¡Parálisis del Corazón!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2026-01-25T21:46:53Z
dc.date.available2026-01-25T21:46:53Z
dc.date.issued2026-01-16
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Parálisis del Corazón! La primera lectura tomada del primer Libro de Samuel en el capítulo 8, nos muestra la batalla interna del pueblo de Dios por ser una agrupación ya no anfictiónica de 12 tribus, si no constituirse a ejemplo de otros pueblos vecinos en una monarquía, con rey propio, con ejércitos propios unificados, lo que a la postre prevaleció y les ayudará a vencer a los filisteos. Este cambio en la forma social y política de Israel al principio costó entenderlo y el mismo anciano Samuel no le pareció bien que el pueblo de Israel y sus hijos pidieran un rey y entendía que detrás del rey humano había un desplazamiento de la figura de Dios como Rey de todo el pueblo. Pero son las situaciones y circunstancias humanas las que llevan al hombre a veces a poner más su confianza en el hombre antes que en Dios. Y si bien la monarquía les ayudaría a consolidarse como nación y no quedarse en simples 12 tribus nómadas, también les traerá impuestos, vasallaje, humillaciones, cargas impositivas esta nueva figura de la realeza. Pero pasemos al evangelio de hoy de Marcos en el capítulo 2 primeros 12 versículos, y aprendamos a partir de la curación y el previo perdón de los pecados del paralítico, la destechada de la casa y la disputa con los escribas que no entendían que Jesús perdonara pecados, que eso era imposible que un rabino pudiera hacer esto. Aprendamos grandes lecciones para nuestra vida. La primera, el mundo necesita de amigos que nos lleven a Jesús, como estos cuatro amigos que cargaron la camilla del paralítico, que perseveraron y no se desanimaron, más allá de la multitud abigarrada en la casa donde estaba Jesús y que impedía que este paralítico pudiera ser presentado de manera cercana al Gran Rabino de Israel. Sus cuatro amigos vencen obstáculos y hacen lo impensable con una gran creatividad. Abren un boquete corriendo la loseta del techo en una forma de construcción propia de la época, en el siglo primero. Hoy se nos invita a nosotros para llevar a algunas personas ante Jesús en una gran celebración eucarística, en un gran retiro de evangelización, en un gran encuentro espiritual, en un grupo de oración o bíblico, frente a un sacerdote, frente a una persona sabia y espiritual, tenemos que ser creativos y poco convencionales. También mover las losetas del techo de una casa ajena con el regaño que imaginamos pudieron tener estos cuatro amigos, pero ellos querían llevar a este hombre enfermo en su parálisis de las piernas y enfermo por la parálisis de su pecado. Lo querían presentar ante Jesús, venciendo los obstáculos de la multitud que rodeaba la pequeña casa judía. Hoy reconocemos esa verdad y tú y yo estamos llamados a ser amigos espirituales, amigos en Dios, para llevar a otras personas a la vida nueva que sólo Cristo nos puede dar. Pero en una segunda enseñanza, a propósito del evangelio de hoy, la mayor parálisis en la vida no es la de las piernas, no es la de los brazos, no es la de un daño estructural o funcional en la columna vertebral. La mayor parálisis en la vida es el pecado que paraliza, que detiene el proyecto y el sueño de Dios sobre nuestra existencia. No te equivoques, no lo dudes. He visto seres humanos parapléjicos o cuadripléjicos, con una gran libertad interior, con una gran creatividad espiritual, con una gran alegría existencial. Y por el contrario, he encontrado personas a veces muy jóvenes, totalmente prisioneras por su pecado de miedo, de adicciones, de egoísmos, de vanidades, de todo lo que vemos en el mundo de hoy. Y reconozcamos a propósito de que el pecado es la gran parálisis en la vida humana, que sólo por la fe y nada más que por la fe somos capaces de sanar no solamente de la enfermedad física, sino del pecado que es la gran enfermedad espiritual. Fue la fe del paralítico que tuvo una fe inicial, llamémosla así, fe inicial porque cree en Jesús y acepta ser llevado por estos cuatro amigos en la camilla para ser presentado en esta casa descolgado desde la loseta del techo que ha sido corrida. Pero en este paralítico, además de la fe inicial hubo una fe final, porque más allá de su parálisis, le cree a las palabras de Jesús, se levanta, se incorpora, toma su camilla y echa a andar. Hoy pidamos esa fe inicial y también esa fe final que completa todo el ciclo o el proceso de nuestra confianza irrestricta en Jesús. Y decir me dejo llevar, sostener por otros para ser presentado ante Jesús, pero le creo y me confío totalmente en sus palabras para que me ayude a ser un hombre libre y nuevo. Este hombre entró tullido a la casa judía y salió caminando. Entró pecador y salió perdonado y justificado. Su sanación fue integral porque no fue sólo sanación física del cuerpo, sino sanación espiritual del alma. Y allí en el alma está el origen de todo pecado y de todo mal, incluida la misma enfermedad. Nunca olvides que muchas de nuestras dolencias físicas, en el fondo, pueden ser somatizaciones de nuestros desarreglos morales, de nuestro vacío espiritual, de nuestra crisis de sentido de vida. Detrás de muchas personas ansiosas, depresivas, con fibromialgias, con problemas digestivos, con crisis personales periódicas, hay en el fondo un vacío de Dios en su vida que no son capaces de reconocer porque creen que la fiebre de sus vidas está en las sábanas. Y olvidan que la fiebre no está en las sábanas, sino en el enfermo. Termino diciendo que reconocemos que en aquellos escribas con los que se topa Jesús en el evangelio de hoy hay un poco de razón cuando creen que este hombre está enfermo porque es un pecador. Y aunque esto no siempre es así, muchas de nuestras enfermedades y sufrimientos, lo repito, se deben a nuestro pecado. Claro, también hay un sufrimiento grande en almas buenas y privilegiadas, y tenemos el caso clarísimo de Job que nos retrata el sufrimiento del hombre inocente. Pero tendremos que decir que Jesús, como un hombre sabio, apuntó a lo esencial y entendió que, para sanar al hombre de la parálisis de sus piernas, de su parálisis exterior, primero lo tenía que sanar de su pecado personal, de su parálisis interior. Hoy te invito y te desafío a algo, justo en estos primeros días del Año Nuevo. Busca examinar tu conciencia, escribe todo aquello que sientes que te ha lastimado y que guardas y le echas tierra en tu conciencia. Y busca un sacerdote que te inspire confianza y háblale para confesarte, para celebrar el sacramento de la Misericordia, el sacramento de la Reconciliación. Y créeme, si haces una buena confesión de los pecados de toda tu vida, si con sinceridad y sin tapar vanidosamente ninguna miseria personal, hablas. Y el sacerdote, en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo te absuelve, te perdona, créeme, empezarás, créelo, empezarás con mejor salud estos primeros días del Año Nuevo. Es verdad, muchos de nuestros males, achaques, enfermedades exteriores, aunque nos cueste reconocerlo o identificarlo, aunque nos cueste tomar conciencia de ello tienen su origen en oscuridades en zonas del corazón humano, del alma humana que están necrosadas, están muertas por la acción del pecado personal. Que el buen Dios te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Marcos 2, 1-12 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: 1S 8.4-7.10-22a: En aquellos días, los ancianos de Israel se reunieron y fueron a entrevistarse con Samuel en Ramá. Le dijeron: -Mira, tú eres ya viejo, y tus hijos no se comportan como tú. Nómbranos un rey que nos gobierne, como se hace en todas las naciones. A Samuel le disgustó que le pidieran ser gobernados por un rey, y se puso a orar al Señor. El Señor le respondió: -Haz caso al pueblo en todo lo que te pidan. No te rechazan a ti, sino a mí; no me quieren por rey. Samuel comunicó la palabra del Señor a la gente que le pedía un rey: -Estos son los derechos del rey que os regirá: A vuestros hijos los llevará para enrolarlos en sus destacamentos de carros y caballería, y para que vayan delante de su carroza; los empleará como jefes y oficiales en su ejército, como aradores de sus campos y segadores de su cosecha, como fabricantes de armamento y de pertrechos para sus carros. A vuestras hijas se las llevará como perfumistas, cocineras y reposteras. Vuestros campos, viñas y los mejores olivares, os los quitará para dárselos a sus ministros. De vuestro grano y vuestras viñas, os exigirá diezmos, para dárselos a sus funcionarios y ministros. A vuestros criados y criadas, y a vuestros mejores burros y bueyes, se los llevará para usarlos en su hacienda. De vuestros rebaños os exigirá diezmos. ¡Y vosotros mismos seréis sus esclavos! Entonces gritaréis contra el rey que os elegisteis, pero Dios no os responderá. El pueblo no quiso hacer caso a Samuel, e insistió: -No importa. ¡Queremos un rey! Así seremos nosotros como los demás pueblos. Que nuestro rey nos gobierne y salga al frente de nosotros a luchar en nuestra guerra. Samuel oyó lo que pedía el pueblo y se lo comunicó al Señor. El Señor le respondió: -Hazles caso y nómbrales un rey. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 89(88), 16-17.18-19: (R. cf. 2a) Cantaré eternamente las misericordias del Señor. Dichoso el pueblo que sabe aclamarte: caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro; tu nombre es su gozo cada día, tu justicia es su orgullo. Cantaré eternamente las misericordias del Señor. Porque tú eres su honor y su fuerza, y con tu favor realzas nuestro poder. Porque el Señor es nuestro escudo y el Santo de Israel, nuestro rey. Cantaré eternamente las misericordias del Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según san Marcos 2, 1-12: Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Él les proponía la palabra. Llegaron cuatro llevando un paralítico y, como no podían meterlo, por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico. Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico: -«Hijo, tus pecados quedan perdonados.» Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros: -«Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?» Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo: -«¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico «tus pecados quedan perdonados» o decirle «levántate, coge la camilla y echa a andar»? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados … » Entonces le dijo al paralítico: -«Contigo hablo: Levántate, coge tu camilla -y vete a tu casa. » Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: -«Nunca hemos visto una cosa igual.» Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.
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dc.identifier.urihttps://drive.google.com/file/d/1N6wVzsLkNgdsSfAW7QbaAW_GUTLzjpqt/view?usp=drive_link
dc.subjectAmigos
dc.subjectLiberarse del pecado
dc.subjectLimpieza interior
dc.subjectParálisis
dc.subjectSan Marcos
dc.subjectSanar las fallas
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡Parálisis del Corazón!
dc.title.alternativeParálisis

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