¡Vivir de cara a Dios, no a los hombres!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Mateo 6, 1-6. 16-18
Lectura del día de hoy
De la segunda lectura del los Corintios 9,6-11
Hermanos:
El que siembra tacañamente, tacañamente cosechará; y el que siembra generosamente, generosamente cosechará. Cada uno dé como haya decidido su conciencia; no a disgusto ni por compromiso; porque al que da de buena gana lo ama Dios.
Tiene Dios poder para colmaros de toda clase de favores, de modo que, teniendo siempre lo suficiente, os sobre para obras de caridad.
Como dice la Escritura: «Reparte limosna a los pobres, su caridad es constante, sin falta.»
El que proporciona «semilla para sembrar y pan para comer», os proporcionará y aumentará la semilla, y multiplicará la cosecha de vuestra caridad.
Siempre seréis ricos para ser generosos, y así, por medio nuestro, se dará gracias a Dios.
Salmo del día de hoy
Salmo 112 / 111,1-2.3-4.9:
Dichoso quien teme al Señor.
Dichoso quien teme al Señor y ama de corazón sus mandatos. Su linaje será poderoso en la tierra, la descendencia del justo será bendita.
En su casa habrá riquezas y abundancia, su caridad es constante, sin falta. En las tinieblas brilla como una luz el que es justo, clemente y compasivo.
Reparte limosna a los pobres, su caridad es constante, sin falta y alzará la frente con dignidad.
Evangelio del día de hoy
Lectura del evangelio según san Mateo 6, 1-6. 16-18:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga.
Tú. en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.
Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga.
Cuando tú vayas a rezar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.
Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los farsantes que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
El evangelio de hoy tomado del capítulo 6, de san Mateo, nos invita y nos hace una advertencia de parte de Jesús a sus discípulos, y dos mil años después de parte de Jesús a cada uno de nosotros, nos advierte: “Cuídense de no practicar su justicia, su piedad, su vida religiosa delante de los hombres para ser vistos por ellos, de lo contrario no tendrán recompensa de su Padre de los cielos”.
Jesús observaba algo en los judíos de su tiempo, que tenían tres relaciones fundamentales con Dios a través de la oración, con los hermanos a través de la caridad o la limosna, y consigo mismos a través del ayuno de alimentos, pero también el ayuno del pecado. Pero observaba que los judíos de su tiempo, especialmente escribas y fariseos, que fungían ante los demás como hombres piadosos y justos, lo hacían más por vanidad personal, que por rendir un culto de un corazón limpio y recto a Dios. Por eso en esta advertencia y en este evangelio que leemos siempre también al comenzar cada año la Cuaresma (el Miércoles de Ceniza), Jesús nos advierte: “No practiquen ninguna de estas actitudes piadosas, frente a Dios la oración, frente a los hermanos la actitud de caridad o de limosna, y frente a ustedes mismos, el ayuno del pecado y de alimentos; no lo hagan buscando el aplauso, el reconocimiento, el ser mirados y admirados por los demás, porque ya si han tenido la recompensa de los hombres, su reconocimiento, ya no tendrán la recompensa y el reconocimiento de Dios, su bendición”.
Y Jesús por el contrario nos invita, que cuando oremos nos encerremos en el cuarto interior de nuestro corazón, no lo hagamos necesariamente en plazas públicas y mostrando que somos personas piadosas, y así descubre el valor inmenso, no sólo de la oración comunitaria, sino también de la oración individual y la oración silenciosa del corazón; y el Padre Dios, que ve en lo secreto del corazón, nos recompensará.
Pero a renglón seguido nos habla, de una segunda relación esencial ya no con Dios, sino con los hermanos. Mirémonos unos a otros en caridad, en compasión, con misericordia, y utiliza una palabra que puede parecer un poco recortada, la limosna; en el fondo es invitarnos a mirar a los otros con los ojos y con el corazón, con el que Jesús mira al pecador, al necesitado, al pobre, al indigente; y que practiquemos esa limosna, esa caridad en silencio, para no ser aplaudidos por los hombres, sino para ser mirados y reconocidos por Dios. De hecho, de tal manera tiene que ser la discreción de nuestra caridad, que estando las manos del cuerpo tan cercanas, cuando tu mano derecha haga caridad o limosna con un hermano, que sea con tal discreción, que tu mano izquierda que está tan cerca, no se percate de esa caridad y limosna que haces. Por eso es fariseísmo, es hipocresía, es una vanidad piadosa o una piadosa vanidad, la de aquellos hombres y mujeres, aun instituciones y empresas, que alardean y presumen de las ayudas sociales, de las limosnas y caridades que dan a otras personas. Ese no es el espíritu del verdadero cristiano, así no lo enseñó Jesús, sino por el contrario, hacer la caridad con discreción.
Finalmente, Jesús nos invita a ayunar, pero no es el ayuno donde se pone cara triste como lo hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para servir a su familia, a sus amigos, que están ayunando y así los admiren; Jesús dirá: “Ya han recibido su paga”. En cambio, el verdadero cristiano cuando ayune que se perfume la cabeza, que se lave la cara, para que el ayuno no lo noten los hombres, sino el Padre de los cielos, que está en lo escondido de nuestro corazón, y nuestro Padre celestial que ve y lee la recta intención de nuestro corazón, nos recompensará.
Estas tres actitudes de un judío, hoy de un hombre, de un cristiano piadoso; relación esencial con Dios la oración, relación esencial con el hermano la caridad o limosna, y relación esencial consigo mismo el ayuno de alimentos y, sobre todo ayunar del pecado, ayunar de defectos y dejar de engordarlos, nos muestran muy en el fondo que Dios quiere de cada uno de nosotros un corazón limpio, un corazón recto, que no busque aparentar ante los hombres, sino que sea solo y realmente ante Dios de los cielos.
Que el Señor, que es rico en sabiduría, te guíe en este día y te bendiga abundantemente, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.