¡Dios no tienta a nadie!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
San Marcos 8, 14-21
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: St 1, 12-18:
Queridos hermanos:
Cuando alguien se ve tentado, no diga que Dios lo tienta; Dios no conoce la tentación al mal y él no tienta a nadie.
A cada uno le viene la tentación cuando su propio deseo lo arrastra y seduce; el deseo concibe y da a luz el pecado, y el pecado, cuando se comete, engendra muerte.
Queridos hermanos, no os engañéis. Todo beneficio y todo don perfecto viene de arriba, del Padre de los Astros, en el cual no hay fases ni períodos de sombra.
Por propia iniciativa, con la palabra de la verdad, nos engendró, para que seamos como la primicia de sus criaturas.
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Salmo de Hoy:
Salmo 94(93), 12-13a.14-15.18-19
Dichoso el hombre a quien tú educas, Señor.
Dichoso el hombre a quien tú educas,
al que enseñas tu ley,
dándole descanso tras los años duros.
Dichoso el hombre a quien tú educas, Señor.
Porque el Señor no rechaza a su pueblo
ni abandona su heredad:
el justo obtendrá su derecho,
y un porvenir, los rectos de corazón.
Dichoso el hombre a quien tú educas, Señor.
Cuando me parece que voy a tropezar,
tu misericordia, Señor, me sostiene;
cuando se multiplican mis preocupaciones,
tus consuelos son mi delicia.
Dichoso el hombre a quien tú educas, Señor.
Evangelio de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según san Marcos 8, 14-21:
En aquel tiempo, a los discípulos se les olvidó llevar pan, y no tenían más que un pan en la barca. Jesús les recomendó:
-«Tened cuidado con la levadura de los fariseos y con la de Herodes.»
Ellos comentaban:
-«Lo dice porque no tenemos pan.»
Dándose cuenta, les dijo Jesús:
-«¿Por qué comentáis que no tenéis pan? ¿No acabáis de entender? ¿Tan torpes sois? ¿Para qué os sirven los ojos si no veis, y los oídos si no oís? A ver, ¿cuántos cestos de sobras recogisteis cuando repartí cinco panes entre cinco mil? ¿Os acordáis?»
Ellos contestaron:
-«Doce.»
-«¿Y cuántas canastas de sobras recogisteis cuando repartí siete entre cuatro mil?»
Le respondieron:
-«Siete.»
Él les dijo:
-«¿Y no acabáis de entender?»
Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.
Description
TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
¡Dios no tienta a nadie!
La impresionante carta del apóstol Santiago, tan directa, tan llena de fuego, tan exhortativa, llama bienaventurado al hombre, a la mujer que soporta la prueba, la dificultad, la cruz que la vida le presenta, y afirmará: “Si sale airoso de esta prueba, recibirá la corona de la vida que el Señor prometió a los que lo aman”.
Esto lo digo muy a propósito de que muchos hombres y mujeres en medio de vicisitudes, de situaciones que llevan al límite su resistencia emocional, su capacidad económica, su resistencia relacional o afectiva, y aún la resistencia en la dimensión de la fe, abandonan el camino de Dios, se entregan al azar, al destino, porque sienten que no tuvieron la fortaleza de superar, manejar, administrar y aprender de un momento de prueba suprema de dificultad.
Santiago llamará bienaventurado al hombre y entiéndase la mujer que sabe superar, aguantar las pruebas de la vida que todos, absolutamente todos tenemos, más allá de nuestra condición social, económica, religiosa, política, biológica, todos pasamos por pruebas en la vida.
Pero a renglón seguido, Santiago hablará de la tentación y la distinguirá de la prueba que, en el fondo, sin enunciarlo, deja concluir que Dios permite pruebas en la vida no así con las tentaciones. Y afirmará de manera enfática: “Cuando alguien se vea tentado, que no diga es Dios quien me tienta, pues Dios no es tentado por el mal, y Él no tienta a nadie”. Y concluirá de manera radical “a cada uno lo tienta su propio deseo de codicia, de lujuria, de odio, de egoísmo, cuando lo arrastra y lo seduce y después del deseo, concibe y da a luz el pecado, como fruto de su deseo y entonces el pecado engendrará ya maduro, la muerte espiritual en el ser humano”. Distingamos. Las pruebas las permite
Dios en orden a nuestro crecimiento en la fe, y coloquemos un ejemplo. Una enfermedad incapacitante, una situación económica difícil, un problema de convivencia con otra persona por un temperamento agresivo. Son pruebas a la paciencia, a la fe, a la esperanza, al amor que todos podemos vivir, pero nos van purificando, fortaleciendo, decantando, haciéndonos crecer. Que nadie crece sino a partir de las pruebas y cruces de la vida. Así como el oro sólo se purifica de la basura, de la escoria en el crisol del fuego ardiente. Esto hay que tenerlo claro.
Pero bien distinto es la tentación, que es fruto de la concupiscencia o el deseo desordenado. Cuando tú deseas desordenadamente a muchas mujeres o muchos hombres, y aun fuera de tu matrimonio. Cuando tú deseas desordenadamente los bienes materiales más allá de lo que tienes y te basta. Cuando tú deseas el mal para otro u otros, por odios, rencores, resentimientos. Cuando tú deseas el mal para otros, por envidias, por celos, por rivalidades. Cuando tú eres incapaz de compartir con nadie, por egoísmo, narcisismo, encerramiento dentro de ti mismo. Cuando tú te dejas arrastrar por ese deseo de gratificación que da una droga alucinógena, sintética, química o el licor o los juegos en casinos.
En el fondo es el deseo el que te arrastra, y ese deseo es la fuente de toda tentación. Y mientras las pruebas de la vida nos hacen más fuertes en Dios, la tentación nos aparta del proyecto de Dios, nos aparta del amor de Dios, nos aparta de la persona de Dios y nos encierra en nosotros mismos.
Qué distinta es una prueba que Dios tal vez ni quiere, pero permite para nuestro crecimiento espiritual y humano. Y distinta es la tentación, que es apartarnos de Dios, alejarnos de su proyecto, hacernos caer en la esclavitud del pecado y una vez allí, llevarnos a la muerte espiritual que se experimenta como soledad, tristeza, vacío, sin sentido de la vida, ruptura con la familia y ruptura con nosotros mismos.
Y concluirá diciendo el apóstol Santiago: “Que nadie se engañe, que lo bueno viene de arriba, de Dios, y que nosotros somos engendrados a una nueva vida cuando somos educados por Dios, cuando aprendemos de su Palabra”. Distingue bien la tentación de la prueba, la una viene de tu pecado, tu concupiscencia, tu desorden personal, tu humanidad, que no se ha abierto a la redención de Cristo. Y la prueba la permitirá el Señor para hacernos más fuertes, más humildes, más pacientes, más sabios, más comprensivos, más humanos y, sobre todo, más confiados en Dios.
Con razón el salmo dice en la liturgia de este día: “Dichoso el hombre a quien Tú educas, Señor, al que enseñas tu ley, dándole descanso tras los años duros de la vida, porque el Señor no abandona al hombre. El juicio retornará a la justicia y lo seguirán los rectos de corazón”. Y terminará diciendo: “Cuando pensaba que iba a tropezar tu misericordia, Señor, me sostuvo. Cuando se multiplicaban mis preocupaciones, tus consuelos, buen Dios, fueron mi delicia”.
Pero ahora pasemos al evangelio de Marcos cuando los discípulos en la barca con Jesús olvidan haber cargado comida, concretamente pan, y preocupados le manifiestan a Jesús que prácticamente no tienen comida en la barca y que están en mar abierto. Y Jesús les dirá: “Estén atentos y eviten, eviten la levadura de los fariseos y del mismo Herodes”, (hablando de la levadura de los paganos). ¿Qué es la levadura? Fundamentalmente es un principio de acción transformador de la vida, así como la levadura fermenta una gran cantidad de masa de harina, así también la levadura, que es un principio de acción interior, puede ser, en el caso de los fariseos, la hipocresía, la vanidad, el poder, la imagen.
Y dirá a sus discípulos: “Cuídense de ella, también su falta de fe”. Y dirá en tono de reproche a los suyos ¿por qué discuten si tienen pan o no?, ¿por qué su corazón está embotado?, ¿por qué ven con los ojos y parece que no ven?, y ¿tienen oídos y parece que no oyen? ¿Acaso no recuerdan cuánto pan y pescado multipliqué a la multitud de 5000 hombres? Y por qué desconfían si el principio de acción no son las cosas externas para la supervivencia de la vida, sino que el principio de acción en la vida es la fe en Jesucristo, y con Él tenemos garantizada la salvación eterna del alma, pero la vida terrenal, la seguridad terrenal, la vida material.
En el fondo, la levadura de los fariseos era la no aceptación, la incredulidad de la persona de Jesús, del poder de Jesús, de la misión mesiánica de Jesús.
Y dirá el Maestro a los suyos: “Cuídense de esa levadura, porque no los llevará a ninguna parte”. Y los invita a superar aquel signo material de no tener pan en la barca y a entender el significado, no tienen el pan, pero tiene al autor del pan, que es Jesús, al transformador del pan que es Jesús, al multiplicador del pan que es Jesús. Y entonces la fe en Jesús será levadura, principio de actuación, de transformación, principio radical de transformación de la vida. Porque entenderemos que no nos vamos a quedar en el mero ropaje exterior, sino que trascendemos a la levadura interior.
Hoy el mundo, a ejemplo de los fariseos y de Herodes, vivimos preocupados sólo de lo externo, del día a día, del pan de cada jornada, y olvidamos que Dios y la fe en Él, en Dios providente, que cuida de los pájaros del cielo, de las flores del campo, que tiene contados los cabellos de nuestra cabeza. Si tenemos nuestra fe y hay la levadura en nuestro corazón, el principio de transformación radical, la fe en Dios y en su Hijo Jesucristo no hay lugar al temor, no hay lugar al miedo, no hay lugar a la preocupación.
Termino con esta frase, todo el mundo habla de la providencia de Dios, pero nadie quiere vivir realmente de la providencia de Dios, olvidando que no hay nada más seguro que la providencia de Dios que cuida de los pájaros, las flores y de nosotros, hombres y mujeres de poca fe. Queremos vivir de lo que tenemos en el bolsillo del pantalón, de la cuenta de ahorros en el banco, de nuestras inversiones económicas. Pero olvidamos que Dios, el Creador de todos y de todo, se preocupa y se ocupa de tus asuntos diarios.
Que tu levadura sea la fe en el Señor y no las cosas externas, el pan buscado ansiosamente y que solo si miras en profundidad puede proveer el Padre Dios.
Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.