¡La medida que uses, la usaran contigo!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Lucas 6, 27-38
Lectura del día de hoy
De la carta del apóstol san Pablo a los colosenses 3, 12-17:
Hermanos:
Como pueblo elegido de Dios, pueblo sacro y amado, sea vuestro uniforme: la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión.
Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro.
El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.
Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada.
Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo.
Y celebrad la Acción de Gracias: la Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente.
Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.
Y todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, ofreciendo la acción de gracias a Dios Padre por medio de Él.
Palabra de Dios, te alabamos Señor.
Salmo del día de hoy
Salmo 150:
Todo ser que alienta alabe al Señor.
Alabad al Señor en su templo, alabadlo en su fuerte firmamento. Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza. Todo ser que alienta alabe al Señor.
Alabadlo tocando trompetas, alabadlo con arpas y cítaras, alabadlo con tambores y danzas, alabadlo con trompas y flautas.
Todo ser que alienta alabe al Señor.
Alabadlo con platillos sonoros, alabadlo con platillos vibrantes. Todo ser que alienta alabe al Señor.
Todo ser que alienta alabe al Señor.
Evangelio del día de hoy
Del santo Evangelio según San Lucas 6,27-38:
Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
–A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian.
Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.
Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen.
Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores con intención de cobrárselo.
¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada: tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos.
Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante.
La medida que uséis la usarán con vosotros.
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
La piedad popular conmemora hoy al Señor de los Milagros de Buga. Una hermosa y antigua tradición nos habla, de como una sencilla mujer lavandera de ropa en las aguas del río Guadalajara (cerca del actual Buga), hace varios siglos lavaba ropa para ganar un poco de dinero para el sustento de su familia y el ahorro económico de unos pocos centavos, los había tomado para comprar un crucifijo y encargarlo al párroco de su localidad. Sin embargo, cuando ya tenía el dinero suficiente para comprar el crucifijo, un día pasó frente a ella un hombre padre de familia, que gritaba frente a sus captores que lo llevaban a la cárcel, que lo dejaran libre; el hombre según las costumbres de la época, debía de pagar con cárcel la deuda económica que tenía. La mujer compadecida, entregó el dinero ahorrado para comprar el crucifijo al buen hombre, quien agradecido la bendijo y le dijo que Dios no le faltaría con nada en sus labores diarias.
La mujer siguió lavando ropa en el río Guadalajara y una mañana descubrió que entre las aguas del río había un pequeño crucifijo de madera que tomó en sus brazos y lo llevó a su sencilla casa para venerarlo. Cuál sería su sorpresa cuando a los pocos días, escuchando unos golpes en el lugar donde guardaba el crucifijo, se dio cuenta que él había crecido milagrosamente y que ahora era un Cristo de gran tamaño. Sorprendida, comentó al párroco de su localidad lo que había acontecido, el cual afirmó que se trataba de un verdadero milagro, un hecho extraordinario. La gente empezó a venerar aquella imagen, pero precisamente un visitador eclesiástico enterado de una veneración irregular supuestamente para la Iglesia, mandó quemar la imagen que estaba un poco desfigurada porque las personas en su devoción arrancaban pedazos de madera del Cristo. Cuál sería la sorpresa, cuando después de someter al fuego el crucifijo, éste no se quemó, solamente se morenió, pero siguió intacto.
La devoción de la gente aumentó milagrosamente, salió avante de las llamas y simplemente las personas empapaban algodones con el sudor que había quedado del crucifijo y lo imponían sobre los enfermos que sanaban. Así empezó la historia del amor, la devoción al Señor de los milagros de Buga.
Pero hablemos del evangelio que nos ocupa en este día y que nos propone la liturgia. Tal vez es el evangelio más exigente cuando nos plantea amar al enemigo, hacer el bien a quien nos persigue, bendecir a quien te maldice, orar por aquella persona que te maltrata. ¿Cómo Jesús nos puede pedir semejante actitud? Reconocemos tres sabidurías para nuestra vida.
La primera, frente a la realidad de los conflictos, de los problemas, de las ofensas tan comunes entre los hombres, aprendamos a huir de los problemas, a evitar los enemigos. Pienso que ningún esfuerzo es bastante cuando se trata de evitar problemas humanos; Jesús nos recuerda en el evangelio de hoy, una regla evangélica: “Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes”. ¿Quieres que te respeten?, respeta. ¿Quieres que te traten con cordialidad?, trata cordialmente, esto es con el corazón. ¿Pides que te tengan paciencia?, se paciente. ¿Pides que una persona no sea imprudente contigo?, sé prudente. ¿Pide que te miren y te juzguen con justicia?, se justo con los demás.
Pero hay una segunda sabiduría en este tema de nosotros superar las diferencias con adversarios o enemigos mentales o emocionales. Recordamos al pensador oriental Confucio cuando afirma: “Quién se domina a sí mismo domina a su peor enemigo”. La vida con el paso de los años nos señala, que el mayor enemigo no es mi jefe, no es mi cónyuge, no es mi vecino, no es mi cuñada o mi suegra; el mayor enemigo no está en los otros, está en nosotros, por eso debemos de sanarnos interiormente. Y hay muchos tipos de heridas en el corazón personal, pero resalto especialmente tres.
Sanémonos de los orgullos. El hombre orgulloso tiene grandes dificultades para perdonar, es incapaz de reconocer sus errores, es una persona que ve el mal en los demás, pero no en sí mismo.
Pero sanémonos también en un segundo momento de la hipersensibilidad. Claro, nos duele, nos afectan las cosas, los desencuentros, el desamor de los demás, pero a veces nos duelen o nos afectan más de la cuenta. A veces somos demasiado hipersensibles y hacemos tormentas en vasos de agua. Dejamos de hablarnos con alguien, rompemos una relación definitivamente por situaciones pequeñas.
En una tercera realidad, más allá del orgullo uno, o la hipersensibilidad dos, sanemos nuestro corazón de prevenciones, de prejuicios, de creernos que todo lo hacen los demás contra nosotros. Muchos problemas en la vida se han generado por prevenciones, prejuicios innecesarios, absurdos que rompen las relaciones. Parecen tres pequeñeces, pero si nos sanamos nos ayudarán a dominar ese monstruo, ese enemigo que llevamos dentro, ¡orgullo, hipersensibilidad y prevención!
Terminemos con una tercera y última sabiduría. Reconozcamos que amar al enemigo es sobre todo un don de Dios, una gracia del cielo. Es que en nuestra naturaleza humana tendemos a ser vengativos, retributivos en nuestra justicia como varias veces lo hemos mencionado.
Pidámosle al Señor entender su sabiduría más alta, actuar con los demás como Dios actúa con nosotros, perdonar a los demás como Dios nos perdona a nosotros, ser compasivos con los demás como Dios es compasivo con nosotros.
Y el evangelio de hoy en una hermosa sabiduría, nos muestra como un camino de reconciliación con un adversario, pasa por estas cuatro palabras señaladas por el evangelio de hoy. Una, oremos por aquella persona que nos cuesta trabajo amar, dos, bendigamos su vida, bendigamos sus palabras, bendigamos sus obras, tres, hagamos el bien a esta persona difícil, aunque nos haya hecho el mal, y cuarto, pidámosle al Señor la gracia de amar a ese ser humano que repetimos es solo gracia, bondad de Dios.
Que el Señor te bendiga abundantemente en este día y te ayude a sanar heridas en tu corazón, sobre todo frente a tu familia y las personas que has querido, y te bendecimos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.