¡Permanezcan en mi para dar fruto!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Juan 15, 1-8
Lectura del día de hoy
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (15,1-6):
En aquellos días, unos que bajaron de Judea se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban conforme al uso de Moisés, no podían salvarse. Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé; y se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más de entre ellos subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre esta controversia. Ellos, pues, enviados por la Iglesia provistos de lo necesario, atravesaron Fenicia y Samaría, contando cómo se convertían los gentiles, con lo que causaron gran alegría a todos los hermanos. Al llegar a Jerusalén, fueron acogidos por la Iglesia, los apóstoles y los presbíteros; ellos contaron lo que Dios había hecho con ellos.
Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían abrazado la fe, se levantaron, diciendo:
«Es necesario circuncidarlos y ordenarles que guarden la ley de Moisés».
Los apóstoles y los presbíteros se reunieron a examinar el asunto.
Palabra de Dios
Salmo del día de hoy
Salmo (122) 121,1-2.4-5
R/.Vamos alegres a la casa del Señor
¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»! Ya están pisando nuestro pies
tus umbrales, Jerusalén. R/.
Jerusalén está fundada como ciudad bien compacta. Allá suben las tribus, las tribus del Señor. R/.
Según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor; en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David. R/.
Evangelio del día de hoy
Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 1-8:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.
Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.
Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.
Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
En lo personal, para mí una de las más hermosas parábolas evangélicas que encontramos a lo largo y ancho de todos los textos sagrados es sin lugar a dudas ésta, que nos presenta hoy el capítulo 15 de san Juan, a propósito de que Jesús se presenta como la vid verdadera, el tronco del arbusto, y a nosotros nos dice que somos las ramas, las ramas que se alimentan vitalmente, que se nutren de esa vid, de esa vid que es Jesús.
La primera expresión que lanza es, que la vid necesita ser podada para que dé muchos frutos, entiende por qué un alma buena, un alma entregada, a veces vive pruebas; léelo y reléelo en el texto de hoy: necesitamos ser podados, necesitamos ser pulidos, necesitamos ser purificados para dar fruto más abundante del Señor en nuestra vida; por el contrario, aquel sarmiento, aquella rama, aquel hombre o mujer que no da fruto espiritual, simplemente se corta, se arranca y se tira al suelo para ser quemado.
La vida se nos ha dado para dar frutos y somos podados, purificados, puestos a prueba en la vida, precisamente para dar frutos más abundantes. Pero hay un segundo mensaje más poderoso: “Permanezcan en mí y yo permanezco en ustedes”, como el sarmiento, como la rama del arbusto, no puede dar fruto por sí misma si no permanece en el tronco del árbol, así tampoco ustedes pueden dar frutos si no permanecen en mí. Y Jesús agrega que estamos llamados a dar un fruto abundante, y hace una afirmación que me parece monumental: “Sin mí, sin Cristo, nada podemos hacer”.
Sin ti Cristo, ningún fruto podemos dar, la unión con Jesús tiene que ser tan fuerte, tan profunda, tan vital como una rama unida, existencial y totalmente al tronco del arbusto, si no estamos unidos a Jesús, sencillamente la savia de vida la puedes llamar el Espíritu Santo, el Espíritu de Dios, no pasará por tu vida y no convertirás, no vivificarás, no renovarás la vida de nadie.
Hermosa expresión y apréndela, tu unión con Jesús no puede ser superficial, no puede ser accidental, no puede ser como un añadido; estás tan unido a Jesús: por tu vida de oración, por la lectura meditada de la Palabra de Dios, por tu Eucaristía de cada día, por tu vida fraterna, por tu caridad y amor con el necesitado, que es la única forma en que des frutos abundantes a los demás; que puedas decir como tantas veces lo hemos enunciado: “Ya no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí”.
Siente la savia de Cristo, siente la vida espiritual de Cristo en tu corazón, en tus venas, en tu cuerpo, en tu sangre, en tu sistema circulatorio, y así darás frutos de vida eterna. Finalmente, concluye el texto de manera preciosa cuando dice: “Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan, pidan lo que deseen, y se realizará”. Es una promesa bendición de Jesús, pidamos, pidamos con fe, si estamos unidos a Jesús no hay imposibles humanos, no hay nada que no logremos alcanzar si estamos injertados en la vida divina, si estamos unidos completamente, imbuidos de la vida de Dios y nuestro fruto será abundante como jamás habíamos imaginado, y con ese fruto abundante daremos gloria a Dios.
Que el Señor te bendiga en este día de manera abundante, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.