¡Miércoles de Ceniza!
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2026-03-09T15:43:34Z | |
| dc.date.available | 2026-03-09T15:43:34Z | |
| dc.date.issued | 2026-02-18 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Miércoles de Ceniza! Con inmensa expectativa y con grande confianza en Dios, iniciamos hoy de manera oficial y solemne el tiempo de la Cuaresma, el tiempo de preparación para convertirnos, para renovar nuestra vida y para vivir el paso del Señor, la Pascua del Señor, la Salvación del Señor por cada uno de nosotros, pasando, repetimos, frente a nuestra vida. La primera lectura, tomada del profeta Joel, nos invita a convertirnos al Señor de todo corazón y no hacerlo solamente de forma exterior, rasgando las vestiduras; sino sobre todo un arrepentimiento, una renovación y una conversión del corazón, rasgando el corazón, una imagen metafórica que nos habla, que no podemos quedarnos simplemente en las formas, en las exterioridades muy propias de los fariseos en tiempos de Jesús. Sino que la verdadera conversión implica un cambio profundo en la vida, una reorientación radical de la existencia, colocando valores fundamentales como inspiración, iluminación para nuestra vida: El amor en vez de la ambición. El ser profundo en vez de la apariencia. El gozo del alma en vez del placer de los sentidos. El buscar el servicio antes que el dominar a los demás. El buscar la humildad antes que las apariencias vanidosas de cara a la sociedad. Y se nos invita a esta conversión en una confianza: “El Señor es compasivo y misericordioso”. Y esto lo repetirá también el Salmo Miserere, porque su primera palabra es Misericordia. (Salmo 50 en la enunciación litúrgica, Salmo 51 en la enumeración bíblica). Nos recuerda “que todos somos de barro, que todos estamos llamados a clamar la misericordia de Dios”. Y por eso este salmo, con un profundo acento penitencial, nos recuerda “que sólo la misericordia del Señor es capaz de borrar nuestra culpa y pedimos con toda la fuerza del ser que nos dé un corazón puro”. Pero continuando con las lecturas, encontramos la segunda carta de Pablo a los Corintios en el capítulo 5, cuando nos hace una exhortación, una súplica vehemente, casi dolorosa, desde el fondo del alma, invitándonos “a reconciliarnos con Dios y a no echar en saco roto la gracia divina”. Hoy, cuántas veces podemos nosotros decir, he visto la mano providente de Dios en mi vida, que me invita a cambiar, a reorientar mi existencia; y sin embargo he dicho, para mi vejez, ahora “disfrutemos de la vida, de la juventud”. Y te pregunto ¿qué es disfrutar?: ¿malgastar tu vida?, ¿dilapidar tus carismas?, ¿entregarte al mundo que paga tan mal? Por eso está exhortación cobra plena vigencia, reconcíliate con Dios y no desperdicies, no eches en saco roto la gracia, los momentos afortunados, las personas, las circunstancias en que Dios te ha llamado. Pero pasamos finalmente al Evangelio de san Mateo en el capítulo 6, cuando Jesús lanza una clara advertencia: “Cuídense de practicar la justicia, la bondad, la llamada piedad o rectitud de corazón, sólo para ser vistos por los hombres y no para ser reconocidos por Dios”. Y a propósito de las tres relaciones esenciales de todo ser humano: La relación esencial del hombre con Dios por la oración. La relación esencial del hombre con otros hombres y mujeres por la compasión, misericordia, caridad o limosna. Y la relación del hombre consigo mismo, el autodominio por el ayuno. Aprendamos que el Señor nos invita, que tanto oración como compasión o limosna y ayuno son relaciones religiosas que se viven de cara a Dios, antes que, de forma vanidosa, buscando el reconocimiento y el aplauso de los hombres. Esto lo dirá Jesús muy a propósito de la hipocresía, la doblez de corazón de los fariseos, que no es solamente una casta socio religiosa en tiempos de Jesús, sino que es una condición humana universal, propia de todos los siglos, el ser humano a veces creerse puro, bueno, salvado, justo porque así funge o aparece ante los demás. ¡Qué equivocación! No valemos lo que aparentemos ante los hombres, valemos lo que somos realmente ante Dios, frente al cual no puede haber engaño. Pero hagamos una aplicación pastoral de este Evangelio y dejemos cinco enseñanzas para nuestra vida muy puntuales, a propósito de iniciar hoy ese camino afortunado y feliz de la conversión, que es lo que se busca siempre con el itinerario cuaresmal. Una primera aplicación práctica para nuestra vida es reconocer y descubrir que los cambios más importantes en la vida no son exteriores, sino interiores. No se trata de cambios cosméticos o meramente estéticos, sino éticos y morales en el actuar recto, justo, limpio, luminoso de cada día. No es un cambio aparentando ante los demás, la apariencia, el aparecer; sino un cambio desde el ser, lo profundo del alma humana. Hoy no pretendas que cambias tu vida como lo hacemos al comenzar el año. Voy a bajar la comida grasosa o los dulces. Voy a hacer una dieta saludable. Voy a hacer ejercicio. Voy a tinturarme el cabello. No, estos son cambios externos. El más importante cambio es el interior. Señor, dame la gracia de ser más humilde y menos orgulloso, más generoso y menos egoísta. Un hombre que perdone más y que guarde menos rencor. Pero hay una segunda enseñanza y es reconocer que el mayor obstáculo para un cambio profundo en la vida soy yo mismo. Si, así como lo escuchas, el mayor obstáculo para una verdadera conversión en tu vida eres tú mismo. Es que nuestro orgullo o entiéndase también nuestro ego, o entiéndase nuestro autoendiosamiento o entiéndase nuestra autorreferencialidad, nos impide vivir plenamente la relación con Dios de renovación de la vida. Pero también encontrarás, por ejemplo, que el egoísmo que me asegura en mi zona de confort, de comodidad, de bienestar, de autopreservación, de encerramiento en mí mismo, me impide ser verdaderamente un hombre nuevo. También es obstáculo nuestra codicia, esto es, el afán por atesorar, por acumular, por asegurar la vida. Cuántas personas no dieron el salto cualitativo como el joven rico del Evangelio, porque su codicia, su afán de atesorar, fue más grande que su amor por la verdad de Jesucristo. Otros encontrarán un gran obstáculo en el seguimiento y en la conversión personal, en sus resentimientos, rabias, rencores, odios que les bloquean para perdonar. Otros también en sus temperamentos iracundos, irascibles, rabiosos, serán personas que se desanimarán fácilmente buscando un cambio de vida en esta Cuaresma y para toda su vida. Porque dicen, los rencores, las iras me pueden. Otros hablarán de la lujuria, de esos deseos desordenados de la carne, de la pereza, de la gula, de la envidia que les lleva a decir, no soy capaz de una conversión verdadera y profunda en mi vida. Pero una tercera enseñanza práctica para nuestra vida de cara a aprender este inicio de la conversión en esta nueva Cuaresma es descubrir que los verdaderos cambios de la vida necesitan tiempo, paciencia, procesos, perseverancia. Hay que romper con hábitos dañinos, hay que romper con vicios; hay que adquirir virtudes y hábitos sanos y buenos. Y los invito a que no nos desanimemos ni perdamos la esperanza cuando somos reincidentes en un pecado, porque en el fondo, tal vez es el desánimo, la desesperanza lo que más nos daña, lo que más nos desanima para renovar nuestra existencia. Dirás: no soy capaz de perdonar, no soy capaz de dejar el licor, la droga, no soy capaz de ser fiel a la esposa. No te desanimes, no desesperances que esa desesperanza es quizás más grave que el pecado mismo de infidelidad o de incapacidad para la abstinencia del licor. En una cuarta y penúltima enseñanza. Es un misterio, es una ironía; pero los períodos largos de prueba y sufrimiento. Por ejemplo: en la enfermedad, en una crisis económica, en una crisis matrimonial. Lejos de mirarlos como un castigo de Dios, son tiempos de gracia que nos purifican, nos maduran, nos hacen crecer espiritualmente, permiten que el alma personal sea abonada para regresar a casa, para regresar a la verdad profunda del ser, para regresar a Cristo por el camino de la humildad y la confianza. Hoy te lo digo de corazón. Reconoce en esos tiempos dolorosos que tu soberbia es quebrantada, que tu confianza en Dios es puesta a prueba; pero que, si sales victorioso, victoriosa, verás una verdadera renovación de tu vida. Concluyamos nuestra reflexión diciendo que al final de la existencia descubrimos, que todo en nuestra vida ha sido gracia de Dios, que no hay cambios profundos y duraderos si no es por la ayuda divina, el amor del cielo, la vida nueva, la gracia que nos ha sido comunicada por la Pasión, Muerte y triunfante Resurrección de Cristo. No te atrevas a emprender nuevos caminos de vida por tus propios méritos, que no serás capaz de salir adelante. Confía en el Señor. Cinco aplicaciones para la vida. Uno. Los cambios más importantes no son exteriores, sino interiores. Dos. El mayor obstáculo para un cambio profundo en mi vida soy yo mismo. Tres. Los verdaderos cambios y conversiones de la vida necesitan tiempo, paciencia, procesos, perseverancia. Cuarto. Aunque suene duro, los períodos largos de sufrimiento y prueba nos purifican, maduran y nos hacen crecer espiritualmente para renovarnos. Cinco. Al final de la vida reconocemos que todo ha sido gracia, misericordia de Dios por nosotros. Bendecido inicio de este tiempo cuaresmal, camina de la mano del Señor y veras en la próxima Pascua que tu vida ha sido renovada, si de corazón le apuestas por cambiar, por proponer nuevos valores para tu vida. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Mateo 6, 1-6. 16-18 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: de la profecía de Joel 2, 12-18 «Ahora -oráculo del Señor- conviértanse a mí de todo corazón con ayunos, llantos, y lamentos. Rasguen sus corazones, no sus vestidos; y conviértanse al Señor, su Dios, un Dios compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en amor; que se arrepiente del castigo». Quien sabe si cambiará y se arrepentirá dejando tras de sí la bendición, ofrenda y libación para el Señor, su Dios. Toquen la trompeta en Sión, proclamen un ayuno santo, convoquen a la asamblea. Reúnan a la gente, santifiquen a la comunidad, llamen a los ancianos. Congreguen a los muchachos y a los niños de pecho. Salga el esposo de la alcoba y la esposa del tálamo. Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, servidores del Señor, y digan: «Ten compasión de tu pueblo, Señor; no entregues tu heredad al oprobio, ni a las burlas de los pueblos; porque van a decir las gentes: ¿Dónde está su Dios? Entonces se encendió el celo de Dios por su tierra y perdonó a su pueblo». Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 51(50), 3-4. 5-6a. 12-13. 14 y 17 Misericordia, Señor: hemos pecado. Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado. Misericordia, Señor: hemos pecado. Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado: contra Ti, contra Ti solo pequé, cometí la maldad en tu presencia. Misericordia, Señor: hemos pecado. Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu Santo Espíritu. Misericordia, Señor: hemos pecado. Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso. Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza. Misericordia, Señor: hemos pecado. Segunda Lectura: de la segunda carta del apóstol San Pablo a los Corintios 5, 20-6, 2 Hermanos: actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo les pedimos que se reconcilien con Dios. Al que no conocía el pecado lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros, llegaramos a ser justicia de Dios en Él. Y como cooperadores suyos, les exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios, pues dice: «En el tiempo favorable te escuché, en el día de la salvación te ayudé»; pues miren, ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según san Mateo 6, 1-6. 16-18 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuiden de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendrán recompensa de su Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, para ser honrados por la gente; en verdad les digo, que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando oren, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad les digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará. Cuando ayunen, no pongan cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad les digo, que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará». Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús. | |
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| dc.subject | Ayuno | |
| dc.subject | Caridad | |
| dc.subject | Cuaresma | |
| dc.subject | Conversión | |
| dc.subject | Oración | |
| dc.subject | Renovar la vida | |
| dc.subject | San Mateo | |
| dc.subject | Vivir el paso del Señor | |
| dc.subject | Biblia | |
| dc.subject | Evangelio | |
| dc.title | ¡Miércoles de Ceniza! | |
| dc.title.alternative | Cuaresma |
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