¡Mejor en manos de Dios, que en manos de los hombres!

dc.contributor.authorFundación Amén Cominicaciones
dc.date.accessioned2024-01-31T20:47:40Z
dc.date.available2024-01-31T20:47:40Z
dc.date.issued2024-01-31
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Cómo nos equivocamos los hombres, cuando confiamos nuestra vida y nuestros proyectos humanos a nuestras fuerzas y no a la fuerza de Dios. Es lo que aconteció al rey David, cuando pensando y confiando en sus ejércitos para librar batalla con pueblos vecinos y adversarios, hace un censo de los hombres que eventualmente pueden servirle como soldados y son aptos para el servicio militar. 800 mil en Israel, 500 mil en Judá. Pero luego David recapacita y piensa que ha pecado contra Dios, confiando en sus meras fuerzas y no en las de Dios, que es el Creador y el que todo lo puede. Pero de aquí se sigue que el profeta Gad, le anuncia a David el descontento de Dios y un castigo bien especial, porque le da tres opciones para asumir para él, su familia y su pueblo. En efecto, le dirá: “Que ante su incapacidad de confiarse a Dios, el Señor le enviará tres tipos de castigos que uno solo se aplicará a elección del rey David: ¿tres años de hambre para su pueblo?, ¿tres meses de persecución de parte de sus enemigos?, o tres días de peste para su nación”. David se siente en un apuro y él mismo se pregunta a si mismo: “¿Qué hago?”; y se da una respuesta sabia que es paradigmática para la vida de los hombres de todos los tiempos, y responderá: “Mejor es caer en manos de Dios, que es compasivo y misericordioso, que caer en manos de los hombres”. Y aunque el texto no lo dice podríamos decir, los hombres no son compasivos, y los hombre no son misericordiosos; por eso, entre estos tres tipos de castigos: tres años de hambre, tres meses de persecución por los enemigos o tres días de peste, David elige el último castigo, tres días de peste. Y la primera lectura de hoy nos habla como el ángel exterminador, pasó por toda la nación azotándolos a todos, causando dolor y muerte, hasta el punto que David quiere individualizar el castigo y dice: “No le causes este dolor a mi pueblo el no es culpable, el culpable soy yo, causa este dolor sobre mi vida y sobre la vida de mi familia”. Y nos dice que el ángel exterminador paró, detuvo su mano, la de la peste. Esto obedece a un estadio primitivo de la teología del antiguo testamento, donde se asumía el pecado como colectivo, pero se va individualizando la culpa, como más tarde el profeta Ezequiel claramente va a formular: “No se puede castigar colectivamente, por el pecado individual de un hombre”. Un texto más que anecdótico y nos sirve a nosotros para entender, que es mejor, claramente mejor, caer en manos de Dios que es misericordioso, que no en manos de los hombres. Pero pasemos al evangelio de hoy, seguramente conocido de todos, y descubramos la realidad, de la oposición y del escándalo de los paisanos de Jesús, los habitantes de Jerusalén de Nazareth, donde Él se cría, la ciudad de Nazareth, porque conociendo su origen familiar, a su Madre María, a su padre adoptivo San José, su origen humano, no admiten su trascendencia, no admiten que Él sea el Hijo de Dios. Así es imposible un encuentro personal con Jesús y así es imposible entrar en la comunidad creyente de los que esperan una vida nueva en Jesús. Nos dice el texto evangélico, que en su ciudad en Nazareth, Jesús no pudo hacer más milagros, sino unos pocos, y se extrañaba de la falta de fe de los suyos. Hoy reconozcamos como tantas veces nos repite hasta el cansancio en los evangelios, que la fe sana y que más allá de que conozcamos a una persona por su origen familiar, su origen humano, dónde reside, quién es su familia, allí puede haber un hombre o una mujer de Dios. Cuántas personas conoces en tu vida, que son buenos seres humanos y que han tenido que triunfar en otros países, en el exterior, para que tú les reconozcas talentos, capacidades, dones; porque parece, según reza la máxima evangélica: “Nos cuesta reconocer a un profeta en nuestra tierra”, es más, dirá Jesús: “Nadie es reconocido entre los suyos, nadie es profeta entre los de su tierra”. Señor, danos fortalecer la fe en tu Hijo Jesús, danos descubrir que más allá de su origen meramente humano, allí está el Mesías, el enviado, el anunciado por los profetas, el Hijo del Dios vivo. Que el Señor te bendiga con fe abundante en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Marcos 6, 1-6 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: 2S 24,2.9-17: Soy el que he pecado, haciendo el censo de la población. ¿Qué han hecho estas ovejas? En aquellos días, el rey David mandó a Joab, jefe del ejército, que estaba a su lado: «Recorre todas las tribus de Israel, desde Dan a Berseba, y haz el censo del pueblo, para que sepa su número». Joab entregó al rey el número del censo del pueblo: Israel contaba con ochocientos mil guerreros, que podían empuñar la espada y Judá con quinientos mil hombres. Pero después, David sintió remordimiento por haber hecho el censo del pueblo. Y dijo al Señor: «He pecado gravemente por lo que he hecho. Ahora, Señor, perdona la falta de tu siervo, que ha obrado tan neciamente». Al levantarse David por la mañana, el profeta Gad, vidente de David, recibió esta palabra del Señor: «Ve y di a David: así dice el Señor. “Tres cosas te propongo. Elige una de ellas y la realizaré”». Gad fue a ver a David y le notificó: «¿Prefieres que vengan siete años de hambre en tu país, o que tengas que huir durante tres meses ante tus enemigos, los cuales te perseguirán, o que haya tres días de peste en tu país? Ahora, reflexiona y decide qué he de responder al que me ha enviado». D avid respondió a Gad: «¡Estoy en un gran apuro! Pero pongámonos en manos del Señor, cuya misericordia es enorme, y no en manos de los hombres». Y David escogió la peste. Eran los días de la recolección del trigo. El Señor mandó la peste a Israel desde la mañana hasta el plazo fijado. Murieron setenta y siete mil hombres del pueblo desde Dan hasta Berseba. Él ángel del Señor extendió su mano contra Jerusalén para asolarla. Pero el Señor se arrepintió del castigo y ordenó al ángel que asolaba al pueblo: «¡Basta! Retira ya tu mano». El ángel del Señor se encontraba junto a la era de Arauná, el jebuseo. Al ver al ángel golpeando al pueblo, David suplicó al Señor: «Soy yo el que ha pecado y el que ha obrado mal. Pero ellos, las ovejas, ¿qué han hecho? Por favor, carga tu mano contra mí y contra la casa de mi padre». Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 32(31), 1-2. 5. 6. 7 Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado. Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado; dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito y en cuyo espíritu no hay engaño. Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado. Había pecado, lo reconocí, no te encubrí mi delito; propuse: «Confesaré al Señor mi culpa», y Tú perdonaste mi culpa y mi pecado. Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado. Por eso, que todo fiel te suplique en el momento de la desgracia: la crecida de las aguas caudalosas no lo alcanzará. Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado. Tú eres mi refugio, me libras del peligro, me rodeas de cantos de liberación. R/. Mis ovejas escuchan mi voz ─dice el Señor─, y las conozco, y ellas me siguen. Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado. Evangelio de hoy: Lectura del Santo Evangelio según san Marcos 6, 1-6 En aquel tiempo, Jesús se dirigió a su ciudad y lo seguían sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?». Y se escandalizaban a cuenta de Él. Les decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa». No pudo hacer allí ningún milagro, solo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se admiraba de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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dc.subjectConfianza en Dios
dc.subjectDescansar en Dios
dc.subjectDios compasivo
dc.subjectDios misericordioso
dc.subjectFe
dc.subjectFuerza de Dios
dc.subjectSan Marcos
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡Mejor en manos de Dios, que en manos de los hombres!
dc.title.alternativeConfianza en Dios

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