¡Cuerpo y Sangre de Cristo!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Marcos 14, 12-16.22-26
Primera lectura del día de hoy
Lectura del libro del Éxodo 24, 3-8
En aquellos días, Moisés bajó y contó al pueblo todo lo que había dicho el Señor y todos sus mandatos; y el pueblo contestó a una:
—Haremos todo lo que dice el Señor.
Moisés puso por escrito todas las palabras del Señor. Se levantó temprano y edificó un altar en la falda del monte, y doce estelas, por las doce tribus de Israel. Y mandó a algunos jóvenes israelitas ofrecer al Señor holocaustos, y vacas como sacrificio de comunión. Tomó la mitad de la sangre, y la puso en vasijas, y la otra mitad la derramó sobre el altar. Después, tomó el documento de la alianza y se lo leyó en alta voz al pueblo, el cual respondió:
—Haremos todo lo que manda el Señor y lo obedeceremos.
Tomó Moisés la sangre y roció al pueblo, diciendo:
—Esta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros, sobre todos estos mandatos.
Palabra de Dios.
Te alabamos alabamos Señor.
Salmo del día de hoy
Salmo 116
R. Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre. R.
Mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava; rompiste mis cadenas. R.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo. R.
Segunda lectura del día de hoy
Hermanos:
Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos. Su tabernáculo es más grande y más perfecto: no hecho por manos de hombre, es decir, no de este mundo creado.
No usa sangre de machos cabríos ni de becerros, sino la suya propia; y así ha entrado en el santuario una vez para siempre, consiguiendo la liberación eterna.
Si la sangre de machos cabríos y de toros y el rociar con las cenizas de una becerra tienen poder de consagrar a los profanos, devolviéndoles la pureza externa, cuánto más la sangre de Cristo, que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, llevándonos al culto del Dios vivo.
Por esa razón, es mediador de una alianza nueva: en ella ha habido una muerte que ha redimido de los pecados cometidos durante la primera alianza; y así los llamados pueden recibir la promesa de la herencia eterna.
Palabra de Dios. Te alabamos alabamos Señor.
Evangelio del día de hoy
Lectura del santo evangelio según san Marcos 14, 12-16. 22-26
El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:
—¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?
Él envió a dos discípulos, diciéndoles:
—Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: «El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?».
Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.
Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.
Mientras comían. Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo:
—Tomad, esto es mi cuerpo.
Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron.
Y les dijo:
— Esta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.
Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
En este día la Iglesia litúrgicamente con el carácter de solemnidad, celebra el más grande y hermoso misterio, donde Cristo a su Iglesia, el Corpus Christi, Sanguis Christi, expresión latina que nos habla del cuerpo y la sangre de Cristo. De entrada, afirmamos, que lo que celebramos en cada Misa, en cada Eucaristía, no es un mero ritual, no es un mero simbolismo; es la presencia real y verdadera del ser de Cristo, su cuerpo, de la vida de Cristo, su sangre. Ninguna religión en el mundo entero, ha llegado tan adelante, ha sido tan audaz en afirmar este don inmenso lo repetimos de Cristo a la Iglesia, cuando nos hizo una promesa: “Yo siempre estaré con ustedes hasta el final de los tiempos, no los dejaré solos”. Esta promesa se cumple, se concreta, se realiza de manera palmaria y explícita, en el misterio inmenso de la Eucaristía. Y aunque a veces nos parece que es una ritualidad sin mayor sentido, solo en la vida eterna cuando estemos cara a cara con Dios, lloraremos y nos lamentaremos no haber valorado, no haber apreciado, no haber amado, no haber participado y celebrado más la Eucaristía de cada día.
Es que ella, y solo ella, hace que la Iglesia no sea simplemente una ONG mundial prestadora de servicios de evangelización, de educación, asistenciales y de formación en valores; sino que ella, la Eucaristía, hace que la Iglesia sea el cuerpo vivo de Cristo, la presencia sacramental de Jesús el Cristo en medio de la humanidad.
Pero detallemos en esta fiesta, cinco palabras claves que acontecen, que suceden en el misterio eucarístico cada día, en el que tú y yo celebramos.
El primero, la Eucaristía es memorial del sacrificio único, universal y salvador de Cristo en la cruz hace dos mil años. En la Eucaristía para decirlo de alguna forma clara, se actualiza el acto redentor de Cristo en la cruz y se aplica los méritos de esa acción salvadora y redentora por mi vida, por la vida por quienes ofrezco una intención particular en cada Eucaristía. Ciertamente este acto salvador fue único y universal por toda la humanidad, pero se hace actual más allá del tiempo y más allá del espacio en el hoy de mi vida.
Pero en un segundo momento, la Eucaristía es la presencia cierta de Jesús que acompaña los avatares, las luchas, los momentos bonitos, feos y difíciles de la humanidad a lo largo de los siglos. Es la presencia del amigo que nunca falla, la presencia más cierta que el sol de cada mañana, la presencia que nos lleva a constatar que nunca estamos solos, que no nos podemos sentir abandonados y que Él acompaña, cuida, escucha, atiende todas nuestras súplicas, que conoce de nuestra debilidad, y como lo dijo a los apóstoles hace dos mil años: “No los dejaré solos, siempre estaré con ustedes”.
Pero además del memorial y de la presencia de Cristo en la Eucaristía, descubrimos en ella el alimento que nutre nuestra vida espiritual. Si desayunamos, almorzamos y cenamos para darle energía, salud y vitalidad a nuestro organismo, a nuestro cuerpo material; la Eucaristía claramente es el alimento para la vida espiritual. Cuánta gente en medio de una depresión tirada en la vida por pruebas y adversidades, empieza a celebrar con fe su Eucaristía de cada día y en menos de cien días, cien Eucaristías, son personas renovadas, alegres, fuertes interiormente, llenas de esperanza. No ocurrió el milagro per se, por sí solo; el milagro se da, porque a veces en personas muy jóvenes, vigorosas, pero de almas muy débiles y alejadas de Dios, cualquier prueba de la vida las derrumba; pero apenas empiezan a celebrar la Eucaristía de cada día y a nutrirse, a alimentarse, a comer el Pan de vida eterna, sienten la fortaleza, la paz, el discernimiento, la alegría y la esperanza que sólo provienen de Jesús, Pan de vida.
Pero además de ser la Eucaristía memorial, uno, presencia del amigo, dos, alimento que nutre el Espíritu, tres, la Eucaristía nos permite comunión de unos con otros. Ya Jesús lo decía: “Mi Madre y mis hermanos no son los que llevan mi sangre, el vínculo de familia no se distingue por los vínculos sanguíneos; sino que mi Madre y mis familiares, son aquellos que escuchan y obedecen la Palabra de mi Padre Dios”. Por la Eucaristía entramos en comunión, porque obedientes a la voluntad de Dios, nos hacemos unos a otros hermanos, miembros de la gran familia de Cristo, por más que seamos de razas, de lenguas, de apellidos, de procedencias diversas. Qué hermoso es el misterio de la fraternidad y no es la fraternidad alrededor de una ideología o un partido político que va y viene, no es la fraternidad alrededor de un equipo de fútbol que va y viene. Es la fraternidad alrededor de Cristo que permanece, que no es moda, que no es transitoria, una fraternidad que dura por los siglos de los siglos.
Finalmente, podríamos decir que la Eucaristía y la solemnidad de hoy del Cuerpo y la Sangre de Cristo, además de encontrar allí el memorial sacrificial de Cristo para darnos salvación perdonándonos los pecados, además de ser presencia del amigo que nunca abandona, además de ser alimento que nos nutre espiritualmente, además de generar comunión y hacernos hermanos, la Eucaristía nos invita a ser misioneros. De hecho, la palabra Misa, viene de mesa, pero también viene de misión, porque no podemos quedar iguales después de salir de una Eucaristía bien vivida, bien celebrada. Estamos llamados a irradiar, difundir, comunicar, entregar la alegría, el gozo, la vida nueva que hemos recibido a otros, y a invitarlos a que celebren el sacramento más grande que tiene la Iglesia cada día, la Eucaristía, y descubrir allí a Cristo que nos hace hombres y mujeres nuevos.
Que el Señor te bendiga abundantemente en esta solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.