¡Sagrado Corazón de Jesús!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Juan 19, 31-37
Primera lectura del día de hoy
Lectura de la profecía de Oseas 11, 1. 3-4. 8c-9
Así habla el Señor:
«Cuando Israel era niño, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. ¡Y yo había enseñado a caminar a Efraím, lo tomaba por los brazos! Pero ellos no reconocieron que yo los cuidaba.
Yo los atraía con lazos humanos, con ataduras de amor; era para ellos como los que alzan a una criatura contra sus mejillas, me inclinaba hacia él y le daba de comer.
Mi corazón se subleva contra mí y se enciende toda mi ternura: no daré libre curso al ardor de mi ira, no destruiré otra vez a Efraím. Porque yo soy Dios, no un hombre: soy el Santo en medio de ti, y no vendré con furor.»
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Salmo del día de hoy
Salmo Is 12, 2-3. 4bcd. 5-6
R. Sacarán agua con alegría de las fuentes de la salvación.
Este es el Dios de mi salvación: yo tengo confianza y no temo, porque el Señor es mi fuerza y mi protección; él fue mi salvación.
Ustedes sacarán agua con alegría de las fuentes de la salvación. R.
Den gracias al Señor, invoquen su Nombre, anuncien entre los pueblos sus proezas, proclamen qué sublime es su Nombre. R.
Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso: ¡que sea conocido en toda la tierra!
¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión, porque es grande en medio de ti
el Santo de Israel! R.
Segunda lectura del día de hoy
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Efeso 3, 8-12. 14-19
Hermanos:
Yo, el menor de todos los santos, he recibido la gracia de anunciar a los paganos la insondable riqueza de Cristo, y poner de manifiesto la dispensación del misterio que estaba oculto desde siempre en Dios, el creador de todas las cosas, para que los Principados y las Potestades celestiales conozcan la infinita variedad de la sabiduría de Dios por medio de la Iglesia.
Este es el designio que Dios concibió desde toda la eternidad en Cristo Jesús, nuestro Señor, por quien nos atrevemos a acercarnos a Dios con toda confianza, mediante la fe en él
Por eso doblo mis rodillas delante del Padre, de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra. Que él se digne fortificarlos por medio de su Espíritu, conforme a la riqueza de su gloria, para que crezca en ustedes el hombre interior.
Que Cristo habite en sus corazones por la fe, y sean arraigados y edificados en el amor. Así podrán comprender, con todos los santos, cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, en una palabra, ustedes podrán conocer el amor de Cristo, que supera todo conocimiento, para ser colmados por la plenitud de Dios.
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Evangelio del día de hoy
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 19, 31-37
Era el día de la Preparación de la Pascua. Los judíos pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas de los crucificados y mandara retirar sus cuerpos, para que no quedaran en la cruz durante el sábado, porque ese sábado era muy solemne.
Los soldados fueron y quebraron las piernas a los dos que habían sido crucificados con Jesús. Cuando llegaron a él, al ver que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó sangre y agua.
El que vio esto lo atestigua: su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean.
Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice: No le quebrarán ninguno de sus huesos. Y otro pasaje de la Escritura, dice: Verán al que ellos mismos traspasaron.
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
Description
TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
Con inmensa alegría y en acción de gracias a Dios, celebramos con el carácter de solemnidad litúrgica, el: ¡Sagrado Corazón de Jesús!, el misterio del amor divino entregado para toda la humanidad. Una devoción particular, una visión privada, revelada en su momento a la mística, Margarita María de Alacoque, luego es insertada en la liturgia universal de la Iglesia, igual que recientemente en el año 2000, una devoción también, y una revelación privada a la mística polaca Faustina Kowalska, fue insertada por el gran san Juan Pablo Segundo en el año 2000 a la liturgia universal de la Iglesia. En este día, al Corazón de Jesús le decimos: ¡En vos confío!, y en el segundo domingo de Pascua, desde el año 2000, le decimos a Jesús: ¡En ti confío!
Una es la escuela francesa del Amor Divino con Margarita María de Alacoque, la otra la escuela Polaca del Amor Divino, con Sor Faustina Kowalska, santas ambas religiosas, ambas con revelaciones privadas ambas y ambas en distintos momentos de la historia humana, cuando ha habido miseria moral, pobreza espiritual en la sociedad y en la Iglesia, ellas, mostrando los designios de Dios, han señalado que la respuesta del buen Dios frente a la miseria moral y la pobreza espiritual es su misericordia significada en el corazón abierto de Cristo o en los rayos rojizos y blanquecinos del que llamamos el ¡Jesús de la Divina Misericordia!
Pero más allá de las preciosas lecturas, concretamente del profeta Oseas, que nos dice: “Cuando el pueblo de Israel era niño, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo, yo fui quien enseñó a andar a Efraín, yo era quien lo llevaba en brazos, pero no comprendieron que yo cuidaba de ellos. Nos atraía hacia mí con lazos de amor, con cadenas de ternura; yo fui para ellos como un padre que estrecha a su criatura y se inclina hacia ella para darle de comer. Mi corazón se conmueve dentro de mí y se inflama toda mi compasión; nunca cederé al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraín, pues yo soy Dios, Santo en medio de ti, y no enemigo tuyo que está a la puerta”. Una lectura preciosa de Oseas 11, el profeta del amor, que nos habla precisamente del amor tiernísimo de Dios de un padre por su hijo pequeño, que más allá de sus rebeldías, no deja de buscarlo, conducirlo, guiarlo, sustentarlo, abrazarlo y llevarlo a su regazo paternal.
Hoy, más allá de la lectura del evangelio que nos presenta cómo el Corazón abierto de Cristo, de él brota sangre y agua por amor a la humanidad, hagamos una reflexión sobre una de las grandes verdades de la fe cristiana. Y esto sólo lo entiende un católico maduro en su fe, y lo diré, porque muchas veces hemos reducido la fe cristiana al cumplimiento de normas morales, al conocimiento de dogmas conceptuales, a vivir alguna ritualidad litúrgica. Pero hemos olvidado que ser cristiano es, sobre todo, conocer, evidenciar, reconocer, vivir en la vida el amor de Dios en todas sus dimensiones. Y quisiera destacar cinco de ellas, cinco dimensiones que hacen que el amor de Dios sea único y totalmente distinto del amor humano que nos parece a veces la gran cosa, pero que no deja de estar lleno de limitaciones.
La primera, el amor de Dios a diferencia del amor humano, es totalmente gratuito. Y el amor humano es verdadero amor, cuando tiene este ingrediente del no interés, la no conveniencia, la gratuidad es propiedad esencial del amor. Dios te ama en tu bondad, pero también te ama en tu pecado, Dios te ama si eres rico o pobre, Dios te ama en tu fortaleza, en tus debilidades, en tus grandezas y en tus pequeñeces humanas. Dios me ama por mi ser de hombre, por ser imagen y semejanza de Él, que me da una dignidad única, que me da una dignidad inalienable, inenajenable, y esa gratuidad del amor de Dios me tiene que llenar de gozo, de alegría, de esperanza interior.
Pero hay un segundo atributo del amor divino, y es que es un amor eterno, no es temporal como el amor humano, no es cambiante como el amor humano, no es volátil y voluble como el amor humano. El amor de Dios no conoce de principio y, sobre todo, no conocerá de final; con amor eterno, una palabra que apenas entiende nuestro razonamiento nos ha amado Dios, y este día es para contemplar ese amor no solo gratuito, sin mérito, sin merecimiento de nuestra parte; sino ese amor eterno, amor que no conoce de límites en el tiempo, amor que es como el sol que no deja de iluminar, es la tierra la que por rotación se oculta al sol, pero el sol no deja de dar vida, luz y calor al cosmos.
En una tercera condición del amor de Dios, es el totalmente fiel. En la relación de amor entre Dios y el hombre, narrada a lo largo de todos los libros bíblicos, Dios es el eternamente fiel y el hombre pareciera perdónenme, perdónenme el eternamente infiel. Siempre la relación con Dios se rompe, no por Él, no por Dios, que no se desdice en sus promesas de fidelidad, sino por el hombre que es cambiante, voluble, volátil como el que más. Cuánta esperanza, cuánto gozo, cuánta alegría nos da pensar, que tenemos por Padre a aquel que nos ama de manera gratuita, de manera eterna, de manera fiel, sin menoscabo de su entrega, sin menoscabo de darnos la espalda nunca, como lo pueden hacer los seres humanos en la vida del amor, de amistad, en la vida del amor conyugal, en la vida del amor de familia.
En una cuarta condición encontramos, que el amor de Dios es misericordioso y muy misericordioso ante las miserias humanas. Un amor que compadece, un amor que no juzga, no señala, no condena. Un amor que a diferencia del amor humano que a veces no conoce sino de señalamientos, retaliaciones, venganzas, el amor de Dios es totalmente misericordioso. Por más que nos equivoquemos, si descubrimos nuestra oscuridad, nuestro barro y con dolor nos arrepentimos, siempre, siempre encontraremos la misericordia de Dios. Nunca olvidaré la frase de nuestro Papa, que al comienzo de su pontificado afirmaba: “Más fácil se cansa el hombre de pedir perdón, que cansarse Dios de perdonarlo por sus faltas y pecados”. Con razón decía también este Papa Francisco en el año 2016, el año de la Misericordia: “El nombre de Dios, el nombre de Dios es Misericordia”.
En una quinta y última característica sin que sean las únicas, el amor de Dios además de ser gratuito, eterno, fiel, misericordioso, es un amor crucificado, sacrificado, entregado, donado. Qué distinto el amor de Dios al amor reggaetonero, pasiones de una noche, placeres egoístas, entrega afectiva sin ningún compromiso, vivir el instante desde las hormonas. Pero el amor de Dios que sí sabe cuál es la condición del verdadero cariño, es como el de una madre que se compromete, se sacrifica, se deja crucificar por los hijos que quiere.
Hoy te invito para que medites en esta expresión tan bella: “el amor de Dios, y es lo que nos hace sentirnos verdaderamente cristianos e hijos del Padre, un amor gratuito, eterno, fiel, misericordioso, crucificado, y es más allá de las pruebas, de los momentos de caídas, de momentos de desánimo recuerda, que Dios está contigo y que su amor es como el sol que nunca te faltará”.
Finalmente, en esta jornada en que hacemos oración por todos los consagrados del mundo entero, recordamos la expresión del santo Cura de Ars cuando decía: “Que nosotros los sacerdotes y concretamente el sacerdocio en general, es el amor del Corazón de Jesús por la humanidad”. Hoy oremos por nuestros sacerdotes, pero siente en ese pastor de almas, de barro, con fragilidades, que Cristo te ama preferentemente a través de ese sacerdote, que te hace hijo de Dios por el bautismo, que te alimenta cada día en la Eucaristía, que te devuelve la paz del corazón en el sacramento de la Reconciliación, que te da la plenitud del Espíritu Santo en la confirmación, que bendice tu relación conyugal en el matrimonio, que acompaña tu enfermedad en la unción de enfermos, que permite que otros sean consagrados en el orden sacerdotal, que predica con unción la Palabra de Dios, que te escucha con amor y paciencia. Allí está el amor del Corazón de Cristo en el sacerdocio, y es un día para agradecer a los sacerdotes y también para orar por nuestra santificación.
Que el Señor te bendiga en abundancia en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.