¡El poder de la fe!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2024-04-23T16:55:49Z
dc.date.available2024-04-23T16:55:49Z
dc.date.issued2023-07-10
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES El mundo no se divide solo entre hombres y mujeres, ricos y pobres, ilustrados y analfabetas, jóvenes y viejos, enfermos y sanos; el mundo se divide también, entre hombres creyentes y personas bloqueadas, incapacitadas para abrirse a Dios. El evangelio de hoy nos presenta, el poder de la fe que cura, el poder de la fe que devuelve la vida, el poder de la fe que realiza imposibles, expresado con una bella metáfora que hemos escuchado todos: “La fe mueve montañas”. El evangelio nos presenta un hombre importante para la época, que acongojado y si se quiere desesperado por la muerte súbita de su hija, acude a Jesús en una actitud de profunda fe, corporalmente se arrodilla ante Él y clama: “Mi hija acaba de morir”. Pero a renglón seguido siendo un hombre aparentemente que no estaba directamente vinculado con Jesús, le dice: “Ven, ponle la mano en la cabeza, y estoy seguro que mi hija vivirá, retornará a la vida”. Es la fe de un padre angustiado, que se desespera y se resiste a perder lo más querido que tiene, su propia hija. En ese interregno de tiempo, nos dice que Jesús yendo a la casa de Jairo, aparece, una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía 12 años y en la convicción de que Jesús la puede sanar, en medio de la multitud se acerca y le toca el borde del manto, con la certeza de que será sana, de sus flujos de sangre; Jesús se vuelve y en medio de la multitud le dice: “Ánimo hija, tu fe te ha curado”. Ya no es la fe de un papá que intercede por su hija, es la fe personal de una mujer enferma, que cansada de visitar médicos y sin obtener mayores resultados en bien de su salud, acude de una manera casi desesperada, pero también con gran confianza, ante aquel hombre que tenía fama de ser sanador, un maestro, un rabino distinto completamente de los maestros y rabinos que había en tiempos de Jesús. Pero el evangelio continúa y nos dice que Jesús llega a la casa de Jairo al que llama magistrado, y que, en medio del alboroto de la gente, que ya experimentaban y compartían el dolor por la muerte de la niña, Jesús los saca a todos de la casa y les dice: “La niña no está muerta, simplemente está dormida”. La reacción de aquellos judíos fue simplemente, reírse de Jesús, no le creyeron, no tuvieron fe; pero en sentido contrario, Jairo acompaña a Jesús y allá en la intimidad de la habitación donde yacía el cuerpo de la niña, nos dice el evangelista san Mateo, que Jesús la toma de la mano y la niña inmediatamente se pone en pie. Hoy reconocemos a partir de este texto evangélico, la fe humilde del magistrado y que el otro evangelista Lucas llama a Jairo, que se pone de rodillas, pero también la fe confiada de la mujer hemorroísa, que padecía flujos de sangre desde hacía 12 años, y piensa que con sólo tocar a Jesús sanará, pero es la Palabra del Señor, la que precisamente le devuelve la salud. Pero descubrimos una dimensión todavía más importante y es el contacto físico de Jesús con el enfermo, con el que sufre, con el que aparentemente ha perdido la vida. Tanto con la mujer hemorroísa, tiene contacto cuando ella le toca el borde del manto, como con la niña hija de Jairo, cuando la toma de la mano. Hoy te invito para que busques contacto con Jesús, para que no sea simplemente una idea, una imagen en tu vida y por el contrario, sientas que Jesús vive, que es el amigo que nunca falla, que siempre está presente, el que te levanta cuando te caes, el que te sana en tu enfermedad, el que te da esperanza en medio de las pruebas, el que te devuelve la vida cuando te sientes muerto interiormente. De hecho, es la palabra de Jesús a la hemorroísa: “Tu fe te ha curado”, y es la presencia de Jesús en la casa y en la habitación donde la niña, hija de Jairo, aparentemente ha fallecido y la toma de la mano; es esa palabra y esa presencia de Jesús, la que genera (permítanme la expresión), ¡el milagro de la sanación y de devolver la vida a la niña! Hoy si te sientes enferma o enfermo, si te sientes muerto o muerta en vida, pídele a Jesús, clama a Jesús, acércate a Él, entra en contacto con Él por la fe, y siente que su Palabra y su presencia están contigo, no desesperes. Con mucha razón un gigante de la fe como Pablo, en medio de los momentos más oscuros de su vida decía: “No me desespero, porque sé en quien he puesto mi confianza”. Hoy repite tú esa expresión del apóstol de los gentiles y en medio de las mayores dificultades que puedas experimentar, de la noche oscura de la fe o de los sentidos, descubre que allí está Jesús y dile, Señor, yo creo que tú puedes sanar mi vida; Señor, yo creo que tú puedes resolver esta situación, Señor, yo sé que la verdad al final prevalecerá, Señor, yo sé que la justicia triunfará, Señor, yo sé que contigo nada me faltará. Hoy te invito para que fortalezcas tu fe y descubras, que ser cristiano no es simplemente un apellido más en tu vida, sino que ser cristiano es ser un creyente de verdad. Hoy oremos por tantas personas que viven en el racionalismo, otros en el escepticismo o agnosticismo, otros más en el indiferentismo (la indiferencia frente a Dios), oremos por todos ellos y demos gracias porque tenemos fe y porque sabemos que, si Cristo está conmigo, nada, ni nadie me puede afectar en la vida, si Cristo está conmigo, la victoria está asegurada. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 9, 18-26 Lectura del día de hoy Del libro del Genesis 28, 10-22a: En aquellos días, Jacob salió de Berseba en dirección a Harán. Casualmente llegó a un lugar y se quedó allí a pernoctar porque ya se había puesto el sol. Cogió de allí mismo una piedra, se la colocó a guisa de almohada y se echó a dormir en aquel lugar. Y tuvo un sueño: Una escalinata, apoyada en la tierra, con la cima tocaba el cielo. Ángeles de Dios subían y bajaban por ella. El Señor estaba en pie sobre ella y dijo: -Yo soy el Señor, el Dios de tu padre Abrahán y el Dios de Isaac. La tierra, sobre la que estás acostado, te la daré a ti y a tu descendencia. Tu descendencia se multiplicará como el polvo de la tierra, y ocuparás el oriente y el occidente, el norte y el sur; y todas las naciones del mundo se llamarán benditas por causa tuya y de tu descendencia. Yo estoy contigo; yo te guardaré donde quiera que vayas, y te volveré a esta tierra y no te abandonaré hasta que cumpla lo que he prometido. Cuando Jacob despertó dijo: -Realmente el Señor está en este lugar y yo no lo sabía. Y, sobrecogido, añadió: -Qué terrible es este lugar: no es sino la casa de Dios y la puerta del cielo. Jacob se levantó de madrugada, tomó la piedra que le había servido de almohada, la levantó como estela y derramó aceite por encima. Y llamó a aquel lugar «Casa de Dios»; antes la ciudad se llamaba Luz. Jacob hizo un voto diciendo: -Si Dios está conmigo y me guarda en el camino que estoy haciendo, si me da pan para comer y vestidos para cubrirme, si vuelvo sano y salvo a casa de mi padre, entonces el Señor será mi Dios, y esta piedra que he levantado como estela será una casa de Dios; y de todo lo que me des, te daré el diezmo. Salmo del día de hoy Salmo 90, 1-2.3-4.14-15ab: Dios mío, confío en tí. Tú que habitas al amparo del Altísimo, que vives a la sombra del Omnipotente, di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío, Dios mío, confío en ti.» El te librará de la red del cazador, de la peste funesta. Te cubrirá con sus plumas, bajo sus alas te refugiarás. Se puso junto a mí: lo libraré; lo protegeré porque conoce mi nombre, me invocará y lo escucharé; con él estaré en la tribulación. Evangelio del día de hoy Del Evangelio según san Mateo 9, 18-26: En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se acercó un personaje que se arrodilló ante él y le dijo: -Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, ponle la mano en la cabeza, y vivirá. Jesús lo siguió con sus discípulos. Entretanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó el borde del manto, pensando que con sólo tocarle el manto se curaría. Jesús se volvió, y al verla le dijo: -¡Animo, hija! Tu fe te ha curado. Y en aquel momento quedó curada la mujer. Jesús llegó a casa del personaje y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo: -¡Fuera! La niña no está muerta, está dormida. Se reían de él. Cuando echaron a la gente, entró él, cogió a la niña de la mano, y ella se puso en pie. La noticia se divulgó por toda aquella comarca. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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dc.subjectCuraciones de Jesús
dc.subjectFe
dc.subjectLa fe cura
dc.subjectLa fe devuelve la vida
dc.subjectLa fe mueve montañas
dc.subjectLa fe realiza imposibles
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡El poder de la fe!
dc.title.alternative¡Ánimo tu fe te ha curado!

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