¡La plenitud de la alegría!

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Juan 15, 9-11 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: del libro de los Hechos de los apóstoles 15, 7-21: En aquellos días, después de una larga discusión, se levantó Pedro y dijo a los apóstoles y a los presbíteros: «Hermanos, vosotros sabéis que, desde los primeros días, Dios me escogió entre vosotros para que los gentiles oyeran de mi boca la palabra del Evangelio, y creyeran. Y Dios, que penetra los corazones, ha dado testimonio a favor de ellos dándoles el Espíritu Santo igual que a nosotros. No hizo distinción entre ellos y nosotros, pues ha purificado sus corazones con la fe. ¿Por qué, pues, ahora intentáis tentar a Dios, queriendo poner sobre el cuello de esos discípulos un yugo que ni nosotros ni nuestros padres hemos podido soportar? No; creemos que lo mismo ellos que nosotros nos salvamos por la gracia del Señor Jesús». Toda la asamblea hizo silencio para escuchar a Bernabé y Pablo, que les contaron los signos y prodigios que Dios había hecho por medio de ellos entre los gentiles. Cuando terminaron de hablar, Santiago tomó la palabra y dijo: «Escuchadme, hermanos: Simón ha contado cómo Dios por primera vez se ha dignado escoger para su nombre un pueblo de entre los gentiles. Con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito: “Después de esto volveré y levantaré de nuevo la choza caída de David; levantaré sus ruinas y la pondré en pie, para que los demás hombres busquen al Señor, y todos los gentiles sobre los que ha sido invocado mi nombre: lo dice el Señor, el que hace que esto sea conocido desde antiguo”. Por eso, a mi parecer, no hay que molestar a los gentiles que se convierten a Dios; basta escribirles que se abstengan de la contaminación de los ídolos, de las uniones ilegítimas, de animales estrangulados y de la sangre. Porque desde tiempos antiguos Moisés tiene en cada ciudad quienes lo predican, ya que es leído cada sábado en las sinagogas». Palabra de Dios. Te alabamos Señor Salmo de Hoy: Salmo (96)95, 1-2a.2b-3.10 Contad las maravillas del Señor a todas las naciones. Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra; cantad al Señor, bendecid su nombre. Contad las maravillas del Señor a todas las naciones. Proclamad día tras día su victoria. Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones. Contad las maravillas del Señor a todas las naciones. Decid a los pueblos: «El Señor es rey, él afianzó el orbe, y no se moverá; él gobierna a los pueblos rectamente». Contad las maravillas del Señor a todas las naciones. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Juan 15, 9-11: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud». Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La primera lectura de los Hechos de los Apóstoles nos muestra un eterno dilema, entre si salva el cumplimiento de normas, ritos, leyes dados en su momento por Moisés al pueblo judío, al pueblo de Israel, o salva la acogida a la gracia de Dios, a la vida nueva que Él nos regala. Los discursos de Pedro y de Santiago, que nos muestra hoy la primera lectura, subrayan sobre todo frente a este dilema, la actuación de la gracia de Dios en la conversión de los hombres, pero sobre todo de los pueblos gentiles, esto es, no judíos. El caso concreto de Cornelio, que nos habían presentado ya en los capítulos 10 y 11, de Hechos de los Apóstoles, sirve de pauta al apóstol Pedro para interpretar el plan de Dios sobre aquellos hombres no judíos o llamados paganos. Es que Dios no ha hecho distinción entre el pueblo inicialmente elegido, Israel y el nuevo pueblo, la gentilidad; les ha dado el mismo espíritu, los ha purificado igualmente y les muestra que la salvación nos viene sobre todo por la gracia, la vida nueva del Señor Jesús y no por el yugo insoportable de un cúmulo de preceptos y de normas. Esto lo entendió mejor Pedro (el jefe de la Iglesia), que el rígido apóstol Santiago, que se muestra menos avanzado en la comprensión de esta verdad suprema que al final de la lectura de hoy, de todas maneras, aunque acepta la gracia de Dios como la gran fuerza salvadora para el hombre y para el discípulo en Cristo, impone cuatro cláusulas supuestamente dirigidas a mantener la convivencia mutua entre judíos y gentiles. Y habla de: “Abstenerse de contaminarse de los ídolos, de uniones ilegítimas, de no comer animales estrangulados y la sangre de los mismos”. En el fondo sigue cumpliendo con la ley y olvidamos que es el Señor y la vida nueva, la que Él nos comunica, la que nos hace hombres llenos de plenitud existencial. Pero pasemos al evangelio de hoy, donde reconocemos tres hermosas expresiones. Jesús dirá a los suyos: “Que se siente profundamente amado por el Padre Dios y que de la misma manera que el Padre lo ha amado, así Él nos ama a todos nosotros”; y nos invita, en la línea de evangelios precedentes: “A permanecer en el amor”. Si somos tan delicados en la amistad, en el noviazgo, en el comienzo de la vida matrimonial, por cuidar una relación esponsal, por vivir delicadamente esa relación en respeto, en acogida, en detalles de cariño, ¡cuánto más debemos de cuidar la relación de amor con el Señor! Y si el Padre Dios ha amado a Cristo y Cristo nos ha amado a nosotros, estamos llamados a cuidar esa relación delicada y exquisita de amor de Cristo hacia nosotros aún más, mucho más que relaciones de amores humanos entre hermanos, entre novios, entre amigos, entre esposos, entre familia. En un segundo momento, Jesús nos da la clave para permanecer en el amor, y es una que hemos señalado también en evangelios precedentes: “Sólo cuando escuchamos la Palabra del Señor, la guardamos en el corazón, la obedecemos en los detalles mínimos de la vida diaria, siendo compasivos, no murmurando, ni juzgando de los demás, siendo justos en nuestras actuaciones diarias, teniendo misericordia de los demás, sirviendo a otros mientras podamos servir, perdonando aunque de momento nos cueste perdonar, si guardamos los mandamientos de Jesús, obedecemos sus preceptos de amor, justicia y paz, verdaderamente permaneceremos en el amor de Dios. No lo olvides, no son prácticas externas, no son oraciones con los labios, no es simplemente dar un diezmo, una ofrenda dominical en tu parroquia. Es el amor, la compasión, el perdón, la justicia, la paz interior, la entrega generosa a los demás, que son las grandes acciones del mensaje revolucionario de Jesús, que hará que seas un verdadero discípulo del Maestro, que seas un auténtico cristiano en letras mayúsculas. Sólo obedeciendo sus mandatos podremos permanecer y vivir y experimentar la grandeza del amor de Cristo. Finalmente, el evangelio de hoy (corto pero muy denso), nos habla: “De la alegría que tendrán los discípulos de Jesús, una alegría en plenitud, una alegría como nunca hemos conocido en la vida, si nosotros guardamos la Palabra del Señor”. Hoy, cuando hablamos tanto de la felicidad, cuando hablamos tanto de una vida en plenitud, cuando se habla no solamente del bienestar sino del bien ser, descubre que el bienestar lo puede dar cosas externas a ti, pero el bien ser lo da Dios interno, interior a ti mismo. Como decía bellamente Agustín de Hipona: “Nos hiciste, Señor para ti, y nuestro corazón andará inquieto hasta que no descanse en ti”. Reconoce esa alegría abundante cuando Dios vive en ti, cuando el Señor actúa a través de tus palabras, de tus manos, de tu cuerpo, cuando Dios se sirve de tus fuerzas hasta el cansancio, hasta la entrega máxima para darte amorosamente a tantos sufrientes de esta tierra. Y descubrirás que verbos como compartir, dar, amar, perdonar, orar, son verbos que en el fondo surgen espontáneamente de una persona que ha dejado vivir a Jesús en su corazón. Pablo lo dirá de manera magistral, (en una expresión que me encanta citar): “Ya no soy yo el que vive, es Cristo el que vive en mí; y mientras vivo en esta carne, aunque me siento crucificado, vivo por la fe en aquel que me amó y se entregó por mí”. Hoy reconoce que cuando verdaderamente Jesús vive en ti, hay una alegría profunda, un gozo inenarrable, una plenitud de vida que ni las mejores comidas, los vestidos más elegantes, los carros más lujosos, los cargos más importantes en una empresa multinacional, los viajes a los lugares más exóticos del mundo, los placeres de la comida, del sexo, de la carne, de las hormonas, nada de esto, nada se compara con la alegría profunda de dejar vivir a Jesús en nosotros y como consecuencia de ello, compartir, donarnos, servir, entregarnos que allí está la verdadera plenitud de la vida. Te dejo una tarea, vas a buscar en internet a través de tu buscador Google, vas a buscar la verdadera alegría en san Francisco de Asís, lee esta hermosa perla franciscana y descubre cómo, rompiendo todos los criterios del mundo, un santo, un gigante, llamado el cristo de la Edad Media, Francisco de Asís encontró la verdadera alegría de la vida tan distinta de los criterios y parámetros que el siglo XXI y el mundo de hoy nos presenta. El gozo profundo de la vida no está en las cosas externas, en lo que consumes, en lo que lleva a deleite a tus sentidos; el gozo profundo de la vida está cuando Dios en Jesús vive plenamente en tu corazón. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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