¡Todo pasa, Dios no Pasa!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2024-09-26T22:40:42Z
dc.date.available2024-09-26T22:40:42Z
dc.date.issued2024-09-22
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Nos llama poderosamente la atención, cómo el libro de la Sabiduría, siendo un texto del antiguo testamento señala, la eterna hostilidad del malvado contra el hombre bueno, ha sido una batalla de todos los tiempos, ha sido una lucha de siempre. Escuchemos por manos del texto, cómo el malvado reflexiona sobre el hombre bueno y dice: “Acechemos al justo que nos resulta fastidioso, se opone a nuestro modo de actuar, nos reprocha las faltas contra la ley y nos reprende la educación recibida”. Y luego el malvado en una presión máxima contra el hombre bueno señalará: “Veamos si es verdad lo que dice, comprobando cómo es su muerte, si el justo es hijo de Dios, Dios lo auxiliará y lo librará de la mano de sus enemigos. Lo someteremos a humillaciones y torturas para conocer su temple y comprobar su resistencia espiritual; lo condenaremos a muerte humillante, pues según dice el hombre justo, Dios lo salvará”. Esta es la manera de pensar, de razonar del malvado, no sólo en el antiguo testamento, sino en todos los tiempos. Por eso no nos puede escandalizar, ni mucho menos desanimar, la acción de los malos sobre la vida de los buenos. Encontramos una poderosa respuesta en el salmo responsorial de hoy, cuando se nos invita a entender que, por encima de todo sufrimiento, Dios cuida, Dios sostiene, Dios protege la vida del hombre recto, del hombre bueno. Diremos en efecto con el salmista: “Oh Dios, sálvame por tu nombre, sal por mí con tu poder. Oh Dios, escucha mi súplica, atiende a mis palabras, porque unos insolentes se alzan contra mí, y hombres violentos me persiguen a muerte sin tener presente a Dios”. Pero clamara el salmista diciendo: “Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida, te ofreceré un sacrificio voluntario, dando gracias a tu nombre que es bueno”. Pero avanzan las lecturas litúrgicas de este domingo y nos muestra la riqueza espiritual de la segunda lectura del apóstol Santiago cuando nos señala: “Que la sabiduría de Dios viene de lo alto y hace que el hombre en su alma sea apacible, conciliador, comprensivo, lleno de misericordia, lleno de buenos frutos, imparcial y sincero”. Y por el contrario se pregunta el apóstol Santiago, ¿de dónde se originan los conflictos y las luchas, las peleas y las diferencias entre los hombres?, y responderá el apóstol diciendo: “Que todas estas luchas se originan en los deseos de placer y de egoísmo, que pugnan dentro de nuestro corazón, ambicionamos si no tenemos, asesinamos en el corazón y envidiamos si no podemos conseguir nada, luchamos y nos hacemos la guerra”, señalará el apóstol Santiago. Todo esto nos prepara para reflexionar, para meditar el evangelio de este día, tomado del capítulo 9 de san Marcos, cuando Jesús atravesando Galilea, realiza una preciosa misión, instruir, formar, educar, enseñar en la sabiduría de Dios a sus discípulos. En efecto les dirá, hablando de sí mismo: “El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán, y después de muerto, a los tres días resucitará”. Los discípulos se quedan pasmados, quizás no alcanzan a comprender el alcance de las palabras que dice Jesús, ellos, por el contrario, discuten y se afanan por cuál es el más importante cuando Jesús Mesías, sea coronado como rey terrenal en Israel. Y Jesús quizás desbaratando sus planes, desajustando sus pensamientos, les da otra perspectiva y les muestra: “Que sólo será importante no el que este a su derecha o a su izquierda en el Reino de los cielos, sino que sólo es importante aquel que se sienta con humildad el último de todos y se haga por el camino del servicio el servidor de todos”. Y señalará finalmente a un niño, (que era tenido como un ciudadano de segunda categoría), señalará a un niño y pondrá como ejemplo: “Al que acoge a un niño me acoge a Mí y acoge al que me ha enviado”. Hoy nos preguntamos: ¿para quién buscamos ser importantes?, ¿para los hombres?, ¿para nuestras familias?, ¿para los compañeros y los jefes de la oficina, el taller, la bodega, la empresa?; ¿buscamos ser importantes para el mundo en las redes sociales?, ¿por los likes, el me gusta que otros nos dan? o ¿buscamos ser importantes en primerísimo lugar para Dios y para nosotros mismos? Hoy recuerda como tantas veces lo hemos señalado, tú no vales por lo que representes ante la mirada para los hombres, sino que tú vales por lo que eres de cara a ti mismo y sobre todo, frente a la mirada de Dios. Dejemos tantas vanidades del mundo, dejemos de pensar en ser portada de revistas, en tener reconocimientos sociales, profesionales, económicos, de imagen. Todo esto pasa, todo esto es vanidad, todo esto es superficialidad, y el mundo con sus modas pasa, lo único que queda y permanece eternamente es Dios y la vida nueva que Él nos ofrece. Por eso desde tu amor, desde tu capacidad de perdonar, desde tu misericordia, desde tu sentido de justicia con los demás, desde tu entrega humilde, amorosa y servicial por los otros, reconoce que allí está quien es verdaderamente importante para Dios. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día y te dé esta grande sabiduría que el evangelio hoy nos presenta, y te bendigo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Marcos 9, 30-37 Primera lectura del día de hoy Sab 2, 12. 17-20 Los malvados dijeron entre sí: «Tendamos una trampa al justo, porque nos molesta y se opone a lo que hacemos; nos echa en cara nuestras violaciones a la ley, nos reprende las faltas contra los principios en que fuimos educados. Veamos si es cierto lo que dice, vamos a ver qué le pasa en su muerte. Si el justo es hijo de Dios, él lo ayudará y lo librará de las manos de sus enemigos. Sometámoslo a la humillación y a la tortura, para conocer su temple y su valor. Condenémoslo a una muerte ignominiosa, porque dice que hay quien mire por él». Salmo del día de hoy Salmo 54/ 53, 3-4. 5. 6 y 8 R. (6b) El Señor es quien me ayuda. Sálvame, Dios mío, por tu nombre, con tu poder defiéndeme. Escucha, Señor, mi oración, y a mis palabras atiende. R. El Señor es quien me ayuda. Gente arrogante y violenta contra mí se la levantado, Andan queriendo matarme. ¡Dios los tiene sin cuidado! R. El Señor es quien me ayuda. Pero el Señor Dios es mi ayuda, él, quien me mantiene vivo. Por eso te ofreceré con agrado un sacrificio, y te agradeceré, Señor, tu inmensa bondad conmigo. R. El Señor es quien me ayuda. Segunda lectura del día de hoy Sant 3, 16–4, 3 Hermanos míos: Donde hay envidias y rivalidades, ahí hay desorden y toda clase de obras malas. Pero los que tienen la sabiduría que viene de Dios son puros, ante todo. Además, son amantes de la paz, comprensivos, dóciles, están llenos de misericordia y buenos frutos, son imparciales y sinceros. Los pacíficos siembran la paz y cosechan frutos de justicia. ¿De dónde vienen las luchas y los conflictos entre ustedes? ¿No es, acaso, de las malas pasiones, que siempre están en guerra dentro de ustedes? Ustedes codician lo que no pueden tener y acaban asesinando. Ambicionan algo que no pueden alcanzar, y entonces combaten y hacen la guerra. Y si no lo alcanzan, es porque no se lo piden a Dios. O si se lo piden y no lo reciben, es porque piden mal, para derrocharlo en placeres. Evangelio del día de hoy Mc 9, 30-37 En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaban Galilea, pero él no quería que nadie lo supiera, porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le darán muerte, y tres días después de muerto, resucitará». Pero ellos no entendían aquellas palabras y tenían miedo de pedir explicaciones. Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutían por el camino?» Pero ellos se quedaron callados, porque en el camino habían discutido sobre quién de ellos era el más importante. Entonces Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos». Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe. Y el que me reciba a mí, no me recibe a mí, sino a aquel que me ha enviado». Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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dc.subjectAmor
dc.subjectDios permanece eternamente
dc.subjectDisposición
dc.subjectEnfocar la vida
dc.subjectEntrega
dc.subjectFe
dc.subjectFidelidad
dc.subjectLo que permanece para siempre
dc.subjectModas del mundo
dc.subjectVida nueva
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡Todo pasa, Dios no Pasa!
dc.title.alternativeFidelidad de Dios

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