¡Gratitud!

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 17, 11-19 Lectura del día de hoy Sb 6, 1-11 Oíd, reyes, y entended. Aprended, soberanos de los confines de la tierra. Estad atentos los que gobernáis multitudes y estáis orgullosos de la muchedumbre de vuestros pueblos. Porque del Señor habéis recibido el poder, del Altísimo la soberanía; Él examinará vuestras obras y sondeará vuestras intenciones. Si, como ministros que sois de su reino, no habéis gobernado rectamente, ni guardado la ley, ni caminado siguiendo la voluntad de Dios, terrible y repentino caerá sobre vosotros. Porque un juicio implacable espera a los que mandan; al pequeño, por piedad, se le perdona, pero los poderosos serán poderosamente castigados. Que el Señor de todos ante nadie retrocede, no hay grandeza que se le imponga; al pequeño como al grande él mismo los hizo y de todos tiene igual cuidado, pero un examen severo espera a los que están en el poder. A vosotros, pues, soberanos, se dirigen mis palabras para que aprendáis sabiduría y no caigáis; porque los que guarden santamente las cosas santas, serán reconocidos santos, y los que se dejaren instruir de ellas, encontrarán defensa. Desead, pues, mis palabras; ansiadlas, que ellas os instruirán. Palabra de Dios, te alabamos Señor. Salmo del día de hoy Salmo (82) Levántate, oh, Dios, y juzga la tierra. Proteged al desvalido y al huérfano, haced justicia al humilde y al necesitado, defended al pobre y al indigente, sacándolos de las manos del culpable. Levántate, oh, Dios, y juzga la tierra. Yo declaro: «Aunque seáis dioses e hijos del Altísimo todos, moriréis como cualquier hombre, caeréis, príncipes, como uno de tantos». Levántate, oh, Dios, y juzga la tierra. Evangelio del día de hoy Del santo Evangelio según san Lucas 17, 11-19: En aquel tiempo, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: Jesús, maestro, ten compasión de nosotros. Al verlo les dijo: Id a presentaros a los sacerdotes. Y mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos, y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Este era un samaritano. Jesús tomó la palabra y dijo: ¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve ¿dónde están?, ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios? Y le dijo: Levántate, vete: tu fe te ha salvado. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La Iglesia hoy hace memoria litúrgica del obispo y doctor de la Iglesia alemán, san Alberto Magno, patrono de todos los científicos. Por su parte, la primera lectura del libro de la Sabiduría, nos invita a pedir con humildad sabiduría a Dios y a no dejarnos con arrogancia llenar de nosotros mismos, olvidando que el poder y el mando vienen del Altísimo y que aquellos que tienen autoridad, sino gobiernan rectamente, y no guardan la ley de Dios, tendrán un juicio implacable sobre sus vidas. Por el contrario, el Señor anuncia que a los humildes de corazón se les compadece y perdona, pero los fuertes sufrirán una fuerte pena y que Dios no se arredra frente a nadie. Pero hablemos del evangelio de hoy. Curiosamente en la sanación de diez leprosos es un extranjero, un samaritano, el único que regresa a agradecer a Jesús. Nos damos cuenta como el evangelista Lucas tiene una excelente imagen del buen samaritano que cura a otro que ha sido asaltado en el camino y ahora de un samaritano agradecido, que sanado de su lepra después de ir donde el sacerdote para que certifique ritualmente su curación, regresa donde Jesús. Aprendamos de este evangelio tres enseñanzas en la vida a propósito de la actitud de la gratitud humana. Primera enseñanza, todo es regalo de Dios, todo es don del cielo. A veces pensamos que todo lo merecemos, que tienen obligación con nosotros. Es muy típico de un adolescente decirle a sus padres, usted tiene que darme educación, usted tiene que darme buena alimentación, usted tiene que darme buena ropa, buen vestido; y uno olvida que lo único que tenemos en la vida es que morirnos, que nadie realmente tiene obligación con nosotros, sino un deber moral de solidaridad y ayuda. Hoy reconoce que tu vida, tu salud, tu familia, tu trabajo, tu inteligencia, tus carismas, todas las bendiciones que has recibido, todo es don gratuito de Dios, no es porque tú seas mejor que otros y merezcas más que otros. No te llames a engaños. Una segunda enseñanza, aprendamos en la vida a agradecer todo de Dios. Agradezcamos la salud, pero agradezcamos también aquellos momentos de enfermedad, que nos llevan precisamente a valorar la salud. Agradezcamos la prosperidad material, pero agradezcamos esos momentos de aprietos económicos que nos ayudan a valorar y a cuidar los momentos de prosperidad. Agradezcamos los éxitos humanos, pero sobre todo los fracasos, porque nos hacen humildes de corazón, fuertes en el alma y sobre todo confiados en Dios. Reconozcamos como dice el apóstol san Pablo: “Que todo ocurre en la vida para el bien de aquellos que aman a Dios”. Salud o enfermedad, éxito o fracaso, momentos de progreso o de retroceso, momentos lindos o momentos difíciles; de todos ellos podemos sacar enseñanzas y por eso por todos ellos, debemos aprender a agradecer. Una tercera y última enseñanza, es reconozcamos una espiritualidad de la gratitud. De alguna manera hemos desarrollado una espiritualidad de la necesidad y todo el tiempo frente al Señor estamos: Dios, necesito, Dios que me gane la lotería, Dios que consigue este trabajo, Dios que se me arregle la salud, Dios que se cuadre el matrimonio; todo el tiempo nos pasamos pidiendo a Dios, qué pedigüeños somos. Esto nos lleva a una espiritualidad donde siempre nos sentimos insatisfechos, incompletos, no nos sentimos plenamente realizados. Por el contrario, el hombre o la mujer que desarrolla la espiritualidad de la gratitud, aprende a agradecerlo todo de Dios; no pide nada porque sabe que Dios conoce su corazón, que le da lo que necesita en cada momento de su vida y aprende a partir de su actitud de gratitud espiritual, a vivir con paz y alegría. Descubre, saca en un cuaderno una lista de diez bendiciones entre muchas más que Dios te regala cada día, escríbela en una página diez bendiciones que Dios te ha regalado en este día: ver, escuchar, caminar, respirar, comer, compartir, trabajar, estudiar, moverte; tantas bendiciones que tenemos, creer, servir, amar y así vivirás más satisfecho, no estarás reclamándole a Dios por lo que no tienes, sino que vivirás con alegría y paz, agradecido por tantos dones que Dios te regala cada día. Que el Señor te siga bendiciendo abundantemente en esta jornada, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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