¡Camino, verdad y vida!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Juan 14, 1-12
Primera lectura del día de hoy
Lectura de los Hechos de los Apóstoles 6,1-7:
En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, diciendo que en el suministro diario no atendían a sus viudas. Los Doce convocaron al grupo de los discípulos y les dijeron:
– «No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos de la administración. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra.»
La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando.
La palabra de Dios iba cundiendo, y en Jerusalén crecía mucho el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.
Salmo del día de hoy
Salmo 33/ 32
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.
Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos. Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas.
Que la palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra.
Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.
Segunda lectura del día de hoy
Lectura de primera de Pedro 2,4-9:
Queridos hermanos: Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo. Dice la Escritura: «Yo coloco en Sión una piedra angular, escogida y preciosa; el que crea en ella no quedará defraudado.» Para vosotros, los creyentes, es de gran precio, pero para los incrédulos es la «piedra que desecharon los constructores: ésta se ha convertido en piedra angular», en piedra de tropezar y en roca de estrellarse. Y ellos tropiezan al no creer en la palabra: ése es su destino. Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa.
Evangelio del día de hoy
Lectura de san Juan 14, 1-12:
Yo soy el camino y la verdad y la vida.
-«Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.»
Tomás le dice:
-«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»
Jesús le responde:
-«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.» Felipe le dice:
-«Señor, muéstranos al Padre y nos basta.» Jesús le replica: -«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mi. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre.»
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
El libro de los Hechos de los Apóstoles, que venimos leyendo de manera más o menos continuada a lo largo de todo este tiempo Pascual, nos presenta algún tipo de diferencias que había entre los apóstoles a propósito de que habían llegado discípulos nuevos, no solamente aquellos judíos que hablaban lengua hebrea, sino judíos de la diáspora, del exilio, concretamente judíos helénicos o de Grecia, que hablaban en lengua griega y se quejaban de que sus familiares, sus viudas, no eran servidas en la caridad como lo hacían con las mujeres pobres, viudas, con los huérfanos de los judíos que hablaban en lengua hebrea.
Frente a esta realidad, el grupo de los 12 se reúne en asamblea y hacen una afirmación categórica: “No nos parece bien descuidar la Palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas y de alimentación a los pobres”; reconociendo la importancia de la caridad alimentaria con el necesitado, recuerda el grupo de los 12, (los apóstoles), que es más importante aún la Palabra de vida, la Palabra eterna, la Palabra de Dios, recordando también la expresión de Jesús: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”; y esto nos lleva a pensar y a reforzar la idea de cuánta necesidad hay en el mundo de hoy de anunciadores.
Ojalá los sacerdotes no nos mantuviéramos tan ocupados en temas administrativos, tributarios y demás en las parroquias, contables también, que pueden realizar laicos muy bien capacitados, y nos dedicáramos más de lleno a lo único importante, entregar la palabra renovadora de vida, la palabra creadora de nuevas realidades en el corazón de los hombres, la palabra ungida, perfumada, llena del espíritu que hace hombres nuevos, un mundo nuevo. En efecto, después de entender esto, oran los apóstoles y piden al Espíritu Santo que los acompañe y eligen a hombres de buena fama, llenos de sabiduría, y se encargarán ellos de ser los diáconos, los servidores que atenderán precisamente en obras de caridad, a las viudas y a los huérfanos.
Pero pasemos al evangelio de hoy, Jesús, en una narración llena de emociones internas encontradas, dirá a sus discípulos: “No se turbe su corazón, no sientan tristeza en su alma”, lo más importante, y casi que a manera de un testamento espiritual por su pronta despedida, les dirá a sus discípulos: “Crean en Dios y crean también en mí”; y hablando un poco de su próxima Ascensión al Padre, afirmará Jesús: “En la casa de mi Padre Dios hay muchas moradas, estancias o habitaciones, si no, se los habría dicho, porque me voy a prepararles un lugar; cuando vaya y les prepare el lugar, volveré y los llevaré conmigo, para que donde estoy Yo estén también ustedes”. Jesús, entrañablemente amigo para sus discípulos, más allá de la nostalgia por su partida y próxima Ascensión al Padre Dios, les hace la promesa a sus discípulos, y en ellos a cada uno de nosotros: ¡Volveré, regresaré y los llevaré conmigo, para que estemos todos con el Padre Dios!
Uno de los suyos, Tomás, quizás un poco corto de inteligencia y sin entender claramente lo que dice Jesús o el sentido profundo de sus palabras, le interroga, “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber entonces el camino?” y Jesús responde con uno de los títulos cristológicos más conocidos, más penetrantes, más profundos que encontramos en todo el evangelio de san Juan cuando dirá a Tomás: “Yo soy el camino, Yo soy la verdad, Yo soy la vida, nadie puede ir al Padre de los cielos sino por mí; si me conocieras bien Tomás, conocerías que me voy al Padre”.
Hoy reconoce que Jesús no es solamente la puerta por donde entran al redil, al rebaño de ovejas, sino también que es ese camino cierto, donde no hay equívocos, donde encontraremos la felicidad, la plenitud de la vida, sin ninguna clase de engaños. Y esto lo ratifica en su segunda afirmación, cuando dice: “Soy la verdad”, y es que no es solamente el maestro, el rabino, el profeta; sino que es sobre todo el enviado de Dios, encarnación de la verdad misma, y repetimos esa afirmación: en un mundo, en una sociedad, en una cultura llena de ideologías, de publicidad, de mensajes en redes sociales donde te dicen la dicha de tu vida está en este restaurante, en esta comida, en la compra de este carro, en este viaje o paseo a una costa o a una playa paradisíaca.
Jesús nos dirá de alguna manera, nada de lo del mundo llena el corazón humano, porque fuimos hechos, creados por Dios, para aspiraciones más profundas, las que tiene nuestro corazón y que sólo las puede llenar la vida infinita de Dios, por eso Él, es la verdad. Y finalmente conectado con esta reflexión encontraremos: “Yo soy la vida”, porque Jesús no solamente resucita a Lázaro, a la hija de Jairo o el hijo de la viuda de Naín, sino que Él es el gran resucitado, Él es el que da la vida abundante con salud a los enfermos, es el que da la vida en libertad a aquellos esclavizados o encadenados por las fuerzas del mal.
Cuando hoy sientes en tu vida el peso de tu historia, el peso de tu matrimonio, el peso de tu trabajo, el peso de la crianza sobre tus hijos, y a veces dices ¿qué he logrado en mi vida?, ¿qué he conseguido?, ¿ha valido la pena sacrificarme tanto por esta persona o por esta empresa?, o a veces hasta llegas a afirmar, esto no es vida, este sacrificio tan grande no tiene sentido. Mira el Crucificado, contempla a Jesús, reconoce en Él la plenitud de la vida, la encarnación de la vida abundante y clama a Él diciéndole, Señor, dame esa vida, que en el mundo no puedo conocer, ni en grandes restaurantes, ni en grandes paseos, ni en los placeres profanos del sexo, de las drogas, del disfrute de los ojos, de la escucha de los oídos. Dame entender Jesús, que he sido creado para realidades más profundas, y que solo Tú tienes palabras de vida eterna.
Que el Señor te bendiga en este día, te dé luz en tu corazón y te permita reconocer cuál es el verdadero camino que lleva a la vida, y te bendigo en el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.