¡Sal de la tierra, luz del mundo!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2025-06-20T15:23:34Z
dc.date.available2025-06-20T15:23:34Z
dc.date.issued2025-06-10
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Estamos en el puro centro del llamado Sermón del Monte, el más bello texto moral que Jesús dirige a la multitud de discípulos que le escuchan con atención y apertura de corazón. Hoy les da a sus discípulos dos preciosos títulos completamente aplicables a nosotros, discípulos del siglo XXI. En primer lugar, Jesús llama a sus discípulos “sal de la tierra” y se sirve de esta sencilla imagen de la vida cotidiana, de la vida doméstica para indicar la triple misión que, como discípulos del Señor, estamos llamados a cumplir. La primera, como la sal, debemos sazonar, salar, dar sabor y sentido a la vida. Es que sin Dios la existencia es insípida, pero con el Señor le damos horizonte, perspectiva, profundidad a nuestra existencia. No puede ser que la vida sea simplemente, comamos y bebamos, disfrutemos que mañana moriremos, no. En Jesucristo, el discípulo entiende que la vida terrenal es el anticipo de la vida eterna y que se cumple una misión sazonando la existencia, dándole sabor a las relaciones humanas, mostrando como en las bodas de Caná de Galilea, que el mejor vino es el Evangelio y que con él, el vino del Evangelio, la vida es una verdadera fiesta. Pero en esta primera imagen evangélica hay una segunda misión del discípulo, como la sal, estamos llamados a conservar los alimentos. Recordamos con las abuelas que ellas colocaban la carne salmuera, no había refrigeradores y la carne se conservaba. La tarea de un discípulo de Jesús es conservar las buenas costumbres, decirle al mundo que hay buenas obras en los antepasados, que lo mejor de nuestras tradiciones deben de ser conocidas, valoradas, guardadas en el corazón de las nuevas generaciones. Un pueblo que no tiene memoria histórica de su pasado, difícilmente podrá asumir el presente y, sobre todo, el futuro con clarividencia. Necesitamos reconocer las raíces humanas, las raíces cristianas, las raíces de grandes valores que han orientado nuestra civilización: el respeto, la fidelidad en el amor, la honestidad, el sentido de trascendencia de la vida, una fe religiosa que ha dado respuesta a nuestra existencia. No temamos presentar los grandes valores que recibimos de nuestros padres y abuelos y conservarlos transmitiéndolos a las nuevas generaciones, no caigas en el engaño de que eso pasó de moda, que en este tiempo es distinto. Mira las familias cristianas de dónde venimos, familias numerosas donde había amor, donde había solidaridad, donde había espíritu de oración, donde había acogida, encuentro humano, honestidad, responsabilidad, sentido del sacrificio y del trabajo diario. Mira las nuevas familias y descubre cuanta soledad, familias con un hijo o a veces sin él, familias de valores efímeros, familias donde Dios y la trascendencia no es importante, no hay tiempo para la oración. La honestidad a veces no sirve en las nuevas comprensiones modernas, porque el tramposo, “el avispado” decimos coloquialmente, sale más fácilmente adelante en la vida. Conservemos los grandes valores que han inspirado nuestra existencia, nuestras familias, nuestras sociedades. Finalmente, a partir de esta imagen evangélica, hay una tercera misión del discípulo de Jesús, ser sal que desinfecta las heridas, que purifica. No tengas miedo de señalar el error, la equivocación que hay en otra persona, no temas tocar la herida. Hoy por falsos respetos humanos decimos, yo no me meto en la vida de nadie, cada cual que se las arregle como pueda. El sentido de la fe nos invita a ser solidarios, comprometidos con la vida de los demás, respetando su individualidad, pero enseñándoles el camino del bien. Desinfectar de heridas es limpiar el corazón humano, denunciar donde hay engaño y hablar proféticamente. Si no somos sal que da sabor a la vida, que conserva las buenas costumbres y que desinfecta del mal, de la oscuridad y del engaño del pecado, probablemente seremos sal sosa que no sirve sino para tirarla afuera y que la gente la pise. Pero hay una segunda imagen evangélica que hoy nos presenta san Mateo cuando en labios de Jesús nos dice: “Ustedes son la luz del mundo” y aclara “que la luz está llamada a iluminar, a colocarse en la parte alta de una casa, no debajo de la mesa, a colocarse en la parte alta de una montaña para que alumbre y guíe la vida de los demás”. No podemos manejar complejos, no podemos pensar que, en las redes sociales, en el mundo digital y de internet, el cristianismo y la fe no tiene una palabra iluminadora para decir a los demás. No nos dejemos meter miedos de algunos que dicen, tu fe practícala en privado es asunto de conciencia, nada es más público que la fe. En razón de ese llamado ustedes son luz del Evangelio. Hace años iniciamos esta obra de evangelización: Amén Comunicaciones que significa: A, apostolado, M, en los medios, E, para una evangelización, N, nueva. Apostolado en los Medios para una Evangelización Nueva. No podemos quedarnos en la vida pensando, yo hago el bien a dos o tres personas, no, estás llamado a anunciar la vida nueva de Cristo a miles, a multitudes. Nada es más público que la fe, Jesús predicaba en cielo abierto al lado del mar de Galilea, en el templo de Jerusalén, nunca en recintos cerrados, en una sacristía, en un cuarto en solitario, la fe es pública. Y hoy nuestro mundo tiene que entender que a la par que, con las modas, a la par con las costumbres modernas, hay que hablar de Dios sin temores, sin complejo, con parresia, somos luz para las naciones. Termina el evangelio diciendo precisamente eso: “Alumbre así la luz de ustedes a los hombres, para que vean las buenas obras que ustedes hacen y den gloria a su Padre que está en el cielo”. Atrás quedó ese silenciamiento de la Iglesia y de tantos apostolados en la educación, en la salud, en la promoción de los derechos humanos, en los procesos de reconciliación de sociedades, en el anuncio de la vida nueva que el Señor nos da, en comunicar la fuerza del Espíritu que nos hace hombres renovados. No podemos silenciarnos, somos luz que no se coloca debajo de una mesa, sino en la parte alta de la estancia de la casa, para que alumbre a todos. Somos luz colocados en lo alto de la montaña para anunciar a tiempo y a destiempo, oportuna e inoportunamente el mensaje de la vida nueva de Jesús. Que el Señor te bendiga abundantemente en este día. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Mateo 5, 13-16 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: 2Co 1, 18-22: Jesús no fue primero «sí» y luego «no»; en él todo se ha convertido en un «sí». Hermanos: ¡Dios me es testigo! La palabra que os dirigimos no fue primero «sí» y luego «no». Cristo Jesús, el Hijo de Dios, el que Silvano, Timoteo y yo os hemos anunciado, no fue primero «sí» y luego «no»; en él todo se ha convertido en un «sí»; en él todas las promesas han recibido un «sí». Y por él podemos responder: «Amén» a Dios, para gloria suya. Dios es quien nos confirma en Cristo a nosotros junto con vosotros. Él nos ha ungido, él nos ha sellado, y ha puesto en nuestros corazones, como prenda suya, el Espíritu. Palabra de Dios. Te alabamos Señor Salmo de Hoy Salmo 119(118), 129.130.131.132.133.135 Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo. Tus preceptos son admirables, por eso los guarda mi alma. Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo. La explicación de tus palabras ilumina, da inteligencia a los ignorantes. Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo. Abro la boca y respiro, ansiando tus mandamientos. Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo. Vuélvete a mí y ten misericordia, como es tu norma con los que aman tu Nombre. Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo. Asegura mis pasos con tu promesa, que ninguna maldad me domine. Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo. Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, enséñame tus decretos. Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 5, 13-16: Vosotros sois la luz del mundo. «Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.
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dc.subjectAnunciar las obras de Dios
dc.subjectConservar los valores cristianos
dc.subjectDiscípulo de Jesús
dc.subjectFe
dc.subjectSan Mateo
dc.subjectSentido de vida
dc.subjectSer comprometido
dc.subjectSer luz para el mundo
dc.subjectSer sal para el mundo
dc.subjectSer solidario
dc.subjectSer valiente
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡Sal de la tierra, luz del mundo!
dc.title.alternativeMisión de Vida

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