¡El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó!
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2024-09-30T21:08:50Z | |
| dc.date.available | 2024-09-30T21:08:50Z | |
| dc.date.issued | 2024-09-30 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES El impresionante libro de Job, que nos habla del sufrimiento del hombre inocente, busca dar una explicación en la mentalidad judía del antiguo testamento, de por qué el hombre justo ante Dios tiene que padecer. Este prólogo del capítulo primero del libro de Job, nos sitúa en dos escenarios, uno en el cielo, otro en la tierra. Este último nos presenta a Job como un hombre afortunado en familia, rico en bienes materiales, reconocido y amado por sus amigos y su pueblo; por el contrario, nos presenta una segunda escena en el cielo, donde el llamado satán dialoga con Dios. El Señor le pregunta ¿de dónde vienes?, y el satán le responde: “Vengo de dar vueltas por el mundo, de andar por la tierra”. Dios le dice en un lenguaje que tiene más de simbólico que de real: ¿te has fijado en mi siervo Job?, “en el mundo no hay nadie tan justo y honrado como él”. Satán simplemente le contesta: ¿crees que Job te respeta y es justo y recto de balde?, ¿acaso no le has dado todo en la vida?; “tócale su hogar, tócale sus bienes, quítale lo que tiene y te pregunto” ¿si te seguirá bendiciendo todavía? Dios le dirá al satán: “Extiende tu mano y quítale los bienes, y ya verás como te maldice en la cara”, (dirá el satán). Y Dios le responderá: “Haz lo que quieras con sus cosas, pero a él no lo toques”. Y empieza todo el drama de Job en cuatro escenas impresionantes, todas con el mismo esquema. Un mensajero llega a casa de Job en la primera escena y le dice: “Estaban los bueyes arando y las burras pastando; cayeron algunos ladrones, apuñalearon a los criados, se llevaron el ganado, sólo yo pude escapar para contártelo”. Y pasamos a la segunda escena: “Ha caído un rayo del cielo (dirá el mensajero, otro nuevo mensajero) ha quemado y consumido las ovejas y matado los pastores”, y repite la misma expresión: “Sólo yo pude escapar para contártelo”. Y sin terminar de decirlo y de manera consecutiva y repentina, llega un nuevo mensajero y le dice: “Una banda de bandidos se ha echado sobre los camellos, y después de apuñalear a los criados se los ha llevado, yo sólo pude escapar para contártelo”. Y culminará este capítulo primero con la cuarta escena, cuando un nuevo mensajero le dirá: “Estaban tus hijos e hijas comiendo y bebiendo en casa del hermano mayor, cuando un huracán cruzó el desierto y embistió por los cuatro costados la casa y ésta se derrumbó y mató a los jóvenes, sólo yo pude escapar para contártelo”. Con razón se habla de la paciencia del santo Job, aunque no siempre fue así, al principio tuvo impaciencia y sólo al final del libro, en sus más de 40 capítulos entenderá, esta expresión que hemos escuchado todos y que a veces dicen las abuelas en las exequias y en los velorios. Dirá Job, escuchando el dolor de perder su casa, sus ganados, sus hijos, su familia, lo que tenía que era motivo de alegría y bendición para él. Dice que se levanta y en un gesto profundamente penitencial en la mentalidad judía, uno, se rapa la cabeza, dos, se rasga el manto, tres, se postra por tierra. Este raparse la cabeza, este rasgarse el manto y postrarse por tierra, son tres signos profundamente penitenciales y dirá con toda la fuerza de un corazón adolorido y desconcertado, pero también confiado en Dios: “Desnudo salí el día del parto del vientre de mi madre, y desnudo volveré al vientre de la tierra”. ¡El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó!, ¡Bendito sea el nombre del Señor! Y nos dirá el texto bíblico: “A pesar de todo esto, Job no pecó, ni protestó contra Dios”. Hoy te pregunto, cuántas veces sin vivir el drama humano de Job, sin tener tantas pruebas consecutivas y difíciles en tu vida, dices: se me juntaron todas, se me vino el Cristo de espaldas, Dios me ha abandonado, ni que hubiera matado un sacerdote, ¿por qué me pasa esto?, yo he tratado de ser un buen ser humano. Y rezongamos, y si no renegamos, por lo menos cuestionamos a Dios y su silencio doloroso que no alcanzamos a comprender. Por eso el salmo bellamente dice: “Inclina el oído y escucha mis palabras”, es una clara oración dirigida a Dios. “Señor, escucha mi apelación, atiende a mis clamores, presta oído a mi súplica que en mis labios no hay engaño. Emane de Ti la sentencia, mira en tus ojos la rectitud, aunque sondees mi corazón visitándolo de noche, aunque me pruebes al fuego, no encontrarás malicia, ni engaño en mí. Yo te invoco porque Tú eres mi Dios, tú me respondes; inclina el oído y escucha mis palabras, muestra las maravillas de tu misericordia, tú que salvas de los adversarios a quien se refugia a tu derecha, esto es, con poder a tu diestra”. Impresionante, sencillamente impresionante y conmovedora esta primera lectura del capítulo 1 de Job y el salmo litúrgico 16. Concluyamos esta reflexión mirando el evangelio de hoy, cuando Jesús viendo una discusión entre sus discípulos, sobre quién es el más importante y conociendo el pensamiento que hay en su corazón, toma un niño que para la época era un excluido, un marginado, un débil y poniéndolo a su lado dice: “El que acoge a este pequeño y mi nombre, a mí me acoge”. En el fondo Jesús nos invita a mirar la vida con sabiduría y a entender que, sólo mirando no las grandezas, ni los grandes de esta tierra, sino al contrario, mirando los pequeños para el mundo, pero que son importantes y grandes para Dios, podremos en verdad nosotros ser importantes en el Reino de los cielos. Hoy no lo dudes, créelo, el Señor te ha puesto en el mundo, porque tus manos son las manos del Señor, tu corazón es el corazón del Señor, tu voz es la voz del Señor para llevar justicia, para llevar compasión y misericordia, para llevar amor en acción que es el servicio, sobre todo a los pequeños y sufrientes de esta tierra. Hay muchos Job en la faz del mundo, tú eres el consuelo de Dios, que tus palabras, tu ejemplo, tu ayuda, tu solidaridad espiritual, material y humana, ayude a muchos Job sufrientes del mundo siendo inocentes, a ser más llevadera su cruz, a llevar mejor su existencia sin escandalizarse del sufrimiento, sin perder la fe, nosotros somos instrumentos de Dios. Hoy, de manera especial, elevo una oración por los hermanos y las hermanas de Venezuela, porque su sufrimiento lo hemos visto en 3 millones de venezolanos en nuestro país, Colombia, desarraigados de su tierra, separados de sus hogares, iniciando una nueva vida. Pedimos que el Señor haga justicia, que a los malvados los coloque en su lugar y que la verdad triunfe, que no siga más el sufrimiento para el hombre inocente, que la verdad de Dios brille por encima de los cálculos y las mezquindades humanas. Que el Señor nos bendiga a todos en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 9, 46-50 Lectura del día de hoy Jb 1, 6-22: Un día fueron los ángeles y se presentaron al Señor; entre ellos llegó también Satanás. El Señor le preguntó: -¿De dónde, vienes? El respondió: -De dar vueltas por la tierra. El Señor le dijo: -¿Te has fijado en mi siervo Job? En la tierra no hay otro como él: es un hombre justo y honrado, que teme a Dios y se aparta del mal. Satanás le respondió: -¿Y crees que teme a Dios de balde? ¡Si tú mismo lo has cercado y protegido, a él, a su hogar y todo lo suyo! Has bendecido sus trabajos, y sus rebaños se ensanchan por el país. Pero extiende la mano, daña sus posesiones, y te apuesto a que te maldecirá en tu cara. El Señor le dijo: -Haz lo que quieras con sus cosas, pero a él no lo toques. Y Satanás se marchó. Un día que sus hijos e hijas comían y bebían en casa del hermano mayor, llegó un mensajero a casa de Job y le dijo: -Estaban los bueyes arando y las burras pastando a su lado, cuando cayeron sobre ellos unos sabeos, apuñalaron a los mozos y se llevaron el ganado. Sólo yo pude escapar para contártelo. No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo: -Ha caído un rayo del cielo que ha quemado y consumido tus ovejas y pastores. Sólo yo pude escapar para contártelo. No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo: -Una banda de caldeos, dividiéndose en tres grupos, se echó sobre los camellos y se los llevó, y apuñaló a los mozos. Sólo yo pude escapar para contártelo. No había acabado de hablar, cuando llegó otro y dijo: -Estaban tus hijos y tus hijas comiendo y bebiendo en casa del hermano mayor, cuando un huracán cruzó el desierto y embistió por los cuatro costados la casa, que se derrumbó y los mató. Sólo yo pude escapar para contártelo. Entonces Job se levantó, se rasgó el manto, se rapó la cabeza, se echó por tierra y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré a él. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó; bendito sea el nombre del Señor. A pesar de todo, Job no protestó contra Dios. Salmo del día de hoy Salmo (17)16 ,1.2-3.6-7: Inclina el oído y escucha mis palabras. Señor, escucha mi apelación, atiende a mis clamores; presta oído a mi súplica, que en mis labios no hay engaño. Emane de ti la sentencia, miren tus ojos la rectitud. Aunque sondees mi corazón, visitándolo de noche; aunque me pruebes al fuego, no encontrarás malicia en mí. Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío, inclina el oído y escucha mis palabras. Muestra las maravillas de tu misericordia, tú que salvas de los adversarios a quien se refugia a tu derecha. Evangelio del día de hoy Lc 9, 46-50: En aquel tiempo, los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante. Jesús, adivinando lo que pensaban, cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: -El que acoge a este niño en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado. El más pequeño de vosotros es el más importante. Juan tomó la palabra y dijo: -Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir. Jesús le respondió: -No se lo impidáis: el que no está contra vosotros, está a favor vuestro. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús. | |
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| dc.title | ¡El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó! | |
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