¡Él es nuestra paz!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Lucas 12, 35-38
Lecturas del día de hoy
Primera Lectura:
Ef 2, 12-22: Él es nuestra paz, Él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa.
Hermanos:
Entonces no teníais un Mesías, erais extranjeros a la ciudadanía de Israel y ajenos a las instituciones portadoras de la promesa.
En el mundo no teníais ni esperanza ni Dios.
Ahora, en cambio, estáis en Cristo Jesús.
Ahora, por la sangre de Cristo, estáis cerca los que antes estabais lejos.
Él es nuestra paz. Él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, derribando con su cuerpo el muro que los separaba: el odio.
Él ha abolido la Ley con sus mandamientos y reglas,
haciendo las paces, para crear, en él, un solo hombre nuevo.
Reconcilió con Dios a los dos pueblos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz,
dando muerte, en él, al odio.
Vino y trajo la noticia de la paz; paz a vosotros los de lejos, paz también a los de cerca.
Así, unos y otros, podemos acercarnos al Padre con un mismo Espíritu.
Por lo tanto, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos del pueblo de Dios y miembros de la familia de Dios.
Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular.
Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor.
Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Salmo del día de hoy
Salmo 84, 9ab-10.11-12.13-14
R. Dios anuncia la paz a su pueblo.
Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos».
La salvación está cerca de los que lo temen,
y la gloria habitará en nuestra tierra.
R. Dios anuncia la paz a su pueblo.
La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo.
R. Dios anuncia la paz a su pueblo.
El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
y sus pasos señalarán el camino.
R. Dios anuncia la paz a su pueblo.
Evangelio del día de hoy
Lc 12, 35-38: Dichosos los criados a quienes el Señor, al llegar, los encuentra en vela
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
–Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas: Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle, apenas venga y llame.
Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela: os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo.
Y si llega entrada la noche o de madrugada, y los encuentra así, dichosos ellos.
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
La primera lectura tomada de Pablo a la comunidad de Éfeso, nos muestra cómo el pueblo de Israel tenía la promesa y la bendición de Dios, pero los pueblos paganos, esto es, el pueblo no elegido por Dios por pura misericordia, también son elegidos y ya no se les puede mirar como simples extranjeros, “perros paganos” decían los judíos en tiempos de Jesús, sino que son conciudadanos con los mismos derechos y las mismas bendiciones del pueblo elegido. Ya no están huérfanos, ya no son abandonados, ya han pasado los pueblos paganos a formar parte de la gran familia de Dios, ya no hay lugar para las guerras, las confrontaciones. Y dirá el apóstol Pablo a la comunidad de Éfeso, una preciosa expresión: “Cristo es nuestra paz”, Él de los dos pueblos, el pueblo de Israel y los pueblos vecinos paganos, en su cruz y por su muerte redentora, ha derribado en su carne, en su propio cuerpo, el muro de odio y enemistad que los separaba. Él ha abolido la ley con sus mandamientos y decretos, para crear de todos los pueblos una familia humana nueva, Él ha reconciliado con Dios a todos los pueblos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte en su cuerpo crucificado al odio y la hostilidad.
Cuánto necesita el Medio Oriente hoy, en estas guerras con vecinos, escuchar las palabras de Jesús que desde el cielo tiene que llorar lágrimas amargas, viendo como hermanos desde el antiguo testamento, se bombardean, se atacan, se odian, se amenazan. La guerra, lo peor de la versión humana, donde sale a flote nuestra animalidad, nuestra brutalidad, nuestra violencia irracional, cómo la guerra lleva a la pobreza, al sufrimiento inenarrable y a la destrucción completa de vidas, pueblos y naciones.
Hoy clamemos como nunca: “El Señor anuncia la paz a su pueblo”, que está en la propuesta del salmo litúrgico que como respuesta damos en asamblea celebrante y digamos: “La misericordia de Dios y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan, la fidelidad brota de la tierra y la justicia mira desde el cielo”.
Hoy oremos por tantos países que se amenazan, se muestran los dientes y prevalidos de una aparente fortaleza militar, bélica, estrategia económica si se quiere, están construyendo un destino de dolor para otros pueblos, que el Señor nos ayude a entender, que la mayor sabiduría es la paz y que la guerra, aunque ella se construya o se declare en nombre de la paz, no es el camino que escogió el más sabio hombre que ha pasado por esta tierra, Jesucristo y Él mismo se ofreció en la cruz, como signo de reconciliación entre los pueblos.
Pero pasemos al evangelio de hoy, donde encontramos a partir de Lucas capítulo 12, una triple invitación: la primera, a la vigilancia sobre nuestra vida, sobre nuestros comportamientos, sobre nuestros sentimientos, sobre cuáles son los valores o principios rectores u orientadores de nuestra vida. En efecto, dirá Jesús a sus discípulos y hoy a nosotros: “Tengan encendidas las lámparas, ceñida a su cintura, estén como los hombres que aguardan a que su Señor y Dios vuelva de la fiesta de bodas, para abrirle la puerta apenas venga y llame, toque a esa puerta”. Es que la vida del creyente es una vida de vigilancia, no podemos vivir atolondrados, despistados, adormilados, aturdidos, comprando, vendiendo, comerciando, mirando chismes en redes sociales, en TikTok, en Facebook y demás, sino que la vida es de una vigilancia sabiendo, que el día en que se presente el Señor y nos llame a su presencia, daremos cuenta de cómo hemos vivido, por eso hay que vigilar sobre nuestro comportamiento y hacer el bien hoy, perdonar hoy, servir a los demás hoy, entregar cariño hoy, practicar la justicia hoy, porque nadie tiene garantizada la vida para mañana y seremos juzgados como dice Mateo capítulo 25: “Por el bien y el amor que hayamos dado a los demás”.
Pero en una segunda enseñanza del evangelio, además de la vigilancia, el Señor llama bienaventurados, y esto lo debemos de aplicar a nuestra vida, querer esta bienaventuranza, Si somos como aquellos servidores a quien el Señor al llegar de la fiesta de bodas, nos encuentre vigilantes y dirá: “En verdad les digo, que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y acercándose a ellos el mismo Señor nos servirá”. Solo somos bienaventurados si en actitud de vigilancia, cuando el Señor nos llame a su presencia por una enfermedad, por un accidente, por el paso natural de los años y por la vejez, cuando el Señor nos llame a su presencia digamos, con la vida que Él ha prestado y tenía que devolverla, la administre con fidelidad, con honestidad, con rectitud.
Cuando decíamos adolescentes a nuestros padres en actitud rebelde y desafiante: “no te metas en mi vida, yo hago con ella lo que me venga en gana”, esa afirmación es bastante errónea, porque la vida en primer lugar, no es tuya, es prestada, es de Dios, se te da el día de la concepción, se plenifica el día de tu nacimiento y se entrega el día de tu muerte. Y, en segundo lugar, se nos pedirá cuenta de la manera sabia o equivocada, como administramos los dones, carismas, cualidades y talentos que Dios nos ha dado de manera particular, para poner al servicio del matrimonio, de la familia, de la comunidad cristiana.
Finalmente terminará el evangelio, invitándonos no sólo a la vigilancia, uno, a la bienaventuranza, dos, sino tres, a la perseverancia, y dirá: “Que cuando llegue la segunda vigilia, (que es entre las 9:00 y las 12:00 de la noche), o la tercera vigilia (entre las 12:00 de la noche y las 3:00 de la mañana), Bienaventurados repetirán ustedes, si por su perseverancia el Señor, hablando de Cristo llegando a nuestra vida, nos encuentre preparados”. Perseveremos, no esperemos a vivir la vida loca en juventud y a decir, viejito me pondré a rezar, viejito me pondré a hacer obras de caridad, viejito iré a la Eucaristía cada día en mi parroquia, porque tú no sabes si vas a llegar a viejito, tú no sabes siquiera si vas a ver la luz del sol el día de mañana.
Señor, danos la gracia de ser prudentes, vigilantes, perseverantes para alcanzar la más grande bienaventuranza en nuestra vida, que no es otra distinta que la salvación eterna de nuestra alma.
Que el Señor nos bendiga abundantemente en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Keywords
Actuar correctamente, Administrar la vida con fidelidad, Administrar la vida con honestidad, Administrar la vida con rectitud, Buenas obras, Obrar rectamente, Perseverancia, Prudencia, Salvación eterna, San Lucas, Vida recta, Vigilancia, Vigilar la vida, Vigilar los comportamientos, Vigilar los sentimientos, Biblia, Evangelio