siempre acompaña, que nunca abandona.
En miles de sagrarios y tabernáculos, de capillas, conventos y parroquias, se reserva, se guarda como la presencia silenciosa pero fiel de un amigo, a Jesús pan de vida. Él tiene hambre y sed de ti, tiene hambre de tu presencia, sed de tu amistad, de que acudas a Él, de que lo busques en su presencia sacramental y derrames tu corazón, de que le presentes las necesidades de tu vida y consoladamente, te apoyes en Él, el único que consuela como nadie más sabe hacerlo. Que hermoso es Jesús, presencia por antonomasia en el mundo, cumplimiento de esta promesa: “Siempre estaré con ustedes”, ¡Amigo que nunca falla!
Pero hay una segunda verdad sobre la Eucaristía, ella es el memorial, la reactualización del acto salvador, único y universal de Jesús en el Calvario, donde entrega su vida, derrama su sangre para el perdón de todos nuestros pecados. Cuando oramos en la Eucaristía, cuando celebramos la Eucaristía, no simplemente recordamos un acontecimiento de hace 2000 años cuando Cristo, por su pasión, muerte y resurrección salva al mundo, no; ese acto único y salvador del Calvario, permítanme la expresión viaja en el tiempo, se actualiza al hoy de nuestra vida y se aplica por tu familia, tu trabajo, tu salud, tus necesidades, tu ofrecimiento personal de vida, tu acción de gracias. Esa es la maravilla del memorial, el sacrificio de Cristo que nos ganó la redención, lo actualizamos, lo vivimos, lo celebramos en cada Eucaristía, más allá del tiempo transcurrido 2000 años.
Pero en un tercer momento decimos que la Eucaristía, es por excelencia la ofrenda espiritual, así como una madre gasta su vida y se ofrenda por su hijo, así como oímos en la vida de los santos, que ellos ofrendaron su vida por otros, se entregaron para darle salud y vida a otros, Cristo se ofrendó no por unos pocos, se ofrendó por todos; su vida entregada, su sangre derramada es por la salvación de todos.
Recuerdo una madre en el río Amazonas, la historia cuando hace unos años estuve allí, misionero, que su hijo pequeño cayó al río, su madre inmediatamente se lanzó a las aguas caudalosas, saca a su niño, lo coloca en la barca, pero ella súbitamente es tomada por un torbellino arrastrada y se ahoga. Los lugareños decían de esta madre, ofrendó la vida por su hijo, entregó su vida para salvar la vida del niño de que no fuera ahogado en el río Amazonas. Esta acción salvadora es de una mujer por un solo ser humano su hijo, la acción salvadora de Cristo es por todos los hombres, por todos los seres humanos. Él es la ofrenda y de alguna manera una invitación para que cada uno de nosotros sea ofrenda sacrificial por la vida de los demás.
En un cuarto momento y señalemos como último sin ser los únicos, la Eucaristía es por excelencia el alimento para el alma espiritual. Es que nacemos necesitados de alimento, de oxígeno, necesitados de sueño, necesitados de amor; así también necesitamos alimentar el alma espiritual por la Palabra, por la oración, pero sobre todo por el pan de la vida, la Eucaristía.
Hoy te invito para que reconozcas, sin el alimento de cada día, esa comida no se vuelve energía en tu cuerpo y sin el Pan de vida eterna no tendrás esa vida nueva, esa vida eterna de la que nos habla hoy Jesús en el evangelio. A veces decimos que no tenemos tiempo para ir a la Eucaristía, pero en el fondo, quizás no es tan cierto esto; decimos que la misa es larga y entendemos, no hay misas largas, hay amores cortos. Cuando no sientes fuego en tu corazón por la Eucaristía, tendrás cien excusas y un poco más para dejar de recibir este Pan de vida eterna, esta presencia por excelencia del amigo que nos fortalece, esta ofrenda espiritual que nos alcanzó la salvación y la actualización del memorial de Cristo que nos ha dado salvación y vida eterna a todos.
Señor, gracias por la Eucaristía, gracias por este regalo tan grande para el mundo entero. Con razón nuestra santa colombiana, la madre Laura decía: “Para mí la Eucaristía es el Dios de mi corazón y es el corazón de mi Dios”.
Que el Señor te bendiga en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.