¡Amen a sus enemigos!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
San Mateo 5, 43-48
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: del libro del Deuteronomio 26, 16-19
Moisés habló al pueblo, diciendo: «Hoy el Señor, tu Dios, te manda que cumplas estos mandatos y decretos. Acátalos y cúmplelos con todo tu corazón y con toda tu alma. Hoy has elegido al Señor para que Él sea tu Dios y tú vayas por sus caminos, observes sus mandatos, preceptos y decretos, y escuches su voz. Y el Señor te ha elegido para que seas su propio pueblo, como te prometió, y observes todos sus preceptos. Él te elevará en gloria, nombre y esplendor, por encima de todas las naciones que ha hecho, y serás el pueblo santo del Señor, tu Dios, como prometió».
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Salmo de Hoy:
Salmo 119(118), 1-2. 4-5. 7-8
Dichoso el que camina en la ley del Señor.
Dichoso el que, con vida intachable,
camina en la ley del Señor;
dichoso el que, guardando sus preceptos,
lo busca de todo corazón.
Dichoso el que camina en la ley del Señor.
Tú promulgas tus mandatos
para que se observen exactamente.
Ojalá esté firme mi camino,
para cumplir tus decretos.
Dichoso el que camina en la ley del Señor.
Te alabaré con sincero corazón
cuando aprenda tus justos mandamientos.
Quiero guardar tus decretos exactamente,
Tú no me abandones.
Dichoso el que camina en la ley del Señor.
Ahora es el tiempo favorable,
ahora es el día de la salvación.
Dichoso el que camina en la ley del Señor.
Evangelio de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 5, 43-48
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Han oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”. Pero yo les digo: amen a sus enemigos y recen por los que los persiguen, para que ustedes sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si aman a los que los aman, ¿qué premio tendrán? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto».
Palabra del Señor». Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
Avanzamos en este tiempo de la Cuaresma, tiempo de gracia y de la mano de la Palabra de Dios, dejemos que ella nos interrogue nuestra vida, cuestione nuestros comportamientos, interpele los valores que consideramos superiores o más importantes para nosotros.
Comencemos mirando el texto de Deuteronomio capítulo 26 en la primera lectura, cuando Dios habla a su pueblo a través de Moisés y hoy nos habla a cada uno de nosotros y nos pide: “Cumplir los mandatos y decretos de Dios, acatarlos y cumplirlos con toda obediencia, con todo el corazón y con toda el alma. Nos pide reconocer y elegir al Señor como el Dios de nuestra vida, como el único en el que hay verdad, sabiduría, poder y bondad, caminar por sus sendas, observar sus decretos y mandatos y escuchar obedientemente su voz. Reconocer también que el Señor nos ha elegido para que seamos su pueblo, la Iglesia, y para que a través de ella demos gloria a Dios, nombre a Dios por encima de todo otro nombre y seamos como pueblo creyente más grande que muchas comunidades y naciones del mundo entero por la sabiduría evangélica y bíblica aprendida de nuestro Señor y Salvador”.
Con razón el salmo que la liturgia de este día nos invita a cantar: “Dichoso el que camina en la ley del Señor”, y a repetir de manera meditativa: “Dichoso el que con vida intachable camina y vive en obediencia a la ley del Señor, dichoso, bienaventurado, feliz, bendecido será aquel que, guardando los preceptos de Dios, lo busca cada día de todo y con sincero corazón”. Continuará el salmista diciendo: “Tu promulgas tus mandatos para que se observen exactamente, no da lugar a aplicaciones a medias e interpretaciones acomodaticias, porque a veces hacemos un Dios del tamaño de nuestro bolsillo y es común escuchar esta expresión, yo creo en Dios a mi manera, que es la mejor manera de no creer o decir de la Iglesia me gusta el bautismo, la primera comunión y la confirmación, pero no me gusta el matrimonio porque compromete. Entonces nos parece que la fe es como ir a un supermercado y tomar las frutas que me gustan y comprarlas y dejar aquellas que sirven también para mi salud, pero no me sirven, muy en la cultura consumista y sobre todo utilitarista y de conveniencia en la que hoy vivimos”.
Pero pasemos al evangelio de hoy, donde Jesús dice a sus discípulos: “Han oído antiguamente, pero yo les digo” (es una forma lingüística, literaria, donde Jesús quiere enseñar una verdad de forma solemne y profunda). Y en efecto afirmará: “La ley ha mandado que amarás a tu próximo, tu prójimo y odiarás a tu enemigo; pero yo en cambio, les digo (y Jesús cambia la hoja y nos dice) amen a sus enemigos, recen por los que los persiguen, para que ustedes sólo así sean hijos del Padre de los cielos, que no hace distinciones entre buenos y malos, y cada día hace salir el sol sobre los que viven rectamente y los que viven en pecado y manda la lluvia también cada día sobre justos e injustos”. Jesús nos coloca un parangón muy alto, un parámetro que, de momento, de entrada, nos escandaliza porque lo humano es la primera afirmación del antiguo testamento: “Amar la familia, amar los amigos, amar a quien me hace el bien y odiar, defenderme, precaverme del enemigo por lo menos”. Pero Jesús nos pide una experiencia que en lo humano no es fácil de cumplir, sólo lo cumplimos por gracia de Dios cuando dice: “Amen a sus enemigos, recen por los que los persiguen, sólo seremos hijos de Dios, sólo seremos imagen y semejanza divina, sólo tendremos el corazón de Dios cuando seamos capaces por igual de amar amigos y enemigos a justos e injustos, a la manera o al modelo, como lo hace el Padre Dios”. Y vendrá una recriminación en seguida: “Si ustedes aman a su familia, a sus amigos ¿cuál es el mérito?, ¿cuál es el premio? Eso también lo hacen los paganos, los publicanos, los pecadores. Y si ustedes sólo saludan y ayudan a sus hermanos ¿qué es lo extraordinario de esto? Lo hacen también los gentiles”. Jesús nos advierte: “Que el amor cristiano, el amor evangélico, es un amor cualificado, un amor superior, un amor distinto, un amor más alto, un amor que en definitiva es un don de Dios en el corazón humano, como éste, de acoger a aquella persona que me cuesta en lo humano amar y aceptar”.
Hoy te invito para que con humildad y con realismo, con un profundo conocimiento de ti mismo, le digas en oración a Jesús: Señor, préstame tu corazón, porque el mío es tan pequeño, arrugado y mezquino, que no soy capaz de perdonar, de orar, de bendecir, de hacer el bien, de amar a aquellos que me han ofendido, me han maltratado, me han hecho daño, no soy capaz. Dame tu corazón, quiero meterlo en mi pecho y quiero sólo con tu corazón amado Jesús, querer perdonar, sentir paz frente a aquella persona que me ha hecho daño y que normalmente ha sido cercana, ha sido de la familia, ha estado en mis afectos porque la vida como sacerdote me ha enseñado, que los grandes dolores y los grandes rencores nacen donde hubo primero grandes amores, grandes amistades, grandes cariños. Es difícil, pero hay que intentarlo, Jesús no pide imposibles y la vida me ha enseñado que no somos mejores que aquellos que llamamos adversarios o detractores, si obramos, pensamos y sentimos como ellos, murmurando de ellos, juzgándolos con dureza, atacándolos con sevicia, como ellos lo han hecho con nosotros. No somos ni distintos, ni mejores que nuestros adversarios, si obramos mezquinamente como ellos lo han hecho con nosotros, nos tenemos que distinguir, diferenciar para ser verdaderamente sal de la tierra, luz del mundo, levadura que fermente la masa de la humanidad.
Al final, el evangelio concluirá: “Por tanto, sean perfectos como su Padre del cielo es perfecto”. En el fondo está indicando Jesús que la expresión más alta de madurez humana, de madurez evangélica y cristiana, es el amor a los enemigos y que si en algo hay perfección divina en nosotros es cuando somos capaces de hacer el bien a aquellos que nos han hecho el mal, si somos capaces de bendecir a aquellos que nos han maldecido. ¡Qué paradoja!, pero aquí está la belleza del evangelio, la sabiduría de Cristo que marcó la historia humana y la partió en dos, aquí está un desafío para vivir y no solamente para escuchar, aunque nos parezca exigente y difícil Dios no pide nada que no seamos capaces de hacer.
Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.