¡Que brille tu luz!
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2025-10-02T14:55:42Z | |
| dc.date.available | 2025-10-02T14:55:42Z | |
| dc.date.issued | 2025-09-22 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Que brille tu luz! El comienzo del Libro de Esdras nos muestra como Ciro, rey de Persia, proclama en el año 538, antes de Cristo, un decreto real que permite al pueblo judío que había permanecido desterrado por tantos años volver a su tierra y reconstruir el centro religioso, el centro espiritual y, sobre todo, el centro sociológico como nación judía, el gran templo de Jerusalén. Vendrán tiempos nuevos después de un doloroso exilio con los babilónicos, y aunque algunos judíos se quedan en Persia con el rey Ciro, la mayoría retornarán a volver a configurarse en identidad nacional como pueblo de Dios. Es un volver a empezar que nos ha tocado a todos en algún momento en la vida. Volver a comenzar en el trabajo, volver a comenzar en el amor, volver a comenzar en la crianza de un hijo, volver a comenzar con un tratamiento médico, volver a comenzar con la vida, aunque a veces nos sintamos cansados y desanimados. Y recordar a partir de esta primera lectura de Esdras que Dios acompaña ese volver a recomenzar nuestra vida. Con razón el salmo litúrgico que se nos propone en este día nos invita a orar exclamando: “El Señor ha estado grande con nosotros”. Y dirá en sus estrofas: “Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sion, nos parecía soñar. La boca se nos llenaba de alegría, la lengua de cantares. Hasta el pueblo de los gentiles decía de nosotros, el Señor ha estado grande con ellos. Si, el Señor ha estado grande con nosotros, su pueblo, y ahora estamos alegres. Al ir, iban llorando hacia el destierro; al volver, vuelven cantando, trayendo la semilla, construyendo y reconstruyendo sus vidas”. Hoy te invito cuando sientas que el paso y el peso de los años y de la vida te han quitado fortaleza, fortalécete en Dios, apóyate en Dios como hizo el pueblo hebreo en su momento y volverás a recomenzar con alegría. Pero pasemos al evangelio de hoy, tomado del capítulo 8 de san Lucas, cuando en un claro mensaje sapiencial, Jesús invita a sus discípulos “a que sientan que son llama encendida, lámpara para la humanidad, para el mundo entero”. Y siguiendo esta imagen preciosa de la luz que porta una lámpara, afirmará: “Que la luz nunca se coloca debajo de una vasija, debajo de una mesa, debajo de una cama; sino que se coloca en el candelero, en una parte alta, para que todos puedan ver la luz y sobre todo, disfrutar de esa luz”. Hoy te invito para que reconozcas esa afirmación central que Jesús hace de todos nosotros sus seguidores cuando nos dice: “Ustedes son la sal de la tierra, ustedes son la luz del mundo, ustedes son la levadura que debe fermentar la masa de la sociedad. Y no se puede esconder esa luz, no se puede volver la sal sosa y la levadura no puede perder su poder transformador. Si somos hijos de la luz, estamos llamados a iluminar”. Pero hoy me pregunto ¿cuántas personas tienen luz en sus vidas y sin embargo, viven con miedo, con complejos de inferioridad, no creen como Dios si cree en ellos, pero ellos no creen en sí mismos y pasan una vida apocada, pusilánime, sin pena ni gloria? Nos puede pasar que perdamos los dones que Dios nos ha dado y así lo lanza como advertencia al final del evangelio de hoy, cuando afirmará Jesús: “Escuchen, al que tiene se le dará más en el entendido de que sus dones, su luz, la pone al servicio de los demás; y al que no tiene, en el entendido de que lo que se le ha dado lo ha guardado con complejo, con timidez, con miedo, se le quitará aún aquello que crees tener”. Hoy te presento tres dimensiones esenciales de la luz que todos los creyentes estamos llamados a tener, a compartir y a dar a los demás. La primera luz es la fe. No puedes asistir a retiros espirituales, a congresos religiosos, a grupos de Biblia, a charlas de formación, a grupos de oración si tú no compartes la luz de tu fe con tu familia, con tus amigos, por complejo, por miedo, por falsos respetos humanos, pensando no les importará, no me entenderán, yo soy distinto de ellos. Toda la sabiduría que has acumulado, que he recibido en charlas a través de YouTube, en reflexiones evangélicas, tienes que compartirlas y multiplicarlas con los demás. Porque si no la fe, que es una luz en tu corazón, se puede apagar. Recordando la advertencia de Jesús: “El que cree que no tuvo hasta lo que cree tener, se le quitará”. Pero hay una segunda llama, una segunda fuerza que debemos de compartir y es la esperanza. No en vano en su momento, el Papa Francisco convocó el año 2025 como el ¡Año de la Esperanza!, porque en el fondo entendió que caminamos en medio de guerras, de epidemias, de crisis sociales y políticas, de inestabilidades económicas, de cambio climático, que generan desesperanza, desánimo. Y por eso la Iglesia, su más alto nivel, convocó para el 2025 un Año de la Esperanza, como en el 2016, un ¡Año de la Misericordia!, o como en el 2011, un ¡Año Sacerdotal!, también ha habido años eucarísticos y demás. Hoy reconozcamos que el mundo necesita esperanza y que nuestra esperanza no se funda en cambios económicos del dólar u otras monedas, en renovaciones de líderes políticos, en nuevas elecciones en distintas naciones. Nuestra esperanza es Cristo, Cristo es la esperanza encarnada, la esperanza suprema de que la vida triunfa sobre la muerte, que la verdad vence la mentira, que la justicia es más fuerte que la injusticia, que la libertad primará sobre toda forma de opresión. No son palabras lanzadas al aire. Es la certeza de una esperanza que se funda en que el amor y el poder de Dios es más grande que el desamor y el mal de algunos hombres de esta tierra. Y que nosotros, como creyentes, estamos llamados a ser sembradores y lámparas que iluminen por la fe y por la esperanza personal la fe y la débil esperanza de familiares, amigos y de otras personas. Pero finalmente hay una tercera luz que debemos de encender fuertemente y es la luz del amor o de la caridad, para completar esa tríada de las llamadas Virtudes teologales: ¡Fe, Esperanza y amor!, que Dios ha puesto en nuestro corazón y que nos llevan precisamente a abrirnos a Dios. El amor es la única fuerza capaz de transformar las vidas. Como decía una de las cartas del apóstol Juan: “Quien no ama está muerto en su corazón”. O como dijo en su momento Benedicto XVI en el año 2005, en la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia, Alemania: “El amor es la gran revolución que necesita el mundo, mucho más allá de las revoluciones tecnológicas, mucho más allá de la revolución de las redes sociales, de la Internet y ahora, modernamente, de la revolución de la inteligencia artificial”. Es que sin amor el mundo agoniza. Sin amor las familias se destruyen. Sin amor la vida se siente como muerte. Sin amor, la luz se apaga en nuestros corazones. Pero ese amor lo tenemos que recibir de la fuente de todo verdadero amor que es Jesús, en Él nos apoyamos. Lo dirá también el apóstol san Juan: “Dios es el amor”. Otras traducciones afirmarán: “Dios es el amor, es un misterio de amor”. Y nosotros, en una humildad o en una apertura humilde y sincera del corazón, le pedimos ¡Señor, lléname de la luz de la fe, de la esperanza y del amor, para iluminar la vida de tu matrimonio, de tu familia, de tus amigos, de tu ambiente de trabajo, de tu comunidad parroquial! ¡Somos misioneros de luz por la fuerza de la fe, la esperanza y el amor para los nuestros, esa luz no se puede guardar! Y “nada hay oculto que no llegue a descubrirse, ni nada secreto que no llegue a saberse”. Y la vida de los hombres de bien será conocida más allá de que vivan persecuciones, calumnias y maldades. Y también la vida de los corruptos será descubierta, por más que traten de mimetizarse, disfrazarse, ocultarse entre los hombres. Tú y yo tenemos el camino señalado: ¡Ser luz, llama de fe y esperanza para nuestros semejantes! Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Lucas 8, 16-18 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: del libro de Esdras 1, 1-6: El año primero de Ciro, rey de Persia, el Señor, para cumplir lo que había anunciado por boca de Jeremías, movió a Ciro, rey de Persia, a proclamar de palabra y por escrito en todo su reino: Así dice Ciro, rey de Persia: «Todos los reinos de la tierra los ha puesto en mis manos el Señor Dios del cielo, y me ha encargado edificarle un templo en Jerusalén de Judá. Los que pertenezcan a ese pueblo, que su Dios los acompañe, y que suban a Jerusalén de Judá para reedificar el templo del Señor, Dios de Israel, el Dios que habita en Jerusalén. Y a todos los judíos supervivientes, dondequiera que residan, la gente del lugar les proporcionará plata, oro, hacienda y ganado, además de las ofrendas que quieran hacer voluntariamente para el templo del Dios de Jerusalén». Entonces se pusieron en marcha los cabezas de familia de Judá y Benjamín, los sacerdotes y los levitas, es decir, todos los que se sintieron impulsados por Dios a ir a reedificar el templo del Señor de Jerusalén. Sus vecinos les proporcionaron de todo: plata, oro, hacienda, ganado y otros muchos regalos, además de las ofrendas voluntarias. Palabra de Dios, te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 126(125), 1-2ab.2cd-3.4-5.6 El Señor ha estado grande con nosotros. Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares. El Señor ha estado grande con nosotros. Hasta los gentiles decían: «El Señor ha estado grande con ellos.» El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres. El Señor ha estado grande con nosotros. Que el Señor cambie nuestra suerte, como los torrentes del Negueb. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares. El Señor ha estado grande con nosotros. Al ir, iba llorando, llevando la semilla; al volver, vuelve cantando, trayendo sus gavillas. El Señor ha estado grande con nosotros. Evangelio de Hoy Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 8, 16-18: En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: -Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama lo pone en el candelero para que los que entran tengan luz. Nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público. A ver si me escucháis bien: al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús. | |
| dc.identifier.uri | https://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1067 | |
| dc.identifier.uri | https://drive.google.com/file/d/18ZbQ-Zc7BPLM2nShwGyWrN5i8nhE9mc-/view?usp=drive_link | |
| dc.subject | Irradiar amor | |
| dc.subject | Irradiar esperanza | |
| dc.subject | Iluminar la vida | |
| dc.subject | Lampara | |
| dc.subject | Luz del mundo | |
| dc.subject | Sal | |
| dc.subject | San Lucas | |
| dc.subject | Biblia | |
| dc.subject | Evangelio | |
| dc.title | ¡Que brille tu luz! | |
| dc.title.alternative | Luz para el mundo |
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