¡Con alma de niño!

Abstract

REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Marcos 10, 13-16 Lectura del día de hoy St 5,13-20: Queridos hermanos: ¿Sufre alguno de vosotros? Rece. ¿Está alegre alguno? Cante cánticos. ¿Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, y que recen sobre él, después de ungido con el óleo, en el nombre del Señor y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo curará, y, si ha cometido pecado, lo perdonará. Así, pues, confesaos los pecados unos a otros, y rezad unos por otros, para que os curéis. Mucho puede hacer la oración intensa del justo. Elías, que era un hombre de la misma condición que nosotros, oró fervorosamente para que no lloviese; y no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses. Luego volvió a orar, y el cielo derramó lluvia y la tierra produjo sus frutos. Hermanos míos, si alguno de vosotros se desvía de la verdad y otro lo encamina, sabed que uno que convierte al pecador de su extravío se salvará de la muerte y sepultará un sinfín de pecados Salmo del día de hoy Salmo (141) 140,1-2.3.8 : Suba mi oración como incienso en tu presencia, Señor. Señor, te estoy llamando, ven deprisa, escucha mi voz cuando te llamo. Suba mi oración como incienso en tu presencia, el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde. Coloca, Señor, una guardia en mi boca, un centinela a la puerta de mis labios. Señor, mis ojos están vueltos a ti, en ti me refugio, no me dejes indefenso. Evangelio del día de hoy Mc 10,13-16: En aquel tiempo, presentaron a Jesús unos niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: -Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el Reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el Reino de Dios como un niño, no entrará en él. Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La primera lectura tomada del apóstol Santiago, nos da tres claras recetas a propósito de situaciones de la vida cotidiana, que ocurrían en tiempos del apóstol y que ocurren dos mil años después hoy en nuestros días. Dirá en efecto el apóstol: “¿Sufre alguno de ustedes? que rece a Dios”, así de simple, así de contundente. La oración mitiga el sufrimiento, la oración serena el alma, la oración consuela el espíritu, la oración nos eleva la mirada a lo alto y hace que nuestro sufrimiento sea mucho más llevadero. En un segundo momento dirá el apóstol Santiago: “¿Está alegre alguno de ustedes?, que cante canciones porque la vida no es solamente sufrimientos”. Decían los abuelos: “Que en la vida unas son de cal y otras son de arena”, para indicar que siempre tendremos buenos y malos momentos, como en la cronología del tiempo está la luz del día y la oscuridad de la noche. Pero así como hay tiempo para lamentarnos y llorar, debe de haber tiempo también para alegrarnos y gozarnos en Dios. En un tercer momento, preguntará el apóstol Santiago: ¿Está enfermo alguno de ustedes?, y da una respuesta: “Llame a los presbíteros, a los sacerdotes de la Iglesia, para que oren sobre el enfermo después de ungirlo con el óleo de los enfermos en el nombre del Señor, y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo curará, y si ha cometido pecado lo perdonará”. De hecho, esta tercera parte de este capítulo 5 de Santiago, es la base bíblica y evangélica del conocido sacramento de la Iglesia como sacramento de la extremaunción o unción de los enfermos. Hoy reconozcamos que el Señor nos invita a orar, y continuando con la lectura de Santiago, dirá de una manera tajante: “Mucho puede hacer la oración intensa del hombre justo”, y coloca Santiago como paradigma al gran profeta Elías, que había vivido muchos siglos atrás y reconoce como siendo un hombre igual a nosotros, Elías, ora fervorosamente para que no llueva sobre Israel y durante tres años y seis meses no llovió. Y luego nos dice que Elías volvió a orar al cielo para que lloviera, y el cielo derramó lluvia abundante para que produjera frutos de la tierra. Hoy me quedo con esa impresionante expresión: ¡la oración intensa del hombre justo!, entiéndase la oración intensa del hombre recto, del hombre o la mujer íntegros, siempre es escuchada por Dios. Cuando necesites algún favor, mira la santidad de una persona, de un laico, de una religiosa, de un sacerdote, de una persona pobre, enferma, sencilla, y pídele de todo corazón que ore por tu intención, la oración intensa del hombre justo siempre es escuchada por Dios. Pero pasemos al evangelio donde los discípulos reprendían a algunos niños que se acercaban a Jesús, es más, les regañaban; pero Jesús se enfada con sus discípulos, invita a que los niños en su espontaneidad, en su tranquilidad, se acerquen a la persona divina de Jesús. Siempre es la acción del Hijo de Dios, el acercamiento al hombre, y luego hace una afirmación lapidaria: “Sólo de aquellos que son como los niños es el reino de los cielos”. Y concluirá ratificando esta idea: “Les aseguro que el que no acepta el Reino de Dios como un niño, con el alma de un niño, no entrará en el cielo”. Pero nos preguntamos, siendo adultos ¿cómo podemos volver a ser niños? un poco la palabra que decía Nicodemo ¿cómo volver a ser un hombre nuevo?, ¿cómo volver a nacer de nuevo en el vientre de una madre? Y Jesús habla de un nacimiento espiritual, y Jesús habla de los niños campesinos, probablemente no a los niños tecnológicos del siglo 21. Y en los niños de todas las etapas de la historia, siempre han existido características fundamentales que son necesarias para conocer y sobre todo para acceder a la lógica, a los dones y al misterio del Reino de Dios. Una primera característica, es que un niño por excelencia es limpio, es puro de corazón. Y esto nos recuerda precisamente la bienaventuranza: “Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”. Pero encontramos una segunda característica, el niño es por excelencia el confiado totalmente en las manos y en los brazos maternales y paternales de sus queridos progenitores. El confiado es un poco en las bienaventuranzas, el pobre que pone toda su vida, que se abandona totalmente en las manos providentes, amorosas y todopoderosas del buen Dios. En un mundo donde sólo confiamos en nuestras capacidades e inteligencia, mucho bien nos haría aprender de los niños de un año, año y medio de nacido, seis meses, a confiarnos totalmente al amor incomparable y compasivo de nuestros padres y así aprender a confiarnos al amor de los amores, el amor del Padre Dios. En una tercera característica encontramos, que el amor de un niño es simple, es básico, es elemental; no es muy complicado como el mundo de los adultos en una relación de amistad, de noviazgo, de pareja, cuando reclamamos: no me has llamado al celular, has cambiado, no eres la misma persona, ¿por qué te estás demorando tanto?, hay algo en ti que me extraña. Un niño quiere de manera simple, elemental, transparente, sin muchos misterios, sin muchos caprichos, sin muchas veleidades o cambios como los tenemos los adultos. Aprender de ese amor simple, básico, elemental, que lo pregunta todo, un niño es completamente permeable al amor de una madre, de un papá, de unos abuelos, de unos amiguitos de escuela, él sabe como nadie recibir ese amor. Pero en una cuarta característica para ingresar al Reino de los cielos teniendo el alma de un niño. Los niños no pierden nunca su capacidad de asombrarse, su capacidad de admiración, su capacidad de maravillarse por el mundo y por todo lo que descubren cada día. Acaso en un niño de 4 o 5 años, su pregunta reiterativa: y ¿por qué esto?, y ¿por qué lo otro?, y el niño con sus grandes ojos va descubriendo las maravillas, las bendiciones de Dios en su vida, en la vida de su familia, en la vida del reino creado, la naturaleza. Pero avanzamos en esta reflexión y además encontramos que un niño por excelencia es el que perdona, el que no guarda rencores, ni resentimientos. Un niño no tiene a diferencia de los adultos, un niño no tiene memoria para las ofensas, para las heridas que otros nos han causado. Un niño se pelea con otro en la escuela y media hora más tarde está jugando con él. Qué condición más especial de los niños, y como deberíamos de aprenderla como una verdadera regla de oro si queremos acceder al Reino de los cielos. Finalmente, encontramos que los niños son los que acogen a los demás sin prejuicios, sin discriminaciones, sin prevenciones. La capacidad de acogida de un niño para jugar con otro así no sea de su clase social, del color de su piel, de su formación académica. Los niños son más universales que nosotros los adultos, que nos volvemos más clasistas, más racistas, más excluyentes, más discriminadores. Seis características: uno, el niño es limpio de corazón. Dos, es confiado. Tres, es básico y elemental. Cuatro, no pierde la capacidad de asombrarse. Cinco, lo perdona todo y seis, acoge en su corazón con total tranquilidad. Con razón dice Jesús, que tenemos que tener no la inmadurez de un niño, sino las bondades del alma de un niño, para acceder al Reino de los cielos. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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