¡Vive con autoridad!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Marcos 1, 21-28
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura de la carta a los Hebreos (2,5-12):
Dios no sometió a los ángeles el mundo venidero, del que estamos hablando; de ello dan fe estas palabras: «¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, o el hijo del hombre, para que mires por él? Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, todo lo sometiste bajo sus pies.» En efecto, puesto a someterle todo, nada dejó fuera de su dominio. Pero ahora no vemos todavía que todo le esté sometido. Al que Dios habla hecho un poco inferior a los ángeles, a Jesús, lo vemos ahora coronado de gloria y honor por su pasión y muerte. Así, por la gracia de Dios, ha padecido la muerte para bien de todos. Dios, para quien y por quien existe todo, juzgó conveniente, para llevar a una multitud de hijos a la gloria, perfeccionar y consagrar con sufrimientos al guía de su salvación. El santificador y los santificados proceden todos del mismo. Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos, cuando dice: «Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré.»
Palabra del Señor. Te alabamos Señor
Salmo de Hoy:
Salmo 8, 2a.5.6-7.8-9
Diste a tu Hijo el mando sobre las obras de tus manos
¡Señor, dueño nuestro,
qué admirable es tu nombre en toda la tierra!
¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
el ser humano, para darle poder?
Diste a tu Hijo el mando sobre las obras de tus manos
Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos.
Diste a tu Hijo el mando sobre las obras de tus manos
Todo lo sometiste bajo sus pies:
rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar.
Diste a tu Hijo el mando sobre las obras de tus manos
Evangelio del día de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 1, 21-28:
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad. Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.»
Jesús lo increpó: «Cállate y sal de él.» El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió.
Todos se preguntaron estupefactos: «¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.»
Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
Resulta muy impresionante la primera lectura de hoy, tomada de la carta a los hebreos en el capítulo 2, cuando se plantea el autor de la misma ¿qué es el hombre? (dirigiendo estas palabras a Dios). ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él?, ¿qué es el ser humano para que lo mires, pongas tu mirada en él? Y señalará a renglón seguido: “Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, y todo lo sometiste bajo sus pies”. Este texto de la carta a los hebreos en el capítulo 2, nos recuerda que, en el plan sabio y providente de Dios, está que nosotros los seres humanos seamos los reyes de la creación, que dominemos sobre todas las fuerzas naturales y transformemos el mundo para hacerlo mejor.
Es bellísima esta expresión, cuando continuara afirmando: “Todo, lo sometiste bajo su dominio, y ahora no vemos que nada no le esté sometido”. Es bellísimo, como por amor al hombre, Dios ha dado a los hombres, a la humanidad tal poder. Pero a renglón seguido manifiesta cómo es el plan providente de Dios sobre el ser humano y muestra como Cristo, por quien todo fue hecho, por quien todo existe y a quien llamó a todos los hombres a la gloria, Dios Padre ha determinado que Él sea perfeccionado mediante el sufrimiento, una expresión que se repetirá unos capítulos más adelante cuando nos dirá: “Que Cristo, con grandes sufrimientos, con lágrimas y gritos, aprendió obediencia al Padre Dios (y está hablando del momento supremo, de su Pasión, de su entrega a manos de las autoridades judías y romanas), y cómo, mediante ese sufrimiento y dolor de su Pasión, Crucifixión, Humillación y Muerte, ha sido perfeccionado”.
Hoy meditemos, que tal vez los grandes momentos de sufrimiento en la vida, aunque nos ha costado en lo humano, aunque hemos sentido dolor profundo e inenarrable, son momentos, tiempos de gracia donde hemos sido superados o nos hemos superado a nosotros mismos, hemos crecido humana y espiritualmente. Te lo diré de una manera más personal, en mi vida como hombre, en mi vida como sacerdote, son en los momentos de crucifixión personal, cuando más he crecido, más he madurado humana y espiritualmente. Pero eso no es solamente para mí, es para ti y para todos; lo fue para Cristo, el Hijo de Dios, que en el plan del Padre de los cielos fue perfeccionado mediante el sufrimiento. Y hoy, ante dolores por la enfermedad, por una situación económica apretada, por una circunstancia provisional de desempleo, por una persona que te talla en la convivencia conyugal o familiar, por una situación personal de desánimo, de algún poco de depresión. Descubre que el Señor en este sufrimiento que nos parece misterioso, nos va puliendo, nos va perfeccionando como lo hizo con la persona de Cristo Jesús. Y así al final dirá la carta a los hebreos en esta primera lectura: “El Santificador que es Cristo, y los santificados que somos nosotros, procedemos todos del mismo Padre, y en el fondo es voluntad del Padre de los cielos, que podamos mediante el misterio de la cruz, ser perfeccionados”.
Pero pasemos al salmo bellísimo cuando afirmará aclamando a Dios: “Señor, Dios nuestro, que admirable es tu nombre en toda la tierra”; ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él? (recordando el texto de la carta a los hebreos). Y repetirá la misma expresión el salmo 8: “Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre todas las obras, todo lo sometiste bajo sus pies”.
Pero pasemos ahora a meditar el evangelio de Marcos, donde se nos señala un día corriente en la vida de Jesús, concretamente el día sábado, día santo para los judíos, cuando en la sinagoga, el lugar del culto para los judíos y también de reuniones, Jesús allí enseña. Nos dice Marcos: “Que la gente que le escuchaba se asombraba, se maravillaba de la enseñanza de Jesús, porque era un hombre que hablaba con autoridad y no como los escribas o supuestos maestros de su tiempo”. Es que, en Jesús, más allá del timbre de su voz o de la cadencia de la misma, había algo especial que era la unción del Espíritu, la autoridad de Dios en su corazón, que le permitía hablar con autoridad.
Hoy tú puedes decir de un sacerdote, de una religiosa, de un laico evangelizador, esta persona me llena la vida, esta persona me convence porque siento que habla desde su corazón a mi corazón, desnuda mi vida, refleja mis problemas, ilumina mi caminar y en el fondo es autoridad del evangelizador del siglo XXI, la misma autoridad que tuvo Jesús en el siglo primero, solo nos viene del autor supremo de todo, el Espíritu de Dios, que morando en nosotros nos hace hablar, anunciar la vida del evangelio, la vida de Cristo de una manera distinta. Siempre han existido muchos escribas, muchos maestros de la ley, muchos ilustrados en teología; pero tú dices, son como esos rabinos de hace 2000 años a los que uno les escucha con atención y saben, tienen erudición en sus palabras, pero no convencen, no tocan la vida, ni mucho menos transforman el corazón. Y en esas, mientras la gente se admiraba de la autoridad con la que hablaba Jesús, viene un segundo momento, cuando precisamente en la sinagoga, un hombre con un espíritu inmundo (entiéndase un hombre enfermo, un hombre atrapado en la oscuridad, en el mal), se pone a gritar en medio de la sinagoga: ¿qué tenemos que ver nosotros? (como que fueran varios espíritus en plural), ¿qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? “Sabemos que quieres acabar con nosotros, sabemos que tú eres el Santo de Dios”.
Qué irónico, qué amarga ironía y paradoja, que mientras los hombres piadosos, escribas, fariseos y demás no reconocen a Jesús como el Cristo, el Ungido de Dios, un hombre enfermo y poseído por el mal, es el primero en reconocer el señorío de Cristo, el poder de Jesús, el Santo de Dios, el único que puede acabar con ellos. Él tiene el poder para acabar con el antipoder del demonio cuando toma la vida de una persona. ¡Qué impresionante!, hoy en el siglo XXI créeme, que muchos buenos hombres y mujeres no son profetas en su tierra, es más, son mirados con suspicacia y sospecha entre los suyos. Pero es paradójico que son los malvados, los maliciosos del mundo, los que reconocen la luz interior, la bondad, la verdad del mensaje de un evangelizador, laico, religiosa, sacerdote, donde uno dice, este hombre, esta mujer me habla con verdad, esta persona viene en nombre del Santo de Dios.
Nos dirá en una tercera parte y final, que Jesús con autoridad (y ya no solamente para hablar, sino con autoridad para actuar), le dirá al hombre poseso, poseído por el mal espíritu: “Cállate, silénciate que estamos en la sinagoga y no puedes seguir hablando y sal de este hombre”. Y dirá el evangelista Marcos: “Que el espíritu inmundo retorció violentamente al endemoniado, y dando un grito muy fuerte, salió de él”.
En nuestro mundo tan racionalista, tan dado a decir: “Si la ciencia no me lo explica, no lo creo” (como que la ciencia fuera la única, el único camino para conocer la verdad, es un camino, pero no el único, ni mucho menos). El hombre de hoy que mira con escepticismo la realidad del mal, de la posesión y de los exorcismos, aquí vemos como el hombre retorcido con violencia y con un grito muy fuerte, Jesús logra liberarlo de aquellas fuerzas oscuras: enfermedad mental, enfermedad emocional, enfermedad espiritual, enfermedad física, y todos los que estaban en la sinagoga, sorprendidos, perplejos, aterrados, estupefactos (es la expresión que utiliza). Dicen ¿qué es esto? “Es una nueva manera de enseñar; habla y actúa con autoridad y aún los espíritus malos le obedecen con docilidad”. Es muy impresionante repetimos, cómo se muestra el poder de Dios en Jesucristo frente al antipoder del maligno, que ha tomado personas y voluntades humanas.
Señor, enséñanos a hablar con autoridad, Señor, danos la gracia de actuar con autoridad, porque vivimos en oración, vivimos en coherencia de vida, vivimos en la fe del Hijo de Dios o sobre el Hijo de Dios, el único que puede sanar y dar salvación al mundo.
Que el buen Dios te bendiga abundantemente en este día. En el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.