¡Cansancio de la vida!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2025-09-26T18:35:16Z
dc.date.available2025-09-26T18:35:16Z
dc.date.issued2025-09-17
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Cansancio de la vida! La primera lectura tomada de la Carta del apóstol Pablo a Timoteo en el capítulo 3, nos muestra todo el misterio de Cristo descrito como misterio de Divina Misericordia de Dios hacia el hombre, en toda la tragedia existencial, por el pecado que nos ha acompañado a todos. Este misterio de Misericordia se expresa en distintas etapas. La primera, la Encarnación, Cristo manifestado en carne. La segunda etapa, su reconocimiento público, su vida pública que es la justificación y la acción del Espíritu ungiendo al Cristo. La tercera etapa se manifiesta cómo Cristo se da a conocer a todos los hombres, el pueblo elegido y el pueblo gentil. En una cuarta etapa encontramos cómo algunos lo aceptan en el mundo, otros lo rechazan, pero al final es solemnemente entronizado en la gloria de los cielos. Con razón dice al final de esta primera lectura: “En verdad es grande el misterio de la compasión, el cual fue manifestado en la carne, justificado en el espíritu, mostrado a los hombres y a los ángeles, anunciado a las naciones, creído en el mundo, recibido en la gloria”. Pero pasemos al evangelio que nos presenta la liturgia de este día, tomado del capítulo 7 de san Lucas, cuando Jesús coloca una comparación o parangón a propósito de cómo entender a los hombres de su generación, con qué los puede comparar y dirá: “Que se asemejan a un fuego de niños que sentados en la plaza pública, gritan en medio del juego: hemos tocado flauta para que ustedes bailen y dancen y sin embargo, no lo han hecho. Y en una segunda parte del juego hemos entonado lamentaciones y hemos llorado jugando, pero ustedes no han llorado ni se han comprometido”. Y aterriza Jesús esta enseñanza hablando del profeta que le antecedió, Juan el Bautista “que era un modelo de austeridad que no comía pan ni bebía vino, y sin embargo, a él, su generación, lo tildaba por un loco que tenía un demonio. Pero viene Jesús que comparte en banquetes, que come y bebe y anuncia la alegría del Reino de los cielos, que es fiesta, celebración, júbilo. Y sin embargo, lo tildan de comilón, de borracho y de amigo de publicanos y de pecadores”. Detengámonos brevemente en dos actitudes que nos señala claramente el evangelio de hoy. La primera, de Juan el Bautista que representa la vida en el desierto, la austeridad y la dureza de la existencia. Supone de alguna manera una conversión para los hombres, esperando encontrar un camino preparado para la llegada de Jesús. Pero hay también una segunda imagen que nos presenta el evangelio de hoy, que es Jesús, que come y bebe, que se encuentra cerca de los hombres, que les ama con un amor fuerte y transformante. Y, sin embargo, más allá del perdón, del servicio, de la entrega de la vida, sus opositores le miran con malos ojos. De estas dos imágenes aprendamos que no debemos de quedarnos con una sola, sino que en un primer momento hay que asumir el valor de una nueva espiritualidad del desierto, por llamarlo de alguna manera y hay que tener ascetismo, ascesis como la tuvo Juan el Bautista. Aprendiendo nosotros a dominar nuestra voluntad, a dominar nuestros deseos desordenados y a entender, como dice el apóstol san Pablo: “Que todo lo puedo hacer en la vida, pero no todo me conviene”. ¿Eres una persona que haces ascesis, comes de manera limitada?, o ¿comes como un sibarita (perdóname la expresión) comes por gula, como un bruto, como los animales? ¿Tú vives para comer?, o ¿en verdad comes para vivir?, como debe ser lo profundamente humano. Pero hay una segunda conclusión y es que una vez que hemos tenido ascesis sobre la comida, sobre nuestros apetitos sexuales, sobre nuestras codicias del dinero, sobre nuestra soberbia personal, sobre nuestros instintos egoístas. Una vez que hemos tenido esa primera etapa de ascesis o de purificación, se dice en la vida espiritual, viene una segunda etapa de iluminación y una tercera unitiva que nos lleva a valorar la gracia de Dios que se nos da en la persona de Jesús, más allá de nuestras imperfecciones, más allá de nuestro barro personal. La gracia de Dios, que como su nombre lo dice, es un don gratuito, es un regalo gratis el amor de Dios que nos invita a compartirlo con los demás. Hoy, ¿de qué tipo de generación somos?: ¿una generación que vibra con las cosas de Dios? o ¿una generación que se siente cansada de la vida por más que ha probado todo lo que llaman placeres, bienestares y supuestamente bendiciones del mundo y sin embargo, nos experimentamos en un silencioso desencanto de la existencia? Oyendo en estos días a un filósofo muy citado por autores en la última década, el surcoreano Byung-Chul Han, en un libro que lo ha hecho famoso, hablando de “la sociedad del cansancio”. Él habla “de un exceso de positividad en nuestra vida”, entendiendo esta palabra como un asumir la existencia, como producir, rendir, competir, ya ni siquiera porque nos lo exige un jefe en la empresa o competir frente a los demás, sino competir todo el tiempo con nosotros mismos a la manera de un fantasma que nos ha hecho redefinir la vida simplemente como mera productividad, olvidando la dimensión del descanso, olvidando la dimensión contemplativa, la dimensión de la vida del compartir con los demás. ¿Acaso tu existencia se ha vuelto un eterno y continuo trabajar?, ¿acaso haces deporte no por gusto, sino para que puedas rendir mejor con un cuerpo más preparado para trabajar? ¿Acaso eres de esos que tiene un reloj en tu pulso, en tu muñeca, para medir los pasos que andas cada día? ¿Acaso eres de las personas que mira tú existencia sólo en función de un ingreso económico, de un reconocimiento profesional, de un triunfo social, de una productividad que parece no tener fin? ¿Acaso no hemos terminado esclavos de nosotros mismos?, ¿acaso nuestro cansancio de la vida es un cansancio realmente físico?, o ¿es un cansancio más profundo, un cansancio emocional y un cansancio existencial, porque a fuerza de auto imponernos rendimiento, trabajo, productividad, hemos perdido el gusto, el sabor y el sentido por todo lo que hacemos en la vida? Nos dirá Jesús en otro pasaje evangélico: “Vengan a Mí, acérquense a mí todos los que están cansados y agobiados por los problemas y las rutinas del diario vivir. Acérquense a mí, que Yo los aliviaré, yo los descansaré (es la promesa de Jesús). Aprendan de mí, que mi yugo es llevadero, que mi carga es liviana”. Que las cargas de la vida no te aplasten, que el meterte el cuento de una sociedad y de una existencia donde sólo importa producir antes que compartir, y solo importa la materia antes que el espíritu. No te lleve a una depresión, a una crisis de ansiedad, a una crisis de sentido profundo sobre tu existencia. Que el buen Dios te bendiga en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Lucas 7, 31-35 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: 1Tm 3, 14-16: Grande es el misterio que veneramos. Querido hermano: Aunque espero ir a verte pronto, te escribo esto por si me retraso; quiero que sepas cómo hay que conducirse en un templo de Dios, es decir, en la asamblea de Dios vivo, columna y base de la verdad. Sin discusión, grande es el misterio que veneramos: Se manifestó como hombre, lo rehabilitó el Espíritu, se apareció a los mensajeros, se proclamó a las naciones, creyó en él el mundo, fue exaltado a la gloria. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Sal 111(110), 1-2.3-4.5-6: Grandes son las obras del Señor. Doy gracias al Señor de todo corazón, en compañía de los rectos, en la asamblea. Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que las aman. Grandes son las obras del Señor. Esplendor y belleza son su obra, su generosidad dura por siempre; ha hecho maravillas memorables, El Señor es piadoso y clemente. Grandes son las obras del Señor. Él da alimento a sus fieles, recordando siempre su alianza. Mostró a su pueblo la fuerza de su obrar, dándoles la heredad de los gentiles. Grandes son las obras del Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 7, 31-35: Tocamos y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis. En aquel tiempo, dijo el Señor: -¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ¿A quién los compararemos? Se parecen a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros: «Tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis.» Vino Juan el Bautista, que ni comía ni bebía, y dijisteis que tenía un demonio; viene el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: «Mirad qué comilón y qué borracho, amigo de recaudadores y pecadores». Sin embargo, los discípulos de la Sabiduría le han dado la razón. Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.
dc.identifier.urihttps://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1062
dc.identifier.urihttps://drive.google.com/file/d/1bz_-andsVId8i8yjXZFFLpbc0FxdJEFK/view?usp=drive_link
dc.subjectAcercarse a Dios
dc.subjectAcudir a Dios
dc.subjectAlivio en Dios
dc.subjectAturdimiento
dc.subjectCansancio emocional
dc.subjectCansancio existencial
dc.subjectCansancio físico
dc.subjectConsuelo
dc.subjectDescanso en Dios
dc.subjectDesanimo
dc.subjectDolor
dc.subjectSan Lucas
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡Cansancio de la vida!
dc.title.alternativeDolor

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