¡Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús!

Abstract

REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 15, 1-7 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Ez 34,11-16: Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear. Así dice el Señor Dios: Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro. Como un pastor sigue el rastro de su rebaño cuando se encuentra las ovejas dispersas, así seguiré yo el rastro de mis ovejas; y las libraré, sacándolas de todos los lugares donde se desperdigaron, el día de los nubarrones y de la oscuridad. Las sacaré de entre los pueblos, las congregaré de los países, las traeré a la tierra, las apacentaré por los montes de Israel, por las cañadas y por los poblados del país. Las apacentaré en pastizales escogidos, tendrán sus dehesas en lo alto de los montes de Israel, se recostarán en fértiles dehesas, y pastarán pastos jugosos en la montaña de Israel. Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear -oráculo del Señor Dios-. Buscaré las ovejas perdidas, haré volver a las descarriadas, vendaré a las heridas, curaré a las enfermas; a las gordas y fuertes las guardaré, y las apacentaré debidamente. Palabra de Dios. Te alabamos Señor Salmo de Hoy: Salmo (23)22, 1-3a.3b-4.5.6: El Señor es mi pastor, nada me falta. El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. El Señor es mi pastor, nada me falta. Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. El Señor es mi pastor, nada me falta. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. El Señor es mi pastor, nada me falta. Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. El Señor es mi pastor, nada me falta. Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor, por años sin término. El Señor es mi pastor, nada me falta. Segunda Lectura: Rm 5, 5b-11: Hermanos: El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado. En efecto, cuando nosotros estábamos todavía sin fuerza, Cristo, en el tiempo fijado, murió por los impíos, difícilmente se encuentra uno que quiera morir por un justo; puede ser que se esté dispuesto a morir por un hombre bueno, pero la prueba del amor que Dios nos tiene nos la ha dado en esto: Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores. Y ya que ahora estamos justificados por su sangre, con más razón seremos salvados por él de la cólera. En efecto, si cuando éramos todavía enemigos de Dios fuimos reconciliados con él por la muerte de su Hijo, con más razón, reconciliados ya, seremos salvados por su vida. Más aún, ponemos nuestro orgullo en Dios por nuestro Señor Jesucristo por el que ahora hemos recibido la reconciliación. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 15, 1-7: En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos y letrados esta parábola: -Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: -¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús! Por una hermosa coincidencia este Gran Viernes o Viernes Mundial del Corazón de Jesús coincide también con la fiesta que la piedad popular celebra en homenaje a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Ambas fiestas se conjugan en este viernes, cuando la Iglesia la ha dedicado en el Gran Viernes del Corazón de Jesús a la Jornada Mundial de Oración por la Santificación de los Sacerdotes. Hoy, cuando vemos con alguna frecuencia escándalos en la prensa sobre la Iglesia, tendremos que decir que vivimos tiempos muy especiales y los defino a partir de varias palabras, todas inician por la letra P. La primera, hay pecado en la Iglesia y lo debemos de reconocer y pedir perdón con humildad. La segunda, es un período de purificación para la Iglesia y especialmente para los ministros consagrados. La tercera verdad, es un tiempo de prueba para la fe de los creyentes que tienen que colocar su fe en Cristo más que en los hombres. La cuarta palabra por P, es un tiempo de persecución soterrada, astuta, mezquina, que se da sobre todo en el plano mediático, porque detrás de muchas acusaciones contra sacerdotes, en el fondo no hay la defensa ni de niñas, niños o adolescentes, sino el buscar dañar, deslegitimar, destruir la Iglesia. Una persecución por odio y sobre todo por motivos económicos. Frente a estas cuatro P: pecado, purificación, prueba, persecución. La Iglesia también por P, debe de actuar con prudencia frente a satanás, que se sirve de personas para dañar la Iglesia, sus sacerdotes, sus obispos, debe de actuar la Iglesia con paciencia (también por P), sufriendo calumnias, incomprensiones y aunque hay pecados, son más las situaciones de difamación y de diatriba odiosa y de “mala leche” que hay de algunos sectores anticlericales contra la Iglesia. Y finalmente por P, la Iglesia deber ser perseverante en el anuncio del evangelio y más allá de que necesita pedir perdón por P y purificarse, la perseverancia en el anuncio de Jesús no debe, no debe de descuidarse. Palabras por P: pecado, purificación, prueba, persecución, paciencia, prudencia, perseverancia y perdón. Y todas nos hablan de esta Jornada Mundial de Oración por los Sacerdotes. Pero hablemos de las lecturas de hoy. La primera del profeta Ezequiel, nos habla del Buen Pastor, de aquel que busca su rebaño y lo cuida. Y cuando el rebaño está disperso, trata de recogerlo y llevarlo a lugares donde pueda apacentarse tranquilamente, donde pueda comer exquisitos pastizales, donde pueda estar con tranquilidad y a salvo de los lobos. El Buen Pastor buscará la oveja perdida, recogerá la descarriada, curará la oveja herida, fortalecerá a la enferma y a la que está fuerte y robusta, la cuidará y la apacentará con justicia. Hoy las lecturas en el Viernes Mundial del Sagrado Corazón, nos presenta la imagen del amor de Cristo como el Pastor que acompaña y que cuida. Y a Él lo invocamos como el Pastor que nunca abandona. Pero luego, en la segunda lectura de Pablo a los Romanos, reconocemos el hermoso texto de cómo el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado. Y nos señala: “Que, si Cristo murió en la cruz, entregó su vida y derramó su sangre por tantos malvados, y apenas habrá quien entregue su vida por un corrupto, un malvado, y Cristo lo hizo; con cuánta mayor razón cuando hemos sido reconciliados con el Padre Dios por la muerte de su Hijo en la cruz, siendo ya reconciliados, con cuánta mayor razón Cristo nos muestra su amor, su salvación, su poder redentor.” A propósito de esta realidad, nos presenta el evangelio de hoy la famosa parábola de Lucas 15 de aquel que pierde una oveja en un rebaño numeroso de 100 animalitos. Y dejando a los 99 en el redil con un amor gratuito, único y desconcertante, va a buscar la oveja perdida y al encontrarla se llena de alegría, le cuenta a sus familiares y amigos, y les dice a todos: “Alégrense conmigo, porque esta oveja estaba perdida y la he encontrado”. Y concluirá la parábola evangélica: “Así habrá más alegría en el cielo por un pecador que se convierte, que por 99 hombres buenos y justos que no necesitan de conversión”. Qué amor desconcertante el del Corazón de Cristo, que busca fundamentalmente a la oveja perdida, que se alegra cuando ella es encontrada, que trata de sanar la oveja herida, fortalecer a la enferma, cuidar a la descarriada, y también apacentar a la robusta. Concluyamos diciendo, que el amor del corazón de Jesús, signo por excelencia del amor divino, es un amor totalmente gratuito, sin ningún mérito de nuestra parte. Porque parece que Jesús ama más al pecador que al justo, ama más al enfermo que al sano, y ahí está su gratuito y desconcertante amor. Pero es también un amor eterno que no tiene principio ni tendrá final, un amor del que nos podemos fiar, un amor que nunca nos fallará, un amor que siempre nos acompañará. Igualmente, además de ser un amor gratuito y eterno, es el amor fiel que no traiciona, que no cae en adulterio, el amor fiel que se mantiene firme en sus promesas: “Nunca te dejaré, siempre te acompañaré”. En un mundo, en una sociedad, en una cultura donde el adulterio, el engaño y la infidelidad están a la orden del día, qué impresionante, qué hermoso y qué alegría reconocer que el amor de Dios es totalmente gratuito, totalmente eterno y totalmente fiel. Pero podemos avanzar y decir, que el amor de Cristo es un amor sacrificado. Y lo vimos por su entrega en la cruz, un amor que se deja crucificar aun por los pecadores para alcanzarnos la salvación y el perdón de todos nuestros pecados. Cuánto tenemos que aprender de este amor crucificado, sacrificado de Cristo, en una mentalidad del puro egoísmo, del sólo bienestar y la auto gratificación que no sabe de sacrificios, de compromisos con nadie, que hoy mucha gente no se casa, no porque no le guste la ceremonia religiosa y la fiesta nupcial; sino que no se casa porque tiene terror literal del compromiso, porque quiere un “amor light” mientras me dure el gusto y luego me separo de la persona si me cansé o me aburrí con ella. Concluyamos nuestra reflexión diciendo, que el amor de Jesús es por excelencia un amor compasivo con el dolor humano, un amor misericordioso con el equivocado que no señala, no juzga, no condena, algo que nos encanta a los seres humanos señalar, juzgar y condenar. Pues Jesús no lo hace porque su mirada, la mirada de su corazón, que es compasiva y misericordiosa, busca salvar al hombre y no condenarlo. Que hermosa solemnidad litúrgica la de hoy, coincidiendo bellamente con la fiesta de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, a Él y a la Virgen Santísima oramos por la Iglesia Universal, oramos por tantos sacerdotes perseguidos, difamados, calumniados, por rabia contra la Iglesia y para deslegitimarla por búsquedas económicas y extorsivas. Y oremos también por todos nosotros los bautizados, para que, en medio de soledades, de crisis, de tormentas en el alma interiores, sintamos el amor gratuito, eterno, fiel, sacrificado, compasivo y misericordioso del Corazón de Cristo. Confiados y con toda la fe de que seas capaz, repite conmigo en este día: ¡Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío! ¡Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío! ¡Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío! Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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