¡La cobardía de Pedro!

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Juan 13, 21-33. 36-38 Lectura del día de hoy Lectura del libro de Isaías 49, 1-6. Escúchenme, islas; atiendan, pueblos lejanos: estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su bolsa y me dijo: Tú eres mi esclavo Israel, de quien estoy orgulloso. Mientras yo pensaba: En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas, en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios. Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajera a Jacob, para que le reuniera a Israel, tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza, es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo del día de hoy Salmo 71 R/. Mi boca contará tu auxilio. A Ti, Señor, me acojo: no quede yo derrotado para siempre. tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo, inclina a mí tu oído y sálvame. R/. Sé tú mi roca de refugio, el alcázar donde me salve, porque mi peña y mi alcázar eres tú. Dios mío, líbrame de la mano perversa. R/. Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor, desde mi juventud. En el vientre materno ya me apoyaba en ti, en el seno Tú me sostenías. R/. Mi boca contará tu auxilio, y todo el día tu salvación. Dios mío, me instruiste desde mi juventud, y hasta hoy relato tus maravillas. R/. Evangelio del día de hoy Evangelio: Juan 13, 21-33, 36-38 En aquel tiempo, Jesús, profundamente conmovido, dijo: Les aseguro que uno de vosotros me va a entregar. Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía. Uno de ellos, al que Jesús tanto amaba, estaba a la mesa a su derecha. Simón Pedro le hizo señas para que averiguara por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó, Señor: ¿quién es? Le contestó Jesús: Aquél a quien yo le dé este trozo de pan untado. Y untando el pan se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo: Lo que tienes que hacer hazlo en seguida. Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche. Cuando salió dijo Jesús: Ahora es glorificado el Hijo del Hombre y Dios es glorificado en él Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Simón Pedro le dijo: Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: Adonde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde. Pedro replicó: Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti. Jesús le contestó: ¿Con qué darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La primera lectura de Isaías capítulo 49, nos presenta el segundo cántico del profeta Isaías, y nos muestra cómo el Señor desde siempre, desde el vientre materno, desde las entrañas profundas, nos ha llamado, nos ha elegido, ha pronunciado nuestro nombre y nos ha dado una misión. Sin embargo, esa tarea, esa misión a realizar, no siempre tendrá éxito y en muchos momentos habrá sufrimientos, y horas de desánimo. En efecto Isaías siente, a través de lo que anuncia de lo que será, el profeta salvador de los hombres, que su boca es una espada afilada y que Él es el siervo de Israel por el cual Dios se glorifica; pero también reconoce su desánimo cuando dice: “En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas, en realidad el Señor defendía mi causa, mi recompensa la guardaba Dios”. Hoy te invito, para que siendo profeta en el siglo 21, por más que encuentres burlas, desprecios, críticas o en el mejor de los casos, indiferencia frente a la fe cristiana, no te desanimes en tu tarea de papá o mamá con tus hijos, en tu tarea de sacerdote, consagrada o consagrado y pastores de almas. Hoy más que nunca, el evangelio y la vida nueva de Jesús debe ser anunciada, por más que en lo humano haya motivos para el cansancio, el desánimo y la desilusión. En esta línea estará el salmo responsorial que la liturgia de la Iglesia nos propone en este día, reconociendo que la liberación sólo nos viene de Dios, y dirá el salmista: “A ti, Señor, me acojo; no quede yo derrotado para siempre. Tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo, inclina a mí tu oído y sálvame. Sé tú mi roca de refugio, el alcázar donde me salve, porque mi peña y mi alcázar eres tú; Dios mío, líbrame de la mano perversa. Porque tú, Señor, fuiste mi esperanza y mi confianza desde mi juventud; en el vientre materno ya me apoyaba en ti, en el seno tú me sostenías”. Me gusta repetir literalmente el texto de estos salmos, porque son de una riqueza espiritual única, de una gran expresividad que disponen nuestra alma, para entender los grandes textos que nos propone la liturgia, justo en estos días de la Semana Santa, la Semana Mayor. Pero ahora hablemos del evangelio que nos propone la liturgia de este día. Jesús, turbado, dirá el evangelista san Juan y sentado a la mesa con sus discípulos, hace un anuncio que a cualquiera tiene que preocupar: “Uno de ustedes me va a entregar a las autoridades religiosas de Jerusalén y a los romanos, uno de ustedes me va a traicionar”. El discípulo amado recostado sobre su pecho, le averigua por el traidor y Jesús le responde: “Aquel a quien yo de este trozo de pan mojado en vino, ése será el traidor”. Nos dice que moja en la fuente de vino el poco de pan que tiene en su mano y lo entrega a Judas, y Juan, el evangelista, hará una afirmación: “Detrás del pan entró en Judas satanás”. Y luego dirá también el momento temporal en que esto ocurre: “Ha llegado la noche”. En el fondo es un juego de palabras y teológico: luz, oscuridad, día, noche, bien y mal. Mientras en Judas el demonio se apodera de su alma y planea los últimos actos para la traición de Jesús por 30 monedas de plata, Jesús, por el contrario, lleno de luz, dirá inspirado a sus discípulos: “Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en Él, y si Dios es glorificado en Él, también Dios lo glorificará en sí mismo”. Hoy reconocemos, que la vida humana, y no sólo la vida de Jesús, se mueve entre días y noches, claros y oscuros, momentos de bien y momentos de trampas y de mal, es la vida nuestra también. Y hoy, para terminar con un postre para decirlo de alguna manera, Jesús no solamente experimenta con dolor la traición de Judas, sino la cobarde negación de un apóstol entrañablemente querido por Él, hablamos de Pedro, quien de alguna manera respaldándose más en palabras que en hechos, dirá a Jesús: “Daré mi vida por ti”, y Jesús le contesta con alguna ironía, pero sobre todo con gran realismo: “¿Con que darás tu vida por mí?”, en verdad, en verdad te digo Pedro, no cantará el gallo esta noche dos veces, antes que tú me hayas negado tres veces”. Hoy, en este evangelio, constatamos dos grandes punzadas en el corazón de Jesús, la traición de un discípulo y la cobardía y negación de un discípulo amigo. Por eso, cuando sientas en tu vida que en la mala hora algunos te han abandonado, te han negado o peor aún, te han traicionado, piensa que éste es el camino de la pasión que todo seguidor de Jesús debe cumplir; piensa que no podemos correr una suerte distinta de la del Maestro y que si Él fue traicionado y negado en el momento de la mala hora de la noche, de la oscuridad, ¿por qué a nosotros, sus discípulos, 2000 años después, no nos puede pasar? Esta es la fe cristiana y este es el drama humano divino que nos muestra, que nuestra total confianza no es en los hombres, sino solamente y nada más que en Dios. Que el Señor, te bendiga en este día y vaya preparando tu alma para la próxima Pascua del Señor y te bendigo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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